Sigamos siendo testigos Un llamado desde la poesía para no olvidar el genocidio.
Un llamado desde la poesía para no olvidar el genocidio.
Un llamado desde la poesía para no olvidar el genocidio.
La cultura para denunciar y para hacer memoria. En el libro Gaza, seguimos siendo testigos, Manuela Eusse Ruiz nos invita a eso, a no olvidar lo que está sucediendo en los territorios palestinos.
Palestina le ha venido pidiendo al mundo, desde el 7 de octubre de 2023 y desde muchos años antes, que sea testigo de lo que allá acontece. Para no caer en el olvido, para no normalizar lo que no es “normal” y lo que nunca debería haber existido. Este libro es un grano de arena más en esa playa de realidades que son, casi que sistemáticamente, olvidadas por los poderes y los medios. Es “otra forma de escribir imágenes” para intentar cambiar balas por letras y sangres derramadas por semillas de esperanza.
El libro es un “diario de poemas” en palabras de su autora. Se presentó el pasado 23 de abril en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo), una fecha muy especial para un texto que también lo es. Conversamos con ella en la librería Matorral de La Macarena.
Manuela estudió literatura, creció entre libros y se siente una doble migrante, primero en Francia y ahora de regreso a Colombia. Allá trabajó como docente de español para estudiantes adolescentes. Ha vuelto a la literatura con la escritura de este libro.

¿Cuál es su vinculación con Gaza? Ninguna en especial, al margen de ser una persona que lee las noticias. No soy activista, pero cuando empezó el genocidio estaba de licencia escribiendo una novela, tenía tiempo libre y quería entender qué es lo que estaba pasando. Empecé a poner las piezas del rompecabezas de ese crimen de guerra. Mi vínculo es como el de cualquier otro ser humano aterrado ante la situación.
¿Cómo surgió la idea de escribir y hacer públicas esas reflexiones en forma de poemas? Estaba colaborando con una editorial de manuales de texto para niños y preparando ejercicios de haikus para ellos y de repente, me encontré haciendo haikus sobre las cosas que veía de Gaza. Eran imágenes muy brutales y los haikus se adaptaban a poder narrarlas con pocas palabras. Escuchaba a muchas personas palestinas diciendo que no dejáramos de mirar y de contar; poco a poco me di cuenta de que escribir era lo que yo podía hacer, como una forma de dejar evidencia de lo que estaba pasando. Me propuse escribir algo todos los días, sin imaginarme que fuera a durar todo lo que está durando, pero no pude cumplirlo, porque no era emocionalmente capaz de plasmar eso cada día.

Más de 20 recomendados para la Filbo de este año.
Click acá para ver¿Por qué abordar el tema de Gaza desde la poesía y desde esa poesía documental? Escribiendo haikus fui consciente de que no podía usar verbos, porque las imágenes de la realidad estaban fragmentadas frente al panorama que estamos viendo. La poesía fue el lenguaje que me permitía no utilizar verbos conjugados, no usar acciones para captar esa fragmentación.
La idea de la poesía documental vino por dos cosas: primero, porque había que dar los créditos a la gente que está poniendo el cuerpo allá, arriesgándose a contar lo que viven. Segundo, porque pensé que así podía estar construyendo un archivo documental.
Le comento a Manuela sobre la escritora palestina Hiba Abu Nada, asesinada en un ataque aéreo israelí en Gaza el 20 de octubre de 2023, y me permito compararlas por la similitud en crear esa poesía, diría que social, que junta la dura realidad de la noticia con la ilusión por la vida y el mañana. Y también en esa manera de narrar con fecha los acontecimientos. Me confiesa que a ella la conoció después de haberse publicado el libro y que esa forma de contar escribiendo las fechas la ha visto también en otros autores como Ahmad Mohsen, un poeta egipcio radicado acá con el que conversó en la FILBo.
¿Qué crees que le aporta tu libro al conocimiento de la realidad de lo que está pasando en los territorios palestinos? Lo hablábamos con María Elvira Jaramillo, de la editorial Siglo del Hombre, me decía que leer los poemas era una manera de conocer de aquello sin necesidad de ver las terribles imágenes del genocidio. Porque no se pueden ver todos los días sin sentirte golpeada y afectada. Con los poemas hay una especie de protección, son una imagen poética sin estar tan expuesta emocionalmente.
Para mí, la idea era dejar memoria y testimonio, al mismo tiempo que se lucha en contra de la propaganda de deshumanización de los palestinos, la cual es tan grande, que es necesario mostrar poéticamente imágenes cotidianas como una manera de humanizarlos. Me gustaría que los poemas pudieran contribuir a esa narrativa de humanización.
¿Cómo le ha ido al libro en la FILBo 2026? La presentación fue sorprendente. Hubo mucha gente, la sala se llenó con amistades y con muchas otras personas interesadas en el libro, que me han hecho sentir que estoy logrando el efecto que quería. Por un lado, como escritora me da satisfacción, pero como persona me da dolor: recuperar esos instantes para que no se vuelvan algo banal, que la gente que lo lea se conmueva por lo que le está pasando a personas que no conocen y que están muriendo de manera violenta e injusta. Sé que una golondrina no hace verano, pero me siento parte de un montón de gente que está luchando por cambiar la narrativa que está permitiendo que pase lo que está pasando allá con total impunidad.
Cada ejemplar del libro va acompañado por una hermosa sandía pintada en acuarela y numerada, obra del artista colombo británico Alejandro Ospina García que refuerza la idea y la intención de la publicación de mostrar que Palestina sí importa.

¿Hay alguna intención por tu parte o de la editorial de publicarlo en otros idiomas? Estamos aplicando a un premio abierto por la Asociación de Escritores Palestinos a ver qué pasa, parte del premio será la traducción del libro al árabe. Y personalmente quisiera que se publicara en Francia. Me cuesta hacer esta parte de promoción y publicidad, pero hay que hacerlo.
¿Qué les diría a sus potenciales lectoras y lectores para animarlos a la lectura? Intenté escribir en diferentes niveles para personas con diferente experticia en leer poesía. Yo diría que es un libro de poesía que no da miedo, puede que produzca tristeza, pero no da miedo.
Como poeta comprometida, porque este libro es una forma de activismo, ¿qué le dirías al mundo sobre lo que recoge tu libro? Somos millones de personas en el mundo que queremos lo mismo: paz. Claramente la gente que está en el poder no quiere hacer nada, o quiere seguir siendo cómplice. Nos va a tocar tumbar esos poderes. Acá el presidente ha estado muy comprometido y la gente también, pero en Francia, en Europa en general, y en Estados Unidos no. Están eligiendo mal a sus gobernantes. Hay que elegir pensando en Gaza porque lo que está pasando allá se puede replicar en el resto del mundo. De hecho, ya está pasando: Venezuela, Cuba, Irán… Mi llamado es a abrir los ojos y tumbar esos poderes cómplices del genocidio.
Y Manuela ¿qué se dice a sí misma? Me digo que tengo que seguir, que hay mucho trabajo por hacer y tengo que asumir los compromisos adquiridos por haber escrito este libro. Y lo quiero hacer.
Como regalo final de la entrevista, Manuela nos confiesa que está trabajando, además de escribiendo poemas y buscando convertirlos en otro libro, en esa novela pendiente cuya temática gira alrededor de una historia y un evento que se ha repetido mucho en la sociedad colombiana: la de muchas mujeres campesinas que llegaban para ejercer como empleadas de servicio y que terminan viviendo en casas de familia convirtiéndose en esclavas. Y parecía algo normal. Es una exploración sobre esas dinámicas sociales.
Pero esta requiere más concentración, más esfuerzo y mayor financiación.