No son los gatos, es el parásito toxoplasma

Una mala interpretación de investigaciones científicas lleva a un medio de comunicación a poner un titular que alerta sobre “las enfermedades mentales que pueden transmitir los gatos”. Marlly Guarín, médico veterinario, aclara las impresiones que pueden hacer que una persona quiera deshacerse de su mascota

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Marlly Guarín

21.10.2015

El medio de comunicación NTN 24 publicó, la semana pasada, una noticia titulada “¿Los gatos pueden ‘contagiar’ enfermedades mentales? Esto fue lo que revelaron dos estudios”. No hay duda de que lo primero que va a pensar una persona cuando vea una noticias de esta es que debe deshacerse de su gato gracias a un titular amarillista y a la malinterpretación de dos investigaciones, una de ellas publicada en el 2003.

Lo primero que se debe aclarar es que si bien es cierto que los gatos son reservorios del parásito toxoplasma, no todas las personas que estamos en contacto con ellos vamos a contagiarnos con el parásito. Para que el toxoplasma sea adquirido por humanos, es necesario que los gatos se contagien por el consumo de roedores o de carnes crudas y esto es difícil que suceda con felinos domésticos que no están en las calles.

"Sesgarse a la consideración de que el gato es el único que contagia toxoplasmosis y que por ello se presenten enfermedades mentales, resulta completamente inadecuado"

Además, es clave mencionar que el gato no es el único reservorio de este parásito. También hay otras fuentes de infección como los roedores y el consumo de carnes contaminadas y mal cocidas y de frutas y verduras que hayan sido regadas con aguas que estuvieran contaminadas con el parásito. Entonces sesgarse a la consideración de que este animal es el único que contagia toxoplasmosis y que por ello se presenten enfermedades mentales, resulta completamente inadecuado. Esto sin contar que si bien el toxoplasma sí puede producir enfermedad del sistema nervioso central porque tiene tropismo por cerebro, médula espinal y nervio óptico, no es una causa directa de enfermedades mentales; sólo se reporta signos clínicos de toxoplasmosis en personas inmunosuprimidas y en neonatos. En adultos, el sistema inmunológico es el adecuado para controlar el parásito.

El artículo de NTN 24 menciona dos investigaciones. La primera y sobre la que más enfatiza, “Toxoplasma gandii and Schizophrenia”, fue realizada en el 2003 por científicos de la Universidad de Johns Hopkins. Los expertos desarrollaron un estudio epidemiológico y lograron determinar que la exposición a gatos en la niñez era un factor de riesgo para el desarrollo de esquizofrenia. No obstante, es necesario considerar que las personas analizadas nacieron en la década de 1950, momento en el que la tasa de salubridad era mucho menor. Ahora los gatos en las ciudades están mucho más domesticados lo que hace que la probabilidad de que el felino adquiera el parásito no sea tan alta. Además, es muy fácil determinar que una persona tuvo contacto con gatos en su niñez, pero no es igual de fácil hacer esta misma correlación con las otras fuentes de transmisión del parásito. Esto hace que la asociación no sea tan precisa.

El segundo estudio, publicado en el 2015 y llamado “Beyond the association. Toxoplasma gondii in schizophrenia, bipolar disorder, and addiction: systematic review and meta-analysis”, reitera que la infección por toxoplasma está relacionada con la esquizofrenia. No obstante, no se menciona el gato como factor de riesgo. Dice que las enfermedades mentales se correlacionan con el parásito, pero no están hablando de la fuente de infección que, se sabe, es muy difícil de determinar. De ahí que sea preciso cuestionar las conclusiones poco acertadas que publicó NTN 24 dicha noticia.

 

*Marlly Guarín es Médico Veterinario, coordina las actividades del Comité Institucional para el Cuidado y Uso de Animales de Laboratorio (CICUAL) y del Programa de cuidado de animales usados en investigación (PICUAL) de la Vicerrectoría de Investigaciones y Doctorados de la Universidad de los Andes.

[Las consideraciones expresadas en esta nota no representan necesariamente la opinión de la Universidad de los Andes]

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