Columnas

Padres e hijos en la Anatolia de Ceylan

En la última película del director turco, una historia de familia es en realidad la ocasión para una reflexión existencial.

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Alessandra Merlo

15.03.2019

Puede ser del todo casual y depender exclusivamente del azar con que uno escoge ver películas en un festival, pero algo parece colarse de una película a otra, de un documental a una ficción de este FICCI. En las charlas de los intervalos y de las esperas, los espectadores nos preguntamos por qué será que volvimos a ver tantas veces esa relación (necesariamente conflictiva) entre hijos y padres. Sobre todo, padres hombres, procreadores y creadores. Lo digo pensando en producciones tan distintas como The image you missed, Niña errante y Of Fathers and Sons(espeluznante recuento – esta última – de la relación entre un padre yihadista sirio y sus hijos hombres, en nombre de un fanatismo intransigente y absoluto). ¿O será, simplemente, que el cine solo habla de eso, de la eterna pelea por la autoridad paternal?

"¿O será, simplemente, que el cine solo habla de eso, de la eterna pelea por la autoridad paternal?"

¿Sera que éramos nosotros los que no nos habíamos dado cuenta y nos distrajimos con otros fantasmas del deseo?

Y puesto que no se trata solamente de personajes y narraciones, de historias y lugares, sino también de imágenes de ahora que dialogan y pelean con imágenes de ayer (como anoté en una nota anterior), entonces ese conflicto se configura como una afirmación: quien viene después – en línea cronologica – siempre tendrá la última palabra sobre la generación de los padres.

Quizás por acá podemos meternos en una de las mejores películas del festival, El peral salvaje, del director turco Nuri Bilge Ceylan (Winter sleep, Three monkeys, Érase una vez en Anatolia), que se construye a partir de la confrontación entre un padre débil y fracasado y un hijo al punto de serlo. Detrás de ellos, en la region de Çan, hay miles de años de padres embusteros, como recuerda la silueta del caballo de Troya, cuyo monumento triste adorna una plaza del pueblo.

Pero Ceylan, en sus espacios domésticos de puertas entreabiertas, en sus paisajes siempre al borde de lo simbólico (viento, nieve, hojas,  pintados de grises y azules…), nos dice repetidamente a lo largo de las tres horas de la película que este padre y estehijo están apelando a algo más, que es un destino común de derrota. El hijo, que es el protagonista  omnipresente a lo largo de la película, acaba de publicar su primer libro, cuyo título es El peral salvaje. Nunca vemos el árbol, así como nunca leímos o escuchamos algo del libro, porque el peral es, muy probablemente, el mismo protagonista. Esto lo entendemos al entrar y salir de sus sueños, o de sus imaginaciones, y al acercarnos cada vez más a él. Torcido, malogrado, pero resistente, casi indiferente.

En los cruces de los caminos y los encuentros, en el paso de personajes y perros por la pantalla, la imagen que queda parece ser una revisitación del mito de Sísifo.

Sin embargo, en lugar de ver al héroe subir una roca hasta el tope de una montaña, desde donde siempre estará destinada a caer, acá la representación del mito se da en el esfuerzo de sacar una piedra de un pozo y – cuando ésta ya está por alcanzar la superficie – verla deslizarse de la cuerda que la amarra y caer. Empresa inútil, la de tratar de escavar cada vez más profundo, puesto que solamente en el sueño el pozo se llena de agua. Queda la cuerda colgando sobre el pozo, en una especie de premonición siniestra.

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