“Hay que construir una nueva gobernanza energética”: la conferencia en Santa Marta renueva el debate sobre combustibles fósiles

La Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles se propone trazar una ruta clara hacia la descarbonización energética. ENTREVISTA.

por

Deiver Romero Páramo


29.04.2026

Portada: Isabella Londoño

La Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles que se está celebrando en Santa Marta —del 24 al 29 de abril de 2026— es un encuentro que reúne delegaciones de más de 50 países con el objetivo de trazar una ruta clara hacia la descarbonización energética.

Su eliminación progresiva requiere esfuerzos mancomunados y mecanismos de cooperación que tengan en cuenta que esta es una cuestión de carácter multidimensional. Los riesgos asociados a la falta de voluntad global pueden marcar puntos de no retorno que nos ponen en situaciones de extrema vulnerabilidad. Estos riesgos, por supuesto, aumentan para los países del sur global.

Hablamos con Leonardo Rojas, coordinador del área de transiciones económicas en POLEN Transiciones Justas. Rojas habla de la importancia de tomarnos esta conferencia como una oportunidad privilegiada para entender por qué la descarbonización energética es un tema que nos debería interesar a todos.

Aquí la entrevista.

En estos días se está llevando a cabo en Santa Marta la Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles. Hay muchas expectativas en distintos sectores sobre los temas que están en la agenda, pero también puede haber desconocimiento de lo que representa este evento y su importancia. Para comenzar, ¿de qué se trata esta conferencia y qué se espera lograr con ella?

Esta primera conferencia responde a una iniciativa presentada al final de la COP-30 en Belén de Pará, en noviembre del año pasado. Surge de la preocupación de varios países que consideran que los espacios de negociación en las COP no han incluido de manera explícita apuestas claras para salir de los combustibles fósiles ni hojas de ruta concretas para hacerlo.

La conferencia, convocada por Países Bajos y Colombia, tiene como objetivo reflexionar de manera profunda sobre esa salida y sobre el compromiso necesario para lograrla. Es un escenario que complementa las acciones de las COP, pero que busca avanzar hacia el cumplimiento de metas mediante una ruta concreta de transición energética.

La cumbre busca definir hojas de ruta hacia economías descarbonizadas y acelerar la transición energética global. ¿Cómo pueden cooperar los distintos países, con sus diferentes posiciones y actores —gubernamentales y no gubernamentales— para construir una hoja de ruta multilateral?

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Creo que este espacio es importante porque básicamente parte de entender que hay una dependencia, por ejemplo, fiscal hacia los fósiles; que hay una gran cantidad de países que dependen económicamente de la producción de estos recursos. Otro de los ejes tiene que ver con un equilibrio entre la oferta y la demanda de energía, pensado en la salida de los combustibles fósiles, y otro, con la cooperación internacional.

Esos tres ejes están muy bien pensados en términos de que parten de un contexto económico que tiene unas necesidades energéticas, pero que además se requiere de la cooperación entre los distintos países, y sobre todo una cooperación sur-sur, pero también una cooperación de parte del norte global, quienes son los que tienen las más altas responsabilidades en términos de las emisiones. Entonces, este es un espacio, ojalá, para pensarse en acciones concretas, que garanticen recursos, espacio para inversión y acuerdos para sustituir esa dependencia fiscal o esa dependencia económica hacia los fósiles. Entonces, ahí tenemos el caso de los países de ingreso medio como Colombia, que dependen en gran medida de la producción de combustibles fósiles.

Entonces, ¿cuál es una salida para países como Colombia? Esa salida tiene que estar articulada con acuerdos comerciales, con recursos y acceso a diferentes fondos, asimismo para todos los países. También es un espacio que considero importante para pensar desde las diferentes regiones y, sobre todo, en el caso de América Latina y el Caribe, cómo podemos pensar esa salida de los fósiles a nivel regional.

En ese contexto, ¿cómo deberían manejarse las relaciones entre países del sur global y del norte global, considerando las asimetrías de poder? ¿Qué condiciones mínimas permitirían considerar esta cumbre como exitosa?

Un criterio fundamental para evaluar el éxito de la cumbre es la concreción de acciones específicas. Por ejemplo, Colombia ha propuesto salir de ciertos mecanismos de arbitraje internacional que pueden obstaculizar la transición. La pregunta es cuántos países están dispuestos a respaldar este tipo de medidas.

Las decisiones no pueden tomarse de forma aislada, ya que pueden generar represalias. Por eso, el éxito depende del nivel de compromiso colectivo. También es importante que las metas sean plausibles, no solo deseables. Propuestas como una electrificación total inmediata pueden ser poco realistas y generar altos costos económicos, sociales y ambientales. Por ello, el éxito radica en acordar metas realistas y en definir fuentes de financiamiento, incluyendo no solo créditos y donaciones, sino también acuerdos comerciales que impulsen nuevos sectores económicos.

Hay tensiones entre el Estado, las organizaciones internacionales y las comunidades, especialmente en territorios afectados por actividades extractivas. ¿Cómo interactúan estos actores en la transición energética y qué papel tienen las comunidades en esta conferencia?

Las comunidades tienen un papel central, ya que los proyectos energéticos se desarrollan en territorios específicos. Históricamente, muchos modelos extractivistas han ignorado sus intereses.

Hoy, las comunidades no solo advierten sobre los impactos del extractivismo, sino que también proponen alternativas. Existe el riesgo de pasar de un extractivismo fósil a uno “verde”, donde los territorios se llenen de infraestructura energética sin beneficiar a sus habitantes. Por eso, es clave construir una nueva gobernanza energética que incluya criterios sociales, ambientales y económicos, y que permita a las comunidades participar en la toma de decisiones sobre sus territorios.

¿Qué tan realistas y alcanzables son las metas que se están planteando en esta cumbre?

Hasta ahora no hay metas específicas definidas por país o región. La discusión se centra en cómo superar la dependencia de los fósiles y garantizar una transición progresiva que responda a las necesidades climáticas, sociales y ambientales del mundo y de la región

Históricamente, las transiciones energéticas no han sido planificadas. Hoy se busca lo contrario: incorporar criterios ambientales, económicos y sociales en la toma de decisiones. Definir metas es importante, pero más importante aún es contar con criterios para evaluar su viabilidad y establecer prioridades. La transición implica múltiples acciones complejas, por lo que es fundamental decidir por dónde empezar y planificar adecuadamente.

Si la transición no avanza al ritmo necesario, ¿cuáles son los riesgos críticos en el mediano y largo plazo?

Hay una cantidad de riesgos muy importantes que son los asociados no ya a reducir el aumento, sino, más bien, a mantener un stock de emisiones de gases de efecto invernadero. Ya se tiene previsto, o por lo menos calculado, más o menos esos impactos que pueden tener en la región. En América Latina, por ejemplo, se habla de impactos de alrededor del 4% sobre el PIB regional para crecimientos de la temperatura por encima del 1.5 grados, pero hasta del 17% para crecimientos por encima de 3 grados.

Si no hay una planeación, se pueden llegar a dar estas transiciones de manera desordenada, y ese es el principal riesgo para nuestros países: enfrentarse a una situación en la que no hagamos lo suficiente y el resto del mundo sí transite. Y eso, ¿qué implicaciones en términos económicos y sociales nos puede generar? Básicamente, nosotros al día de hoy tenemos una canasta exportadora que depende en más del 50% de los combustibles fósiles. Entonces, si el resto del mundo deja efectivamente de demandar lo suficiente de carbón, de petróleo y de gas, vamos a estar en una situación muy complicada si nosotros seguimos teniendo eso como una gran parte de nuestra matriz productiva.

Finalmente, de cara al próximo gobierno nacional, ¿cuáles son los principales retos y oportunidades en materia de transición energética?

El principal reto es aprovechar las oportunidades que ofrece la transición. No se trata solo de cambiar la fuente de energía, sino de transformar toda la estructura productiva.

Esto implica decidir quién producirá las tecnologías necesarias y cómo se integrará el país en esas cadenas de valor. Colombia tiene capacidades en sectores como el ensamblaje de vehículos y equipos eléctricos, lo que podría generar empleo y competitividad.

Entonces, ese es el principal reto para la próxima administración. Porque no hay una hoja de ruta de industrialización alrededor de la transición energética. Hay acciones, pero no hay una planificación, la cual se requiere también para la certidumbre de las diferentes partes: para hacer las inversiones, para entrar en determinados negocios, porque da claridad de hacia dónde vamos. 

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Deiver Romero Páramo


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