Corto pero sustancioso: un recorrido por el circuito artístico de Medellín
Medellín tiene museos, galerías, espacios independientes y mucho arte. Pero, ¿qué vale realmente la pena ver? En este episodio de Prueba de Artista, Jerson Murillo recorre la ciudad, visita sus exposiciones y pone algunas de ellas a prueba.
Esta entrada hace parte de la columna “Prueba de artista con Jerson Murillo”, un espacio donde se califican exposiciones de arte desde la mirada de un espectador. Si quiere ver los parámetros con que se califican las exposiciones, haga clic acá. Si quiere leer otras entradas de la columna, haga clic acá.
***
Hola, Medellín. Llegamos a la ciudad casi de rebote y, como había arte por todas partes, decidimos aprovechar el viaje para hacer lo que mejor sabemos: recorrer exposiciones, calificarlas y repartir estrellas.
Durante esos días visitamos museos, galerías y espacios independientes para descubrir qué está pasando en la escena artística de Medellín. Algunas exposiciones nos sorprendieron, otras nos dejaron con preguntas y unas cuantas nos hicieron preguntarnos cómo llegaron hasta ahí.
Estas fueron las exposiciones que vimos y nuestras calificaciones.
El Poblado – Ruta 14
Ruta 14 es un circuito cultural que reúne galerías y espacios de arte de la Comuna 14, en El Poblado, Medellín, y propone recorridos y actividades conjuntas. Entre sus espacios están Policroma, La Balsa, La Cometa y La Bruja Riso, lo que permite visitar varias exposiciones en una misma jornada, especialmente durante inauguraciones coordinadas. Entre ellas se encuentran las últimas exposiciones de La Cometa en Medellín, antes del cierre definitivo de su sede en la ciudad.
Antes de que el cuerpo recuerde su nombre
Pedro Montilla
Policroma
4.5 Estrellas
Excelencia mayor a la esperada, candidata a exposición del mes.
En Antes de que el cuerpo recuerde su nombre, Pedro Montilla construye un paisaje extraño a partir de agua, vegetación, sombras, cuerpos y, especialmente, fique. La fibra no funciona solo como soporte: sus nudos y texturas hacen parte de las pinturas y les dan una dimensión material que conecta las obras con el paisaje andino.
El agua, los humedales y el borrachero crean una atmósfera de sueño y desorientación. Los personajes parecen perdidos, suspendidos entre avanzar, escapar o simplemente permanecer. El título resume esa sensación: un momento en el que el cuerpo todavía no logra reconocerse.
La exposición es más potente cuando deja abiertas sus imágenes y permite que el espectador encuentre sus propias asociaciones. Sin embargo, la repetición de ciertos recursos —la oscuridad, el agua, la luz y la sensación de extravío— hace que por momentos pierdan fuerza.
Aun así, Montilla encuentra en el fique una manera efectiva de hablar del paisaje sin convertirlo en postal. La exposición funciona mejor cuando no intenta explicar qué significa perderse, sino cuando consigue que el espectador se sienta perdido frente a las obras.
Artes de la mesa
Exposición colectiva
La Balsa Arte Medellín
4.5 Estrellas
Excelencia mayor a la esperada, candidata a exposición del mes.
Mientras en Bogotá La Balsa es un chiste, porque aunque tiene buen arte, tiene los peores horarios de atención, días donde solo atienden dos horas y los fines de semana casi siempre está cerrado. En Medellín es todo lo contrario: tienen buenos horarios, buena atención y la sala es mucho más grande y cómoda de transitar. En Artes de la mesa explora la comida como algo más que una necesidad: también es memoria, encuentro, ritual y relación con los demás. La exposición reúne obras que convierten frutas, cubiertos, objetos domésticos, residuos y animales en imágenes y materiales para hablar de nuestra relación con lo cotidiano.
Uno de sus puntos más interesantes aparece cuando la comida deja de ser una experiencia agradable y aparece su lado más incómodo: la muerte. Las obras de Nicolás Wills, con huesos, animales y trofeos de caza, introducen esa tensión.
El problema es que la exposición reúne tantas aproximaciones distintas que por momentos la idea de la mesa resulta demasiado amplia. Hay obras interesantes, pero no todas establecen una relación igual de fuerte con el tema.
La exposición funciona mejor cuando convierte lo cotidiano en una pregunta, pero pierde fuerza cuando la mesa parece simplemente una excusa para reunir obras muy diferentes.
Nada Es Lo Que Parece, Al Parecer Desaparece II
Luisa Aristizábal
Galería La Cometa
4 Estrellas
Excelente
Luisa Aristizábal toma la tierra, un material asociado con lo frágil y lo cotidiano, y la convierte en estructura. A partir del Palacio Nacional y el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, transforma fragmentos de estas arquitecturas en tres instalaciones suspendidas hechas con hilos de tierra y grasa animal.
El resultado cuestiona la idea de la arquitectura como algo sólido y permanente. Cornisas y ornamentos que alguna vez representaron poder y progreso aparecen ahora como estructuras frágiles, casi a punto de desaparecer.
La exposición funciona precisamente por esa contradicción: aquello construido para durar termina sostenido por un material que puede deshacerse. Aristizábal convierte así la fragilidad en una forma de hablar sobre el poder y su aparente permanencia.
Envoltorios
Asicaz Monzón-Aguirre
Galería La Cometa
4 Estrellas
Excelente
Vestir lo que creíamos conocer. En Envoltorios, Asicaz Monzón-Aguirre cubre réplicas de objetos precolombinos y figuras de la iconografía cristiana con telas, cuero y otros materiales. Al cubrir una alcarraza Tumaco, un poporo Quimbaya, un Sagrado Corazón o una escultura de la Madre Laura, las piezas dejan de ser inmediatamente reconocibles. Ese gesto sencillo nos obliga a detenernos y mirarlas de nuevo, desde otro lugar.
El gesto es sencillo, pero efectivo: al cambiar la apariencia de estos objetos, Asicaz cuestiona quién decide qué son, qué significan y cómo debemos mirarlos. El morado, presente en buena parte de la exposición, refuerza esa idea al relacionar tradición religiosa, identidad y formas de representación.
La exposición funciona mejor cuando deja que sean las piezas las que plantean estas preguntas, sin explicarlas demasiado. Su mayor acierto está precisamente ahí: en conseguir que objetos que creíamos conocer vuelvan a parecernos extraños.
Museos
Para esta entrada, visitamos dos museos: el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) y el Museo de Antioquia.
El MAMM está en Ciudad del Río, una antigua zona industrial y obrera que se transformó en un sector de alto valor inmobiliario, rodeado de viviendas, restaurantes y espacios de consumo. El museo ocupa los antiguos Talleres Robledo, haciendo visible el contraste entre la Medellín industrial y la ciudad contemporánea, marcada también por diferencias de clase. Y ese contraste también se siente al entrar al museo: aunque el MAMM presume constantemente en redes sociales sus procesos de mediación, durante mi visita la realidad fue otra. La mediación brilló por su ausencia: no encontré acompañamiento ni herramientas que facilitaran el acercamiento a las obras, dejando una evidente distancia entre lo que el museo comunica y la experiencia real del visitante.
El Museo de Antioquia está en pleno centro de Medellín, rodeado por la Plaza Botero, el Palacio de la Cultura y un entorno donde el arte convive con el comercio, el turismo y las dinámicas cotidianas de La Candelaria. Más que un simple corredor cultural, sus alrededores son un territorio complejo, atravesado por transformaciones urbanas y problemáticas sociales que también hacen parte de la historia del museo.
La luz, el fuego y la ceniza, curada por Ana Ruiz Valencia
Exposición colectiva
MAMM
3.5 Estrellas
Muy buena
Todo lo que comemos, de alguna manera, viene del sol. En La luz, el fuego y la ceniza se usa la alimentación para hablar de territorio, trabajo y comunidad. La exposición parte del sol como origen de la comida y organiza su propuesta alrededor de tres elementos: la luz, el fuego y la ceniza, vinculados respectivamente con la vida, la transformación y el regreso de la materia a la tierra.
Las obras abordan temas como la producción de alimentos, la soberanía alimentaria, el cambio climático, la migración y la explotación de los territorios. También hay una apuesta por sacar la exposición del museo mediante mercados campesinos, guardianes de semillas, cocineros y huertas urbanas.
Su principal problema es la amplitud: quiere hablar de demasiados temas y algunas relaciones terminan siendo más enunciadas que desarrolladas. Aun así, funciona cuando conecta lo que ocurre en el plato con los sistemas que hacen posible que ese alimento llegue hasta allí.
Una exposición interesante, aunque más efectiva cuando habla de comida y territorio que cuando intenta abarcar todo lo relacionado con ellos.
Nos habitan pájaros y montañas, curada por Marielsa Castro
Exposición colectiva
MAMM
3.5 Estrellas
Muy buena
En Nos habitan pájaros y montañas se reúnen obras de la colección del MAMM y de artistas contemporáneas para explorar la relación entre cuerpo, territorio, violencia y resistencia. La exposición parte del concepto de ‘’cuerpo-territorio’’: la idea de que las disputas sobre el paisaje también atraviesan nuestros cuerpos.
Uno de sus principales aciertos es poner en diálogo obras de distintas generaciones. Las piezas de Débora Arango, nombran las secciones de la exposición Montañas, Adolescencia y Friné, y permiten conectar temas como el paisaje, la sensualidad y la censura con preocupaciones presentes en el arte contemporáneo.
La muestra funciona mejor cuando deja que las obras construyan esas relaciones por sí mismas. En algunos momentos, el exceso de conceptos (reexistencia, corporalidades feminizadas, formas más-que-humanas) hace que el discurso curatorial resulte más complejo de lo necesario. Cuando se desprende de ese lenguaje, aparecen conexiones más claras entre los cuerpos, los territorios que habitamos y las violencias que los atraviesan.
También destacan los elementos que amplían el recorrido más allá de la exhibición tradicional, como los tótems que recuerdan un bosque desaparecido y Escuela Feminista de Pintura, de Ad Minoliti.
En conjunto, la exposición propone una reflexión pertinente sobre cómo habitamos y transformamos los territorios. Su mayor fortaleza está en las obras y en los diálogos que consigue establecer entre ellas; su principal debilidad, en ocasiones, es explicarlas más de lo necesario.
Señal Abierta, curada por Ediciones Réplica
Colección MAMM
MAMM
2.5 Estrellas
Decente, aunque difícil de recomendar.
Señal Abierta revisa la colección y el archivo del MAMM para mostrar las prácticas experimentales que se desarrollaron en Colombia, especialmente durante las décadas de 1970 y 1980. La exposición toma como punto de partida el Diccionario de Arte Actual de Leonel Estrada, publicado en 1985, y reúne fotografía, arte correo, acciones, video, publicaciones y documentos de archivo.
Uno de sus mayores aciertos es recuperar fotografías, bocetos, publicaciones y registros de obras que, en muchos casos, fueron efímeras. El problema aparece en la forma de presentar todo este material: la exposición es pesada, cargada de información y conceptos, y puede resultar difícil de recorrer para alguien que no tenga conocimientos previos sobre la historia del arte colombiano.
Esto resulta especialmente contradictorio si se tiene en cuenta su punto de partida. Los catálogos que inspiraron la muestra fueron creados, precisamente, como herramientas de mediación y formación de públicos. Señal Abierta, en cambio, no siempre consigue cumplir esa misma función. Hay mucha información para consultar, pero no necesariamente suficientes herramientas para entenderla.
La exposición resulta valiosa por el material que recupera y por mostrar que muchas prácticas que hoy asociamos con el arte contemporáneo ya se estaban explorando en Colombia hace décadas. Pero también deja una pregunta incómoda: si una exposición nace de publicaciones creadas para acercar el arte al público, ¿por qué termina siendo tan poco amable con quienes llegan sin conocer previamente esa historia?
Sentir tu peso
Ivan Argote
MAMM
0 Estrellas
Irrelevante en todos los aspectos, no recomendable.
Sentir tu peso, de Iván Argote, convierte unas mecedoras en una experiencia colectiva. Las sillas están diseñadas para que dos o tres personas tengan que coordinar su peso y movimiento para poder balancearse. La obra se entiende rápidamente y no necesita demasiadas explicaciones: basta con sentarse y probarla.
Argote es un artista colombiano cuya obra explora temas como la memoria, el poder, el colonialismo y la relación con el espacio público. Su trayectoria internacional y su manera de cuestionar símbolos y relatos que damos por sentados lo han convertido en un nombre reconocido dentro del arte contemporáneo. Y justamente por eso, en Sentir tu peso, aparece una pregunta incómoda: ¿la obra tendría el mismo lugar dentro de un museo si no llevara el nombre de Iván Argote?
Es imposible saberlo. Pero vale la pena hacerse la pregunta. Si esta misma propuesta apareciera como el proyecto de un artista menos conocido en una convocatoria, ¿sería seleccionada? ¿Tendría el mismo espacio? ¿La recibiríamos de la misma manera?
La obra es sencilla, accesible y funciona como experiencia participativa. El problema es que esa misma sencillez puede hacer que su presencia institucional parezca estar respaldada tanto por la propuesta como por la trayectoria de su autor. Y este no es un problema exclusivo de Argote: las instituciones culturales suelen darle a ciertos artistas una confianza y un espacio que difícilmente tendrían artistas menos conocidos ante proyectos similares.
Sentir tu peso termina entonces planteando una discusión que va más allá de las mecedoras: ¿las instituciones están valorando la obra o también el nombre que aparece junto a ella? Porque una cosa es reconocer la trayectoria de un artista y otra muy distinta asumir que todo lo que produce merece automáticamente un lugar dentro del museo.
Dramaturgias de la existencia [sobre-vivir], curada por Erika Martínez Cuervo
Exposición colectiva
Museo de Antioquia
5 Estrellas
Exposición del mes
Esta exposición colectiva reúne obras que exploran el cuerpo desde cuatro temas: poder y violencia, normas sociales, deseo y duelo e intimidad. El recorrido no sigue una historia lineal, sino que conecta las obras a partir de estas ideas.
Uno de sus aciertos es no reducir el cuerpo a la violencia. También aparecen el juego, la fantasía, el deseo y el afecto, lo que evita que la exposición termine convertida en otro relato sobre la violencia en Colombia.
El principal problema está en los textos de sala. Aunque la exposición propone ‘’desteorizar los cuerpos’’, buena parte de su lenguaje está cargado de conceptos y referencias teóricas que pueden dificultar la entrada de un público general. La contradicción es clara: una exposición que busca acercarse a la experiencia de los cuerpos termina explicándolos con un lenguaje bastante distante.
Durante mi visita, la mediación resolvió buena parte de ese problema. El acompañamiento de los mediadores fue clave para entender las relaciones entre las obras y acercarse a la exposición sin tener que dominar previamente su lenguaje. Y aquí hay algo que vale la pena destacar del Museo de Antioquia: su mediación está pensada desde el contexto del museo y de sus públicos. No ignora las dificultades sociales, económicas y políticas que existen a su alrededor, sino que las incorpora a la conversación con los visitantes.
Esto cambia considerablemente la experiencia. Lo que puede resultar denso en los textos se vuelve más claro cuando los mediadores explican las obras desde el contexto de quienes las están mirando. La exposición tiene un problema de comunicación, pero el museo encuentra una buena respuesta: poner a las personas en el centro de la mediación.
Al final, funciona mejor cuando deja de explicar y permite mirar. Su pregunta más interesante es también la más sencilla: ¿cuánto sabemos realmente de lo que ocurre dentro del cuerpo de otra persona?
Otros espacios
Exposiciones que no son realizadas por un museo o una galería y no son tan cercanas a los epicentros del arte en Medellín. Hay que caminar un poquito para llegar.
Amerindia, curada por Oscar Roldán-Alzate
Exposición colectiva
Centro Colombo Americano Medellin y Bogota
3.5 Estrellas
Muy buena
Amerindia parte de un error histórico —creer que se había llegado a la India— para hablar de América como un territorio construido por encuentros, desplazamientos, violencia y mezcla cultural.
Su acierto está en evitar una idea única de identidad americana. Sin embargo, el discurso resulta por momentos demasiado elaborado y repetitivo, y termina explicando más de lo que las obras necesitan.
Tuve la oportunidad de ver las dos versiones de la exposición, en Medellín y Bogotá, y la diferencia es importante. La versión de Bogotá me parece mucho más efectiva: la sala de Medellín es más pequeña, lo que obliga a reducir el número de artistas y, con ello, las conexiones entre las obras. En Bogotá, el mayor espacio permite un recorrido más amplio y relaciones más claras entre las piezas.
La exposición funciona mejor cuando esas conexiones aparecen directamente en el recorrido. Más que una exposición sobre qué es América, Amerindia resulta interesante cuando muestra las distintas formas en que este territorio ha sido recorrido, ocupado y transformado.
Preguntas para un próximo viaje
En ARTBO del año pasado, El Coleccionista fue una de las galerías que más me gustó. Sin embargo, nunca he podido visitar su sede en Medellín: justo la exposición que tenían cerró el fin de semana anterior a mi viaje. Por eso, estoy especialmente emocionado por ver qué presentarán en ARTBO este año.
También quiero conocer Barrio Colombia, un sector con una gran cantidad de talleres y espacios culturales. Hay una broma recurrente que lo llama ‘’el San Felipe de Medellín’’, así que quiero comprobar por mí mismo qué tan cierta es esa comparación.
Pero, sobre todo, quiero conocer la escena independiente de Medellín: los espacios autogestionados, los proyectos menos comerciales y esos lugares que normalmente quedan por fuera del circuito más visible del arte.
Tal vez nos veamos allá para la Bienal de Medellín del próximo año, hay que ver si se da.
Artista / Estudiante de la Universidad Nacional de Colombia. Mi trabajo busca facilitar espacios que movilizan la reflexión, generando experiencias relacionales que cuestionan narrativas sobre el territorio, sus habitantes y sus luchas. Ahora comento sobre exposiciones. @jersonmurillolive