Roberto Camargo y los remedios de amor

Roberto Camargo es un explorador que va del Caribe al interior, es la nueva música de autor del caribe colombiano. 070 habló con él en el Festival Internacional de la Canción Itinerante 2015.

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Juan Pablo Conto

17.09.2015

A Roberto Camargo la herencia guajira le brota, es un sello indeleble en la forma como asume la música. Quizás por esto terminó en la novela de Diomedes Díaz interpretando a Hernán Urbina Jorio, el médico y compositor vallenato, el genio detrás de “La Reina”, esa canción coreada por muchos.

Pero esto es poco. Roberto es un personaje extenso. Un viajero que va de los sonidos de costa a los de la montañas, una peregrinación que los músicos colombianos suelen hacer al revés. Quizás por esto terminó amigo de Andrés Correa y siendo parte de esa movida en torno a la canción que ha consolidado la Fundación Barrio Colombia. Asume de manera muy particular la canción iberoamericana, cosa que evidencia en su último disco Remedios de mis Amores, dedicado a su madre. Una conjunción de tan variados elementos, pero de los que se apropia con naturalidad.

Hoy 17 de Septiembre se presenta en el Gimnasio Moderno en el marco del Festival Internacional de la Canción Itinerante. En 070 hablamos con él y nos adentramos en la biografía, en las letras y en los sentimientos de este cantautor colombiano.

Roberto ¿Cuándo empiezas a hacer música?

Yo comencé a hacer música en la adolescencia. El primer contacto fue la guitarra y siempre ha sido la guitarra, tal vez desde los 15 años. Es una vocación que se ha mantenido siempre, independientemente de otras cosas que he hecho en la vida: estudiar diseño industrial en la Nacional y trabajar en proyectos que pasan por esta línea. Pero el gen musical siempre ha estado ahí permeando el resto de cosas.

¿Fue difícil llevar las dos vocaciones?

Esa dualidad entre lo que estudié como carrera universitaria y lo que soy hoy en día como profesional, como músico, yo creo que fue muy agradable de llevar por mucho tiempo. Casi nueve años en que yo alternaba mi rol como cantante, como compositor, como cancionista, con mi trabajo como museólogo en un centro interactivo de ciencia y tecnología. De Maloka.

Hagamos un recorrido por tu discografía ¿Cuándo arranca? ¿Cuántos discos tienes?

El primer disco lo hice en el año 2000 y desde ahí he publicado varios. El primero se llamó Roberto Camargo. El segundo Vivo en la boca del león, del año 2003, que es una grabación en vivo que hicimos en el León de Greiff. En el 2008 edité uno que se llamó Humor amor, que fue muy bacano y me permitió salir un poco del circuito en el que me movía.

¿Qué circuito era ese?

De pequeños bares, de cafés y sitios muy particulares alrededor de la Universidad Nacional. Básicamente una zona que se llamaba la ‘zona verde’, así le decían. Estaba la ‘zona rosa’ de alrededor del Andino, y estaba esta zona de la gente de la bohemia bogotana. Ahí siempre había gente que ofrecía recitales, hacía conciertos, hacía exposiciones. Un circuito que existió durante varios años, donde florecieron bandas de rock, donde floreció, por ejemplo, Iván Benavides que con el tiempo formaría con Lucía Pulido el grupo Iván y Lucía, y que luego haría parte de Sidestepper y otros proyectos. O Ramiro Zambrano que sería cofundador de los Carrangueros de Ráquira. Era una zona muy dada a que pasaran esas cosas.

¿Qué sonaba en la zona verde? ¿Qué paradigma te regía a ti?

Yo empiezo a tener movimiento en el circuito desde finales del 95. Hice un demo, un casete, del cual ya ni idea qué habrá pasado. Con mi casete bajo el brazo empecé a recorrer el circuito de bares. Era además la época del auge de La tierra del olvido todos eran pro Vives, pro La Provincia. Fue un momento muy bonito para la música colombiana, un reinventar lo que estaba sonando y con sonidos propios. Eran esas explosiones en los sonidos de los oyentes.

¿Pero tú cómo abordaste ese momento?

Siempre he tocado mis canciones y en el circuito de bares yo intentaba ser cómico. Bromeaba con la gente. Daba una introducción que pudiera resultar empática para el otro. Porque es que en un bar tú vas a tomarte un cerveza y se de paso te encuentras a alguien que canta pues buenísimo. Pero arrancando en esa época que nadie había escuchado mi música era el humor lo que posibilitaba hacer click con la gente que estaba ahí y poder cantar mis canciones. Fue un buen momento porque el público en la zona estaba un poco formado para escuchar y apreciar el trabajo de los músicos que iban a compartir su propuesta original. En la medida que ese público se fue los bares se fueron acabando. Pero fueron una escuela de lo que se debe y lo que no se debe hacer. Es una lástima que hoy sean pocos los espacios donde los artistas puedan mostrar sus propuestas.

¿De qué hablaban tus canciones en este momento? ¿Cómo era tu música?

Era muy nueva canción, canción latinoamericana. Siempre he intentado ser cronista de las cosas que ocurren en mi tiempo, en mi espacio. Justamente una de las características de los cantautores o de los trovadores durante todo el tiempo es que cada canción es una foto del momento que están viviendo. Lo ha hecho Fito Páez, lo hizo Charly García, mejor dicho, todos. Por ejemplo, yo le cantaba a la ley zanahoria. Al momento en que Mockus impone que cierren los bares a la 1 a. m., entonces tuve una canción que se llamaba “Después de la 1” que hablaba justamente sobre eso y que en el circuito de bares fue una canción entrañable:

Si nos cierran los bares

si nos cierran los billares

irán menos niños a la escuela

Si ponen caros los moteles

se llenan los hospitales de más chicos con tic de “manuela”.

si se cierran los griles,

si se cierran los teatros a las doce que la noche empieza,

más traquetos se darán en la cabeza,

mil colinas perderán sus esperanzas,

mas borrachos bailaran juntos la danza de una lluvia de cerveza,

habrá menos homicidios pero mucho más suicidios en las casas…

después de la una, cuando la noche empieza.

Eran canciones que tenían que ver con ese momento de la vida. Con la Universidad, con mi novia de ese momento, con los motivos por los cuales se protestaba desde la Universidad en relación con el mundo, con una ideología política. Nunca fui un activista. He sido muy escéptico frente a todo, desconfío de los radicalismos en todo sentido. Me parecen tendenciosos y viciosos. Pero diez años de universidad lo deforman a uno con un pensamiento crítico. Las canciones de los bares hablaban de eso.

¿Qué pasa cuando Humor Amor te saca un poco de ese circuito? ¿Qué llegó a tu carrera como músico?

Pasan muchas cosas muy bacanas, entre ellas haberme conocido con Andrés Correa, con Alejo García, con todos los amigos de Medellín. Empezar a entender qué es eso de ser un cancionista en nuestro contexto. En 2006 abrí el concierto de Joaquín Sabina acá en Bogotá, en el Palacio de los Deportes. También conocí a Luis Eduardo Aute. A gente muy respetada del mundo de la canción iberoamericana. Con esos acontecimientos fui profesionalizando cada vez más la carrera. Hay una canción de ese disco que es nominada como canción del carnaval de Barranquilla en el año 2009 que se llama “No hay billete”. Con esto hay un pequeño ‘boom’ mediático y empiezo a viajar más: por Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Ibagué. También algunos viajes fuera del país.

Y ¿así llegamos a Remedios de mis amores?

En el 2012 viene el compilado que se llama Sencillos y complejos. Luego ya es Remedios de mis amores. Un disco muy inesperado dentro de la planeación de hacer discos, motivado por el fallecimiento de mi mamá. Un compendio de nueve canciones grabadas entre Bogotá, Buenos Aires, Montevideo y Riohacha. El disco más honesto que he hecho durante toda mi carrera, un homenaje muy cuidadoso a la memoria del ser más amado de mi vida, mi vieja.

***

"Lo chévere de tener un profesor en el lado de la nueva trova cubana y estar escuchando glam rock es que algo pasa con la cabeza"

Roberto ¿Tú de dónde eres?

Yo nací en Bucaramanga, mi familia santandereana es paterna. Yo supongo que nací en Bucaramanga porque querían que naciera en Bucaramanga porque igual 18 días después me llevaron para Riohacha y ahí pasé la primera infancia. Y después ya me vine para acá para Bogotá, es decir, nunca he vivido en Bucaramanga. Muy cercano con la familia paterna, pero la cercanía con la cultura santandereana no la he tenido, me falta por conocer. Tiendo más para el lado Guajiro.

¿Qué música te hizo acercar a la guitarra? ¿Qué intentabas tocar?

A los trece años estaba en auge todo el movimiento del glam rock: Posion, Guns N’ Roses. Estaba Metallica con el álbum negro. Más bien como ‘rockiadito’. Pero el primer profesor de guitarra que tuve, que no he tenido mucho, he sido muy autodidacta, se llama Carlos Salcedo Lea. El viene de una escuela de música colombiana de cuerda y de nueva canción latinoamericana, especialmente nueva trova cubana. Era un tipo que manejaba muy bien en su repertorio a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú. Entonces una de las primeras canciones que yo toque en la guitarra fue el “Unicornio Azul” de Silvio Rodríguez, o “El breve espacio en que no estás” de Pablo Milanés. Lo chévere de tener un profesor en el lado de la nueva trova cubana y estar escuchando glam rock es que algo pasa con la cabeza. Pasa algo a nivel de texto y de acordes.

¿Qué cosas que oíste o leíste hicieron que te volcaras tanto hacia las letras? no es la primera vez que veo que declamas tus letras o las de otro cantante que te gusta ¿Qué te encantó o atrapó de este arte?

Está bonita esa pregunta. Para mí siempre la música, desde la canción, fue un vehículo de comunicación con la gente. Durante mi adolescencia fui muy tímido, muy metido en mis asuntos de estudio. El asunto de las canciones, más que de la música, eran como un vehículo para poder decir eso que al conversar no me atrevía. Sentía que cuando escuchaba una canción de Joaquín Sabina, por ejemplo, o del mismo Fito, podía encontrar en los textos de ellos cosas que a mí me habría encantado decir, cosas que me habría encantado pensar. Frases para enamorar a alguien que podrían resultar infalibles. Sentía que en las palabras de la gente que yo escuchaba había un refugio y una posibilidad de convertir el mundo en otra cosa. Yo quería hacer lo mismo desde mis canciones y por eso desde el principio hubo un gran cuidado con la letra, no solo por el ritmo.

***

 

 

Hablemos de tu disco Remedios de mis amores. Hay canciones con un tono de nueva canción iberoamericana, otras se van más para el vallenato, como la que abre el álbum. ¿Qué me puedes contar de esa conjunción de elementos que están en ese disco? ¿Tiene que ver que hayas grabado en diferentes lugares?

Pues ese disco está motivado por la necesidad de hacerle un homenaje a mi vieja, a Remedios. La muerte de ella ha sido lo más difícil por lo que yo he pasado en mi vida, y me atrevo a decir que para mi papá también. Es un suceso de antes y después. La vida después de ese proceso nunca volvió a ser lo mismo, ni internamente ni en lo que se ve. Desde que decidí hacerle un homenaje supe que era un tema que hay que tratar con mucha delicadeza porque no quiero hacer demagogia desde la muerte, ni desde el dolor. No quiero un pretexto para vender o para publicitar. Igual un disco es un bien público, las canciones están para que la gente haga con las canciones lo que quiere, pero no quería lamentarme con una tristeza mía y que solo yo pudiera entender. Quería homenajear las diferentes facetas de mi mamá: Remedios como mujer, Remedios como amiga, Remedios como esposa. Hay entonces canciones para hablar de la fe de mi vieja, la fe de los guajiros. Hay una canción para mi papá. Aparecen canciones como la de las barranquilleras y las uruguayas que tienen que ver con el asunto del carnaval. El carnaval en el caribe es la celebración de la muerte. Es enfocar la muerte como un fin y un comienzo de nuevas cosas. Un hecho humano, tan humano como nacer que vale la pena ritualizar y celebrar. El carnaval es el caribe y yo conocí el carnaval de la mano de mi vieja.

Es una experiencia muy íntima. Al ser un tema tan personal ¿Cómo logras seguir comunicando? ¿Seguir invitando a la gente a participar de tu música?

Es una muy buena pregunta. Yo siento que hay una motivación para hacer el disco que tiene que ver con la sinceridad, con la necesidad de hacer catarsis. Y justamente creo que es tan sincero lo que se está diciendo, la forma en que se dice y la forma en que se canta, que necesariamente comunica y conecta. Es que yo no había sentido esto en mis discos anteriores, siempre motivados por una búsqueda estética. Pero esto es una dimensión del afecto muy diferente, no es en principio un proceso racional. Para mí ha sido una sorpresa porque no esperaba que un disco tan personal y tan íntimo pudiese generar tanta conexión con la gente.

¿Se puede decir que lo caribeño atraviesa el disco?

Es una visión de Caribe, que no pretende dogmatizar ni pretende pontificar que el caribe es esto y no es lo otro. Este es el caribe que yo conocí de la mano de Remedios y ese caribe se ha matizado durante mi vida con vivencias que incluyen a Bogotá, a Montevideo y otras ciudades. Además porque mi vieja siendo caribe también vivió en Bogotá. Siento que entonces es un disco muy mestizo que mira hacia al interior.

Me gusta esa idea del Caribe que mira hacia el interior…

Hay un Caribe que mira al mar, que mira a Cuba, A puerto Rico, a Aruba. Hay otro Caribe que mira hacía Bogotá, que mira hacia la cordillera porque también tiene que relacionarse con eso, y ese es el caribe que yo he vivido. Un caribe a mitad de camino entre el mar y la montaña. Por eso creo que es un disco con un enfoque de lo caribe desde el saudade, como esa sensación de extrañeza, que algo hace falta, que hay algo que te genera nostalgia en todo lo que está dentro de ese disco.

¿Musicalmente cómo se traduce eso en el disco?

Desde lo musical quería que el disco utilizara los instrumentos que hacen parte de la cultura caribe, del ser musical de mi vieja, entonces el acordeón aparece porque la canción lo pide. Una es para homenajear ese ser querido que ya no está en este plano y habla de una parranda en el cielo, y las parrandas en la costa son con el acordeón. Y “Los aguacates” es una canción de serenata, canción de dos o tres de la mañana para cantársela a la nena, porque es agradeciendo todo lo que hizo por mí en la vida.

Hay mucha identidad guajira en tu disco, también metes otras lenguas…

Hay una canción que está grabada mitad en español y mitad en lengua bantú, que es la lengua que hablan en San Basilio de Palenque, un lugar donde tienen mucha conciencia de lo que implica la memoria ancestral y donde se ritualiza todo lo que pasa a través de cantos en esa lengua. Entonces, cuando se muere el ser querido, se canta en su lengua. También está presente la virgen de los remedios es la patrona de los riohacheros. Se le honra el de febrero, donde todo el mundo llega a la iglesia a recoger la vela bendecida que es la vela que se prende en los días de tormenta para que ni la brisa, ni la lluvia, ni el mar arremeta contra la población. Es una historia bellísima, independientemente de que uno crea o no crea en ella.

Hay formas de aproximarse a las cosas. Siento que en tu disco hay una buena incorporación de los elementos que buscas interpretar dentro de la música ¿Cómo logra un artista llevar esa sensibilidad para dialogar de la mejor con esos elementos?

Entiendo lo que dices. Desde la matemática tú puedes hacer lo que quieras, y la matemática incluye saber que ciertos ritmos están en ciertos compases, que manejan cierto tipo de acentos y que en el momento en que los mezclas puedes ponerlos matemáticamente a dialogar de tal manera que coincida y que complemente. Digamos que eso funciona desde lo matemático. El rollo no está en hacerlo sino en hacerlo en función de qué, para que no se quede en el simple hecho de formular un tipo de combinación. Con la persona que produjimos el disco, Alexis Galindo, hablábamos del paisaje sonoro. Cuál sería el paisaje sonoro más adecuado para esta canción. Entonces antes de pensar en el acorde pensábamos en la sensación. Creo que eso dio un resultado bonito. No era buscar la fórmula.

¿Por qué grabas en tres lugares diferentes?

Porque en el momento que mi vieja muere aparece como la buena intención de un par de amigos, uno de Argentina y uno de Uruguay, de decirme “vente para acá, yo creo que acá la vas a pasar bien, vas a hacer un reset sobre todo lo que te está pasando”. Yo me fui a compartir con ellos y después les dije que la canción que le hice a mi viejo se la hice a razón de este viaje y que la quería grabar con ellos. Entonces es una canción con Daniel Drexler y con Daniel Sartori.

¿Cuál es tu estrofa favorita del disco?

Suena pólvora en el pueblo

Y empieza a bailar la vida

Empieza a pendular de lado a lado a su antojo

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