Columnas

Día #28

La rutina de Julio La Parc en estos días…

Varios

21.04.2020

La rutina de Julio La Parc en estos días…

Julito confinado (2020), dirigido por Gabriel Le Parc.

28A.

Portada de Rituales Diarios – Cómo trabajan los artistas de Mason Currey
(ver entrada del Día #6)
Louise Bourgeois 1982, printed 1991 Robert Mapplethorpe 1946-1989 ARTIST ROOMS Acquired jointly with the National Galleries of Scotland through The d’Offay Donation with assistance from the National Heritage Memorial Fund and the Art Fund 2008 http://www.tate.org.uk/art/work/AR00215

Louise Bourgeois (1911-2010)

“Mi vida ha sido regulada por el insomnio”, Bourgeois le dijo a un entrevistador en 1993. “Es algo que nunca he podido entender, pero lo acepto”. Bourgeois aprendió a usar esas horas de desvelo productivamente con su “diario de dibujo”, escuchando música o el murmullo del tráfico en las calles. “Cada día es nuevo por lo que cada dibujo, con letras escritas por detrás, me permiten saber como me ha ido” dice ella. “En este momento tengo un diario de 110 dibujos, pero muy probablemente destruya algunos. Llamo a estos diarios tiernas compulsiones”. En lo que respecta a sus días Bourgeois le dijo a otro entrevistador: “Trabajo como abeja, pero siento que he logrado poco.”

Willem de Kooning (1904-1997)

Toda su vida de Kooning ha tenido problemas para levantarse temprano. Generalmente se levantaba entre las 10 y 11, se tomaba varias tasas de café negro y pintaba todo el día y la noche, haciendo una pausa solamente para almorzar o para atender a una visita. Cuando pintar era difícil para él, dormir era imposible y entonces se paseaba por las oscuras calles de Manhattan. Esta rutina cambió poco después de su matrimonio con la artista Elaine Fried en 1942. Mark Stevens y Annalyn Swan escribieron:
“generalmente la pareja se levantaba tarde en la mañana. El desayuno constaba de una tasa de café muy fuerte con leche que guardaban en invierno en una repisa al lado de la ventana. No tenían refrigerador, un aparato como esos era aún un lujo en los 40. El día empezaba cuando de Kooning se iba a su parte del estudio y Elaine a la de ella. El trabajo se veía interrumpido por más tasas de café que Kooning hacía hirviendo agua como aprendió en Holanda y por muchos cigarrillos. Los dos permanecían en sus talleres hasta relativamente tarde, parando para comer algo o para caminar hasta Times Square para ver una película. Sin embargo, de Kooning odiaba parar y comenzaba otra vez quedándose hasta tarde y dejando a Elaine ir a una fiesta o a un concierto. Marjorie Luyck dice: “recuerdo muchas veces pasar y ver las luces prendidas y subir. En esos estudios el calor bajaba después de las 5 pm porque eran edificios comerciales. Bill siempre estaba pintando con su sombrero y su abrigo. Pintando y silvando”

[Traducción: Juanita González]

ca. December 1, 1983, New York, New York, USA — Elaine and Willem de Kooning —
Image by © Condé Nast Archive/Corbis

Georgia O’Keeffe (1887-1986)

Georgia O’Keeffe en su casa y estudio en Ghost Ranch, Nuevo México, 1962 (Ralph Looney)

“Me gusta levantarme cuando llega el amanecer”, dijo O’Keeffe a un entrevistador en 1966. “Los perros comienzan a hablar conmigo y me gusta hacer una fogata y tal vez un poco de té y luego sentarme en la cama y ver salir el sol. La mañana es el mejor momento, no hay gente alrededor. A mi disposición agradable le gusta el mundo sin nadie en él “.  Viviendo en el desierto de Nuevo México, el cual convirtió en su hogar permanente desde 1949 hasta su muerte, O’Keeffe no tuvo problemas para encontrar la soledad que ansiaba.  La mayoría de los días caminaba media hora temprano en la mañana, vigilando las serpientes de cascabel en su propiedad, que mataba con su bastón (guardaba sus cascabeles en una caja para mostrar a los visitantes). Luego estaría el desayuno a las 7:00, preparado por el cocinero de O’Keeffe, una comida típica que incluía chile picante con aceite de ajo, huevos cocidos o revueltos, pan con una mermelada agria, fruta fresca en rodajas y café o té. Si estaba pintando, O’Keeffe trabajaría en su estudio por el resto del día, descansando al mediodía para almorzar.  Si no estaba pintando, trabajaría en el jardín, realizaría tareas domésticas, respondería cartas y recibiría visitantes.  Pero los días de pintura fueron los mejores días, O’Keeffe decía:

Los otros días uno se apresura por las otras cosas que uno imagina que tiene que hacer para mantener la vida en funcionamiento. Tienes el jardín plantado. Tienes el techo arreglado.  Llevas el perro al veterinario.  Pasas un día con un amigo … Incluso puedes disfrutar haciendo tales cosas … Pero siempre se está de prisa por estás cosas con un cierto grado de irritación para que pueda volver a las pinturas porque ese es el punto más alto – de una manera es por lo que haces todas las otras cosas para … La pintura es como un hilo que atraviesa todas las razones de todas las otras cosas que hacen nuestra vida. 

La última comida del día de O’Keeffe fue una cena ligera a las 4:30 de la tarde: comió temprano para dejar suficiente tiempo para un paseo nocturno por su amado campo.  “Cuando pienso en la muerte”, una vez dijo, “solo lamento no poder volver a ver este hermoso país nunca más”.

[Traducción: Jorge Andrés Castro]

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