Somos aficionados y fanáticos del fútbol que buscamos lo contracool, bajarle a la solemnidad, intentar la ironía… y fracasar siempre, pero con estilo.
Tendremos una especie de álbum del mundial. Cada día una lámina collage, un titular, un comentario, una anotación o una historia.
Organiza: Omar Rincón
Laminitas: Juan Diego Cruz + Gráfica y collages: Gabriel Linares + Memes y videos: Matías Ramírez
Escrachan: María Fernanda Jordán, Mateo Cruz, Jerónimo Rodríguez, Diego Armando Cruz, Matías Ramírez, Nicolás Cadavid, Daniel González, Juan Salazar Piedrahita
Invitados especiales: Pere Ortín, Danny Claros, Santiago Nuñez, X. Andrade, Carlos X. Terán
DÍA 20 (junio 30)
Francia de Olise hace lo que quiere, Noruega en tropezón de Haland ganó y México le cantó cielito lindo a Ecuador.
EN LA CANCHA DE LA ´PATAFÍSICA
X. Andrade + Toñito
Mi hijo Toñito aprendió a jugar fútbol en una isla al frente de Manhattan cuando tenía 6 años y coronó la competencia de su categoría empezando como delantero y culminando, por azar, como el Vozinha de ese campeonato: tapadas milagrosas, incluyendo múltiples penales. Para ayudarlo a naturalizar este dramático devenir apelé a “la ciencia de las soluciones imaginarias”, más allá de los entrenamientos de rigor, sopor y nieve a lo largo del año.
Década y media después, el juego entre México y Ecuador nos brinda a ambos la posibilidad de aproximar la ´Patafísica a una cancha y de pensar cómo las excepciones son aquellas que permiten la comprensión de aquellos universos paralelos que el fútbol habita en este Mundial. Como diría Bielsa, en este deporte “son los errores los que enamoran”. La incapacidad de ver aquello resulta de nuestra obsesión por fijarnos exclusivamente en las reglas y las generalidades y no en el papel de lo particular y lo excéntrico, siendo estos últimos los que realmente regulan la realidad y vislumbran, por ejemplo, cómo de goleador nato Toñito pasa a golero en un abrir y cerrar de ojos, siendo además el más chiquito y único colombiano del equipo. Explican también que otro colombiano, Julián Quiñones, fuera el mejor jugador del cotejo entre mexicanos y ecuatorianos.
Para empezar, ambos países, amén del narco y gobiernos populistas de toda índole que no sostienen relaciones diplomáticas entre sí desde hace un par de años, comparten su vocación por lo absurdo y ciudades capitales que se sitúan por encima de los 2.200 metros sobre el nivel del mar. Según la ´Pafísica, este último hecho brindó, al mismo tiempo, mejores opciones para México y afectó profundamente el performance de Ecuador brindando este último un espectáculo deleznable. Finalmente, el resultado se midió no en goles sino en la métrica de sus inutilidades: la raíz cuadrada de menos 1, a favor de la Utopía (que va a tener un quinto partido en un Mundial después de 40 años).
Otros factores a considerarse, lo conversamos con Toñito, es que en partidos como los que él jugaba en su momento, y, éste en particular, el balón se transformaba en una melcocha de jabón gigante que cambiaba de textura y tamaño cada vez que uno u otro jugador ecuatoriano aparecía. Adicionalmente, los mexicanos lucieron un uniforme híbrido entre piñata transparente y armadura de papel picado, lo cual los convirtió en prácticamente invisibles en la cancha, facilitando enormemente su desempeño. Por su parte, Ecuador presentó a once clones del monumento a la Mitad del Mundo cuya única finalidad fuera empujar la pelota al arco rival por la mera gracia de la gravedad. Finalmente, el árbitro fue un urinario invertido, listo para accionarse a la hora de la rehidratación.
Hoy es el 16 del mes Gidouille del año 153 de la era ´patafísica. Mientras un ajolote descomunal emerge en la cancha y Ecuador se escurre, Toñito rememora su primera melcocha.
LA DIGNIDAD, LA GENIALIDAD, LA NADEZ Y LA DURACIÓN
LA DIGNIDAD SOMALÍ. El árbitro somalí Omar Artán le puso dignidad al fútbol. Ante la humillación al ser excluido del Trump´s Mundial, respondió con humanidad. La FIFA siempre resuelve a la Infantino: con plata, todo lo arregla con billete, la dignidad se puede comprar, dicen. La FIFA le iba a dar una compensación pagándole el salario completo correspondiente al torneo. No aceptó, mi oficio es arbitrar. Tampoco aceptó que la buenita de la UEFA lo asignara como árbitro principal para la Supercopa Europea entre el Paris Saint-Germain y el Aston Villa. Tuvo, como siempre, que venir un africano, un humano de la exclusión racista y capitalista, a decirnos lo que es la dignidad, algo que estos new money llamados futbolistas, periodistas e influencers poco tienen, mucho menos la Fifa. ¡La dignidad no se vende!
LA GENIALIDAD DE ARJONA. El maestro Ricardo Arjona es un pionero ya que criticó el fútbol a la gringa de 4 tiempos: eso de los 4 tiempos de la NBA, 4 tiempos de la NFL, 4 tiempos para vender publicidad, 4 tiempos de billete. En su canción “Noticiero” (1996) hizo futurismo a la comercialización obvia que hace de todo los Estados Unidos: “El fútbol gana terreno en los Estados Unidos, quieren cambiar la estructura pa’ que tenga sentido, hay que agrandar las porterías y ocho tiempos fuera pa’ vendernos porquerías”. Y tenía razón el maestro.
LA NADEZ DE LA CAMISETA. La camiseta amarilla, que no la roja, la azul, la negra, la beige… la amarilla se putió, todos la usan y todos la abusan: los políticos, los bancos, las casas de apuestas, las cervezas, las ferreterías… todos le quieren sacar billete de ella, son proxenetas de “la patria”. Y ella se deja, no hay quien la defienda. Somos felices ultrajándola. Triste esto que la camiseta no sirva para celebra nuestra cultura, nuestro modo de ser colectivo, nuestras maneras de ser nación, sino para lo contrario, para expresar nuestros patriotismos piratas. Lo cierto es que en Colombia todo símbolo es frágil, débil, efímero. Por eso nos sentimos más representados por el tintico, la aguapanela, la arepa, el chocoramo, la bombonbum y así. La camiseta, como dicen en Golpe de estadio, nos dice como entendemos a la nación, y lo que vemos es una nación donde billete mata dignidad y gana el vivo. Y de aquello, de futbol, nada.
LA DURACIÓN DE MACAYA MARQUEZ. 18 mundiales. Su genialidad periodística de hacer una pregunta, no una reflexión o una proposición táctica. Y esa potencia de “los hinchas están del lado de la verdad, la crítica no es la verdad”.
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DÍA 19 (junio 29)
Paraguay le puso garra, Marruecos le puso juego, Brasil chispazos y ya. Alemania y Países Bajos sin ganas. Japón, como siempre, merecía más. Todo tacaño, todo apenitas al minuto 90. Y son los penales mi amor, son los penales. Otro día en el mundial.
EL MUNDIAL DE LOS DESHEREDADOS.
CARLOS GARCÍA TOBÓN, Analista geopolítico🤣 internacional
PRIMER TIEMPO
SENEGAL. Los senegaleses tuvieron que hacer un mitin antes del encuentro contra Noruega, pues no les habían pagado de las bonificaciones por clasificar al Mundial, quejas sobre la mala calidad de la alimentación en el campamento base y la situación irregular del contrato del propio entrenador. Difícil competir en esta situación.
La otra cara de la moneda nos enseña a una selección noruega acompañada por los “nobles” príncipes y con un menú envidiable: 300 kilos del mejor pescado rojo de aguas frías, 120 kilos de queso brunost, 6.000 naranjas, etc. para el consumo diario del plantel. El menú estará diseñado y supervisado por un importante chef quien viajó junto con el equipo. Toda esta parafernalia garantiza la ingesta proteica y los ácidos grasos esenciales para tan nobles futbolistas.
En pleno Mundial, los “Leones de Teranga” como llaman a los senegaleses, se han visto obligados a comprar su propia comida y comer en negocios locales debido a la deficiente logística de su federación. La delegación no llevó chef al torneo y el hotel en Estados Unidos ha ofrecido alimentos calificados como “mediocres” (¿serían Hamburguesas?) y no aptos para atletas de alto rendimiento.
ECUADOR la “sacó del estadio” jugando el mejor partido de su vida y venciendo los malos presagios de sus mismos seguidores, venció a la “invencible” Alemania. Resistieron, remontaron y remataron el partido. No es fácil vencer al cuatro copas: Alemania.
TURQUÍA derrotó a EEUU, un grito que estremeció el cielo.
HAITÍ fue la sensación, hizo dos golazos a Marruecos. Se va como llegó, con honor por lo que demostró: fuerza, tenacidad y humildad frente a la adversidad.
SURÁFRICA pasó con honor, pero perdió brillando a los 92 minutos ante Canadá. Primer eliminado en los dieciseisavos (que palabra tan fea).
COLOMBIA. Bilardo dijo hace años que el futbol del futuro sería africano y explicó que jugaban en las calles y eso los hacia poseedores de la pelota. Eso es válido para Colombia también. “Pescaíto”, el famoso barrio de los portuarios de Santa Marta produjo docenas de grandes jugadores entre ellos: el Pibe Valderrama, Pipa de Avila, Falcao, Bolaños, Didí Valderrama y más. ¿Será que cuando pavimentaron la amplia calle 10 de Pescaíto se hizo imposible el juego de los picaditos “a pie limpio” por el tránsito de los autos y el calor del pavimento?
Nueve equipos africanos clasificaron a los dieciseisavos incluido RD Congo que venció a Uzbekistán. Los equipos africanos, Irán, árabes y Latinos están cambiando el futbol mundial. Ya no se amilanan frente a los poderosos grandes y campeones. Juegan sin temor y sin respeto. Son unos “igualados”. Un TRIUNFO para el mundo marginal pues han roto el prejuicio colonial impuesto y el Mundial nunca volverá a ser lo que ha sido: solo dominio eurocentrista.
SEGUNDO TIEMPO
Breve historia de LA FIFA infamia
En 1966, el Mundial de futbol se jugó en Inglaterra. Participaron 16 países: los europeos más Argentina, México, Uruguay y una solitaria Corea del Sur por Asia. 31 países africanos boicotearon el Mundial debido a la decisión de la FIFA en 1964, según la cual el ganador de las eliminatorias africanas se enfrentaría al ganador de las asiáticas, por una única plaza. Colonialismo en acción.
La final fue Inglaterra vs Alemania y el robo fue televisado. El árbitro impuso goles que no fueron y en tiempo complementario declaró campeón a los anfitriones. Fueron tan evidentes las trampas arbitrales que la FIFA se tuvo que inventar las tarjetas rojas y amarillas para atenuar los robos exprés tan visibles de los árbitros.
El otro GRAN escándalo fue en 1978. Se desarrolló durante la dictadura militar de Rafael Videla en Argentina. Mientras la euforia por el fútbol paralizaba al país, el régimen utilizó el torneo para mejorar su imagen internacional. Mientras las patadas de Kempes perforaban las redes con goles y la multitud coreaba su nombre, otros miles de argentinos sufrían disparos de un régimen que los detenía y torturaba.
Argentina necesitaba superar a Perú (con arquero “argentino”) por una diferencia de al menos cuatro goles para poder clasificar a la gran final, eliminando con ese dígito a Brasil. El dictador Videla visitó a la selección de Perú en su vestuario antes del controversial partido del Mundial. Estuvo acompañado por Henry Kissinger el asesino del presidente Allende (1973). Resultado final: 6-0 ganando Argentina!!! Casi Campeón!!! Eso no quiere decir que Argentina no hubiera sido un buen equipo, solo quiere decir que el espíritu deportivo no existe en manos de esta mafia tenebrosa que maneja los mundiales de futbol y los gobiernos.
En la final del Mundial de Francia 1998, Ronaldo Nazário le tocó protagonizar uno de los episodios más denigrantes del fútbol. La víspera del partido de la final contra Francia, sufrió un grave colapso de salud con convulsiones, pero la mano invisible de la FIFA y las presiones de las empresas auspiciantes, que no querían perder a la máxima estrella en el partido más visto del planeta, obligó a que lo alinearan. Ronaldo fue opaco en la cancha, sus compañeros estaban perturbados y perdieron arrollados por una Francia imparable: 3×0. Eso además fue un atentado a la vida y la salud del jugador carioca. Logró brillar en el siguiente Mundial de Corea-Japón 2002 siendo el goleador y Brasil, Campeón.
FIFA GATEs. Millonadas en corrupción por asignar las sedes de los Mundiales en Alemania 2006, Rusia 2018 y Qatar 2022. El Departamento de Justicia de EEUU y el FBI revelaron una red global y sistémica de sobornos, fraude y lavado de dinero multimillonario dentro de la cúpula de la FIFA, que llevaron a la cárcel a 7 altos dirigentes. Y la asignación de las sedes para el futuro Mundial 2030: España, Portugal y Marruecos también tuvo denuncias y cabezas caídas.
13 mil millones de dólares gana la FIFA con el Mundial 2026 sin pagar impuestos y sin construir un solo estadio, eso lo pagas tú y yo, vía tu país sede o participante.
TERCER TIEMPO
Los medios: silencio. Los medios también hacen parte de esa máquina de hacer dinero que es la Copa del Mundo-FIFA.
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DÍA 18 (junio 28)
Y comenzó el Mundial. 32 equipos. Se acabaron las goleadas y goleadores. Una Suráfrica con ganasy torpeza bastó para amargar a una Canadá frágil. Hoy fue un tacaño gol de Canadá más allá de los 90.
EL VACIAMIENTO DEL GOL
JUAN SALAZAR PIEDRAHITA, Periodista.
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EL FÚTBOL EXISTE DESDE SIEMPRE
Una historia collage con ruido punky sobre las primeras comunidades futboleras
GABRIEL LINARES LÓPEZ, hincha del Deportes Quindío, fotógrafo y artista del collage
Vamos a patear la pelota bien lejos de este mundial, directo hasta la prehistoria.
Mi relación con el fútbol comenzó a los siete años en un polideportivo de Armenia, Quindío, durante el Mundial de Francia 98. Mientras la selección de Maturana se jugaba la vida en el televisor, nosotros preferíamos la acción real en una cancha de microfútbol de cemento, rodeada de guaduales (pero no de los que lloran). En ese entonces, el micro era una necesidad primaria de subsistencia…era el parche: jugar para no tener que ver televisión al lado de la abuela.
Tras años de mundiales televisados y pantallas, hemos llegado al 2026 con árbitros medio “zibors” que analizan cada ángulo, como si el futuro consistiera en verlo todo sin dejar espacio al error ni al misterio. Y pues bueno, gracias a Dios, hace unos días, encontré en la librería bogotana El Loco Pensante unos collages que confirman que el fútbol ha existido desde siempre como una “danza ondulante” y no dentro del televisor.
Los compré por 40.000 pesos y los traje a casa para investigarlos. De entrada, noté que se acercan a una visión cruda y a una historia alterna del deporte. Por ejemplo: el Hombre Pitecántropo no jugaba por trofeos, sino que utilizaba los balones como armas de tiro para defenderse y atacar simultáneamente en su lucha por subsistir.
Al observar estos collages en el cristal del escáner, apareció en la pantalla un sustrato existencial inquebrantable que conecta la derrota con la catarsis. Es pura brutalidad prehistórica conectada con la pasión de los mundiales modernos. Como cuando Julianchito me gritaba para salir a jugar micro y escuchar gritar a los guaduales.
#1. LAS PRIMERAS ARMAS
La primera pelota la pateó el hombre Pitecántropo. Rápido comprendió la necesidad que tenía de defenderse y al mismo tiempo atacar, para poder subsistir. De esta manera aprendió a usar balones como armas de tiro.
#2.LA CACERÍA DEL MAMUT
La etapa cazadora tuvo su apogeo cerca de Tepexpan, México. Las primeras pelotas se hicieron con vejigas de Mamut.
#3. COMPARTIR EL ALIMENTO
“Los azotes físicos y las calamidades de la naturaleza humana, hicieron necesaria la sociedad. La sociedad se agregó a los desastres de la naturaleza, los inconvenientes de la sociedad hicieron necesario el gobierno, y el gobierno se agregó a los desastres de la sociedad”, La Cosecha, Jimmy Jazz (2003)
En la foto se ve el vaso sagrado del cual bebían los sacerdotes antes de hacer el amor.
LOS PRIMEROS PARTIDOS
PORTUGAL VS BRASIL
“De cabecita en el mundial de Inglaterra 1966, donde el portugués Eusebio da Silva Ferreira (Foto) fue goleador, explotando las pelotas que le que colocaban Simoes y Augusto”. Los Maravillosos Mundiales de Fútbol, 1986.
BOCA VS ROSARIO CENTRAL
“Ha pateado Gironis y Gentile efectúo el rechazo que fue aprovechado por Ferrari para marcar el segundo tanto boquense a los 26 minutos de la etapa complementaria, poniendo el marcador 2 a 1″. El Gráfico, 13 de junio de 1947.
EL AUTOGOL
“Nada se pierde convivir, tenemos todo el tiempo por delante para ser el vacío que somos en el fondo“. Enrique Lihn Carrasco.
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DÍA 17.
EL FÚTBOL: UN EJERCICIO DE REPATRIACIÓN
DANIEL GONZÁLEZ SÁNCHEZ, B.A. en Escritura Creativa, Universidad de Iowa
Habiendo transcurrido las primeras jornadas mundialistas, pienso en los inicios de mi propia relación con el fútbol, una historia que se remonta a un quinquenio atrás. En el 2012, apoyaba mis suelas, en ese entonces más pequeñas que ahora, en la acera de una isla bordeada por el rio Hudson. En mis memorias de niño de diez años, Roosevelt Island era un gran patio de recreo, una invitación abierta, dirigida a mi hermano menor y a mí, para correr, pedalear en nuestras bicicletas, o fantasear con mundos tan imposibles como verosímiles en nuestra joven imaginación.
En la cancha sintética de la isla, mi hermano y yo practicábamos el intercambio de roles entre arquero y pateador, pegándole pelotazos al balón mientras nuestro stepdaddito, X, refinaba nuestra técnica con sabios consejos técnicos (“Reviéntela!”). Mi amistad con el juego era, por ese entonces, un suceso reciente. Para muchos niños en Colombia, patear un balón a los seis años es un comportamiento instintivo. Fútbol y recreo son sinónimos. No se elige jugar al fútbol; se juega y punto. Este hecho dejaba a los pocos de nosotros que no disfrutábamos de recibir balones en la cara con un mal sabor de boca. Para colmo, jugaba muy mal. Quiero decir, estaba convencido de que era un pésimo jugador donde me pusieran, lo cual me limitaba a estar en la posición del que recibe balonazos y no en la del que los proporciona. Tal vez por eso nunca sentí ese amor innato que este deporte despertaba en otros. Se me hacía difícil amar en abstracto sin ser yo partícipe, sin sentirme capaz de ejecutar mis intenciones en el campo. Por eso cuando emprendí vuelo hacia Nueva York, mi dictamen era claro: “no me gusta el fútbol.”
Muy a pesar de mi resolución y mi suscripción a la secta de los desapasionados, mi corazón se fue enterneciendo. Lo que en Colombia era una obligación a la competitividad juvenil, una cita para medir fuerzas en la jerarquía escolar, se había convertido en horas de ocio compartidas con X, mi hermano Toño, y el balón (“Reviéntela!”). Eventualmente, aquello me llevó a unirme a uno de los equipos de la isla. Al ser un novato, de aquellos que no habían formado parte de escuelas deportivas desde los seis años, mi desempeño no fue destacado. No pude hacerme con la titular. Seguramente, tampoco me merecía el banquillo, pero asistía regularmente a las sesiones de práctica de nuestro entrenador, Boris, un vecino camerunés hecho entrenador juvenil por razones enigmáticas.
La verdad es que no estaba satisfecho con los entrenamientos de Boris, la confianza ganada en las sesiones esporádicas de peloteo se había desvanecido, mi desencanto había vuelto a su estado primigenio. No obstante, tenía la conciencia y madurez suficientes para reconocer que había asumido un compromiso al unirme al equipo, y que, por más que no me sintiera a gusto, debía cumplir mis obligaciones como jugador reserva.
Una noche, mientras entrenábamos, fuimos sorprendidos por una tormenta eléctrica. Padres y niños buscaron refugio del torrencial inclemente, y, el entrenamiento fue suspendido momentáneamente a la espera de mejores condiciones climatológicas (al mejor estilo de este mundial). Tal vez consumido por el aburrimiento del momento, decidí sincerarme con X, quien me acompañaba ese día. No recuerdo mis palabras, solo que le dije que no quería estar más allí y que quería irme. Protestaba con un tono débil y dubitativo, sin ninguna intención más allá de verbalizar una queja necia e insustancial. X se volteó con parsimonia y dijo: “Saquémonosla, entonces!”
Sus palabras me sorprendieron, no esperaba que mis deseos inmaduros fueran validados, y sin embargo, ahí estaba la solución: que nos largáramos y no volviéramos nunca. “¿En serio?” Pregunté sin creerle. “Salimos corriendo y nos la sacamos,” confirmaba X. Paseé mis ojos una última vez por la cancha sintética, los niños con sus uniformes amarillos empapados, los balones huérfanos en el césped; dudé un par de segundos, me convencí, esperé a que llegaran los reproches, y, cuando no arribó ninguno ordené con determinación: “Larguémonos entonces.” Con la decisión tomada, esperamos un despiste de la turba y arrancamos nuestra escapada, sin sombrilla, bajo la lluvia.
Ese debía ser el fin de la historia, pero pocos días después, mientras bajábamos en el ascensor del edificio en el que vivíamos, apareció el hombre que nunca esperamos volver a ver. DT Boris cruzó las puertas del ascensor y se paró inmóvil a nuestro lado. No hubo mención alguna de nuestra huida descarada, ni del hecho de que no había vuelto a ninguno de los entrenamientos posteriores, tan solo un saludo cortés y una sonrisa educada, una admisión tácita de que, para todos los efectos, el suceso nunca había ocurrido y que mi dimisión del equipo de la isla sería respetada. Aquella fue la última vez que vi a Boris. Así, estaba convencido de que mi fuga reciente había marcado el final de mi carrera futbolística.
Entonces llegó el año 2014 y la fiebre mundialista se propagó a nuestro hogar. Cada partido de la selección Colombia fue una gran celebración engravada en mi memoria. Recuerdo con lucidez los partidos contra Grecia, Costa de Marfil y Japón, como visitábamos el barrio colombiano en Queens para presenciar goleada tras goleada. Recuerdo quedar maravillado con el televisor cuando veía a los jugadores bailar el ras-tas-tas tras marcar un gol. Sobretodo, recuerdo el momento en que después de un despeje, Aguilar centró el balón con la cabeza para que James lo bajara de pecho y, sin dejarlo caer, lo enganchara con la zurda con una media volea, el balón golpeando el travesaño y superando a Muslera: Colombia 1-0 Uruguay. Por supuesto, también recuerdo la eliminación contra Brasil, como nos cansamos de gritar que era gol de Yépez y como se nos aguaron los ojos cuando vimos a los jugadores llorando por un sueño que llegaba a su fin.
A cuatro mil kilómetros de distancia, cada partido era una suerte de ejercicio voluntario de repatriación, noventa minutos en los que tiempo y espacio eran distorsionados por fuera de sus coordenadas habituales, como si Nueva York fuera un sueño extraño y Colombia el lugar del que nunca habíamos partido. No había marcha atrás, el fútbol me había flechado el corazón. De regreso en Bogotá, las jornadas escolares se convirtieron en mociones rutinarias a la espera del gran evento del día: los partidos del recreo. Pronto gané reputación como un defensa aguerrido e incansable, jugando cada partido como si mi vida dependiera de ello. El juego pasó de pasatiempo a obsesión. Me convertí en un hincha acérrimo del Barcelona, siguiendo cada encuentro entre bautizos, comuniones y funerales. Aprendí a entender el juego de posición, la búsqueda del tercer hombre, y, la presión tras pérdida. Agarré el balón y no lo solté.
Doce años después, escribo y vivo nuevamente en Estados Unidos. Colombia ha vuelto a clasificar a la siguiente fase, independientemente de lo que hoy pase con Portugal. Tengo abierto el calendario en una pestaña de mi computador, reviso y anoto las fechas en las que juega la tricolor, y me preparo para mi cita de repatriación. Tal vez alguna tarde, sin sospecharlo, me transporte por noventa minutos a un sofá en Roosevelt Island en el 2014, viviendo una vez más lo que es enamorarse.
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DÍA 16.
Las hinchadas del todo o nada
El partidazo de Senegal se vio opacado por la promesa de un Haaland vs. Mbappé donde terminó arrasando Dembelé. España le tuvo que ganar a un equipo que tenía el vestuario roto y que salió a jugar sin ganas, mientras que Cabo Verde resistió como pudo para lograr una clasificación histórica con menos puntos de los que tienen algunos mejores terceros. Hasta el final de la jornada, Bélgica logró despertar al tiempo que Irán y Egipto jugaron un partido amistoso. Los que realmente sufrieron en todo el día fueron los hinchas que se jugaban la emoción del todo o nada.
MATÍAS RAMÍREZ, narrador digital y cineasta – @jmatias._.rl
Robaron a Irán, no se cansan de joderlo. Despertaron los leones de teranga. Decepcionó Uruguay. Se divirtió Dembelé. Aburrió España, Noruega, Mbapé, Egipto, Arabia Suadita, Cabo verde.
5 TEOREMA DE LA TRIONDA
CARLOS X. TERÁN VARGAS, Antropólogo visual y guionista, Universidad Técnica de Manabí, xavier.teran@utm.edu.ec
La decisión fue directa y sin revisión. Bosnia-Herzegovina vs Qatar era el partido. Un partido clave y peculiar para investigar la conducta moral de la pelota más vigilada por las cámaras en la historia de los mundiales. La Trionda. En este mundial de CUM (Canada-Usa-Mexico), ambas selecciones llegan empatadas. Ambas ha sido goleadas. Y ambas avizoran el triunfo como la única salida para una clasificación. En la cancha vemos veintidós jugadores, un árbitro central, dos en cada banda, el cuarto en el costado centro, dos arcos y una pantalla que intenta saberlo todo. El VAR mira desde arriba con vocación de dios menor. La pelota, desde abajo, responde con su pertinente desobediencia. Bosnia llega sin su estrella Tarik Muharemovic, promesa de 23 años que, tras su expulsión (tarjeta roja directa) contra Suiza, ha dejado a un país bajo la clave de la expectativa. Por otro lado, la usencia de Assim Madibo en el conjunto de Qatar, debido a su excesiva creatividad defensora que le dejó una pierna rota a Ismael Koné de Canadá. Ambos equipos se ven como el abrebocas de un cotejo que experimentará los teoremas de la Trionda.
Primer teorema: la pelota no rueda, delibera. Cada pase se moviliza como una consulta interna. Entre la ansiedad que supone cumplir con las exigencias circulares, la pelota que avanza hacia Bosnia, se detiene, y nos recuerda una frontera en el sector de las 18 de Qatar. La pelota mide el calor, sospecha del césped, se mueve cambiando de opinión sin que ningún jugador pudiera dominarla por completo. Apenas convence durante un par de segundos. Luego ella vuelve a su trámite secreto.
Segundo teorema: el gol inexistente pesa más que el gol real. Si el gol es anotado entra al marcador y se queda quieto. El gol que “casi ocurre” es el dato etnográfico del partido entero y merece nuestra entera atención. Un remate al poste, una rodilla adelantada, una pelota que cruza o no cruza la línea. Ese “casi” que produce más fútbol que certeza. Los hinchas dejaron de gritar por lo que veían o dejaban de ver, para hacerlo por lo que está a punto de existir. El triunfo es una aroma vertiginoso que se sospecha frío.
Tercer teorema: el arquero flotante suspende el mundo. Cuando los arqueros saltan, el partido deja de pertenecer al calendario. El tiempo se suspende al vaiven del cuerpo que queda en el aire, vencido acaso por una pelota que duda mientras el estadio espera una sentencia. La atajada no detiene solamente el balón. Detiene el tiempo, el miedo, la estadística y la biografía mínima de todos los que miran.
Cuarto teorema: toda línea del VAR es una forma de literatura. El VAR dibuja hombros, tobillos, rodillas, sombras y centímetros con una fe desbordada en la geometría. Aquello que pudiera confundirse como justicia, el VAR lo traduce como una ficción técnica. Busca la verdad en una imagen congelada, como si el fútbol pudiera convertirse en expediente. El delantero aparece adelantado porque imaginó antes que la cámara. La falta consistió probablemente en soñar demasiado rápido.
Quinto teorema: los partidos laterales sostienen el Mundial. Los grandes partidos llegan cargados de épica, marcas, himnos, titulares y obligación. Bosnia-Herzegovina vs Qatar llega con algo más de distinción: disponibilidad para un sin sentido. En estos cruces el fútbol respira mejor, caben el pase torpe, el rebote con ideas propias, el centro sin destinatario, el silencio del narrador, la emoción nacida fuera de la transmisión televisada. El VAR intenta ordenar todo eso. Pausa el partido, congela la pelota, traza líneas, amplía la imagen, reduce el misterio a centímetros. Quiere saber si hubo mano, pie, intención, contacto, fuera de juego, delito ontológico. La Triota, mientras tanto, se ríe en su idioma circular. Sabe que ningún monitor puede explicar por qué un balón decide entrar en un arco y no en otro.
De esa tensión nace la única ley posible: La Regla No. 26 (si el gol no existe, se inventa). Lejos de falsificarlo, la idea es reconocer que el fútbol ocurre primero como deseo. El hincha lo inventa antes del centro mientras un narrador lo inventa antes del remate. Un arquero lo desinventa en el aire al tiempo que el El VAR lo intenta archivar. La pelota decide, al final, si firma la aparición. Bosnia-Herzegovina vs Qatar, entonces, se mide en sus anomalías: cuántas veces la pelota dudó, cuántas veces el VAR confundió justicia con dibujo técnico, cuántas veces el arquero flotó, cuántas veces el partido sostuvo una emoción que nadie había solicitado. Ante una pantalla que quiere demostrar una verdad, hay una pelota que insiste en inventar el mundo.
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DÍA 15.
Ecuador demostró que puede, Paraguay en la misma, pobre Túnez, Costa de Márfil grande, Estados Unidos es farándula y Japón como que si como que no. Otro día en el mundial. Hablemos del “male gaze”.
LA CANCHA DEL DESEO: las grietas en la masculinidad hegemónica
MARÍA FERNANDA JORDÁN, Literata y Narradora Digital – @fern_anda______________
Más allá de ser un deporte, el fútbol es un monstruo mediático; una industria cultural fría y calculadora que organiza nuestros deseos y emociones en pro del capitalismo. El sistema económico, en alianza con el patriarcado, no solo utiliza este escenario para generar ganancias millonarias a través de transmisiones televisivas, marcas deportivas o entradas a precios ridículos, sino también para moldear subjetividades. De esta manera, el fútbol masculino fabrica figuras “admirables” que se convierten en el prototipo del hombre que debe seguirse y considerarse bello: un tipo fuerte, eficiente, competitivo y, fundamentalmente, exitoso económicamente.
Cristiano Ronaldo representa el epítome de esta masculinidad contemporánea en el deporte. Sin embargo, si este jugador está diseñado meticulosamente por el sistema como el producto ideal para agradar y ser deseado, ¿por qué a gran parte del público femenino nos parece tan poco atractivo en comparación con un perfil como el de Jackson Irvine (subcapitán del equipo australiano)?
La respuesta no es un simple “para los gustos, los colores”. Aunque solemos creer que el deseo es únicamente un asunto personal, la realidad es que también es una construcción social. El “male gaze” es un concepto que explica cómo el ojo masculino heterosexual construye la representación femenina y masculina en los productos audiovisuales; usualmente asociando lo femenino con un objeto de deseo visual pasivo y lo masculino con un sujeto activo. En el fútbol, el “male gaze” opera como un mercado aspiracional creado por hombres para hombres. Los espectadores no solo consumen los partidos, sino una supuesta fórmula de éxito basada en los valores masculinos y heterosexuales tradicionales. El Bicho, al ser la puesta en escena de la disciplina extrema, la familia tradicional, el rendimiento, la riqueza monetaria, el cuerpo musculoso y, sobre todo, la figura lisa que no emite juicio político que pueda alterar su valor en el mercado, se convierte en el espejo donde el espectador masculino quiere mirarse. Pero no el que el público femenino considera atractivo.
Frente a esta mirada tradicional se crea la contranarrativa del “female gaze”, la cual propone otra manera de construir el atractivo; una que privilegia la subjetividad, la emocionalidad y la autenticidad por encima de la perfección física o el éxito económico. Desde esta perspectiva, el deseo no surge únicamente del cuerpo, sino también de la identidad que ese cuerpo comunica. Es en este punto donde Jackson Irvine desarma el modelo tradicional. Lleva el pelo largo, las uñas pintadas cuando quiere, y un estilo streetwear que nos muestra su identidad y no una proyección de grandeza. De igual manera, es un futbolista al que no le da miedo opinar; ha declarado ser anti-Trump, fan de Maradona, defensor de los derechos humanos y aliado de la comunidad LGBTQ+.
Si el género se construye mediante la repetición de actos y rituales, Irvine interrumpe el libreto de la performatividad de género. Por eso, mientras la mayor parte de los hombres defienden, admiran y encuentran más atractiva la perfección de Cristiano Ronaldo, gran número de mujeres preferimos la disidencia estética y humanidad de Jackson Irvine. Al final, lo que muestra este síntoma del gusto y la creciente popularidad de figuras como Irvine es que esas viejas narrativas sobre la masculinidad ya no son fijas. Cada vez más mujeres y también muchos hombres encontramos atractivo aquello que el mercado no puede utilizar a su favor con tanta facilidad: la autenticidad, la vulnerabilidad y las opiniones políticas. Quizás la verdadera amenaza para el negocio del fútbol mediático no sea simplemente que cambien nuestros gustos, sino que, por fin, nos quitemos los lentes masculinos tradicionales con los que nos enseñaron a valorar a los demás.
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DÍA 14.
EL 24 no es un día cualquiera de junio en la Argentina
SANTIAGO NUÑEZ, argentino, Lástima maestro @santiagonuniez IG @santinunez X
Veinticuatro de junio. Día ciento setenta y cinco de los años no bisiestos. Quinto día del invierno para el hemisferio sur. Al revés en el norte. Un día que parece cualquiera.
Para quienes somos argentinos es una fiesta no declarada. Deporte y cultura popular. Una fecha con mayor reconocimiento que en el pasado, pero aún sin el impacto pertinente que debería ostentar. Un buen resumen desordenado de los hechos podría ayudar a clarificar la cuestión, con la cronología dejada a un costado.
1987. Nace Lionel Andrés Messi, uno de los mejores jugadores de fútbol de la historia, quizás el mejor; uno de los más destacados deportistas de la historia, quizás el más. Su palmarés lo define, pero lo limita. No es solo un Mundial, una Copa América, cuatro Champions League ni ser el máximo artillero de la competición más enamoradiza del mundo del fútbol. Es la certeza de que el mundo puede ganar con una pelota. Y de que la gambeta puede ser amor. Mientras usted lee esto él estará pasando el trigésimo noveno aniversario de su natalicio con la concentración de la Selección Argentina. Catorce de las últimas veintitrés tortas cumpleañeras las cortó con sus laderos de equipo, como dice el texto “Que los cumplas compañero” (actualizado), de Lucas Jiménez, en el libro Fuegos de Junio (Editorial Milena Caserola, colección Lástima a nadie, maestro).
1978.Ve la luz del sol por primera vez Juan Román Riquelme, actual presidente de Boca Juniors y emblema absoluto del club. Figura del equipo xeneize multicampeón con Carlos Bianchi. Mundialista con Argentina hace dieciséis años. Líder absoluto del Villarreal que acarició la final de la Champions League en 2006. Poeta de la suela, crupier de los pases al pie. Ilusionista.
1911. Se asomó ante el alba Juan Manuel Fangio, corredor automovilístico, quíntuple campeón de la Fórmula 1 en la gloriosa década del cincuenta. Artista del volante. Elmismo día, no por el mismo canal, le regala al viento sus llantos por primera vez el escritor Ernesto Sábato, creador de mundos, autor de novelas como El Túnel y portador de premios como el Miguel de Cervantes, algo que sólo pueden mostrar algunos argentinos: él, Juan Gelman, Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges. Hablando de Roma.
1937. Fecha ficticia elegida por Borges y Bioy Casares en el cuento Esse est percipi (“ser es ser percibido”) para decretar el último partido de balompié en la historia de la humanidad. “Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman”.
1990. El equipo argentino dirigido por Carlos Bilardo y comandado futbolística y anímicamente por un Diego Armando Maradona con un tobillo en plena crisis, le gana un partido memorable a Brasil, su clásico rival, por los octavos de final de Italia 90, con un gol de Claudio Paul Caniggia gambeteando a otro Claudio, Taffarel, sorprendiendo a todo el Estadio de Los Alpes de Turín y llenando de amor a las almas albicelestes que se vieron amenazados por el poder ofensivo del rival, que no pudo convertir a pesar de sus constantes acercamientos al área y terminó afuera de la copa.
2006. Maximiliano Rodríguez transforma su empeine en nuestros corazones y mete un remate lo suficientemente alto para que el arquero maxicano Oswaldo Sánchez no llegue ni a rechazarlo ni a interceptarlo, y lo suficientemente hermoso para inflar la red. En la jugada del gol participan Lionel Messi, que cumplía años, y Lionel Scaloni, que hoy sigue en la cima del mundo con la misma tranquilidad con la que jugaba de N°4. En ese encuentro, que hoy cumple 20 años, Argentina pasó a los Cuartos de Final de la Copa del Mundo jugada en Alemania ante el molesto equipo de Ricardo Lavolpe.
1927. Nace Osvaldo Zubeldía, eminencia del fútbol argentino, tricampeón de América y campeón del mundo. Galardonado dos veces con el campeonato local colombiano, al mano de Atlético Nacional.
2000. Observa por última vez el anochecer el cantante de cuarteto Rodrigo Bueno, dominador de pistas, creador de sueños nocturnos con ritmo, constructor de brillantes historias con baile.
1789. Abre los ojos por primera vez, meses antes de la revolución francesa, el soldado argentino Juan Bautista Cabral cuyo acto más cuyo acto más conocido y último acto a la vez es interponerse entre el General San Martín, libertador americano, y la muerte, protegiéndolo frente a un ataque realista, viajando al más allá el 3 de febrero de 1813.
1906. El club de fútbol Alumni derrota a un combinado de jugadores británicos oriundos de Sudáfrica, en lo que significa la primera victoria de un equipo criollo frente a una escuadra extranjera. Escribe, sobre el tema, Osvaldo Soriano: “El presidente Figueroa Alcorta no pudo con su genio y bajó a la cancha, donde el match se había interrumpido, para abrazar al autor del gol. Todo un acontecimiento. Era la primera vez que un presidente usaba al fútbol para acercarse a su pueblo (…) Al día siguiente, los diarios escritos en inglés, que daban mayor trascendencia al fútbol practicado por miembros de su colonia, saludaron la victoria. ´Un día glorioso en la historia del fútbol argentino´, opinó The Buenos Aires Herald. ´Fue un glorioso triunfo y los sucesos de ayer en la Sportiva son promisorios para el fútbol en la Argentina´, escribió el comentarista de The Standard”.
1935. Fallece en un accidente aéreo el cantante, artista y vocalista de ilusiones Carlos Gardel, junto a Alfredo Le Pera, en Medellín, Colombia. El velatorio en el Luna Park de Buenos Aires desborda a la ciudad entera, como si las multitudes silenciosas que despiden pudieran destrozar los márgenes de las cosas. Se va. Sigue.
Lo de Gardel me hace preguntar si habrá alguna otra conexión entre Colombia y la fecha argentinizada del veinticuatro de junio. Los buscadores digitales me hablan de dos partidos mundialistas. Colombia 4, Japón 1, en 2014; y Colombia 3, Polonia 0, en 2018. Me anoto para preguntarle a Omar Rincón algo que encontré: en Tolima y Huila es muy común que se celebre la fiesta de San Juan, cuya fecha de inicio deviene del nacimiento San Juan Bautista que es, vaya sorpresa, el 24 de junio.
Me acuerdo de algo que dice mi amigo Juan Stanisci, en el ya citado libro Fuegos de Junio: “La Fiesta de San Juan es una de las más antiguas de la humanidad. Se celebra en Europa y América desde hace miles de años. En el hemisferio norte coincidía con la llegada del verano y el comienzo de la decadencia solar: a partir de esa noche el sol morirá cada vez más temprano. Con el advenimiento del cristianismo en el imperio romano, los ritos considerados paganos fueron perseguidos. Para seguir realizando esta festividad, tendría que pasar de hacerse los 21 de junio a los 24 y sería llamada San Juan”.
No es un día cualquiera de junio, se ve. Esta nota termina de realizarse el veintitrés por la tarde-noche, mientras Inglaterra en la televisión no puede derrotar a Ghana y el Mundial sigue generando sonrisas pícaras. Miro los encuentros que quedan. Me doy cuenta de que a la trasnoche podré ver a Colombia, que jugará ante el duro Congo desde las once pe-eme, hora argentina. No sé cómo saldrá el partido. Se que para cuando termine ya el calendario dirá que estoy en el veinticuatro de junio.
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DÍA 13.
¡No fue uno ni fueron dos, fueron tres!
El fútbol a veces parece ser una broma infinita y qué mejor equipo para demostrarlo que el del país de lo irreal e irónico.
MARÍA FERNANDA JORDAN, Literata y Narradora Digital – mariafejordantorres@gmail.com
Colombia no solo disputó su partido contra la República Democrática del Congo, sino también contra las milimétricas medidas que definen el fuera de lugar. Durante 76 minutos toda la hinchada quedó sumergida en un bucle de frustración que parecía ser infinito. ¡No fue uno ni fueron dos, fueron tres! Tres veces las que la pelota pasó la línea blanca de la portería y tres veces las que nos tocó volver a tragarnos la emoción y la ilusión de una victoria. Desde el pitazo inicial la tendencia era clara, Colombia se desenvolvía en el campo con una posesión de pelota casi absoluta y una talentosa autoridad que solo encontraba un problema, y qué señor problema. ¡Oígame! Pero qué defensa la del equipo africano, por momentos no parecían ser once jugadores en la cancha sino 20 metidos en el área frustrando cada intento de pase interior. Pero, como en Colombia somos tercos y el que persevera alcanza, el primer “gol” llegó a los once minutos… no contábamos con que era el inicio de una secuencia idéntica que se repetiría al 48 y al 66.
Ya con un poco menos de ilusión y aceptando la idea de que un empate no estaría del todo mal, el rumbo del partido cambió con la carta más pedida por la tribuna pero, según dicen las malas lenguas, la menos apetecida por el director Néstor Lorenzo. Sí, el único e inigualable Quintero entró a terminar con la monotonía y pudo aliarse con Daniel Muñoz, uno de los pocos que saben cómo es que se pelea y alienta hasta el último segundo. Fue así que al minuto 76 se nos dio el milagrito.
1-0 y todo el mundo con los dedos cruzados para que ese árbitro pitara el final del partido. Pero, como nunca nos falta el drama en Colombia, los últimos minutos estuvieron llenos de sufrimiento con una República del Congo que se negaba a perder y que, por el contrario, cada vez ganaba más campo en nuestra parte de la cancha. Fueron minutos eternos agarrados de la silla, rezando para que a Vargas no se le escapara la pelota y respirando con cada despeje de Davinson. Hasta que llegó, a los seis minutos exactos de reposición, el final del partido.
La sufrimos como hace tiempo no lo hacíamos. ¿Lo importante? Además de haber ganado, fue que hoy pudimos cantar el gol (y los otros tres anulados) abrazados junto a personas que sienten la misma pasión por el país… y sí, todos sabemos que el fútbol es el opio del pueblo, pero qué bien se siente entregarse a la ilusión cuando la dosis llega en forma de Quintero, Muñoz y esa celebración en forma de baile descoordinado con la que todos gozamos.
Desde África con amor
Partiendo de mi amor por el fútbol, el rock y los cómics, reinterpreto a “Tintin en el Congo” en clave movida madrileña, y escribo, en paralelo, un texto sobre la historia (no tan larga, pero sí significativa) de los enfrentamientos entre la Selección Colombia y los equipos africanos en el Mundial de Fútbol.
NICOLÁS CADAVID. Artista, profesor universitario y ex barrabrava del Club Atlético Bucaramanga.
El 23 de junio de 2026 se cumplen exactamente 36 años del primer partido de la Selección Colombia, en un Mundial de Fútbol, contra una selección africana. Aquel partido, jugado el 23 de junio de 1990 en la cancha donde Maradona se consagró como ídolo del sur de Italia, Colombia enfrentó a la sorprendente Camerún de Roger Milla. Aquella victoria por 2 a 1, le permitió a Camerún convertirse en el primer equipo africano en alcanzar los cuartos de final del evento orbital. Toda una hazaña.
Hasta ese momento, el continente africano había presentado mayoritariamente un cúmulo de selecciones que apelaban al juego fuerte y la velocidad como estrategia para arañar unos cuantos puntos y unos pocos goles. Sin embargo, aquella Camerún presentó disciplina táctica y una férrea defensa, lo que le permitió superar la actuación de Marruecos en 1986 cuando esta selección del norte de África consiguió llegar a segunda ronda del mundial.
A partir de entonces,el fútbol africano dejó de ser un espejismo para convertirse en una presencia incómoda. Nadie quiere encontrarse con una selección africana en la máxima cita del fútbol mundial porque siempre existe la posibilidad de que sea la sorpresa del torneo. Colombia aprendería muy bien esta lección pues los siguientes dos enfrentamientos ante equipos africanos resultarían con saldo positivo para la tricolor: 1 a 0 contra Túnez (Francia 1998); 2 a 1 contra Costa de Marfil (Brasil 2014).
Ad portas del partido frente a la República Democrática del Congo este 23 de junio, y a propósito de la invitación a participar en “Amaters”, recordé algunas referencias desde la música y el cómic que me han acompañado desde hace tiempo y que me han permitido comprender la forma como solíamos entender al continente africano hasta hace unos años: un lugar que jamás prometía nada salvo recursos que robar, mosquitos y subdesarrollo. Pero en este mundial, como en los últimos 10 eventos de este tipo, África promete entregar a la revelación del mundial.
Hace unos años, Carlos Salvador Bilardo, quien vio personalmente al “coco” africano en 1990, dijo en una entrevista que en África está el futuro del fútbol pues allí el fútbol todavía se juega en las calles y no en academias como sucede en el resto del planeta.
Quizás Bilardo vio algo que muchos todavía no veían. Mientras Tintín seguía recorriendo un continente poblado por caricaturas coloniales y las canciones de Ataque de Caspa convertían a Nigeria o a Egipto en escenarios exóticos para la fantasía de occidente, el fútbol africano comenzaba a construir otra historia. Una historia que exactamente 36 años después volverá a cruzarse con la de Colombia.
Tin Tin en el Congo, antes y después de la censura.
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DÍA 12
Un mundial hecho para que se hagan records de goles y goleadores. Messi, Mbapé y Haland cumplen. Cristiano sigue en su mood, el fútbol soy yo. Pero, hay poesía y política, esa que ponen los márgenes.
África NO pide permiso
PERE ORTÍN ANDRÉS, periodista dadá, @Gorikortin
El diccionario de valoraciones cambia según quién ocupe cada lado del terreno de juego y de la historia. Nada puede cambiar que Costa de Marfil perdió el partido, pero durante casi noventa minutos tuvo algo mucho más interesante que su buen juego: tuvo la imaginación, la inteligencia; tuvo el presente y también el futuro que representan sus jóvenes futbolistas. Porque muchas veces hablamos de África como una abstracción genérica cuando la revolución que ha llegado tiene nombres y apellidos. Ahí estaban Christ Inao Oulai, Amad Diallo, Yan Diomande imperiales frente a Alemania, jugando con una autoridad impropia de jóvenes que apenas están llegando a la mayoría de edad y que aún no han alcanzado el cénit de su carrera.
Como ellos, miles de jóvenes africanos repletos de clase, inteligencia y talento gambetean en los campos de arena de sus pueblos y ciudades y están ya transformando también las grandes ligas de Europa y a muchas selecciones europeas. Durante décadas Europa se acostumbró a pensar que exportaba conocimiento e importaba materias primas en forma de cuerpos humanos comerciados y recursos robados. Hoy sigue explotando a los humanos y los recursos de un continente y, también, cada vez más,su imaginación futbolística aunque no termina de asumirlo.
En este asunto, la historia más hermosa del Mundial la escribe Cabo Verde. Un pequeño archipiélago del atlántico africano que ha debutado en un mundial empatando con España y Uruguay, dos campeones del mundo acostumbrados a ser tratados como aristocracia futbolística. Lo fascinante no son los dos puntos conseguidos por los caboverdianos. Es su ausencia total de complejos. Cabo Verde ha jugado como si ignorara por completo toda la jerarquía histórica que organiza el fútbol mundial. Y tal vez ahí resida su verdadera fuerza, la fuerza de África y de su juventud. En esa libertad exclusiva de quien nunca acepta el papel secundario que otros han escrito para él.
En las antípodas de Cabo Verde está la decepción de Senegal. Era mi gran apuesta para sorpresa del mundial y no ha funcionado: dos partidos, dos derrotas. Eso sí, el desempeño de Senegal ofrece también otra lección muy interesante. Senegal paga en el césped la tensión, las dudas y un conflicto interno que acabó explotando de la peor manera posible. No se puede jugar un Mundial pensando en si te pagarán porque cuando la cabeza de un futbolista está atrapada en los despachos, el balón no tarda en presentar su factura y eso fue exactamente lo que le ocurrió a Senegal frente a Noruega.
Una auténtica pena para el aficionado. Los «Leones de la Teranga» llegaron a este Mundial como campeones de África (ante Marruecos y en un polémico partido) y con una plantilla de futbolistas de gran talento y gran respeto internacional. Pero el vestuario terminó convirtiéndose en una bomba de relojería. Ahora, al borde de la eliminación, Senegal tendrá que ganar a Irak en el último partido y esperar una carambola en los resultados de la última jornada.
Al equipo de Senegal, entre líos institucionales y problemas económicos, no se le puede negar el enorme partido de 70 minutos que hicieron para perder frente a Francia (3-1). La derrota fue clara, pero la sensación del partido contó algo distinto. Durante largos tramos, los senegaleses discutieron con mucha autoridad a una selección francesa que parece diseñada para ganar el Mundial si no fuera por su aburrido entrenador, ese veterano ex gran jugador que ha ganado el Mundial como jugador y como entrenador. La diferencia no estuvo en el talento ni tampoco en la calidad de la propuesta futbolística. Estuvo en esa eficacia con la que Francia convirtió en gol y Senegal no. Y esa diferencia es hoy mucho más pequeña de lo que Europa necesita y desea creer.
Así lo demostraron también los «leopardos» de la República Democrática del Congo en su magnífico duelo contra un equipo de Portugal que tiene, posiblemente, el mejor medio campo del mundo, pero donde también juega por obligación CR7, un jubilado cuarentón mezcla fascinante de atleta, marca global y reliquia deportiva viviente que siempre tuvo la desgracia de vivir a la sombra del más grande, GOAT, Messi. CR7 vive en el pasado y los congoleños estaban escribiendo el futuro, una historia menos rentable para las televisiones y mucho más interesante para el planeta fútbol: durante largos tramos del partido Portugal pareció un museo bien conservado y el Congo una ventana abierta de aire fresco.
Esa es, quizás, la cuestión de fondo. Hace veinte años el relato hablaba de una distancia estructural abismal entre el fútbol africano y las grandes potencias europeas. Hoy, en muchos casos, hablamos simplemente de la diferencia entre marcar o no marcar una clara ocasión. Ya no estamos viendo selecciones africanas que compiten dignamente contra las grandes potencias europeas como Alemania, España, Portugal o Francia. Estamos viendo selecciones africanas que empiezan a disputar la propiedad misma del presente-futuro del fútbol.
Mis derrotas, mis victorias.
Carlos García Tobón, Analista geopolítico🤣 internacional
Me dolió que el primer equipo “expulsado” fuera Haití , porque si bien es el país paria por ser agredido y apaleado durante siglos por Francia, EEUU, y también por la FIFA, que le vetó la camiseta por tener un dibujo alusivo a la libertad de hace 222 años!!! Un supuesto mensaje subliminal bélico y armamentístico para Infantino por algo que le irrita -la libertad-; cuando solo reivindica la liberación de los esclavos haitianos en la Francia de Napoleón. La FIFA defendiendo al mundo de la amenaza libertaria haitiana.
Haití es coraje, orgullo, solidaridad, fuerza, perseverancia y hambre de salir adelante. El espíritu de los haitianos solo se percibe hablando y compartiendo con ellos, son inconmensurables.
Una empresa colombiana, Saeta, realizó la camiseta del seleccionado que lo debió haber hecho más como gesto solidario que económico, pero se logró mostrar al mundo. Una docena de colombianos también fueron los mercenarios que mataron al Presidente de Haití, acto execrable. Pero no fue un aislado, la exportación de esta letal mercancía es más grave. El Grupo de Trabajo de la ONU sobre el uso de mercenarios calcula que hasta 10.000 colombianos han sido reclutados para participar en conflictos internacionales, incluyendo la República Democrática del Congo, Ucrania, Sudán, Somalia y Yemen. Qué destino fatal nos acecha.
Cabo Verde de nuevo nos sigue mostrando que el futbol es magia, pasión y exhibición ya que logró casi una victoria, empatar a uno de los grandes nuestros, Uruguay, que perdió la “garra charrúa” en manos de un DT desquiciado: Bielsa, que se sienta en la nevera del agua. Después coloca su café encima de ella, lo olvida y pone sus huevos en café tibio. Está en una especie de decline senil, un señor sabio que ganó un mundial en JJOO y participó en 3 copas más.
Deniz Undav , el delantero “alemán” suplente entró a los 60 minutos, fue el autor del doblete con el que su equipo remontó a Costa de Marfil. Es un kurdo-turco que llegó joven a Alemania y fue hostilizado por todos los equipos germanos donde pasó hasta que llegó -siendo obrero- a la premier inglesa desde Bélgica, para lograr ganar un respeto como futbolista e importado de nuevo por el Stuttgart. A Alemania le costó un huevo generar ocasiones ante Costa de Marfil, pero Undav resolvió el duelo.
La selección de Alemania solo cuenta con 4 futbolistas que son netamente alemanes, todos los demás son negros, turcos, etc. nacionalizados. La selección de hace 30-40 años se distinguía por la homogeneidad de sus jugadores: altos, atléticos, bien alimentados y rubios. Beckenbauer -caído en su propia desgracia- fue por décadas el paradigma del jugador-empresario del futbol mundial a seguir. Consiguió la sede para Alemania del Mundial, pero lo acusaron de haberlo hecho con finanzas no tan santas y murió sin quitarse de encima ese estigma.
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DÍA 11: EL PARTIDO DE LOS CUATRO AÑOS: CRÓNICA COLECTIVA DE UN DOMINGO DE ELECCIONES
El 21 de junio es el día más largo o el más corto del año, depende si estas al sur o al norte del mundo. En Colombia se decidió la vida. España ganó con suavena, Irán y Nueva Zelanda dignificaron al fútbol, Bélgica y Uruguay desilusionaron, Egipto cumplió, Cabo Verde maravilló. Colombia, jugó en política, quisocreer, pero…
MARÍA FERNANDA JORDAN, Literata y Narradora Digital – mariafejordantorres@gmail.com
Minuto 0: Si pudimos dormir, nos despertamos con entusiasmo; si la ansiedad no nos dejó, fuimos directico a calentar el tinto. Hoy no es un día cualquiera, juega nuestro equipo y la ilusión está a flor de piel. Con orgullo miramos la pinta que alistamos la noche anterior, la camiseta de nuestro equipo reluciente y bien planchada. Los nervios brotan de nuestro cuerpo; ya queremos que llegue la hora de jugar. Algunos saldremos de la casa al estilo de Lamine Yamal cuando ganó la Liga de España, con la bandera palestina en lo alto, pese a lo “apolítico” que debe mantenerse el fútbol. Otros saldrán junto a sus familiares cantando la misma barra y heredando los colores de siempre. Al final, todos somos fervientes creyentes de la formación que dispuso nuestro director técnico.
Minuto 15: Salimos a la calle y el ambiente está tenso, pero vibrante. Las cuadras huelen a empanada y a expectativa. Lástima que haya ley seca, porque ¿qué más rico que ver un partido con una fría en la mano? Fuera de los puestos de votación se arman las tertulias. Todos nos creemos “directores técnicos”, pero eso sí, nunca salimos del barrio. Cada quien lleva su boleto de entrada, cargar la cédula es como si tuviéramos un boleto de dos mil dólares para la final de la copa del mundo.
Minuto 45: Estamos frente a la mesa de votación. Es como si estuviéramos a punto de cobrar un penal. Nuestro tiro no debe ser dubitativo, el esfero lo agarramos con fuerza: ¡Carguen, apunten…Fuego! Así como el penal de Harry Kane contra Croacia hace unos días. La celebración es meter el tarjetón a la urna. Al salir, obtenemos el certificado que es la prueba de haber sudado nuestro uniforme.
Minuto 75: Cuatro de la tarde y ni almorzar he podido de la angustia. El segundo tiempo es el peor porque es el de la espera. Todos frente al televisor esperando un regate, una falta en el punto penal, un tiro de esquina… ¡algo, carajo, ALGO! que cambie el rumbo del partido. El corazón no se ha salido, ahí sí, como dicen las abuelitas, porque Dios es muy grande. Todos sabemos que, como en todos los partidos de este mundial, el resultado se definirá en los últimos minutos; esperamos que llegue un Maximiliano Araújo para empatar esta vuelta.
Minuto 90: Suena el pitazo final. Para unos es la celebración, el carnaval en las calles, los pitos y las banderas porque su equipo ganó. Para otros, es el silencio, el dolor de cabeza y las lágrimas que por orgullo nos rehusamos a expresar. Lo hemos vivido todo tan visceral que por un día nos hemos olvidado de que la vida sigue…que al final los que ganan el partido se reparten el premio solo para los de ellos.
Después del partido: La euforia y el llanto no son tan intensos como antes. Las luces se apagan, la familia de nuevo reunida en el sofá con un silencio incómodo; ahora todos esperan por Egipto-Nueva Zelanda. Porque así es el partido de la política, la vida sigue y la verdad es que mañana los que fuimos rivales, seremos compañeros de puesto en el bus o amigos de oficina. Solo esperamos que los que estamos del lado contrario al ganador sigamos teniendo la misma libertad y garantías de expresión. Que no tengamos que guardar en el clóset por los siguientes cuatro años la camiseta de la oposición por miedo, sino que podamos seguir construyendo un país diverso, en donde las voces de todos sean respetadas y nadie sea DESTRIPADO.
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DÍA 11: ESPAÑA está de vuelta. LAMINE ya está aquí…
PERE ORTÍN ANDRÉS, periodista dadá, @Gorikortin
Atlanta está a ocho mil kilómetros de España. Pero hay momentos en que un estadio en la capital de Georgia es una plaza de pueblo en España en un verano de fiesta. Ese lugar donde miles de desconocidos acuerdan creer en la misma cosa durante, al menos, noventa minutos.
Desde hace años, para España se trata de, primero, jugar bien para, después, ganar. España, la campeona de Europa, necesitaba algo más que una victoria. Necesitaba una hermosa historia que contar. Porque los equipos también viven de los relatos que son capaces de contarse a sí mismos. Y esta tarde España se reencontró con un relato muy bueno.
Empezó con Lamine Yamal. Un chico de 18 años que nació cuando ya existían las pantallas táctiles, videollamadas y Facebook empezaba a demostrarnos lo que los algoritmos prometían: adivinar en el futuro. Pero hay algo que todavía ningún algoritmo sabe hacer. Explicar qué ocurre cuando un futbolista como Lamine tocan la pelota y el tiempo parece doblarse.
Después fueron llegando los goles. Los dos de un gran Oyarzabal. Las pases de Pedri y Olmo; el ritmo de Rodrigo, los errores árabes y también los fallos de Ferran en los espacios abiertos entre esas grietas por donde España filtró el partido contra un equipo árabe que había empatado a Uruguay
Arabia Saudí resistió lo que pudo como resisten quienes conocen el desierto. Con paciencia. Con disciplina. Tratando de evitar el sol y buscar petróleo. Sabiendo que no todas las tormentas pueden esquivarse. Pero España siguió avanzando. Sin hacer demasiado ruido, jugando fluido y muy tranquilo,
A veces, el fútbol no consiste en conquistar nada. Consiste en recordar quién eres y no olvidarlo. Cuatro goles después, la clasificación de España parece mucho más cercana. Pero eso es apenas la superficie.
Lo importante para este equipo es otra cosa. Durante una tarde de calor sofocante de junio en España -en una ciudad como Atlanta construida sobre autopistas, pantallas gigantes y promesas de futuro- los jugadores españoles encontraron una manera de hablar ese idioma del fútbol hermoso que los ha hecho grandes campeones.
Y cuando eso ocurre, aunque solo sea durante noventa minutos y contra un equipo menor como Arabia Saudí, el mundo se me hace un lugar algo más sencillo, un poco más habitable, mejor. Hace mucho calor en España y acaba de llegar el verano; España ha llegado, Lamine está aquí…empieza la fiesta.
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DÍA 10: Coincidencias, cábalas y a ganarrrr
Ecuador hizo grande a Curazao, Alemania siendo Alemania ganó a una alegre Costa de Márfil, Japón hizo la tarea y Países Bajos mete miedo. Otro día en el mundial. Y aquí unas coincidencias que se convierten en cábalas que no ganan partidos… pero a veces, son las que no hacen creer que sí podemos.
Matías Ramírez, narrador digital y cineasta – @jmatias._.rl
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DÍA 9: 48 equipos en cancha, ¿a son de qué?
A punto de cerrar esta primera semana mundialista, en la que ya debutaron todas las selecciones, hubo quienes celebraron de manera rimbombante lo de RD Congo y Cabo Verde contra Portugal y España, respectivamente. Y yo no digo que no haya sido sorpresivo, llamativo e incluso emocionante. Pero utilizar esos resultados para asegurar que “fue un acierto ampliar el Mundial a 48 equipos” me parece un poco demasiado.
República Checa jugó su segundo partido contra Sudáfrica. No lo vi y me cuesta creer que alguien por fuera de esos dos países lo haya hecho. Fue uno de esos partidos que pudieron haber sido un correo electrónico. Como también Austria-Jordania. Como Irak-Noruega. Como buena parte del segundo tiempo entre Brasil y Haití.
Aunque justamente ese último partido me hizo pensar en la única razón por la que encuentro interesante tener tantas selecciones presentes: mamertear, hablar de política. Que los panas suelten preguntas en medio del partido: “Venga, ¿sí vio que el técnico de Haití ni siquiera conoce el país?” “La cosa está cómo verraca por allá, ¿no?” “¿Y si vieron que los gringos les están haciendo redadas migratorias?”. El partido se acabó rápido, pero dejó espacio para esas conversaciones.
El segundo tiempo fue una oportunidad para hablar de migraciones, racismo, religión o música. Cosas que difícilmente aparecen cuando juegan las mismas selecciones de siempre. Y es que detrás de la goleada se encontraban dos países atravesados por historias enormes.
De un lado Haití, protagonista de la primera revolución de personas esclavizadas victoriosa de la historia moderna. Una revolución aún difícil de digerir para algunos que la camiseta para este Mundial fue censurada por la FIFA dado que hacía alusión a esa hazaña histórica. Del otro, estaba Brasil, el territorio que recibió más personas esclavizadas que cualquier otro lugar de América. Dos países marcados por la diáspora africana. Dos lugares donde la música, la religión y la memoria sobrevivieron a pesar de siglos de persecución.
Por momentos sentí que Haití-Brasil era la mejor defensa posible de este Mundial de 48 equipos. Y eso ya dice bastante, porque la defensa no en esta primera fase no suele estar en el fútbol, está en las historias. En descubrir conexiones inesperadas entre países que rara vez aparecen en la misma conversación, en terminar hablando de migraciones, religión, petróleo, colonialismo o política internacional. Si eso sigue apareciendo en medio de los partidos que no dicen mucho en cancha, entonces, a mi manera de ver, este Mundial de 48 equipos habrá valido la pena.
SUFRIR también es GANAR
Fácil para Brasil y los Estados Unidos. Sufrir por mas de 100 minutos para Marruecos y Paraguay. Y un no te lo puedo creer de Almirón quien inauguró una amarilla por hacer equivocar al árbitro en su primer partido y una roja por taparse la boca para decir una bobada, un jugador amarillo y rojo.
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DÍA 8: REINICIAR. ABURRIR. Ay, mi México lindo que juega tan feo.
Chequia y Sudáfrica aburrieron, Suiza y Bosnia aburrieron por 60 minutos. Canadá goleó, perdió a un jugador y aburrió. México-Corea qué aburrimiento.En México parece que el soccer le está ganando a tu fútbol.
Juan Diego Cruz Cataño, @jdcruzca – Narrador Digital
El Mundial de 48 equipos ha sido un acierto. RD Congo y Cabo Verde empataron contra dos de los mejores equipos europeos, que, ojo, eran grandes candidatos tras haber disputado la final de la última Nations League. Pero mientras celebramos la garra de estos equipos africanos, quizás la decisión más controversial fue la de tener tres sedes mundialistas.
Sin mencionar los problemas políticos que trae disputar un Mundial en tres países, el hecho de tener tres anfitriones de categoría B como cabezas de serie hace que sus grupos se sientan realmente flojos. México ya es líder de su grupo y primer clasificado a dieciseisavos, pero con un nivel de fútbol perverso. México, Corea, Chequia y Sudáfrica nos regalaron el peor día del Mundial hasta hoy.
“Lo que importa es ganar”, dicen algunos, pero para el hincha que pagó miles de dólares para ver a su selección, el juego es más importante. No es para menos: en su partido inaugural, jugando contra una Sudáfrica que parecía amateur por los nervios de pisar el Azteca, México se fue pitado por el mal despliegue futbolístico de sus jugadores.
México, no puedes jugar tan mal frente a tu gente. Ya eres primero de grupo, pero con el nivel y lo parejo que está el resto de los grupos, hasta un mejor tercero te puede pegar un baile. Que no se repita una humillación como la de Chile vs. México en suelo norteamericano.
México seguirá buscando su quinto partido porque es una selección donde parece que el único jugador que entiende cómo tratar la pelota es colombiano, parece que será, una vez más, una misión para los siguientes cuatro años.
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DÍA 7: GANAR ES SUFRIR UN POCO.
Colombia 3 – Uzbezkitán 1
Éramos los de perder es ganar un poco, jugamos como nuncay perdimos como siempre y, el lamentable grito de los perdedores, si se puede. Ahora somos los de ganar es sufrir un poco.
LA POLÍTICA NO NOS QUITA LO BAILAO
Diego Armando Cruz Cortés @charlasconeldiego – Administrador de Empresas
La política y el fútbol son ganas de creer, tener esperanza, ganar desengaños y volver a creer. La selección y la política en Colombia están radicalizadas y polarizadas. Los groseros actos cometidos contra el bus oficial de la selección Colombia a la salida del partido de despedida de su afición en Bogotá contra Costa Rica, sumado a los comentarios agresivos y elevados de tono en torno a lo sucedido en el acto protocolario de encuentro del seleccionado con el presidente Petro donde el gobernante hizo entrega del pabellón nacional no han hecho sino manchar el más grande símbolo de unidad que pueda tener Colombia, nuestra querida selección.
Y la justicia también juega a manchar la pelota: una juez le prohibió al candidato de la Espriella utilizar o exhibir la camiseta oficial de la selección de Colombia en su campaña; otro juez dijo que, si puede, el Tribunal Superior de Bogotá prohibió que la campaña del candidato de extrema derecha utilice cualquier tipo de símbolo patrio en su publicidad. Y a ese candidato ni le gusta el fútbol, ni la camiseta, ni Colombia.
Por otro lado, las redes se encendieron en contra de la selección cuando se acusó a James Rodríguez de no acceder a tomarse una foto con la hija del presidente, Antonella, gran aficionada al fútbol. El presidente Petro cuya narrativa se enriquece de cuánta división encuentre a su paso, vio también una oportunidad de ensalzar su discurso y a la vez agregar más leña al fuego al publicar en su cuenta de X una foto del defensor Yerry Mina en dos escenarios, uno junto a él estrechándole la mano y otro sonriente con el expresidente Álvaro Uribe, remarcando las imágenes con la frase “Dignidad o nostalgia de hidalgos esclavistas”. Pues material de sobra han tenido los haters para “destripar” y ser poco “inclusivos” con los jugadores que representan al país.
Tomando en cuenta que la camiseta de la selección es un patrimonio nacional que les pertenece a todos los colombianos, se debe dejar claro que no debe ser apropiada por ningún bando político para hacer propaganda o populismo. Estos fastidiosos actos manchan la pelota y la camiseta tricolor, como cuarto símbolo patrio, no se debe mancillar.
La política juega y duro en Estados Unidos ya que las persecuciones antimigratorias están demostrando que el país de las barras y las estrellas no es buena anfitriona y mucho menos hospitalaria. Las noticias son los actos discriminatorios como los exigentes y humillantes registros a jugadores de países no occidentales como Senegal y Uzbekistán, el interrogatorio y detención por más de siete horas en el aeropuerto de Chicago al goleador y figura de la selección de Irak, Aymen Hussein; el prohibir pernoctar en suelo estadounidense a la selección de Irán luego de disputar sus partidos en Los Ángeles y Seattle, la cancelación de visas a periodistas de países como Túnez y Costa de Marfil, y el no permitir a su llegada a Miami el ingreso de uno de los mejores árbitros de África el somalí Omar Abdulkadir Artan.
Poco queda de la fiesta universal; es un evento Trump. La FIFA está ganando dinero. Infantino con cara de yo no fui. La política y el fútbol siguen siendo la expansión popular de las esperanzas, pero los políticos y mercaderes las corrompen.
Por ahora, Colombia ganó y seremos por una semana un carnaval porque nadie nos quita lo bailao.
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LA PREVIA Colombia – Uzbekistán
De los negros, árabes, persas, y ojalá latinos
Carlos García Tobón, Analista geopolítico🤣 internacional
Lo que estamos viviendo es expresión de fuerza, colectividad y entrega de los negros, árabes, persas, y ojalá los latinos (el Sur Global) que están poniendo en jaque a los ricos equipos europeos y norteamericanos (EEUU y Canadá).
CABO VERDE, la sorpresa. Estas islas tienen un poco más de 500 mil habitantes y enfrentó a España, de 50 millones, con equipos nacionales multimillonarios (Real Madrid, Barcelona) y con tradición de siglos jugando al futbol. Una asimetría total. Y España que esperaba golear a ese chiquito, con dificultad mantuvo el empate sin goles.
Ver jugar y tapar a Vozinha, el portero estrella de Cabo Verde de 40 años, es más que una sinfonía. Por arriba, por abajo, por la izquierda o derecha: impenetrable. Los españoles pese a su suficiencia y a su título de excampeones del mundo quedaron perplejos ante la fuerza, la cohesión y la entrega de esos 11 negros caboverdianos. No sirvió de nada la entrada de Yamal (hijo de marroquí y guineana ecuatorial, pero nacido en España) para cambiar la cara al partido, aunque levantó el ánimo en los abatidos jugadores e hinchas españoles.
Ecuador la pasó peor. Llevaba 17 fechas invicto y era superfavorito y sufre otra “insólita pesadilla”, Costa de Marfil, otro país africano que ni siquiera sabemos dende queda le martilló el gol de la victoria a los 90 minutos. No me duele tanto esa derrota de Ecuador pues fue a manos de los hermanos negros marfileños, otros marginados del mundo superior. Ahora ante Alemania, Ecuador debe mostrar su casta.
Lo de Irán es épico, los tuvieron más de 10 horas en el avión saboteando su aterrizaje y en la noche anterior al partido los antimusulmanes yanquis les hicieron ruido toda la noche en las afueras del hotel para que no descansaron. Pero con un futbol selecto lograron resistir a Nueva Zelandia y empatar. Irán está triunfando en todos los terrenos. Ha logrado derrotar a Trump y Netanyahu. La humanidad tenemos una deuda grande con Irán por eso, y con los pueblos musulmanes destruidos por EEUU y la UE, en las 2 últimas décadas.
Egipto, Arabia Saudi y Congo lograron empatar ante Bélgica, Uruguay y PORTUGAL!!!! respectivamente. OJO, ALERTA.
Uzbekistán, nuestro desconocido rival, tiene más de 3 milenios de historia como civilización. Samarkanda fue la capital del mundo en los siglos XIV y XV por ser la ciudad del imperio de Timur, el más importante después del Gengis Khan. Conquistaron India en 1520 con Babur y el imperio Mogol duró hasta 1863 (+ o -) cuando los ingleses tomaron las riendas de la India.
Nunca ha ido a un mundial, no sabemos mucho de su futbol, solo que tiene jugadores en Manchester y otros equipos europeos. Pero un dato clave: su director técnico Cannavaro fue campeón mundial de futbol con Italia. Gloria a Colombia HOY.
Apostilla: Messi martilló 3 veces a la inexperta Argelia, con el hijo de Zidane en la portería.
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Día 6:DE TODO UN POCO COMO LOS LOCOS
Van6 días desde que inició el mundial y aún no me hallo entre los 4 tiempos, los comerciales con balones de fútbol, o un jugador, o jugadores todos iguales en su peluquiado y actitú.
Jerónimo Rodríguez Cárdenas – Narrador digital @jer0nimo_r0driguezc
Acostumbrados a botín negro con línea blanca, pelo largo desaliñado que se desaliña aún más con el trajín del partido, camiseta metida dentro del pantalón y media subida hasta debajo de la rodilla. Como un tal Diego o un tal Pelé.
Y ahora tener que ver los cortes con degradé, guayos rosados fosforito acompañados de medias cortadas para mejorar la circulación o en su defecto, escurridas a media canilla como el 20 de España ayer, o el 5, o el 22. A propósito del 22 ¿Quién diría que un central podía ser tan guapo como Pau Cubarsí?
MUNDIAL DE PUBLICIDAD 2026
Muñoz tiene una hamburguesa especial, James promueve envíos en 24 horas, Luis Diaz vende celulares y Juanfer habla de cuotas de tarjetas crédito. Casi parece que cada jugador de la selección vende algo ¿Es así en todos los países? En caso de que lo sea, propongo lo siguiente:
Que cada país haga una votación interna para elegir el mejor comercial, que los seleccionados se muestren en las nuevas pausas de enfriamiento (o culin breics para los que hablan el inglés) y que al final de cada partido la gente vote por el que más les haya gustado. Y para culminar con este mundial de comerciales, que cuando se acabe la copa se le dé una medalla honorífica al país con el comercial más votado. Seguro que tampoco ganaríamos.
Los senegaleses me ilusionaron y luego me decepcionaron, todos los hombres son iguales. Qué gol de Kiki.
Los de Noruega no tuvieron que remar tanto para sacar el resultado, Iraq con poquito hizo más fútbol que algunos de los que tienen más cartel.
Argentina hizo la de campeón del mundo, la del muñeco, la de ganar golear y gustar, el único de los sudamericanos que ha representado hasta ahora, probablemente sean los únicos.
ADIVINA EL JUGADOR, O NO, TAMBIÉN PUEDE SER.
Voy a darle un sobre del mundial a la persona que me contacte y me diga quiénes son los jugadores de este mundial correspondientes a las pistas que voy a dar a continuación. Probablemente nadie se tome el trabajo de escribirme, pero, quién sabe, alguien puede estar lo suficientemente desocupado para adivinar y pretender obtener un sobre del mundial a cambio.
Jugador uno: Tradicionalista, camiseta metida dentro del pantalón.
Jugador dos: A mi criterio, de los menos apropiados para la publicidad… o en general la comunicación.
Jugador tres: El nombrado por su gol en el punto pasado.
Jugador cuatro: El que no se deja engañar, te adivina todas, ganaría el sobre disputado en este juego.
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Día 5:ESPAÑA nada en un mar de pulpos
Una crónica dadá sobre este delirio inesperado llamado fútbol que demuestra que la mejor manera de contar una victoria futura es perder el sentido común y empatar a 0
Pere Ortín, periodista dadá
Fue una sorpresa. Del resultado, no me acuerdo. Es lo de menos. Los pianos de cola se toparon en el césped con una pared. No hubo música y las aceitunas de mi plato no celebraron la decepción.
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Día 4:EL PREDICAMENTO
Ecuador le pegó a los palos, Alemania y Suecia le pegaron a los débiles. La historia de siempre. Entonces, una crónica sobre José y la migración que encuentra formas de comunidad en el juego del fútbol.
X. Andrade, ecuatoriano, antropólogo, artista y profesor, Universidad de los Andes
Es domingo, junio 14, y debuta la selección del Ecuador frente a Costa de Marfil. Todo aficionado de mi nacionalidad que se precie verá ese partido. Las expectativas –siempre erróneas—sobre las posibilidades de éxito en esta copa mundial del 2026 eran altísimas. Perdimos, para variar. Como aval de la esperanza estaba el performance del equipo durante las eliminatorias de este mismo torneo, cuando quedó segundo entre los países sudamericanos. Ahora hay más jugadores mejor billeteados jugando en Europa y tenemos hasta quienes fueron finalistas de la última Champions en ambos equipos, etcétera.
Mi pana, José, no obstante, enfrenta un dilema. Hoy y a la misma hora debió jugar un partido clave en la liga de aficionados en la que su equipo disputa el primer puesto del campeonato de mayores de 60 años en Chicago. El Tercer Piso. Siendo ecuatoriano, juega para un equipo –los J&Js Juggernauts– de mayoría latinos ahora (hace 15 años eran coreanos) y van en el primer puesto esta temporada. Enfrentan en un partido crucial a los segundos del campeonato, el equipo Torpedo United: rusos de tradición.
José, abogado y músico de profesión y de familia con legado artístico en Quito, migró a esa ciudad hace tres décadas con la finalidad de continuar su formación y largarse de su país nativo, sometido ya en los noventas a una realidad económica y política agreste que hoy tiene su mayor expresión con el imperio del narco y de la política narcolibertaria. Para muestra, un botón: en el peor momento de la historia ecuatoriana, el presidente Noboa estuvo sonriente en el partido de la selección hoy en Filadelfia.
Desde el primer día en Chicago, hace treinta años, la principal conexión de José fue con ese deporte. Buscó dónde se jugaba cerca a su barrio y descubrió que Riisi Park era el epicentro del encuentro de multiplicidad de migrantes de todo lado, pero predominantemente latinos y mexicanos. Así jugó para los Tacluachinez mexicanos por años. Allí, entre parrillas y asados y cervezas que duran todos los sábados, descubrió unas formas de comunidad que el juego articula hasta en los lugares donde los migrantes pueden ser vistos como una amenaza. Más aún en estos tiempos.
Contra el tiempo y la marea, José encarna la permanencia del espíritu futbolero bajo cualquiera de las circunstancias. Este domingo, opta por ser fiel a su equipo, los de la fuerza indestructible, antes que seguir a la selección ecuatoriana cuya suerte está en duda en un grupo muy complicado. La cancha como tal es más importante, finalmente, que la mera ilusión nacionalista. Un mensaje glorioso para un mundial colmado por la corrupción política y administrativa.
Al final del día, José se la jugó por el juego. Suda una camiseta, la de los Jaggernauts, que rememora a la de los gloriosos The Chicago Sting, dobles campeones de la liga profesional gringa en los ochentas y cuyo nombre honra una película clásica sobre la mafia.
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Día 3:EL FÚTBOL MADE IN USA
Los gringos son los reyes del mundo del espectáculo, todo lo que tocan lo convierten en capitalismo. Con el fútbol lograron el capitalismo, pero perdieron el juego. Se juega como se vive, y en los Estados Unidos no se juega, se produce capitalismo.
omar rincón, ensayista @la_coolture
Brasil sufrió a Marruecos, gran partido, cuchillo entre los dientes, ganas y poder. Suiza no quiso y tuvo su merecido. Haití con dignidad. “Lo impensado sabiendo lo bueno que es el equipo de Turquía”, fue lo de Australia, dice amigo chileno viviendo por allá, “es un equipo de chicos buena onda. Irankunda tiene 20 años y nació en un campo de refugiados”. Todos por IRANkunda.
Pero… a lo que vinimos, más allá del juego hay que hablar del fútbol made in USA es….
Es televisión, no fútbol, por eso esas pausas de 3 minutos para comerciales al estilo Football USA.
Tribunas llenas de estrellas de joligood que van a lucirse sin saber nada de ese espectáculo. Y de influencers estridentes en busca de seguidores. Y de chicas con tetas sublimes para ganar likes. Mucha ignorancia con la arrogancia de la aesthetics digital. Público ignorante que solo va para el show off y que solo sabe animar diciendo “defense, defense, defense” y haciendo getica de uuuuuhhhh para salir en las cámaras del estadio.
Tres inauguraciones fallidas, una en la que no se sabe si era Shakira o una crossplay o una clon o una Shaki recién botoxiada.
No es soccer, es Fútbol. El dueño del circo dijo algo real, un hecho obvio pero que los gringos siguen ignorando, que existe una confusión global con el término “football” … “Si nos fijamos en lo que ha pasado con el fútbol en Estados Unidos, que es el soccer en Estados Unidos, parece que nunca lo llamamos fútbol porque tenemos un pequeño conflicto con otra cosa que también se llama fútbol americano. Pero si lo piensas bien, ¿No debería llamarse realmente fútbol una sola cosa? Esto es fútbol, no hay duda. Tenemos que pensar en otro nombre para la NFL. Realmente no tiene sentido si lo piensas bien”. Jodido pensar bien por allá.
Una película western de sheriffs, vaqueros,saloom de putas y criminales. Más que de la pelota, todo consiste en la conquista salvaje de los indios del fútbol.
Una película de vaqueros donde millones de migrantes huyen de ICE, Infantino, Trump…
Prohibido hablar en español. Hakimidijo que no había problema, que él le entendía en español y que podía contestar en inglés. Y el español es el lenguaje del fútbol, ya que permite esos driblings que da la pobreza y las ganas de ser de derechas. La FIFA como siempre se lava las manos.
Gente en la calle hablando de los Knicks y los Spurs y eso de what´s de fuck eso del fútbol. Y Knicks campeón y ¡oh gloria a los que se la juegan en over time!
Unos surafricanos que saben jugar rugby y piensan que como están en Estados Unidos eso es de football.
Un migrante negro colombiano en tierra de migrantes que mete el primer gol y los colombianos patrióticos dicen “es colombiano” pero no tendría ni cupo en nuestra selección llena de estrellas.
Un árbitro que habla broken inglés y parece payaso, mago y malabarista de tarjetas rojas para favorecer manitos.
Es de historias, no de decir lo que todos vemos como esos locutores y analistas colombianos, menos mal hay por ahí los Samper, Arango y Alemán para salvar la patria periodística.
¡El fútbol made in USA qué pereza! Eso sí, !qué buena película de policías, putas y ladrones! !Bravo! !Miedosamente mórbida! !5 estrellas!
PERE Y NZÉ:
MARRUECOS–BRASIL… desde Lisboa
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Día 2:Vakapipopo
¡Qué pereza tan redonda trabajar el día de hoy! Hoy fue solo el juego. Patada tras patada. En manos de paraguayo soy “Vakapipopo” que impone respeto.
Matías Ramírez, Narrador digital y cineasta – @jmatias._.rl
Llevo días siendo el centro de ceremonias de apertura, de himnos, de discursos de Infantino que no le importan a nadie… Hoy solo es el juego. Patada tras patada.
Pensé. Tengo que ir a Toronto para que me pateen entre canadienses y bosnios. Luego, tengo que ir a toda velocidad rodando a Los Ángeles para que me hagan lo mismo entre gringos y paraguayos. Dos partidos en los que los estadios van a estar aburridos, pero lleno de estrellas que no saben fútbol, pero millonarios de seguidores. Hoy era solo el juego. Patada tras patada. Pero los gringos sorprende a los paraguayos rompiéndoles por 4. Gocé un poco.
Estoy aburrido, he recibido poco buen trato. Me botan a la tribuna saque tras saque. Caigo en manos de gente que va para turistiar y quieren la foto conmigo. Tengo celos del football, a mi me llaman “soccer”. En manos de paraguayo me dicen “Vakapipopo”, ese tiene más personalidad, impone respeto. Parece el nombre de un guerrero que fue pateado alrededor de dos mil doscientas veces entre ambos partidos. Las cuento. En días como hoy, siempre las cuento.
La afición grita cuando me patean o muy alto y muy lejos o con mucha fuerza. Los bosnios me gritan “Dimije!” cuando acabo de pasar por debajo de las piernas de un canadiense.
Todos actúan. Nadie llora. Nadie besa el escudo en cámara lenta. No hay nada que demostrarle a nadie porque nadie importante está mirando. Es solo el juego. Patada tras patada.
No pasó mucho en la cancha, mejor mirar a las tribunas. No hay tantas cámaras como si en la cancha estuviera ese tal Messi o el tal Ronaldo que no se cansan de patearme.
Me imaginé siendo paraguayo, pero terminé siendo gringo, como todo el mundo. Nadie quiere ser paraguayo. Hoy no di ni para story de Instagram, solo para lamento paraguayo. Pero ocurrió.
Nadie me necesita para ser héroe. Soy esa pelota que no se mancha según el diego, pero está manchada por Infantino y su venta cínica de mi alma. Y, aun así, aquí estoy, rodando entre los que juegan, mientras tanto el mundo poco los está mirando.
Y eso que apenas es el segundo día del mundial.
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Día 1:Que el Mundial vuelva a pertenecernos
El mundial es una fiesta que se goza sin asistir a ella. Mateo apuesta por lo que considera un acto revolucionario: ver el mundial como niños porque recuperar la capacidad de asombro también es una forma de resistir.
Mateo Cruz Cataño, Antropólogo @macruzcat
5844 días, 16 años más jóvenes, viví el primer partido del Mundial de Sudáfrica 2010. Aquel que se repitió ayer, el mismo 11 de junio, pero con un mundo y un fútbol muy distintos.
En ese entonces, luego de llorar a cántaros por no cumplir con mi sueño de poder ver a Colombia por primera vez en un mundial, comprendí a lo que este país estaba habituado. Notaba en mi familia una costumbre de gozarse la fiesta sin asistir a ella, o mejor dicho, sin ganarnos el cupo. Disfrutábamos y nos encontrábamos en lo ajeno.
Aún recuerdo la rabia que sentí, en la etapa más banal de mi vida —y ciertamente la más feliz— por el horario tan absurdo en el que se decidió dar inicio a ese mundial. ¿A quién se le pasó por la cabeza programar el partido a las 9 de la mañana de un viernes? ¿Cómo se les había ocurrido no pensar en mí, un niño indefenso que, a su suerte, tendría que enterarse con tropiezos del resultado?
Fue la imagen borrosa de un televisor burdo e imponente Panasonic, la ventana a un mundo que comenzaba a descubrir: los mundiales de fútbol. Recuerdo estar sorprendido por la mareosa cantidad de un ruido invencible que emitían las bocinas del TV. Algo que, para la alfabetización de mis oídos, era completamente ajeno. Me intenté convencer de que el aparato se había dañado, aunque continuaba siendo inexplicable para la razón de mis sentidos que el fantasma de esa resonancia apareciera solo con las imágenes del 1-1 entre sudafricanos y mexicanos. Así fue como, desde el asombro, descubrí las vuvuzelas.
Cuando llegué a casa, la víctima de mi intensidad fue mi padre, al que le relataba cada 5 minutos el gol del #8 sudafricano Tshabalala, que cortó un listón en mí. Fue una incisión a mi espíritu más artístico que, soterrado, estaba a la espera de una arqueología que lo despertase. Se trató de una excavación que me introdujo al mundo del arte: necesitaba sí o sí aprenderme la coreografía de la celebración de ese gol. No era un capricho, era una necesidad vital: mi carne me lo pedía como una extensión de su propia materialidad.
Eran las etapas en las que jugaba más fútbol que el que veía. Me la pasé todo el fin de semana intentando, con un método, por supuesto, improvisado, recrear la geometría del gol y su respectivo ritual con mi mejor amigo de la infancia y mi hermano; fracasando, y lo digo con orgullo, con el mayor de los éxitos.
Hoy con un par de canas que no se quieren perder la Copa del Mundo a ningún costo, con unas cuantas deudas encima y con preocupaciones considerablemente más importantes, afronto esta cita que se hace resistir un cuatrienio entero, entre la emoción y el enojo.
Gracias a un cerebro plastificado por la conciencia, percibo con impotencia los escándalos que han rodeado este mundial. Entradas con precios de proporciones jupiterianas, la discriminación sin censura de los Estados Unidos a los representantes asiáticos, africanos y latinoamericanos y el velo puesto sobre la realidad de la sociedad mexicana, una popular y con una textura surrealista, para evitar que se bese con el mundo exterior.
Quizás en un intento desesperado por romantizar la realidad, vi en el partido de ayer una oportunidad para reencontrarme con los espíritus artísticos de las infancias, espontáneos e imprudentes, pero sobre cualquier calificativo, necesarios. Apuesto por lo que considero un acto revolucionario de hoy en día: volver a ver el mundial como niños, o al menos, como hace 16 años.
Tengo la convicción ontológica de que si volvemos a no solo sentir, sino practicar por medio del fútbol, el impulso más cárnico del baile, del disfrute y del gozo sin remedio, podremos transgredir las estructuras que nos han impuesto el ideal de un mundial alejado de la gente, de esos arrebatos artísticos de nuestra infancia perdurable en el tiempo. Hay que reanimar con urgencia nuestra capacidad de asombrarnos –como con las vuvuzelas– para tener un efecto de doble vía: disfrutar el mundial mientras lo confrontamos.
Es una enorme potencia que habita transversalmente en cada uno de nosotros y que espero que renazca en cada uno de los lectores. Arriba las copas y a brindar por 39 días mundialistas de regresión a quien fuimos y a quien espero que nunca dejemos de ser. Que el deporte rey sea una historieta de la remembranza del inicio, del idílico prefacio.
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La Previa: Las mujeres que van al Mundial: Katia Itzel García y Tori Penso
Así les cueste lo que les cueste, seis mujeres van a demostrar que tienen huevos y más en este fútbol machirulo.
Por María Fernanda Jordán
Literata y Narradora Digital – @fern_anda______________
Katia Itzel García y Tori Penso forman parte del grupo de seis mujeres que arbitrarán en la Copa Mundial de la FIFA 2026. La presencia de la mexicana y la estadounidense adquiere un significado especial en un mundial donde las discusiones sobre diversidad, representación e igualdad han ocupado un papel político protagónico.
Para México, la designación de Katia Itzel marca un momento histórico. Se convierte en la primera árbitra central mexicana en participar en una Copa del Mundo varonil, un reconocimiento que llega después de años de preparación y actuaciones sobresalientes en competencias organizadas por la FIFA y la Concacaf. Su camino hacia la élite, sin embargo, no ha sido sencillo. A lo largo de su carrera ha enfrentado comentarios sexistas y episodios de discriminación, como el protagonizado por el entonces técnico de Mazatlán, Sergio Bueno, quien declaró: “Ahora resulta que una mujer quiere venir a demostrar que tiene huevos”. La frase generó controversia, pero Katia optó por responder de manera icónica, citando la letra de una canción: “Así le cueste lo que le cueste, señores, vivan su vida”.
Tori Penso, la gringa, también ha construido una trayectoria ejemplar. Tras iniciar su carrera como futbolista universitaria, encontró en el arbitraje una nueva vocación y fue escalando hasta obtener el gafete FIFA. Su consagración internacional llegó en 2023, cuando fue elegida para dirigir la final de la Copa Mundial Femenina entre España e Inglaterra, una designación reservada para las árbitras con mejor desempeño del torneo y que confirmó su lugar entre las más prestigiosas del mundo.
Más allá de los partidos que dirigirán en el Mundial de 2026, Katia Itzel y Tori Penso representan el cambio de una profesión que durante décadas estuvo reservada casi exclusivamente a los hombres. Con años de experiencia, preparación y constancia, ambas se han convertido en referentes para las nuevas generaciones de árbitras y en la prueba de que el talento y la capacidad pueden abrirse paso incluso en los escenarios más exigentes del fútbol internacional.
Y si alguien cree que estas mujeres están en la Copa del Mundo solo para cumplir una cuota de paridad en la FIFA o para apaciguar las discusiones en torno a la representación y diversidad, están muy equivocados. Katia y Tori vinieron para recordarnos, silbatazo a silbatazo, que las mujeres desafiamos las anticuadas tradiciones machistas. Ya no nos da miedo interrumpir el juego del poder patriarcal, lo hacemos sin pedir permiso y sin vergüenza.
El fútbol y la sociedad cambian, aunque a algunos les incomode escuchar cómo el ruido de las viejas barras conservadoras se desvanece poco a poco ante una actualidad que es imposible de ignorar.