Tanta sangre vista: la adaptación como reinvención

El escritor Rafael Baena y el ilustrador Juan Gaviria unen esfuerzos para lanzar la adaptación a novela gráfica del libro “Tanta sangre vista” (2007). Una apuesta por el el cruce y la potencia que genera el diálogo entre la gráfica y la literatura.

1980

Nicolás Acosta

11.03.2016

Título: Tanta sangre vista

Editorial: Rey Naranjo

Autor: Rafael Baena

Ilustrador: Juan Gaviria

Guión y Adaptación: Óscar Pantoja

Año: 2016

Precio: $46.000

Páginas: 120

 

Tanta sangre vista es una novela sobre una guerra, un soldado y una familia que hereda los traumas de ese soldado y esa guerra. Es, a primera vista, una novela increíblemente típica dentro del marco de la literatura colombiana; un híbrido entre el revisionismo histórico; las tensiones filiales heredadas de Cien años de soledad y una dosis robusta de esa prosa a la Juan Rulfo que camina entre lo coloquial, lo vulgar y lo literario. Lo que separa a la novela de Baena de otras obras nacionales de esta índole es que se introduce dentro de un híbrido más: la novela llevada al cómic. Al inscribirse a esta nueva tradición (la del cómic como medio de adaptación de lo literario) el libro de Baena y Gaviria se somete a un escrutinio en donde lo que se evalúa es si esto es una novela reinventada como un cómic o una novela con ilustraciones invasivas. Sorprendentemente, Tanta sangre vista no opta por ninguna de estas dos y lo que decide hacer es configurar dos voces que, sin estar en sincronía, crean una narrativa coherente.

La historia se divide en dos arcos principales; el de Eduardo Arce, soldado liberal y patriarca de la familia central del libro y el de Ricardo Arce, nieto de Eduardo, heredero de las historias de guerra de su abuelo y de la fortuna cosmopolita de su madre Julia. Ambas historias suceden dentro de la misma cronología pero no están organizadas de forma lineal. El cómic esta presentado en un formato reminiscente de la línea Cara y Cruz de la Editorial Norma, pero en vez de incluir un ensayo con la obra este decide usar la doble cara para jugar con la continuidad de los eventos de la novela; si el lector decide empezar desde la historia de Ricardo llegaría a la de Eduardo sin haberse perdido nada y viceversa. Aparte del formato, el cómic también se vale de estrategias de colorimetría para caracterizar cada historia: la de Eduardo es roja, es sangre, costras y estallidos de pólvora mientras que la de Ricardo es una gama de amarillos que van desde el oro exuberante hasta un amarillo enfermo de ictericia, de un tiempo que no es ni paz ni prosperidad, sino una suerte de posconflicto eterno en donde la guerra es un esqueleto que de vez en cuando sale a caminar para pelear con bandoleros.

 

"El gran logro de este libro ha sido poder reconocer que las diferencias entre el cómic y la literatura no tienen que ser conciliadas, sino que pueden ser explotadas para crear mecanismos discursivos que no podrían existir exclusivamente en la literatura ni en el cómic, sino en un espacio intermedio"

 

Más allá del manejo del color, el trazo y diagramación de Juan Gaviria es magistral. El cómic logra crear una tensión increíble entre el dibujo y el texto; la narración y los diálogos de Baena son organizados y precisos mientras que el dibujo de Gaviria es caótico y difuso; los personajes se salen de las viñetas, sus caras desaparecen por momentos y las imágenes se sobreponen, creando un flujo inestable y apabullante que nos remite más al expresionismo ácido de los comix de Raw que a las estructuras pulcras del cómic de guerra tradicional (War is Boring, Safe Area Gorazde). Esta yuxtaposición de una prosa organizada con un dibujo casi antisecuencial construye una dinámica interesante en la que el recuerdo detallado del narrador es puesto en duda por una representación fragmentada y errática de esa memoria. Toma el motif del narrador no confiable y lo reinventa, no desde el lenguaje del cómic, sino desde las tensiones inherentes que hay entre lo literario y lo visual.

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Este conflicto entre prosa y dibujo es lo que separa a Tanta sangre vista de otras adaptaciones literarias, en las que se decide usar el dibujo como método de representación directa de la prosa. El gran logro de este libro ha sido poder reconocer que las diferencias entre el cómic y la literatura no tienen que ser conciliadas, sino que pueden ser explotadas para crear mecanismos discursivos que no podrían existir exclusivamente en la literatura ni en el cómic, sino en un espacio intermedio. El mismo espacio donde termina la historia de Ricardo y empieza la de Eduardo (o viceversa) es en donde se construye la fuerza discursiva de este cómic. Tanta sangre vista no es una adaptación de una novela, ni es un cómic sobre una novela, es la reinvención de una novela a través de las tensiones que existen entre el cómic y la literatura y solo por eso merece ser leída.

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    La reseña quiere ser rigurosa, pero ni siquiera acierta al nombre del protagonista.

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