Robos cultos en Colombia

El hurto de un ejemplar de la primera edición de Cien Años de Soledad, no es el primer objeto de valor artístico que desaparece en el país. Cerosetenta hace un recuento de cinco insólitos robos “cultos”.

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Estefanía Avella Bermúdez

08.05.2015

La FILBO nos dejó sin Cien años de Soledad

Primera edición de Cien años de soledad de 1967. Foto: libroselaleph.blogspot.com
Primera edición de Cien años de soledad de 1967. Foto: libroselaleph.blogspot.com

 

Era del reconocido librero Álvaro Castillo, que en el homenaje de Gabriel García Márquez había prestado 31 libros del nobel para que fueran expuestos en el Pabellón Macando de la Feria del Libro. El ejemplar de la primera edición de Cien Años de Soledad, que tenía una dedicatoria del escritor, estaba bajo llave, pero ello no fue suficiente para evitar que el pasado sábado en la noche desapareciera.

“Yo presté el libro para hacer un homenaje a García Márquez y esto es un robo a todos los colombianos (…) Es una vergüenza para el país que un hecho como este suceda en la Feria del Libro, no porque me haya pasado a mí sino porque le pasó a todos los colombianos”, dijo Castillo esta semana. Hoy sigue sin haber rastro alguno de este libro.

Bolívar, tu espada vuelve a la lucha

Simón Bolivar. Foto: commons.wikimedia.org
Simón Bolivar. Foto: commons.wikimedia.org

 

Un grupo de jóvenes, de clase media-alta bogotana, el 17 de enero de 1974 dieron inicio a sus míticos y recordados actos con el robo de la espada del libertador, Simón Bolívar. La idea de esta guerrilla urbana que se llamó Movimiento 19 de abril (M-19) se inspiró en Los Tupamaros, un grupo guerrillero uruguayo que años antes hurtó la bandera del prócer José Gevasio Artigas quien fue el libertador de dicho país.

“Queríamos hacer un movimiento para el país, para la gente común y corriente, para la gente que quisiera cambiar este
país. Y el nacionalismo allí era un factor esencial que no veíamos en las FARC. Comenzamos a pensar en el tipo de 
operación político militar, que se relacionara con Bolívar, para reivindicarlo, para alejarlo de los libros de historia”, dice Álvaro Fayad, cofundador del M-19 y comandante de la operación, en el libro de Olga Behar Las guerras de la paz.

Ese miércoles en la tarde, al mismo tiempo que este grupo guerrillero se tomaba el Concejo de Bogotá, el personal de seguridad de la Quinta de Bolívar fue reducido y fue Fayad el encargado de entrar por la espada. Escapó con ella en un Renault 12 prestado, no sin antes dejar claro que ellos eran el tan anunciado M-19.

Desde entonces la espada pasó 17 años en manos del M. Según la crónica de la Revista Semana La ruta de la espada, primero estuvo en manos de prostitutas y luego, hasta 1976, del ilustre poeta León de Greiff. El paradero inmediatamente siguiente es incierto, pero se afirma que quienes custodiaron la espada por algunos años fueron reconocidos artistas e intelectuales cuyos nombres no se conocen con exactitud. Fue trasladada en varias ocasiones, pasó de estar contenida en un molde de cemento en el jardín de una casa en Bogotá a estar enterrada en el patio de una finca; hasta que finalmente en 1979 fue sacada del país para aterrizar en Cuba.

El regreso del símbolo al país fue en enero de 1991. El gobierno le había exigido a los dirigentes del M-19 que la espada debía volver para que se realizara una Asamblea Constituyente. El ahora congresista Antonio Navarro fue uno de los encargados de devolver la espada a la directora del museo de la Quinta de Bolívar y al día siguiente fue llevada por, orden del presidente César Gaviria, al Banco de la República; lugar en el que hasta hoy permanece.

Goya, tu grabado también vuelve a la lucha

‘Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer’  de Francisco Goya. Foto: Wikipedia.org
‘Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer’ de Francisco Goya. Foto: Wikipedia.org

 

En septiembre de 2008, el grabado ‘Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer’ del artista español Francisco Goya, fue robado de la Casa Museo Gilberto Alzate Avendaño. La noticia causó revuelo no sólo por el hecho sino porque “un grupo, hasta ahora desconocido,” -como lo denominó en aquel momento el diario El Espectador– se había atribuido el robo.

Un comunicado firmado por el Comando Arte Libre S 11 apareció en Esfera Pública, un portal de internet de arte en donde el uso de la parodia es habitual. El documento justificaba el hurto como protesta a la “burocracia del arte” y lo hacía utilizando como base el comunicado que el M-19 publicó tras el robo de la Espada de Bolívar en 1974. Pero lo cierto era que Lucas Ospina, profesor de Arte de la Universidad de los Andes, era quien había escrito aquel texto titulado Goya, tu grabado vuelve a la lucha. En la carta en la que reconoce que fue él quien publicó el comunicado, expresó que los medios de comunicación hicieron que una parodia descontextualizada adquiriera visos de verdad.

El cuadro, finalmente, fue recuperado unos días después en un hotel del centro de la ciudad y el General Palomino, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, se refirió al tema diciendo: “gracias a dios y la virgen apareció el cuadrito”.

San Francisco sin ciervo

Escultura San Francisco de Asis en Iglesia la Porciúncula, Bogota. Foto: Publimetro.com
Escultura San Francisco de Asis en Iglesia la Porciúncula, Bogota. Foto: Publimetro.com

 

Hasta marzo de 2012 San Francisco de Asís estuvo acompañado por un ciervo y un lobo. Ahora, solo queda el lobo. En las afueras de la iglesia de la Porciúncula ubicada en la zona de Chapinero en Bogotá, está la escultura del santo patrono de los animales que hace algunos años fue despojada de una de sus partes. El ciervo estaba hecho en bronce y se calcula que su peso era de 200 kg aproximadamente.

Frente al hecho sólo se supo que quienes se lo llevaron utilizaron un tipo de ácido para desprender el ciervo de su base. Nunca se esclareció quiénes fueron los ladrones ni que pasó con la escultura, pero se cree que ésta ya fue fundida.

Por la puerta del edificio salieron 45 cuadros

Museo Rayo en Roldanillo, Valle del Cauca. Foto: commons.wikimedia.org
Museo Rayo en Roldanillo, Valle del Cauca. Foto: commons.wikimedia.org

 

No fue uno, fueron 45. El reconocido pintor, escultor y grabador colombiano, Omar Rayo, había dejado tras su muerte varias obras en su taller –ubicado en un edificio en el centro de la ciudad-. Éstas hacían parte de la colección de obras del Museo Rayo que había sido fundado por el artista.

En abril de 2011 su esposa, la poeta Ángela Pizarro, se percató del hecho. Fuero 45 cuadros de gran formato y enmarcados que salieron del edificio sin que nadie se percatara de ello. Las obras permanecían en el que fuese el taller de Rayo porque en el museo se estaban realizando algunas adecuaciones para que éstas fueran exhibidas.

A principios de este año, Pizarro le contó al diario El País de Cali que desde hace cuatro años este hecho se convirtió en una tediosa espera. La Fiscalía aún no da con el paradero de las obras, hasta al momento hay un solo sospechoso que no se presenta a las audiencias y los constantes paros judiciales no permiten que aquellos cuadros sean recuperados, afirma la poeta.

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