Crónicas de Lilliput

La Rabia de Amaury

Ya Amaury no tiene pesadillas. Ya han pasado mas de diez años desde que las AUC repartieron panfletos en La Bonga, el pueblo en las faldas de Los Montes de María en el que Amaury nació. Les dijeron que tenían 24 horas para salir de su pueblo. Amaury no se llevó mucho con él. “Hubo […]

Alejandro Gómez Dugand

28.08.2013

Ya Amaury no tiene pesadillas. Ya han pasado mas de diez años desde que las AUC repartieron panfletos en La Bonga, el pueblo en las faldas de Los Montes de María en el que Amaury nació. Les dijeron que tenían 24 horas para salir de su pueblo. Amaury no se llevó mucho con él. “Hubo gente que dejó comida en el fogón”. Amaury no anda por la vida contándole a todo el mundo que es desplazado por la violencia. De hecho, hay que acosarlo para poder conocer su historia. Hoy, vive y trabaja en San Basilio de Palenque.

–¿Rabia? No. Ya no tengo rabia. Miedo tampoco. Rabia de pronto de la manera en la que la gente trata a los desplazados acá. Piensan que somos ladrones.

En el pueblo que Amaury dejó atrás hubo violaciones, tortura y muertes. Era el 2001, Amaury era apenas un niño cuando le tocó dejar sus juguetes. Hoy sueña con hacer una carrera universitaria.

–¿Rabia? No. Pero sí quisiera volver al pueblo.

Que hubo decapitados. Que hubo destrucción.

¿Rabia?, pregunta Amaury. No. Rabia no. Pesadillas sí, durante algún tiempo. Ya no.

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