La lógica Geoff Dyer

Una habitación es una habitación. En la no ficción y la ficción Dyer, uno de los autores más importantes del Reino Unido, plantea borrar los límites y olvidar las fronteras. Lo importante, dice, es centrarse en la narrativa.

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Juan Pablo Conto

16.02.2018

[Este texto hace parte del cubrimiento del medio Oi Cultural en el Hay Festival 2018]

Cuando Geoff Dyer escribe ficción termina narrando historias que son como retratos impresionistas, pero con pretensiones hiperrealistas. Es decir, este escritor de 60 años, nacido en la ruralidad de Gloucestershire, Reino Unido, consigue demoler los géneros precisamente porque, cuando salta de la realidad a la ficción, no hay ninguna ruptura reconocible para quien lo lee. No hay como marcar una línea entre mundos porque no crea mundos, simplemente su narrativa va y viene sin tener en cuenta fronteras, pero manteniendo el foco de lo que ve y siente.

Por eso se define como un escritor, a secas, porque aunque escribe periodismo para The Guardian, o ha publicado ensayos, o novelas, lo que realmente importa más que el formato es su humor, perspicacia y las profundas reflexiones a través de lo simple que están insertas en sus textos.

Amante del arte, del jazz, del tenis y de viajar y visitar viejos templos en ruinas, se pasea por el mundo esperando “que algo pase”. Algo que exalte sus sentidos y lo saque del aburrimiento y la decepción que continuamente manifiesta. Es quizás gracias a ese vaivén por el que brotan de su puño libros como Zona, en el que escudriña la película del cineasta ruso “Stalker”; o Pero hermoso, en el que imagina ocho historias de jazz y presenta a los músicos no como eran sino como él cree que eran; o Arenas Blancas, en el cual narra sus viajes por Pekín, Nuevo México, la Polinesia francesa, entre otros, para construir prácticamente un libro metafísico a través de los encuentros y las reflexiones más mundanas.

Nos sentamos en Cartagena a hablar con Geoff Dyer, uno de los escritores más importantes del Reino Unido en la actualidad, sobre la ficción, el periodismo y el humor. Sobre David Foster Wallace, el land art y el tenis. Sobre la decepción, el fracaso y la reverencia.

"A mí me gusta que todo sea muy lógico: llegas a una habitación, ves esto, ves lo otro y mueves a los personajes en la habitación. Prefiero mantenerme en una línea lógica directa"

 

¿Cuál es la integridad en la ficción?

Creo que en el periodismo los hechos se comprueban con una realidad exterior, mientras que en ficción se comprueban con una especie de realidad interior. Debe haber una consistencia dentro de esta, todo tiene que encajar, porque apenas algo se siente extraño en ese mundo inmediatamente se convierte en una ruptura en la fábrica, y esa pequeña ruptura cuando llega a la mente del lector hace que todo deje de ser creíble.

¿Cuándo es prudente romper esas posibilidades o esa credibilidad?

Realmente yo no lo hago tanto, mi ficción es muy real. Ya he hecho este chiste en el pasado, y claro que amé como muchos el realismo mágico, pero no podía tolerar cuando un árbol hablaba con otro, o algo por el estilo. A mí me gusta que todo sea muy lógico: llegas a una habitación, ves esto, ves lo otro y mueves a los personajes en la habitación. Prefiero mantenerme en una línea lógica directa.

Y teniendo en cuenta esa búsqueda de realismo, ¿por qué siente que debe romper la realidad y acudir a la ficción?

Claro, sucede que cuando estoy escribiendo, yendo más allá de lo que realmente pasó, la realidad nunca se rompe. Esa es quizás la clave, es solo una continuación de lo mismo.

Pero cambia pequeños detalles como nombres o ese estilo de cosas, ¿por qué?

Esto sucede más que todo en mi libro Jeff in Venice, Death in Varanasi (en español el título es Amor en Venecia, muerte en Benarés) que en su publicación en inglés escribo Jeff con “J”, cuando mi nombre es con “G”. Eso te recuerda que no se trata de un documento legal, que no es un testimonio, que cuando se habla de “yo” no soy realmente. Es una manera de resaltar lo cerca que se busca estar a algo que pudo haber sucedido. Repito, no soy yo el personaje, no es un transcripción de lo que pasó, aunque ojalá parezca un testimonio de lo sucedido.

Lo escuché hablar sobre David Foster Wallace y decir que le solía causar “una alergia literaria”, quería preguntarte por ese sentimiento.

Lo clave es que no es una crítica valorativa, es puramente una reacción, de la misma manera que puedes tener una reacción violenta a la comida. Tampoco tiene nada que ver si te gusta el sabor de esta o no. Yo solo sentía que algo en la prosa de David Foster Wallace hacía que una alergia brotara en mi cuello, por decirlo de alguna manera. Era solo algo que pasaba y no hay realmente una explicación. Y como todas la alergias puede irse y volver y no es como que encuentres una cura, simplemente la dejas de tener. Ya no soy alérgico a David Foster Wallace, pero veo que me pasa con otro puñado de escritores, aunque tampoco es que sea tan recurrente. Por otro lado, la idea de un juicio valorativo es algo que está al acecho, digamos, yo soy incapaz de leer Los Embajadores de Henry James, no me gusta, no soy alérgico, solo pienso que es un terrible error en la manera como está escrito.

Ya que estamos hablando de otros escritores, ¿qué lee?

Son demasiados, pero antes quiero elaborar el tema de la alergia un poco más. Dijimos que habían dos cosas: por un lado la alergia y por el otro la evaluación literaria. Pero también puede haber una intensa aversión personal a un escritor a pesar de que nunca lo hayas conocido en persona. Solo algo de la escritura te hace poner en contra de su prosa. Yo he leído varías reseñas de mis libros donde los lectores sienten un increíble desagrado hacia mí. No es que me sorprenda, pero bueno, de cualquier manera.

Ahora, me preguntas por los autores que leo. A menudo me encuentro leyendo escritores que no reconozco. Autores que escribieron un libro de no ficción sobre algo que me interesa. En realidad no son personas con una identidad autoral realmente fuerte, simplemente tienen un par de manos expertas lidiando con un tema en particular.

Hay mucho desencanto en sus libros, ¿cuál es la importancia de la decepción?

Idílicamente me gustaría andar por la vida sin sentir decepción y, donde vivo ahora, en Los Ángeles, mucha gente vive así o al menos lo pretende. Nunca expresan decepción porque en EEUU manda esa actitud positiva: “Todo es grandioso”. Pero creo que muy a menudo, debajo de la superficie, eso solo incrementa la capacidad de desespero. Y yo prefiero vivir en un estado de decepción que de desespero. Eso lo argumento en el libro (Arenas Blancas), mi capacidad de decepción muestra también mi capacidad de expectativa y de pensar que algo puede ser genial. O mejor, mi capacidad de decepción muestra lo invicto que estoy frente a la vida (Risas).

Al mismo tiempo se concentra mucho en los detalles. Si bien puede pasar de largo por cosas que evidentemente llaman la atención, se toma el tiempo de reflexionar sobre cosas aparentemente insignificantes, ¿hay un motivo para esto?

Realmente creo que hay una filosofía dentro de lo que hago. Yo me ahogo en los autores que escriben sobre metafísica, pero creo que hay una muy fuerte dimensión metafísica en mis libros, aunque es una aproximación que siempre es desde lo físico. Por ejemplo, el título de mi libro de ensayos en EEUU es Otherwise Known as the Human Condition y eso suena como algo grande, pero luego el ensayo es realmente sobre mi búsqueda por el perfecto cappuccino y por la dona perfecta. Y claro, ¿qué podría ser más trivial que una dona? Pues creo que todo esto es un camino hacia una examinación muy profunda de las cosas. Si quieres hablar de cosas grandes lo peor que puedes hacer es ponerte cósmico.

Ahora, me gusta la idea de lo cósmico, o pongámoslo así, a todos nos gusta la poesía del espacio, pero lo que es cierto es que cuando dejamos el sistema solar y nos fuimos a investigar el espacio interestelar, lo cual es increíble, solo se pudo hacer por la atención microscópica a los detalles por parte de los científicos de la Nasa. Yo lo siento igual, si quieres lidiar con cosas grandes es mejor centrarse en los detalles.

¿Por qué es importante fracasar?

Al igual que la decepción, idílicamente uno quisiera pasar la vida sin experimentar el fracaso, pero siento que te da algo. Creo que el éxito puede convertirte en alguien ajeno a las cosas, porque nadie piensa que ha conseguido el éxito accidentalmente, siempre creen que es merecido; pero el asunto con el fracaso es esa extraña forma como luchas con este sentimiento: “¿Es mi culpa? O simplemente es este horrible mundo el que es injusto”. Y creo que esto fertiliza y se convierte en una fuente para la creación y la ficción.

Dice que la reverencia en inútil, pero ¿ha sentido alguna vez reverencia por algo?

Quizás alguna vez creí que estaba sintiendo reverencia, pero lo que pensaba o llamaba de forma vaga reverencia era realmente admiración o amor. Cuando tú amas a alguien, realmente amas a alguien, puedes reírte de ella fácilmente. A mi esposa la amo de manera absoluta, pero siempre la estoy molestando. Cuando reverencias algo nunca puedes burlarte y si te burlas lo tipificaran, de manera inquisitiva, como una blasfemia o algo por el estilo. No quiero una relación con nada en el mundo de lo que no me pueda reír, empezando por mí mismo.

"No puedes vivir en Inglaterra si no tienes sentido del humor. Sería intolerable"

Sí, y el humor es algo muy presente en sus textos. Quizás no simplemente el acto de hacer chistes, sino en un sentido más profundo. ¿Por qué es tan importante el humor dentro de su condición humana?

Es importante para mí en la misma manera que tengo que tener suficiente oxígeno para vivir. Es parte de mi ser y es parte de mi ser inglés. No puedes vivir en Inglaterra si no tienes sentido del humor. Sería intolerable. La clave del humor para mí es que no es un asunto superficial de hacer chistes, como dices, es simplemente el núcleo de lo que soy.

¿Por qué esa fascinación por el tenis?

Me gustan todos los deportes excepto aquellos que juegan específicamente en Norteamérica (risas) y el tenis me parece que lo tiene todo. Podemos hablar de muchos aspectos, pero en realidad me gusta todo de él. Particularmente el tenis de hombres porque ocurrió algo extraño, y es que el tenis de mujeres se ha convertido en un espacio para preservar esas cualidades que históricamente pensábamos como masculinas. Con la razonable excepción de la tenista de Taipei (Su-Wei-Hsieh), el de las mujeres es un juego enteramente sobre el poder. Y de manera extraña, repito, si te gustan esas características tradicionales adjudicadas a lo femenino como la gracias y la delicadeza, es algo que ahora está en el juego de los hombres. Es por eso que amamos a Roger Federer tanto, porque tiene ese poder pero tiene toda esta delicadeza. Por eso es quizás una de las personas más amadas en el planeta con Michelle Obama (Risas).

¿Por qué empezó a escribir?

No tenía muchas opciones y puedo decir que en parte fue por eso. Pero también sentía que tenía un par de cosas que decir, quería manifestar mis opiniones, puntos de vista y observaciones sobre el mundo. Y crucialmente me gradué de la universidad cuando era posible hacer eso, porque era un tiempo en que los periódicos y revistas se estaban expandiendo, ahora se están encogiendo cada día más. En ese tiempo, en los 80, salía casi un nuevo suplemento por semana y necesitaban cada vez más gente como yo que los llenara. Los periódicos eran más que todo noticias y si acaso traía algunas reseñas de libros, pero entonces tenían estos suplementos de estilo de vida o cultura. Cuando estaba creciendo, los periódicos del domingo y del sábado se fueron volviendo cada vez más gruesos por estos, entonces había más y más oportunidades para escribir en revistas de una manera personal.

Usted es también periodista, y dice que los medios se encogen cada día más, ¿cómo cree que se puede solucionar esto?

Esa pregunta ha sacado a varios editores de The Guardian (Risas). No sé cómo, no tengo la menor idea.

En su libro Arenas Blancas, tiene un par de capítulos donde habla de un dos obras de land art. En ambos casos reflexiona sobre el pasado y sobre lo que dirán de nosotros en un futuro al ver esto. ¿Por qué este ejercicio?

Es algo específico del land art. A mí me gustan muchos los paisajes y, por ejemplo, disfruto visitar cuando estoy en Tailandia las ruinas de los templos budistas o las ruinas del Imperio Romano, ese estilo de cosas. Y pensé que la manera más provechosa de ver esto del land art era desde esa misma perspectiva y no desde el punto de vista donde cuentas la historia que hace unos años quisieron sacar el arte de las galerías… salirme de ese discurso me parecía la mejor forma de verlo.

¿Qué cree que van a decir de nosotros?

Creo que lo estamos arruinando todo y cuando lo acabemos encontrarán solo esta gran masa de plástico (Risas).

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