La oreja caliente

“El tesoro que tuvimos siempre bajo los pies”, Chancha Vía Circuito

La música latinoamericana de vanguardia está mirando hacia adentro. Al suelo. Hacia el tesoro sobre el que siempre ha caminado.

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Juan Camilo Chaves

21.04.2015

Pedro Canale –más conocido como Chancha Vía Circuito– es uno de los productores argentinos más importantes de la última década. En su propuesta confluyen músicas latinoamericanas tradicionales y sonidos de avanzada electrónica, borrando fronteras y límites para crear sonidos de vanguardia.

Su música es como una deriva por los Andes y el Amazonas, como una Ayahuasca con su psicodélica; es paisaje, ritual y consciencia de los sentidos.

Pedro pasó por Bogotá en una visita relámpago, para presentarse por primera vez en el país. Es un hombre sereno, de pausas largas al hablar y de voz baja. Uno que piensa cada palabra que dice. También, Pedro no repite un solo color en su ropa. Lleva puesto un saco naranja con tejidos tradicionales latinoamericanos, pantalón beige, medias moradas y zapatos verde oliva.

 

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Foto: Pedro Quintans

 

¿Por qué un productor decide en este momento apostarle al folclor y a la tradición de la música latinoamericana?

Lo que pasó fue que a raíz de un viaje que hice por el norte de Argentina, Bolivia y Perú, redescubrí de alguna manera estos ritmos folclóricos. Si bien los había escuchado en mi casa cuando era chico, no les había prestado atención, estaba interesado en otras cosas. Entonces cuando empiezo a viajar me los encuentro otra vez, en un estado muy vulnerable, muy sensibilizado por la zona, la cultura y el paisaje. Ahí es cuando realmente encuentro como “wow, acá hay algo importante”. Lo sentí muy fuerte y así fue como empezó a nacer este interés, a investigar la cumbia, el folclor de los Andes, el folclor de mi país.

 

Cuando escucho tu música encuentro muchos sonidos tradicionales, muchos referentes a sonidos ceremoniales indígenas. ¿Hay alguna decisión deliberada de involucrar algo espiritual en tu música?

Las composiciones que hice empezaron a reflejar una búsqueda espiritual que venía haciendo paralelamente al trabajo de componer. Y bueno, esa búsqueda espiritual tenía que ver con investigar las plantas y el mundo chamánico, el mundo más indígena. Un poco de lo que escuchás es cierto, empieza a notarse algo de lo ritual, un poco de la cadencia que tiene la música de la ceremonia.

"Un sueño para mi hacer algo con con Petrona Martínez, con Totó o los Gaiteros"

Hay una preocupación generacional de artistas en Latinoamérica que están queriendo recuperar sonidos. A veces los latinoamericanos estamos más lejos de nuestras músicas que gente por fuera. ¿Cómo ves esa escena? ¿Cómo ves a bandas como Kali Musta, Conector, Miss Bolivia?

Sí, es interesante porque eso es recuperar el tesoro que tuvimos siempre bajo los pies. No estábamos viendo. Mucha gente de afuera se dio cuenta que acá había algo muy vivo y muy rico musicalmente, con mucho valor. Y era hora que nosotros lo viéramos. Es lindo ver que cada vez más gente se contagia de esta inquietud y aparecen más productores y bandas. Y todos comienzan a fusionar los ritmos de raíces con nuevas tecnologías y ritmos. Es muy importante, reivindica no solo una identidad sonora, sino un estado en el que la música se hacía con más contacto con la naturaleza. Con un compromiso distinto al de hoy.

 

Hay una preocupación por estas músicas tradicionales, pero también hay una apuesta por la reinterpretación y sobre todo por la música electrónica. ¿Qué te hizo llegar a ti a este punto, a esa confluencia?

La música electrónica me gusta como empíricamente todo lo que tiene para ofrecer, como un infinito. Venía de la adolescencia, de escuchar a Tricky, Björk, Portishead, Massive Attack, minimal techno, IDM y dub. Pero también por otro lado el folclor, escuchaba a los cantautores de Chile como Victor Jara, Violeta Parra, Quilapayún, Inti Illimani; en mi país Atahualpa Yupanqui, José Larralde. Y después lo que entró muy fuerte fue la cumbia colombiana, la mexicana, la argentina, la peruana, fue un combo así que entró en la misma licuadora.

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¿Crees que con esta explosión de sonidos diversos los géneros aún son útiles? ¿Crees en los géneros como categoría?

No tengo nada en contra de la categorización. Ayuda a ordenar ese universo, no tiene nada de malo. Lo importante –y lo que no hay que olvidar– es que la música en definitiva es una sola. Clasificaciones puede haber millones, pero en esencia es eso: el sonido y cómo uno juega con eso.

 

Hay una canción que me gusta mucho, se llama “Jardines”, y la cantas con la colombiana –radicada en Canadá– Lido Pimienta. ¿Cómo surgió esta canción?

A Lido la contacte por MySpace, cuando existía esa plataforma. Me habían gustado muchísimo sus canciones, me había enamorado de su voz. Entonces al poco tiempo ya le estaba escribiendo y le estaba diciendo si quería colaborar conmigo. Tardamos un par de años en concretarlo, pero al fin hice una pista. Se la mandé, le encantó y me devolvió la letra con la melodía. Yo trabajé con eso en mi casa y así nació la canción.

 

¿A distancia?

Nació a distancia. El ping pong de los archivos.

 

Es tu primera vez en Colombia, ¿cómo ha sido la relación con nuestro país?

Me he cruzado en el camino con Mario Galeano, con Frente Cumbiero, con Meridian Brothers. Son propuestas que me resultan muy interesantes. Y bueno, todavía no he colaborado más que con Lido Pimienta, pero es como un sueño para mi hacer algo con con Petrona Martínez, con Totó o los Gaiteros…con los grandes del folclor colombiano. No sé si es soñar mucho, pero soñar es gratis.

 

Bueno, ¿y qué está escuchando Chancha ahora?

Me gusta mucho lo que está haciendo Psilosamples de Brasil, Nicola Cruz de Ecuador. Escucho también mucha música de África. De Nigeria sobretodo, el afrobeat. El Búho, un artista que está bastante emparentado con mi trabajo. En argentina Barda, Sidirum, Barrio Lindo. Helado Negro de Ecuador, hay cosas muy lindas pasando.

 

Acabas de tocar en festivales como SXSW y Lollapalooza Argentina. ¿Qué tanto cambia Chancha Vía Circuito entre festivales y recitales más íntimos?

Sí, el festival amerita una presentación en banda, voy con una cantante. Últimamente es Miriam Garcia, que colabora en el último disco. Y con un percusionista y una violinista. Pero también me puedo achicar: live set con controladores y yo solito ahí. Con el micrófono me la aguanto ahí.

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Algo que me llama mucho la atención de Chancha es la propuesta gráfica. Un imaginario alrededor de los elementos –agua, tierra, fuego– y la naturaleza, ir a lo básico. ¿Quién está detrás de esto?

A partir del segundo disco empecé a trabajar con Paula Duró, una artista plástica argentina, de la que yo tomé ilustraciones para el segundo, tercero y cuarto disco. Ella trabaja en acrílico, en una escala bastante grande. Pero lo interesante es que nunca fue para mi disco sino que yo me sentía identificado con sus obras. Entonces le preguntaba si podía usarlas. Luego llegó una época en donde ella comenzó a animar sus pinturas en la computadora y me ayudaba en los visuales. Así nació el video de “Coplita”. Pero bueno ya es una etapa un poco cerrada.

 

¿Qué viene para Chancha ahora?

Lo nuevo vendrá con una nueva estética, con muchos cambios…espero. Viene también un tour por Europa, Canadá y Estados Unidos. Y también regreso a Bogotá en agosto. Se viene mucha gira, el disco todavía está fresco, entonces tengo oportunidad de mostrarlo.

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