Sobredosis de Arte: Ganadores y Perdedores de ARTBO Fin de Semana 2026

En este episodio de Prueba de Artista, Jerson Murillo recorre Bogotá durante ARTBO Fin de Semana 2026, la primera gran cita del año para el arte en la ciudad. A lo largo del recorrido comparte su experiencia y revisa lo bueno, lo malo y lo discutible del evento.

por

Jerson Murillo


24.04.2026

Esta entrada hace parte de la columna «Prueba de artista con Jerson Murillo», un espacio donde se califican exposiciones de arte desde la mirada de un espectador. Si quiere leer otras entradas de la columna, haga clic acá.

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ARTBO Fin de Semana es un evento anual que se realiza en Bogotá y que organiza la Cámara de Comercio de Bogotá dentro del programa ARTBO. Durante varios días, galerías, espacios independientes, museos y talleres de artistas abren sus puertas al público de forma gratuita.

A diferencia de la Feria Internacional de Arte de Bogotá (ARTBO) que tiene lugar en el segundo semestre y que se realiza en Ágora Bogotá, un único recinto con stands de galerías, ARTBO Fin de Semana ocurre en distintos puntos de la ciudad. El evento organiza recorridos por barrios donde se concentran espacios de arte, como San Felipe, La Macarena, Chapinero, Centro Histórico, Chicó, El Nogal, Kennedy y Teusaquillo. La idea es que las personas recorran estos circuitos y entren libremente a los espacios.

Durante el fin de semana hay exposiciones, recorridos guiados, charlas con artistas y curadores, visitas a estudios y algunas actividades nocturnas. Para muchas personas también es la oportunidad de entrar por primera vez a una galería o conocer espacios de arte que normalmente no visitan.

En la práctica, ARTBO Fin de Semana funciona como una forma de recorrer la escena artística de la ciudad en pocos días y ver qué están mostrando las galerías y los espacios culturales.

Aunque también hay algo que no siempre se menciona: el evento no está pensado principalmente para vender arte, sino para hacer visible la escena. Como artistas tratamos de aprovechar estos días porque durante estos circulan más conversaciones, encuentros y contactos que ventas. El evento termina mostrando qué barrios y espacios concentran más actividad artística. En ese recorrido, zonas como San Felipe se han consolidado como áreas de galerías, mientras otros espacios quedan fuera de los circuitos más visitados.

Por eso, más que una feria extendida, ARTBO Fin de Semana es un momento en el que la escena artística de Bogotá se reúne y se hace visible.

Durante mi recorrido de este fin de semana, con la intención de cubrir la mayor parte del mapa de ARTBO Fin de Semana, organizamos la ruta por días:

Jueves: La Macarena, Teusaquillo y Kennedy.
Viernes: San Felipe, El Nogal y Chicó.
Sábado: Centro Histórico y Chapinero.

Como había demasiadas cosas para ver y no quería que el artículo se volviera interminable, decidí resumir las reseñas en frases cortas. Si eres artista, curador o gestor cultural de alguno de los espacios mencionados y quieres saber con más detalle por qué una exposición recibió cierta calificación, puedes escribirme con respeto por mensaje directo en mi Instagram: @jersonmurillolive.

Lo aclaro porque ya recibí algunos mensajes de odio y hasta amenazas durante estos días.

Ganadores: Top 10 de exposiciones de ARTBO Fin de Semana 2026 (Según mis Calificaciones)

10. Kevin Simon Mancera: La Condición Humana en Nueveochenta

★★★ = Buena

La última serie de dibujos de Kevin Simon Mancera, una serie para pensar el duelo. Si uno llega en un mal momento, esta exposición puede abrazarle el corazón. Sorprende encontrar una sensación así en una galería comercial y, además, en medio del ritmo de ARTBO Fin de Semana. La atención del espacio suele ser muy buena y el trabajo de Mancera resulta cercano y entretenido, incluso para el público casual.

La calificación baja un poco por algo que se repite en muchas galerías de este listado: parece que el espacio solo se activa de verdad durante las inauguraciones, quizá para aprovechar el momento de los compradores. El resto del mes, la sala se siente demasiado quieta para una muestra que merece más movimiento.

9. Mateo Lopez: Desdoblar el tiempo en Mor Charpentier

★★★ = Buena

Desdoblar el tiempo reúne obras de distintos momentos de la trayectoria de Mateo López y propone pensar el tiempo no como algo lineal, sino como algo que se repite, se mezcla y reaparece. La muestra junta materiales, gestos e ideas que muestran cómo elementos cotidianos pueden transformarse en formas más abstractas.

A través del dibujo, la escultura, la instalación y el movimiento, su trabajo conecta recuerdos, objetos y apuntes con procesos de construcción. Muchos de estos elementos funcionan como fragmentos —notas, objetos o gestos— que, al reunirse, generan nuevas relaciones.

Ahora bien: el que tiene tienda, que la atienda. La exposición se siente abandonada, sin mediación ni alguien que reciba al público. Aun así, sigue siendo una buena muestra. Reúne varios de los recursos visuales característicos de López y termina siendo una exposición ligera y entretenida para los pocos días que estuvo abierta durante ARTBO Fin de Semana.

8. Débora Arango: Exvotos de la Desobediencia en Claustro de San Agustín UNAL

★★★½ = Muy buena

El texto curatorial destaca una idea clara: Débora Arango quiso ser muralista, pero los espacios públicos estaban reservados para los hombres, incluso cuando muchas veces eran administrados por mujeres. A partir de esa idea, Exvotos de la desobediencia propone mirar su obra desde el presente. Más que hablar del pasado, la muestra pone sobre la mesa problemas que siguen vigentes, como la desigualdad, la violencia y la exclusión.

En varias piezas aparecen símbolos religiosos junto a escenas marcadas por el deseo, la culpa, el hambre o la violencia. En ese diálogo también entran las obras de Alfonso Quijano y Luis Hernando Giraldo, que amplían la mirada hacia el paisaje y la memoria rural, mostrando cómo la violencia también atraviesa la tierra y otras formas de vida.

Para mí es emocionante que en Bogotá se hayan presentado varias exposiciones de Arango en tan poco tiempo. Hace apenas unos meses también vimos su obra en el Museo Santa Clara. Esta nueva muestra se siente más abierta, tanto por la variedad de formatos como por la forma en que está organizada la exposición. Todo eso hace que valga la pena el esfuerzo de entrar al Claustro de San Agustín.

7. Exposición Colectiva: Estructuras del Tiempo en Casas Riegner

★★★½ = Muy buena

La exposición parte de una idea simple: pensar el tiempo a través de la materia. Al reunir a Carlos Rojas, Leyla Cárdenas y Linda Pongutá, pone en relación a tres generaciones del arte colombiano que trabajan con materiales y procesos distintos. Ese cruce es uno de sus puntos fuertes, porque permite ver cómo temas como el paisaje, la memoria del territorio o la transformación de los materiales aparecen en momentos históricos diferentes.

El problema es que la idea que sostiene la muestra —el tiempo como transformación de la materia— es bastante amplia. Esto hace que las obras se conecten más por el discurso que por una relación clara entre ellas. En la práctica, cada artista funciona bien por separado, pero el diálogo entre los tres no siempre resulta del todo convincente.

Al final, la exposición funciona mejor como un encuentro entre tres maneras distintas de trabajar con materiales que como una tesis clara sobre el tiempo. Aun así, tiene valor porque pone en diálogo generaciones diferentes del arte colombiano y deja ver cómo han cambiado las formas de pensar el paisaje, el territorio y la materia.

Además, esta mini exposición marca la apertura del segundo piso de la galería, un espacio que no sabía que existía. La muestra se acompaña con una colección de pinturas de Ethel Gilmour y con La Oficina del Doctor, un espacio que me gustó mucho porque presenta documentos y materiales de archivo organizados como parte de la exposición.

6. Vanessa Nieto: Equilibrio/Colapso en Emblematic Art Gallery

★★★½ = Muy buena

Quiero dividir esta reseña en dos partes: una sobre la exposición y otra sobre el espacio y su trato al público.

En la exposición, Vanessa Nieto interviene una casa construida en 1946 para explorar la relación entre materiales, peso y arquitectura. El contraste entre materiales blandos y estructuras rígidas produce momentos interesantes, donde la casa parece frágil o a punto de ceder.

La muestra me gustó —como a muchas otras personas—, pero también da la impresión de reunir obras de proyectos anteriores. Algunas piezas se sienten más colocadas en el espacio que realmente integradas a la arquitectura. Por eso funciona mejor cuando las obras logran activar la casa y hacer visibles esas tensiones; cuando no ocurre, pierde fuerza como intervención pensada para ese lugar.

Sobre el espacio: tuve un pequeño encontrón con el dueño. Me preguntó qué hacía ahí y quién me había invitado, como si se tratara de un evento privado. Cuando le expliqué que la artista me había invitado, finalmente me dejó entrar a ver la exposición. Horas después, y sin mucho entusiasmo, me regaló una tote bag como disculpa. Supongo que alguien le contó quién era yo.

Ojalá ese mismo trato no sea el que reciben todas las personas, sin importar quién sean. Da la impresión de ser la atención típica de un lugar que, hasta hace poco, se movía sobre todo en el mercado secundario: se trata con respeto a quien parece tener dinero.

Con honestidad, esta fue la segunda muestra que más me gustó de ARTBO Fin de Semana, pero esa primera impresión con la atención del espacio terminó bajando la calificación. Esta es la primera vez que una exposición muy buena pierde estrellas por la atención del espacio.

5. Maripaz Jaramillo: No me digas que me quieres en S/N Macarena

★★★★ = Excelente

Hace justo un año, en una muestra de Galería Espacio Alterno durante ARTBO Fin de Semana, conocí el trabajo de Maripaz Jaramillo. Cuando más tarde escribí un artículo sobre el Salón Nacional de Artistas, volví a pensar en ella, especialmente porque fue la ganadora de la edición de 1974.

Su obra gráfica mantiene la misma energía expresiva de su pintura, pero aprovecha la reproducción para circular en ediciones y llegar a públicos más amplios. En estas piezas aparecen temas recurrentes en su trabajo: la vida urbana, la fiesta, los personajes populares y una mirada directa —a veces irónica— sobre las relaciones sociales.

Para mí, son grabados muy particulares. Aunque pertenezcan a una misma serie, cada uno se siente único por sus costuras, sus superposiciones y pequeñas variaciones. Me gustó mucho la selección de obras y la museografía clara con la que el espacio presentó la muestra. El texto curatorial, en cambio, se quedó un poco corto.

4. Camila Rodriguez Triana: Tierra de Abrigo en Sala de Arte Bancolombia, Casas Riegner

★★★★ = Excelente

Territorio: una palabra que se repite a lo largo del texto curatorial de Tierra de abrigo. Aquí se plantea como un tejido que conecta naturaleza, memoria y formas de vida. La exposición traduce esa idea en un espacio donde conviven tres tipos de vivienda de las montañas andinas —triangular, circular y cuadrada—, dejando ver tanto los cambios como las continuidades en la manera de habitar.

Más que reconstruir el pasado, propone un cruce de tiempos. El agua, la tierra, el aire y el fuego aparecen como parte de esa relación, con el fuego en el centro como punto de encuentro.

Materiales como madera, fique y metal refuerzan la idea de construir como quien teje. En conjunto, la exposición acerca el territorio a lo cotidiano y plantea la casa como un punto de conexión entre lo natural y lo cultural.

La Sala de Arte Bancolombia, por su parte, es un espacio expositivo particular. Su muestra permanente —centrada en la colección del banco— puede resultar distante, anclada en nombres clásicos del arte colombiano, aunque cumple una función importante. Es, en cierto sentido, una puerta de entrada accesible para nuevos públicos. Sin embargo, sigue siendo poco visible: dentro del edificio Atrio, no es evidente que en el cuarto piso exista un espacio de arte abierto al público. Y siempre da gusto ir. Todos deberían conocerlo.

3. Rodrigo Callejas: La primera vasija es Paisaje en NC Arte

★★★★½ = Excelencia mayor a la esperada, candidata a exposición del mes

La primera vasija es paisaje reúne parte de la trayectoria de Callejas como pintor, escultor, ceramista y docente. Durante más de seis décadas, su trabajo ha explorado temas del contexto andino como la transformación del campo, el deterioro ambiental y la presencia de máquinas en el paisaje, junto a elementos más simbólicos ligados al agua, las plantas y el bosque.

La muestra deja ver cómo su vida y su obra están conectadas: el interés por la cerámica prehispánica, los cambios en la ruralidad, el conflicto armado, los incendios en zonas cercanas a Bogotá y referencias a la cultura visual contemporánea aparecen como parte de un mismo proceso.

En el centro hay dos esculturas en cerámica sobre una plataforma de ladrillo: La cama en la mesa, inspirada en los huacos eróticos de la cultura Moche, y Acéfalos, un conjunto de quince piezas que combinan formas de animales y recipientes, desarrollado durante más de veinte años.

Alrededor, se presentan pinturas de distintas series que mezclan elementos naturales y tecnológicos —plantas, cercas, drones y figuras como Transformers—, donde se hace visible una tensión entre lo ancestral y lo industrial.

La exposición incluye también un archivo de flyers, invitaciones y correspondencias que permite ver el proceso detrás del montaje y la circulación de las obras a lo largo de su carrera.

Finalmente, la curaduría de Pedro Aparicio Llorente logra reunir piezas dispersas y darles coherencia, dejando ver el tiempo y el trabajo que hay detrás de la muestra.

2. Siu Vasquez: Máquina: Segunda Vuelta en Edificio Taller, SGR Galería.

★★★★½ = Excelencia mayor a la esperada, candidata a exposición del mes

La exposición “Máquina: Segunda vuelta” parte de una idea clara: usar el textil para pensar distintas formas de producción, desde lo ancestral hasta lo industrial. Más que dividirse en etapas, se plantea como un recorrido donde esas capas se cruzan.

El primer momento lleva lo ancestral al presente a través del trabajo manual, aunque esa relación se menciona más de lo que se desarrolla. El segundo, enfocado en la máquina, es el más sólido: contrapone lo manual y lo industrial, aunque la idea de progreso queda algo general. El tercero introduce una pausa desde lo rural, con una lógica más lenta que contrasta con la industria, pero sin profundizar del todo en esa “imposibilidad de retorno”.

La combinación de lenguajes —plástico, sonoro y audiovisual— amplía la experiencia. La “segunda vuelta” aparece como una transformación: lo que se ve al inicio regresa cambiado, en línea con la idea del textil como algo que se entrelaza y se rehace.

En conjunto, la exposición es clara y está bien estructurada. Funciona mejor cuando pone en tensión sus elementos —lo manual y lo industrial, lo pasado y lo presente— que cuando se queda en ideas más generales. Plantea preguntas interesantes, aunque no siempre las desarrolla a fondo.

1. Nohemi Perez: Nosotros en Bodega Piloto, Mor Charpentier

★★★★★ = Exposición del mes

Lo bueno se hace esperar. El formato de Bodega Piloto es particular: recupera proyectos poco visibles pero importantes para el arte colombiano en muestras breves, presentadas durante ARTBO y en un lugar poco habitual como la Zona Industrial de Bogotá. Una de las exposiciones más destacadas de ARTBO Fin de Semana 2026.

En Nosotros, Pérez nos lleva al Catatumbo. La muestra se construye con grandes dibujos de árboles al carbón que forman un paisaje que funciona tanto como entorno natural como registro de distintas historias. Sobre esas superficies aparecen, casi ocultas, pequeñas figuras de aves, perros y cuerpos humanos. El contraste de escala y visibilidad sugiere las huellas que varios procesos han dejado en los bosques colombianos.

La mediación y la atención al público son claves. El espacio no solo recibe visitantes habituales, también invita a quienes trabajan o viven en la zona industrial a entrar, recorrer y detenerse. Para muchos, es la primera vez en una galería y una oportunidad de acercarse a temas que suelen sentirse lejanos desde la ciudad.

He aqui la entrega del trofeo 5 estrellas de Prueba de Artista con Jerson Murillo a Nohemi Perez y la Bodega Piloto, por tan gran exposición. La mejor de este fin de semana.

Perdedores, Lo que nos deja para pensar ARTBO Fin de Semana

San Felipe y lo chambon de su arte.

“Pienso que incluso lo chambón sirve para mostrarles a niños y niñas que pueden dedicarse al arte… que es una vida posible que es algo que escribia Jerson Murillo en un artículo”.
Carolina Sanín, sobre mi artículo de la Bienal.

La idea es importante: que alguien vea arte y entienda que puede vivir de eso. Pero también abre una pregunta incómoda: ¿eso es suficiente? ¿Puede una escena sostenerse solo como punto de entrada?

He dicho antes que no soy fan de San Felipe ni del relato que lo rodea, y lo mantengo. Hay una distancia entre cómo se promociona el barrio y cómo se percibe dentro del campo artístico. Se presenta como el centro de la escena, pero ese entusiasmo no siempre coincide con el interés real por lo que se exhibe.

El problema no es solo de gusto. San Felipe también es un caso de gentrificación: el arte ha servido para valorizar el sector, mientras las condiciones de quienes viven allí cambian poco. La idea de “ciudad creativa” convive con problemas básicos como la inseguridad. Hay visibilidad, pero no necesariamente mejoras.

En lo artístico, la escena es desigual. Hay espacios con una programación sólida —Plural Nodo Cultural, Proyecto Binario, Galería Elvira Moreno, KB, SKETCH y SGR—, pero en muchos otros domina otra lógica: acumulación de obra, circuitos cerrados y exposiciones más pensadas para vender que para proponer algo.

Ahí aparece lo “chambón”. No como insulto, sino como señal. Obras que no arriesgan, que se quedan en lo básico y circulan entre los mismos. Puede funcionar como primer acercamiento, como dice Sanín, pero si se vuelve regla, termina limitando más de lo que aporta.

San Felipe opera en dos niveles: como vitrina, fácil de recorrer y útil para atraer público, y como escena que todavía no define del todo sus criterios. El problema no es que haya obras débiles —eso pasa en cualquier lugar—, sino la falta de filtros claros.

Decirlo incomoda, pero hace falta. Si todo vale, nada pesa. Y una escena que quiere ser referente no puede sostenerse solo en la cantidad de espacios o visitantes, sino en la calidad de lo que muestra.

Sobre el problema del público de las artes y un incidente durante mi recorrido

El viernes de ARTBO Fin de Semana, durante mi recorrido por San Felipe para calificar exposiciones, viví una situación bastante incómoda en un espacio expositivo.

Hacia las 5 de la tarde llegué a Casa Hoffman para ver Irrupciones, un ciclo de performances sobre la historia del género en Colombia, programado solo para ese fin de semana. Uno de los actos se estaba realizando afuera, pero por la lluvia y el frío decidí quedarme en el primer piso, viendo desde adentro.

Apenas me detuve, una señora empezó a gritar y a llamar al personal del espacio, diciendo que tenía miedo de que yo la fuera a asaltar. Me insultó de forma claramente clasista.
Un chico que estaba registrando la performance intentó calmar la situación y le explicó que yo estaba ahí como espectador. Le agradezco mucho ese gesto. Desde el espacio también trataron de que me quedara, pero ya me había afectado y preferí irme.

Más allá del episodio, queda una pregunta: ¿qué tipo de público estamos formando en los espacios de arte y qué responsabilidad tenemos en eso? No solo se trata de lo que se exhibe, sino de cómo se convive dentro de esos lugares.

Sé que algunos dirán que hablar de esto es buscar atención o generar conflicto, o que es mejor no decir nada porque “así es el medio”. No lo veo así. Señalar estas situaciones también es una forma de intentar que los espacios sean más abiertos y respetuosos para todos.

El año pasado, cuando conté algo similar sobre UNFAIR en el Hotel Tequendama, hubo críticas. Se dijo que eso dañaba la imagen del medio. Pero es extraño: pedir espacios menos excluyentes termina siendo mal visto.

También hay que decirlo: hablar de esto tiene consecuencias. Después de esa denuncia perdí oportunidades, relaciones y acceso a ciertos espacios.

Aun así, prefiero decirlo. Gracias a quienes escuchan, al chico que intervino en ese momento y a quienes apoyan la idea de que el arte también debería ser un lugar más amable.

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Artista / Estudiante de la Universidad Nacional de Colombia. Mi trabajo busca facilitar espacios que movilizan la reflexión, generando experiencias relacionales que cuestionan narrativas sobre el territorio, sus habitantes y sus luchas. Ahora comento sobre exposiciones. @jersonmurillolive
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