Manejar un proyecto histórico pero con sello naranja: el dilema de Pilar Ordóñez con CoCrea

Uno de los incentivos que más riesgo corrió en la debatida Reforma Tributaria fue el gestionado por CoCrea. Se trata de una deducción a empresas, en su declaración de renta, del 165 % del valor de su inversión en proyectos culturales y creativos. En esta entrega de nuestra serie de entrevistas Perifonea: voces ultravioleta, hablamos con Pilar Ordóñez directora de CoCrea.

La Corporación Colombia Crea Talento, más conocida como CoCrea, es una estrategia sin ánimo de lucro que desde que empezó a operar, a mitad de 2020, fomenta la inversión de fondos privados en proyectos creativos y culturales en el país. Fue creada por Iván Duque como parte de su bandera cultural de Economía Naranja y, desde finales de 2021, es dirigida por Maria del Pilar Ordóñez, quien venía de ser subdirectora de Cultura de Bogotá y que cuenta además con una larga trayectoria en el sector público. 

El rótulo naranja de la organización, sin embargo y según Ordóñez, fue perjudicial para que en los debates de aprobación de la Reforma Tributaria de Gustavo Petro se viera con buenos ojos lo que CoCrea propone. No fue el único incentivo cultural que estuvo en riesgo, con el primer texto presentado de la reforma, los estímulos de exención del sector editorial y audiovisual también peligraron, pero ante la llamada de atención de personas de esos sectores, fueron estímulos que lograron salvarse. Y aunque el estímulo de CoCrea finalmente quedó en pie, el camino que tuvo que recorrer para no ser eliminado fue más arduo. 

Críticos de la economía naranja como el director del Festival de Manizales, Octavio Arbeláez, el crítico de cine Pedro Adrián Zuluaga o la escritora Pilar Quintana salieron en defensa de CoCrea. También lo hizo de manera activa el representante a la Cámara Daniel Carvalho, convencido, al igual que los otros tres, del aporte que esta iniciativa hace a la macroeconomía nacional —es decir, no es solo de la economía de los mercados particulares; también el PIB, desempleo, inflación o crecimiento económico—. 

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La economía naranja puso en el centro del debate nacional las industrias culturales y economías creativas como nunca antes. Pero su implementación produjo un abandono territorial, hubo censura a la libertad de creación y desestructuró el Ministerio de Cultura, el encargado de promover esa política pública.

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Con el incentivo se han financiado 95 proyectos creativos y culturales de 11 departamentos del país, a la fecha, movilizando más de 200 mil millones de pesos en su ejecución. Estos proyectos, según lo proyectado por CoCrea, emplean a 4.685 personas en todo el territorio nacional dinamizando las economías regionales y los procesos de reactivación económica y social. El apoyo de CoCrea al sector cultural se realiza mediante tres modalidades: primero, una selección de proyectos culturales elegidos mediante convocatoria que buscan el apoyo económico de financiadores privados para que obtengan una deducción del 165% en la base gravable sobre el valor aportado. Segundo, brindar esa misma deducción tributaria a proyectos que reciben financiación de terceros y, por último, una deducción similar a proyectos con aportes propios, es decir, empresas culturales.

La convocatoria que hace CoCrea es fruto de un convenio que nace con el Ministerio de Cultura en el Gobierno Duque. El incentivo tributario a la economía creativa y cultural —recientemente llamada naranja— es el resultado de un diálogo que viene desde los años 70 en el mundo. Este incentivo es de la nación y hay una cartera como titular.

CoCrea logró, a su vez, atraer la participación de varios ministerios, universidades, cajas de compensación, cámaras de comercio para, en palabras de David Melo, exviceministro de Cultura y experto en políticas públicas, “constituir el mejor instrumento para manejar incentivos fiscales”. 

Primero CoCrea convoca a creadorxs del país. De estos creadorxs, muchos aplican para la categoría de Proyectos sin Aportante Identificado (PAI). La convocatoria de este año estableció que se prioricen 40 de las propuestas recibidas seleccionadas con base en criterios como tipo de poblaciones atendidas, territorios, género, impactos, etc. y con ellas se hace un acompañamiento comercial dedicado para acelerar la búsqueda de financiación. A las iniciativas que ya tienen recursos identificados, por otro lado, también les deducen y, con las empresas que quieren financiar sus iniciativas, pasa lo mismo. CoCrea, entonces, entrega un incentivo fiscal a los inversionistas en cultura y lo hace basado en un acuerdo que tienen esos inversionistas con el Ministerio de Cultura. ¿Qué significa? Un acuerdo de voluntades entre el sector público y privado aunque el beneficio lo maneje la nación.

Es un modelo innovador de financiación cultural que no solo otorga el peso del mecenazgo al Estado, sino que lo reparte con la empresa privada y genera ganancias para la economía del país. ¿Por qué entonces no les sonó al Ministro de Hacienda, Ocampo, y al director de la DIAN, Luis Carlos Reyes? Entrevistamos a Maria del Pilar Ordóñez, directora de la entidad, para entenderlo.

¿Cree que el país entiende el qué, el cómo y el para qué de CoCrea?

Ese fue un gran equívoco que hubo desde su creación. CoCrea tiene tres puertas de entrada: una para los proyectos culturales y creativos que no tienen recursos, otra para los proyectos que tienen un donante o inversionista ya identificado y otra para las empresas culturales que quieren aprovechar el beneficio tributario en sus propias finanzas. Sin embargo, se entendió al principio que esta entidad sería la encargada de buscar financiación para todos los proyectos culturales y creativos del país, incluso los que no pasaban por convocatoria, para ser avalados.

Aunque CoCrea hace actividades generales permanentemente como ruedas de negocios, socialización de proyectos, presentación a inversionistas, etc., la convocatoria es donde realmente impacta —y por lo que más se le conoce—, que permite seleccionar a un número de proyectos nacionales para robustecerlos. A esos seleccionados los llamamos “Los 40 principales”, porque son 40 proyectos que se ven realmente beneficiados. 

En la primera convocatoria se postularon proyectos que en un 80 % no contaban con financiadores. En la que acabamos de cerrar, a la que se presentaron 844 iniciativas, más del 50 % sí tienen quién les auspicie. Ese giro significa que cada vez más el país entiende que la única fuente de recursos para la cultura no viene del sector público y que cada vez está más claro que CoCrea funciona como incentivo fiscal y no como subvención de arte, exclusivamente. El real beneficio tributario, además, se ve reflejado en el futuro, como todo lo tributario pero, por primera vez, estamos viendo en las declaraciones de renta de inversionistas y donantes la resta en impuestos que logramos mediante decreto. 

Para que el país y toda la cadena de valor cultural y creativa entienda cómo funciona, se requiere tiempo. 

Hay expertxs que hablan de la creación de Cocrea como una de las pocas iniciativas de la economía naranja que funcionaron. ¿Usted está de acuerdo con ese postulado? 

Como lo saben las personas que me seleccionaron para este cargo, que es mi junta directiva, he sido una mujer crítica de la economía naranja. Pero creo, pese a todo, en la potencia de una iniciativa de estas. Más allá de verla como uno de los legados del Gobierno Duque, la veo como un aporte al sector creativo que es valioso y que refleja un cambio en el país. La iniciativa es tan flexible que puede, incluso, reflejar los distintos postulados del nuevo Gobierno. Como mecanismo de corresponsabilidad, o de cofinanciación, es bastante valioso, y los que hemos trabajado en el sector cultural toda la vida lo sabemos: llevamos 20 años intentando una ley de mecenazgo particular, que es esta.

¿Por qué cree que ha tomado tanto tiempo el debate sobre el apoyo a la cultura en Colombia, sea público o privado?

Es importante anotar que este beneficio viene del 2003, también para quitarle el tinte naranja que resulta tan antipático, y que es un beneficio que hemos visto funcionar de una forma exitosa como el cine, que ha tenido una trayectoria increíble. 

Hubo varios intentos de crear beneficios para quienes invierten en cultura y de conectar esta con fondos privados. Uno en el primer periodo de Álvaro Uribe Vélez (2002-2006) en el que estuvo Maria Consuelo Araújo como Ministra de Cultura. Allí, en el 2003, se sentó un precedente cuando se habló por primera vez de beneficios para quienes apoyaran proyectos creativos. Por eso, creer que esta organización tiene solo tinte naranja no tiene ningún sentido. Hay otras bases sentadas como la Ley de Cultura de 1997 e incluso, antes de esa ley, todo el trabajo que consolidó Colcultura. 

CoCrea además expande el trabajo de la Ley de Cine que abonó el camino de este tipo de incentivos. Pero el sector creativo es amplio y diverso y la cinematografía es un solo sector que además se industrializa rápidamente; mientras que el teatro, la música, la danza, la artesanía, el diseño, la arquitectura, la moda, entre otros, requieren de planes específicos que incluyan, entre otras, discusiones sobre derechos de autor. Es bastante difícil sacar adelante una política pública de este talante y también lograr que sea unívoca en el tiempo. Y eso tiene que ver, justamente, con que el tránsito legislativo no lo tenga en cuenta como pasó con la Reforma Tributaria.

En muchas de las entrevistas que hicimos sobre economía naranja, varias fuentes coincidieron en que hay una dificultad para avanzar en políticas públicas sobre industrias creativas si no se hace antes el mapa de la diversidad cultural en el país. ¿Cree que sigue haciendo falta este instrumento que han prometido desde hace una década?

El mapa cultural… De hecho hay muchos mapas ya levantados. Hay uno con enfoque antropológico, otro solo con actores culturales, otros pensados desde la producción. Lo cierto es que debemos pararnos en un mapa que vaya más allá de la división político-administrativa del país. Ese ha sido un interés de CoCrea, cubrir territorios para poder desarrollar proyectos en un mapa cultural que no solamente reproduzcan el centralismo cultural colombiano. 

Por el momento, CoCrea está principalmente en Bogotá, Cali y Medellín, como todo en lo cultural. Traspasar las fronteras territoriales no es fácil porque, por ejemplo, el joropo —que es un género musical y danza tradicional de Venezuela​​​​ y Colombia— está presente en los Llanos Orientales, y no en Casanare o Meta exclusivamente. Eso demuestra que hay un mapa cultural que trasciende las divisiones político-administrativas y es el mapa que CoCrea y el país necesita ver. ¿Cuándo? Primero necesitamos que, al menos, el incentivo que gestionamos no desaparezca.

El que ofrece CoCrea fue uno de los incentivos en cultura que estuvo derogado durante gran parte de los debates de la Reforma Tributaria en el Congreso. Y con este entraron en riesgo los incentivos del cine y del sector editorial. ¿A qué cree que se debe esto?

Esta Reforma Tributaria no es diferente a las anteriores: en todas, los incentivos en cultura son los primeros que sacrifican y que luego reintegran. Pero en esta ocasión sí creo —y nos explicaban algunos de los congresistas amigos del Ministerio de Cultura— que tenemos un sello naranja que ha sido perjudicial. Hay cierta resistencia y no solo del Gobierno. 

Lo que hemos tratado de hacer, articulados con el Ministerio de Cultura y con varios agentes simpatizantes del sector, es informar: explicar que la economía creativa existe desde los años 70 en Colombia, que no se le ocurrió a Iván Duque una noche. Informar, además, que CoCrea tiene tales y tales áreas de trabajo y tales y tales resultados. Por ejemplo, tenemos 93 proyectos en ejecución que mueven alrededor de 201 mil millones de pesos, algo prometedor, ¿no?. 

Precisamente la ministra de Cultura, Patricia Ariza, tuvo que entrar en conversación con el Ministerio de Hacienda para poder transmitir ese mensaje y lograr que el beneficio que gestiona CoCrea pueda continuar. El trabajo que estamos haciendo con el Ministerio de Hacienda ha consistido en que este entienda que el hecho de que CoCrea tenga un sello de uno u otro gobierno, o que venga de algún momento histórico, no tiene por qué hacer que pierda su bondad.

Este Gobierno quiere ahorrar, sin embargo, el presupuesto del Ministerio de Cultura creció siete puntos: pasó de 314 mil millones de pesos a 500 mil millones, aproximadamente. ¿Cómo explica que CoCrea quede por fuera de esa prosperidad? 

Sí, efectivamente es un dilema. La inversión directa pública ha tenido una buena noticia en cultura, que es ese incremento. Sin embargo, los otros beneficios se fueron quedando ahí… Creemos —e insisto— que el talante naranja de CoCrea no ha jugado a su favor y nos ha tocado hacer un gran esfuerzo de pedagogía. No existe otra herramienta que garantice una articulación de lo público con lo privado para beneficiar a la cultura. Afortunadamente la Reforma Tributaria final no lo derogó como sí sucedió con el texto previo que se debatió en plenarias. 

Soy una trabajadora del Estado colombiano y sé que cada vez que hay un cambio de gobierno hay revisión de cada cosa. Ahora el país está viviendo por primera vez un gobierno de izquierda, pero eso, sin embargo, no es pretexto para que se pierda un incentivo que funciona. 

Nosotros estamos pidiendo un reconocimiento dentro de la política macroeconómica actual y queremos que todos los gobiernos entiendan lo siguiente: no es solamente el rédito económico que deja un incentivo, es también el valor simbólico alrededor de lo que se estimula mediante política pública. Estos dos no son excluyentes: un buen rendimiento financiero en últimas aumenta el valor simbólico. El incentivo de CoCrea tiene muchos controles y garantías de éxito que no tienen la mayoría de incentivos en otros sectores. Tenemos un cupo fiscal que funciona como una llave que se puede abrir y cerrar, sí, pero también modular. 

Mencionó el aporte de la cultura a la macroeconomía del país, ¿puede mencionar cifras? 

La movilización de los recursos para financiarnos suman más de 200 mil millones. Con esa tendencia que tiene CoCrea, de manera conservadora, en un cuatrienio movilizaría 1 billón 300 mil millones de pesos en proyectos creativos y culturales. Esa es una cifra que en el sector no resulta menor. En otros sectores puede ser una cifra menor, pero en cultura, 1 billón 300 mil millones es bastante. 

Hay rentabilidades que no son económicas, como la empleabilidad. En Antioquia, por ejemplo, dicen que somos un instrumento para el diálogo improbable. Hay muchos proyectos en la Comuna 13 de Medellín inscritos en Cocrea, avalados y algunos en ejecución, y por ejemplo el Grupo Éxito invierte y sigue interesado en hacerlo. Cada caso tiene un rédito importante que no necesariamente está asociado al dinero, aunque puede pasar por ahí. 

Después de haber logrado que el incentivo de CoCrea no se derogara con la última Reforma Tributaria se supo, sin embargo, que podían modificarlo más adelante. ¿Tiene alguna preocupación al respecto? 

Sí. Agradecemos y siempre recibiremos el apoyo de quienes ven en CoCrea lo que contiene. Lo que necesitamos ahora es que vean el valor no solo quienes son titulares de proyectos creativos o culturales, financiadores o comunidad usuaria, también los entes aliados como el Ministerio de Hacienda que sabe el aporte que esto contiene en términos de crecimiento económico nacional. 

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