Extramuros: ¿Por qué las artes plásticas nunca han funcionado en la televisión colombiana?

Jerson Murillo rastrea la historia de los programas sobre artes plásticas en la televisión colombiana, desde los grandes programas educativos de Marta Traba, pasando por la crítica de Eduardo Serrano hasta Extramuros. Y se pregunta ¿por qué las artes plásticas nunca han logrado encontrar un lugar en la televisión colombiana?

por

Jerson Murillo


31.07.2026

Esta entrada hace parte de la columna «Prueba de artista con Jerson Murillo», un espacio donde se califican exposiciones de arte desde la mirada de un espectador. Si quiere leer otras entradas de la columna, haga clic acá.

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En mi columna sobre la BOG25 planteé que el problema del arte en Colombia no es solo de clase, sino de lenguaje. No se trata de hacer más eventos, sino de conectar realmente con el público. Hoy el arte solo sale de su burbuja en tres momentos: cuando muere un maestro como Fernando Botero, cuando hay escándalo —como el de John Fitzgerald—, o cuando aparece fugazmente en eventos como ARTBO.

Hay un medio en el que esas tres situaciones coinciden.

En la Bienal todo parecía cercano, casi inevitable. Pero fuera de ese contexto, ¿qué pasa con quienes no tienen acceso a museos o no están cerca del circuito artístico? 

En este episodio de Prueba de artista dejamos atrás las salas de exposición y nos movemos a un espacio más cotidiano: la sala de la casa. Nos sentamos frente a un aparato que por 70 años ha estado ahí, que nos ha acompañado e incluso formado sin que lo notemos: la televisión. Y analizaremos el último intento de llevar el arte contemporáneo del país a la pantalla chica: Extramuros.

Marta Traba, la host

La televisión colombiana nació en 1954 como un proyecto estatal con enfoque educativo: el arte no solo se mostraba, también se enseñaba. En ese contexto, Marta Traba – la influyente crítica de arte y escritora argentino-colombiana – tuvo un papel clave al usar la televisión para acercar el arte al público y ayudar a definir qué se entendía como arte moderno en el país.

Su trabajo en televisión puede leerse en tres momentos. En los años cincuenta, llevó el arte a la pantalla con formatos sencillos como El museo imaginario, donde presentaba un tema o artista, describía una obra —sin necesidad de mostrarla— y ofrecía una interpretación acompañada de una valoración final.

En 1957, este enfoque se amplía con el Primer curso de extensión cultural televisado, donde la televisión se convierte en un espacio de formación más estructurado: desarrollaba temas de historia del arte, organizaba los contenidos en secuencias claras, los relacionaba con obras y artistas, y proponía actividades para quienes seguían el curso por correspondencia, asumiendo los costos de envío.

Desde los años sesenta hasta los ochenta, su trabajo toma un giro más crítico. En programas como Puntos de vista e Historia del arte moderno contada desde Bogotá, el arte deja de explicarse de forma básica y pasa a discutirse: aborda periodos del arte moderno y su contexto, analiza obras y movimientos, los conecta con América Latina y propone una lectura crítica. Ya no se trata sólo de explicar qué es el arte, sino desde dónde se mira.

Marta Traba: Primer curso de extensión cultural televisado, 1957.

El Salón Nacional de Artistas, un concurso en la televisión

Dos años antes de que llegara la televisión a Colombia, Miss Universo 1952 ya se consolidaba. Pero fue la televisión la que convirtió el certamen en un espectáculo global: no solo lo amplificó; lo diseñó bajo una lógica de atención, consumo y venta. Algo similar ocurrió con el Salón Nacional de Artistas a finales de los cincuenta: pasó de ser una experiencia presencial a una imagen mediada, editada y explicada. 

Radiotelevisora Nacional de Colombia se encargó de la transmisión televisiva del Salón Nacional de Artistas siguió una estructura sencilla pero intencional: comenzaba con una presentación del evento, continuaba con un recorrido por la exposición mostrando las obras en sala, se detenía en algunas piezas para comentarlas y cerraba con una síntesis general sobre el estado del arte en el país. Más que un simple registro, la emisión funcionaba como una guía para el espectador, organizando qué ver y cómo entenderlo.

Esto amplió el acceso, pero transformó la forma de ver el arte. En ese tránsito, el Salón también se volvió espectáculo: no como concurso de belleza, pero sí bajo la misma lógica de selección y jerarquía. Por eso persiste la nostalgia: para muchos, el Salón funcionaba como un certamen donde se competía, se ganaba y se legitimaba, casi como un reinado, Cuando el Estado dejó de controlar directamente los contenidos y pasó a administrar principalmente la señal y la parrilla de programación, el Salon dejó de tener un lugar estable en pantalla.

Salon Nacional de Artistas, 1958.

De la explicación al espectáculo

La televisión colombiana operó durante décadas como un modelo híbrido: el Estado controlaba la señal y las programadoras producían contenidos financiados por publicidad. En ese equilibrio entre educación y negocio, el arte encontró un lugar, no por ser central, sino porque encajaba en el sistema. Entre los años setenta y noventa, Eduardo Serrano -crítico, historiador y curador de arte- abordó el arte desde las obras, con programas que seguían una estructura clara: introducción breve, contexto general, recorrido por exposiciones y diálogo con artistas.

Más adelante, Gloria Valencia de Castaño integró el arte en un relato más amplio, conectándolo con la cultura y la naturaleza mediante segmentos breves, apoyados en imágenes y explicaciones sencillas. Por su parte, su hija Pilar Castaño desplazó el foco hacia el artista como figura pública, con entrevistas ágiles que partían de lo personal, pasaban por su formación y proceso creativo, y abordaban la obra desde su propia voz, sin entrar en análisis técnico.

En conjunto, se marca un tránsito: de explicar el arte, a conversarlo y, luego, a centrarlo en la figura del artista. Ese proceso se interrumpe en 1998 con la llegada de RCN Televisión y Caracol Televisión, cuando la lógica del rating reorganiza la televisión y el arte deja de ser un contenido constante para convertirse en una aparición ocasional. Queda relegado hasta nuestros días, casi por completo, a segmentos de entretenimiento y farándula: entrevistas con artistas de galerías o museos importantes, apariciones breves en agenda cultural e invitaciones a exposiciones.

Taller del Artista con Eduardo Serrano, Episodio con Lucas Ospina y Francois Bucher.

La televisión como espacio expositivo

El arte encontró refugio en la televisión pública, impulsado más por interés institucional que por lógica de audiencia. En ese contexto aparece Plástica (2004), emitida por Señal Colombia y producida por El Vicio Producciones. La serie propone otra forma de abordar el arte contemporáneo en Colombia: no parte de artistas ni biografías, sino de obras que se ponen en diálogo a través de tres voces —artista, crítico y público—. Más que explicar, abre preguntas y asume la televisión como un espacio activo, no neutral, capaz de interpretar y producir sentido.

Por eso Plástica funciona como una anomalía dentro de la televisión colombiana. No simplifica el arte ni lo convierte en entretenimiento; intenta forzar a la televisión a hablar desde el arte. Cada capítulo se acerca más al videoarte que al documental tradicional. Las obras no aparecían como simples ilustraciones de lo que alguien decía, sino como imágenes con peso propio dentro de la edición, una edición que piensa, múltiples lecturas y ninguna verdad cerrada. Su fuerza está ahí, pero también su límite: propone algo distinto, pero a costa de dejar de ser masiva.

DVD Boxset de Plastica, 2005.

Canal Institucional: El arte en la televisión como vitrina de gestión

Durante años, varios programas intentaron hablar de arte en televisión, con resultados desiguales. Crecí en la década del 2010 viendo Señal Colombia. No tenía televisión paga. Veía lo que había para ver. Los espacios de arte eran raros y poco atractivos. Lo que realmente veía eran las repeticiones de novelas de antaño como Caballo Viejo, Dejémonos de Vainas o N.N y, por ahí, los Puros Criollos. El arte, en cambio, aparecía como algo institucional y distante.

Cambiar a Canal Capital no mejoraba mucho la situación: muchos de esos programas se sentían más como vitrinas de gestión que como espacios reales para el arte. Lo viví de cerca cuando participé en uno, a partir de mi paso por el CREA de IDARTES. Al ver los episodios anteriores, entendí el tono: demasiada promoción institucional. Por eso, cuando me tocó, intenté evitarlo y concentrarme en contarle al público como era mi obra. Sabía que, del otro lado, alguien estaba viendo y necesitaba algo más que propaganda.

Fragmento del programa Hemisferio CREA: Capitulo 5, 2021.

Extramuros, el último intento.

Mientras pensaba qué escribir este año, y cómo hacerlo durante mi recuperación, me encontré en Instagram con la publicación de un artista mayor anunciando que pronto saldría en televisión. Me hizo recordar que, para esa generación, aparecer en TV, en el periódico o en la radio era un logro importante. Para la nuestra, en cambio, esos medios han ido perdiendo peso frente al streaming, los podcasts y lo digital, en espacios como estas columnas.

El anuncio tenía algo interesante: invitaba a salir de la sala de exposiciones y pasar a la sala de la casa, frente al televisor. Cambiar el “primetime” del arte en Colombia —inauguraciones los jueves a las 6:00 p.m. o los sábados en la mañana— por el primetime televisivo, un jueves a las 9:00 p.m., para verlo hablar de su vida y su obra.

Dirigido por Salvador Arbeláez Jaramillo, Extramuros se emite en Señal Colombia y, en su primer año, superó los 50 episodios con entrevistas a artistas dentro y fuera del país. El programa se presenta como una apuesta por democratizar el arte, sacándolo de las galerías y acercándose a nuevos públicos a través de entrevistas y recorridos. Sin embargo, más allá del lenguaje promocional y del discurso sobre identidad, memoria y conexión con el país, lo que propone no es realmente nuevo: vuelve a intentar que el arte funcione en televisión, una promesa que la televisión cultural colombiana ha repetido durante décadas. 

Cabezote de Extramuros.

De la promoción al programa

Quise ver cómo se concreta esa promesa y de qué manera el programa cuenta el trabajo de los artistas. La estructura de Extramuros es simple: Arbeláez llega al taller, la casa, una exposición o algún espacio relacionado con el invitado y, desde ahí, se desarrolla una conversación informal sobre su vida, sus inicios y su proceso de trabajo. Mientras recorren el lugar, aparecen obras y materiales que el artista comenta brevemente, casi siempre sin mucha explicación o contexto. El programa evita la estructura clásica de entrevista o documental y apuesta por un tono relajado, más cercano a una visita guiada que a un formato pedagógico.

El problema es que gran parte del episodio depende de la capacidad del invitado para sostener la conversación y explicar su trabajo. Arbeláez funciona más como acompañante que como entrevistador: sus preguntas suelen sentirse improvisadas, superficiales o poco desarrolladas. Eso hace que conceptos, obras y procesos aparezcan sin suficiente contexto para el espectador.

Las conversaciones pasan rápido de un tema a otro, se quedan en anécdotas personales o mencionan ideas interesantes que nunca terminan de desarrollarse. Incluso cuando surgen temas que podrían abrir discusiones más amplias —como la crítica de arte o la curaduría— el programa no logra profundizar ni organizar esas ideas de forma clara.

Entrevista promocional de Extramuros en RTVC Noticias, 2025.

También hay un problema de estructura. Los episodios avanzan a partir de recorridos y conversaciones sueltas, pero sin una idea central definida. Las imágenes de talleres, obras y exposiciones acompañan lo que se dice, aunque rara vez ayudan a entenderlo mejor. El resultado es un programa que muestra constantemente arte, pero pocas veces logra hacerlo comprensible para alguien que no pertenece al medio cultural.

Ahí está la principal contradicción de Extramuros: promete acercar el arte a nuevos públicos, pero su lenguaje sigue funcionando más para personas que ya están dentro de ese mundo. En vez de construir un puente entre el arte contemporáneo y la televisión, muchas veces termina registrando conversaciones del circuito artístico sin traducirlas realmente para el espectador común.

Aunque Extramuros tiene varios problemas, hay algo que hace especialmente bien y que en el mundo del arte —galerías, museos e instituciones incluidos— suele descuidarse: la memoria y el registro. Cuando uno busca información sobre artistas colombianos en internet, casi siempre aparecen los mismos nombres, como Miguel Ángel Rojas, Mario Opazo o Luz Lizarazo, cuyas trayectorias han sido ampliamente documentadas. Pero el programa también rescata artistas menos conocidos, como Carson Hudgson, una figura fundamental del arte de San Andrés y Providencia. A pesar de la importancia de su obra, recibió poca atención mediática y hoy existe muy poco material sobre su trayectoria. En ese sentido, Extramuros ha acertado al incluir artistas que difícilmente encontrarán espacio en otros archivos audiovisuales, cumpliendo así una función valiosa de dejar un registro de artistas que difícilmente encontrarían espacio en otros archivos audiovisuales.

Extramuros – Episodio 56: Rodrigo Echeverri.

Ilusión

La idea de que Extramuros es “el único programa de arte en televisión” no se sostiene. Incluso en canales regionales existen espacios, como cápsulas en las secciones de entretenimiento en las noticias o programas infantiles que trabajan temas artísticos, aunque sea desde formatos más ligados a las manualidades o la agenda cultural. El problema no es la ausencia total de estos programas, sino su inestabilidad: aparecen, desaparecen y cambian constantemente de formato. Presentar Extramuros como algo único borra ese contexto y le da un peso que no necesariamente tiene. Ahí hay más estrategia discursiva que realidad.

Algo parecido ocurre con la idea de “democratizar” el arte. Grabar en distintas regiones o incluir artistas diversos amplía el panorama, pero no garantiza que el contenido sea claro o accesible. Sin una mediación más sólida, el programa llega a más lugares, pero no necesariamente a más público.

También hay un problema en cómo se construyen los contrastes dentro del programa. Las diferencias entre lo institucional y otros contextos aparecen constantemente, pero casi nunca se desarrollan. La diversidad se muestra, pero no se profundiza en lo que implica ni en las tensiones que produce.

Extramuros – Episodio 19: Rosario Lopez.

En entrevistas y redes, Arbeláez suele comparar Extramuros con los programas de Eduardo Serrano, pero la comparación se queda en la superficie. La diferencia no está en la duración de los episodios ni en grabar fuera del estudio, sino en la manera de construir la conversación. Serrano partía de una posición más crítica: cuestionaba, dudaba y desarrollaba las ideas. Aquí eso casi no aparece.

Y la lista de invitados termina funcionando más como respaldo que como argumento. Tener nombres reconocidos no garantiza contenido sólido. Al final, el programa insiste en ideas como alcance, diversidad y democratización, pero nunca termina de mostrar claramente cómo esas promesas se sostienen en pantalla.

Buscando un Salvador

Cuando aparece una ola de apoyos o críticas alrededor de un programa, vale la pena preguntarse de dónde vienen esas posiciones, qué intereses las mueven y qué relatos sostienen. Después de ver algunos episodios, quise buscar ¿quién es Salvador Arbeláez Jaramillo? Lo que encontré me llamó la atención: aunque se presenta como realizador audiovisual y promotor artístico con más de diez años de experiencia en el medio cultural en Colombia, su rastro público es mínimo y su trabajo más visible —prácticamente el único que aparece— es Extramuros. Eso no termina de cuadrar con la trayectoria que menciona.

A partir de ahí surge otra pregunta: ¿cómo alguien con tan poca visibilidad previa logra acceder a artistas de ese nivel? Una posible explicación aparece en las mismas redes del medio artístico. Salvador Arbeláez Jaramillo es hijo de la leyenda de la poesía nadaísta, Jotamario Arbelaez y sobrino de Esteban Jaramillo, el fundador de La Cometa, una de las galerías más importantes del país, y varios de los artistas invitados al programa han estado relacionados con ese espacio. Indagar sobre estas conexiones permite entender un poco más los círculos de relaciones que construyen Extramuros. En ese sentido, el programa no surge completamente por fuera de las estructuras tradicionales del arte colombiano, sino desde dentro de ellas.

Extramuros – Episodio 27: Antonio Samudio.

¿Por qué las artes plásticas nunca han funcionado en la televisión colombiana?

El problema de las artes plásticas en la televisión colombiana no ha sido su ausencia, sino su lenguaje. La televisión exige claridad, ritmo y narrativa, mientras el arte contemporáneo opera desde la ambigüedad y la lentitud. En ese cruce, los programas han oscilado entre dos extremos: o explican demasiado —como en el caso de Marta Traba— o no explican nada y dejan que la conversación se diluya. 

A eso se suma la falta de estructura: sin conflicto ni desarrollo, el contenido pierde atención, y depender de que el artista sepa hablar frente a cámara no siempre funciona.

Además, muchos de estos espacios han respondido más a lógicas institucionales que a necesidades narrativas, funcionando como vitrinas antes que como programas.

Con la llegada de la televisión privada —como Caracol Televisión y RCN Televisión— el problema se acentuó: el arte quedó fuera de la lógica del rating. Al final, cada intento vuelve a empezar desde cero, sin construir audiencia ni lenguaje. Por eso, más que un problema de interés, lo que ha fallado es la forma: nunca se ha encontrado una manera de traducir el arte a la televisión sin vaciarlo ni volverlo inaccesible.

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Al final de cada columna nos encontraremos las calificaciones de algunas exposiciones que visité en el mes. La calificación y la manera de calificarlas están disponibles en nuestro primer artículo.

Durante esta pausa de varios meses, le dimos el premio Cinco Estrellas Prueba de Artista a dos exposiciones, un galardón que reconoce las mejores exposiciones no solo por las obras, sino también por la experiencia que ofrecen: desde su propuesta y mediación, hasta la forma en que conectan con públicos más allá del mundo del arte.

Potosí

Miguel Mesa Posada

Casas Riegner

5 Estrellas

Exposicion del Mes – Mayo

“Potosí”, toma como punto de partida la historia de extracción y riqueza asociada al Cerro Rico de Potosí, pero la traslada al presente a través de textiles, mapas y objetos intervenidos.

La muestra habla sobre memoria, mestizaje y las distintas formas en que América Latina ha construido su identidad entre cruces culturales, violencia y resistencia. Miguel transforma mapas, vajillas y superficies metálicas para cuestionar cómo se ha representado el territorio y qué historias han quedado ocultas detrás de las ideas de progreso y abundancia.

Más que explicar la historia de forma literal, la exposición propone mirarla desde otro lugar: uno donde la riqueza no está solo en el oro o la plata, sino también en las mezclas culturales, los saberes y las memorias que sobreviven con el tiempo.

Entrega del Premio 5 Estrellas con Jerson Murillo en Cerosetenta a Miguel Mesa Posada.

El Caos Sensible

Ana Maria Rueda

MAMBO

4 Estrellas

Excelente

El caos sensible presenta la primera gran retrospectiva de Ana María Rueda, un recorrido por más de 40 años de creación artística. A través de pinturas, dibujos, grabados e instalaciones —desde sus piezas de los años ochenta hasta obras recientes—, la muestra explora la conexión entre el cuerpo, la tierra y el paisaje.

La exposición toma su nombre del libro de Theodor Schwenk (1962) sobre los patrones del agua y el aire, reflejando el interés de la artista por los procesos de transformación de la naturaleza. Entre las piezas principales destaca Consonancia (2025–2026), una instalación que cubre banderas con flores para replantear los símbolos tradicionales de poder a través de la fragilidad y la vida.

En conjunto, la muestra invita al espectador a reflexionar sobre la pérdida, la renovación y nuestra profunda relación con el entorno.

Serenata

Ana Maria Montenegro, Alma de México, Tapachula

Libreria NADA

5 Estrellas

Exposicion del Mes – Junio

Esta exposición revive la historia de los artistas formados en el antiguo Instituto Colombiano para Niños Ciegos de San Cristóbal en Bogotá. Tras años de tocar en buses y orquestas, músicos como Chepe Buitrago, Jaime Urrego y Germán López marcaron un hito al fundar reconocidos mariachis integrados por personas ciegas, entre ellos El Alma de México (1973) y Tapachula.

El corazón de la muestra es un documental contado por sus propios protagonistas. Fiel a su mensaje de inclusión, la pieza cuenta con audiodescripción, garantizando una experiencia accesible para personas ciegas o con baja visión, mientras celebra un legado que aún vive en la memoria de la ciudad.

De una vida a otra. Umbrales afectivos y materias sorprendentes

Ana María Devis

MAMBO

4.5 Estrellas

Excelencia mayor a la esperada, candidata a exposición del mes.

De una vida a otra es la primera exposición individual de Ana María Devis en una institución colombiana. A través de dibujos, fotografías, videos y esculturas, la artista invita a reflexionar sobre la relación entre el cuerpo, la intimidad del hogar y los ciclos de la naturaleza.

La muestra gira en torno a una pregunta central: ¿qué ocurre en una casa cuando deja de estar habitada? Sin la intervención humana, el agua, los hongos y las bacterias toman el espacio y transforman muebles, telas y superficies. Lejos de ser solo deterioro, estas marcas orgánicas terminan creando formas que evocan raíces y humedales, conectando lo microscópico con grandes paisajes.

El resultado es una instalación inmersiva que nos revela procesos naturales que solemos ignorar, proponiendo mirar el espacio doméstico no como algo estático, sino como un entorno vivo y en constante transformación.

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Artista / Estudiante de la Universidad Nacional de Colombia. Mi trabajo busca facilitar espacios que movilizan la reflexión, generando experiencias relacionales que cuestionan narrativas sobre el territorio, sus habitantes y sus luchas. Ahora comento sobre exposiciones. @jersonmurillolive
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