Pray for Paris. Oremos por Colombia

Ante la solidaridad manifestada en diversos lugares del mundo, entre ellos Colombia, por los atentados en París el pasado 13 de noviembre, el sentimiento de duelo, acompañado muchas veces con la oración a un dios, es una forma de cohesión social encaminada a abrir una nueva etapa hacia la paz.

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Diana Zerda- Miembro del Comité de Paz del CEU

22.02.2016

El 13 de noviembre el mundo se unió a favor de París; “Pray for Paris” decían en las redes sociales. La iniciativa de orar masivamente por un país o una sociedad llama la atención, no principalmente por despertar adormilados creyentes sino por convocar a orar -en cualquiera de las religiones, a cualquier Dios- para pedir por la recuperación de la paz perturbada y por las víctimas que dejaron los sucesos violentos en la comunidad.

Francia asumió el dolor. El país entero se solidarizó con la capital. También, a través de las redes sociales, personas de distintas partes del mundo manifestaron su apoyo. Los colores rojo, blanco y azul invadieron las fotos de perfil, aun cuando aquellas fotos de perfil no fueran de nacionalidad francesa. La fraternidad se vivió, esta vez, por fuera del lema nacional francés.

La polémica se desató: ¿por qué vendrían ahora los colombianos a solidarizarse con el país del norte después de tantos años de indiferencia contra la violencia y conflicto que han vivido? Recuerdo comentarios que rechazaban la iniciativa diciendo que estas personas deberían ponerse la bandera de Colombia. Pero no hay que olvidar que sí se han realizado plegarias por Colombia, que desde hace tiempo se está pidiendo por la Paz.

Quiero recordar una oración en especial.

GAITÁN. Oración por la paz.

“Dice Gaitán: “Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio”.

Hace algunos años, el 7 de Febrero de 1946, una persona se paró a dar un discurso frente a una multitud reunida en la plaza de Bolívar. Ese día, Jorge Eliécer Gaitán dirigió públicamente una oración por la Paz. Esta vez no quería la atención de Yahvé ni de Alá, sino de un “dios en la tierra” en cuyas manos estaba el timón del futuro y presente del país: el presidente Mariano Ospina Pérez.

Su oración clamó por la paz y la piedad para la patria, por el ejercicio de poder del presidente para imponer el cumplimiento de las leyes y evitar el derramamiento de sangre de los colombianos. Le recuerda sus obligaciones como presidente, diciendo: “Impedid, señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana”.

"Pidamos por la paz, reclamemos por la dignidad de la vida humana y de los civiles inocentes que cobró un conflicto armado cuya resolución se postergó durante muchos años. Cartas abiertas, oraciones, manifestaciones y demás formas, escoja la que mejor se ajuste a su manera. Un pueblo tiene el deber de recordar a sus políticos las obligaciones que han de cumplir."

La multitud a su alrededor estaba en silencio. Ondeaban banderas de Colombia que, al igual que las francesas, estaban enlutadas por los atentados ocurridos contra el pueblo. La conmoción en la plaza de Bolívar era absoluta. El pueblo hacía un llamado por la paz, por el cese de la violencia del momento.

Más adelante dice Gaitán: “Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio”. Setenta años después, en los diálogos de La Habana, en los que se negocia la paz, se materializan paulatinamente las peticiones hechas en las plegarias de tres generaciones de colombianos. El gobierno cede con algunos puntos de la agenda, y las Farc asumen responsabilidad de sus actos, por ejemplo, pidiendo perdón por la masacre de Bojayá.

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Pidamos por la paz, reclamemos por la dignidad de la vida humana y de los civiles inocentes que cobró un conflicto armado cuya resolución se postergó durante muchos años. Cartas abiertas, oraciones, manifestaciones y demás formas, escoja la que mejor se ajuste a su manera. Un pueblo tiene el deber de recordar a sus políticos las obligaciones que han de cumplir.

Tres meses después de los atentados multi-situados que ISIS llevó a cabo en París, la pugna por la paz cobra cada vez más fuerza en los medios. La lucha contra el terrorismo se vuelve un punto importante a tratar por el gobierno francés, los parisinos conmemoran a las víctimas del ataque, las escuelas buscan formas de explicar y comprender la multiculturalidad, el ejército reporta aumentos de personas enlistadas para servir el país, incluso los bancos de sangre cuentan con una donación en crecimiento. Las personas buscan cualquier forma posible de ayudar, apropiándose de su deber como ciudadanos para hacer algo y tomar un papel activo en la situación.

Considero que esto es una muestra de cómo el apoyo del pueblo es vital en el proceso de conseguir la paz. Si bien la historia y las condiciones del conflicto son completamente divergentes en Francia y en Colombia, la comparación deja la enseñanza de cómo la unión del pueblo obtiene resultados. Así como se sintió una exasperación frente a las personas que se compadecieron por los sucesos de la Ciudad de las Luces -antes que por su país-, debería haber lugar para el debate interno, para despertar al pueblo de la indiferencia, para no solo rezar por la paz, sino también incluirse y hacer parte del proceso que esto implica.

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