Ruta Brasil: diario electoral de la segunda vuelta [día 8/final]

Cerosetenta y la revista brasileña Rosa nos unimos en un viaje de 2000 kilómetros por carretera en busca del elector voluble que definirá la segunda vuelta presidencial en Brasil, después de una primera vuelta en donde ganó la derecha. ¿Quiénes son las personas que cambiaron de bando, que en 2022 eligieron a Lula y ahora quieren elegir a la derecha? ¿Qué esperaban hace cuatro años y qué futuro imaginan ahora? ¿Podrían cambiar una vez más de bando?

por

Lorenzo Morales, David De Salvador, Tâmis Parron


24.10.2026

Celebraciones en la avenida Paulista, en Sao Paulo. Foto: David De Salvador

Día 8: Desafiar las leyes de la gravedad

Llegamos a São Paulo después del mediodía, tras casi seis horas de autopistas y carreteras desde Río de Janeiro.

Acompañamos a nuestros compañeros locales a ejercer su derecho al voto en una sede de universidad. A diferencia de Colombia, los puestos de votación no están excesivamente protegidos por policías. Es un espacio de libre acceso, hasta la mesa de votación donde el voto es electrónico.

Cerca del cierre de la urnas, previsto para las 5pm, decidimos ir hacia la via Paulista, el corazón de las concentraciones: se trata de una amplísima vía de dos carriles, flanqueada de altos edificios de bancos y comercios. Aquí se encuentran los paulistas cuando hay algo para celebrar. 

Frente al Museo de Arte Moderno, un llamativo edificio flotante fue el lugar de congregación de algunos seguidores de Lula, quien ganó en en esta ciudad en la primera vuelta pero perdió en el estado. También vimos desplegarse un dispositivo policial de hombres con cara seria y porras pero tranquilos. 

Pocos minutos antes de las 5, cuando se esperaba el cierre de las urnas, recibimos la noticia de que la Corte Suprema de Justicia había autorizado la extensión de la votación hasta las 7pm. La razón: la campaña de Lula había denunciado a varios alcaldes de ciudades bolsonaristas de haber restringido el transporte público, limitando el derecho al voto para muchos electores. 

Con dos horas más, y antes de que se empezaran a contar los votos, decidimos volver al Fiat Argo y lanzarnos al último recorrido antes de conocer el veredicto final de las urnas. 

Si la historia no se equivoca era casi previsible la victoria de Bolsonaro. Nunca en la historia de Brasil un candidato que hubiera perdido en la primera vuelta había ganado en la segunda. ¿Iba Lula, el viejo Lula, a desafiar las leyes de la gravedad? Decidimos ir al estadio de Villa Euclides, un campo deportivo en el que en 1979, durante una legendaria huelga de obreros, el joven Lula, con su barba oscura y su aspecto de cantante de salsa, dio el gran salto del sindicalismo a la política. Podía ser un bonito cierre, del viaje y de estas elecciones, despedir su legado en el lugar “donde todo comenzó”, como lo dijo él mismo al tratar de resucitar su propia leyenda al comienzo de esta campaña. 

Lula Da Silva en Villa Euclides en 1979. Foto: PT.

En San Bernardo, como en Sao Paulo, también llovía. El escenario no podía ser más lúgubre: un estadio vacío, silencioso y a oscuras, bajo la lluvia. Intentamos ingresar, imaginando una toma inolvidable pero un vigilante dijo que si nos permitía entrar lo más seguro era que lo despidieran. Con la anticipada derrota de Lula era suficiente. No queríamos arruinarle la vida a otro humilde obrero esa noche. 

El viaje nos mostró también porqué era probable que Lula perdiera: la vía al estadio atravesaba un sector donde existió por mucho tiempo el gran enclave industrial de Sao Paulo. Hoy atravesarlo es ver un desfile de decenas de cuadras y miles de metros cuadrados de fábricas abandonadas y edificios en ruinas; el retrato del viejo Brasil industrializado en que se hizo Lula y que, al parecer, ya tampoco existía. La nueva cara del Brasil estaba en los campos extensos del agro negocio y el cerrado, las sabanas en las que se concentra una buena porción de la imponente producción agrícola.

Regresamos a la ciudad, justo para recibir los resultados. Los primeros boletines confirmaban los pronósticos: Flávio Bolsonaro aventajaba a Lula, por un margen parecido al de la primera vuelta, lo que indicaba que el PT no había conseguido seducir ni a los indecisos ni llevar a los que no votaban por falta de acceso como quería Naldinho, el líder de la favela de Maré. 

De los bares atestados de entusiastas de Lula, sobre la calle Augusta, empezaron a emanar gritos repentinos de victoria. “¡Bora Lula!”, se escuchaba. Entramos a uno donde la clientela miraba extasiada una TV en la que la cadena Globo actualizaba los escrutinios cada par de minutos. Lula acababa de tomar ventaja, por menos de un punto. Pero el escrutinio apenas iba en el 36%. La alegría de los lulistas era comprensible pero prematura.

–No, no, esto no es bueno –dijo Tâmis– el remonte es por el escrutinio del nordeste pero el sudeste, que es donde Bolsonaro domina, aún no ha sido contado. 

El mapa mostraba que mientras en las regiones lulistas el escrutinio se acercaba al 70%, en el sudeste seguía bordeando el 30%… Era esperable que cuando se avanzara en esas regiones, Bolsonaro retomaría la ventaja. 

Pero no fue así. La ventaja de Lula solo fue creciendo con el paso de los minutos hasta hacerse casi inalcanzable. Sobre las 9 de la noche, era casi inevitable la victoria de Lula. Para los congregados en la via Paulista, que ya se contaban por miles, era como ver un milagro ocurriendo en vivo. Vi gente llorar y abrazarse, vi gente saltar enloquecida, jóvenes treparse en los postes y ondear banderas como si un barco de náufragos hubiera por fin tocado tierra. La pólvora retumbaba entre los edificios y la bandera de Brasil, que cubría por completo la fachada de un edificio, se volvió el telón de fondo de la celebración de los lulistas.

Celebraciones en la avenida Paulista, en Sao Paulo. Fots: David De Salvador

Mientras tanto, en Brasilia, el perdedor Flávio Bolsonaro salió a dar sus declaraciones. Dijo que su campaña iba a pedir la anulación de las elecciones. Se refería a la extensión de dos horas que dio el Tribunal Supremo a la jornada electoral. El Partido de los Trabajadores había pedido una extensión de la jornada, tras denunciar que en distintas ciudades del país, la gente estaba siendo obstaculizada para votar. “Lo que ha sucedido es increíble, no es normal, nunca había pasado nada así en la historia de Brasil” dijo Bolsonaro desde Brasilia, anunciando la batalla jurídica. Lo que no dijo en su declaración fue que su propio partido también había pedido la extensión de la jornada electoral.   

La victoria de Lula significaba varias cosas: que Brasil seguía apostando por una senda de izquierda y se erige solo como el único país de América del Sur que se resiste al avance aplastante de la derecha en la última racha de elecciones. Significaba también que la historia no siempre se repite; y  que un hombre de 80 años había sido capaz de darle la vuelta a un resultado que parecía inapelable. Y por último, que Brasil había logrado quebrar la injerencia de Donald Trump, quien había aupado a Bolsonaro, no solo desde el salón oval de la Casa Blanca, sino con ayuda de las Big Tech y su indomable influencia sobre los electores –influencia probada en los últimos días de campaña de muchas formas–.

La via Paulista se llenó tan rápido como se fueron cerrando los boletines. Era imposible ver de un extremo al otro y transitar se volvió imposible. El río humano se petrificó cuando Lula apareció encaramado en una tarima rodante. Los únicos que no pudieron verlo fueron los que tuvieron que abandonar la marea de gente para mear en los jardines de los edificios elegantes. 

En una tarima en medio del gentío, Lula subió con su camisa azul, agarró el micrófono y con una voz desgastada por semanas de intensa campaña, le dio las gracias a la gente que lo apoyó. “Esta victoria se la debo a la juventud, a las mujeres, a los educadores de este país”. Invitó a la tarima a su vicepresidente Gerardo Alckim, que dijo que Lula había salvado nuevamente la democracia. También Lula le dio el micrófono a André Janones, el estratega digital de la campaña en este último tramo. Janones armó el “ejército de Lula” con más de 10 millones de miembros en su comunidad digital; esa comunidad fue clave para darle la victoria al octogenario presidente. 

El avión nos esperaba. Logramos sobre el tiempo volver a nuestro Fiat y salir de la ciudad, entre las calles atestadas. Dejamos atrás la ciudad con la imagen de una fiesta. Con las luces azuladas de la madrugada, vimos otra vez la ciudad desde las ventanillas del avión, haciéndose cada vez más chiquita.

Por Lorenzo Morales, con reportería de David De Salvador

[Si quiere ir directamente al mapa y leer las otras entradas, vaya al final de este texto]

Brasil es, en este momento, una tierra en trance, una tierra en tránsito. En la recta final de la segunda vuelta presidencial, la izquierda trata desesperadamente de remontar la diferencia que le dio la ventaja al candidato de derecha en primera vuelta. La decisión de Brasil, el segundo país más poblado en América, tendrá consecuencias para la región y el mundo.

Lo que aprendimos en Brasil

Siete reflexiones sobre el cubrimiento electoral de Cerosetenta en Brasil.

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Nosotros, Lorenzo Morales, David De Salvador y Tâmis Parron vamos a atravesar los estados de Bahía, Minas Gerais, Río de Janeiro y São Paulo, para detenernos en municipios con electores muy diferentes. 

En el sertón bahiano y mineiro, visitaremos ciudades pequeñas donde Lula ganó en el 2022 y gana ahora, donde ganó antes y ahora empata, y donde el juego dio la vuelta y hoy está perdiendo.

Nos detendremos también en una ciudad intrigante en el estado de Río: Maricá. Una ciudad gobernada por el PT desde hace 18 años, con transporte gratuito y uno de los mayores PIB per cápita del país. En este paraíso de la izquierda, Lula ganó en el 22 pero perdió ahora. ¿Cómo explicar la paradoja?

Cerramos el viaje en Río y en São Paulo, las metrópolis donde Lula perdió las dos veces (Río) y ganó las dos veces (São Paulo).

Vamos a escuchar a quienes están viviendo su propia transformación como electores. Porque Brasil está en tránsito. Y queremos descubrir hacia dónde.

Navegue el mapa siguiendo el recorrido día por día, parada por parada.

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Lorenzo Morales, David De Salvador, Tâmis Parron


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