Cinco novelas que todo periodista debería leer

Grandes escritores se hicieron en salas de redacción y muchos periodistas aprendieron a narrar imitando las técnicas de la literatura. Especial en el día del periodista.

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cerosetenta

11.02.2012

1. Naná de Emile Zolá (1880)

Uno de los primeros consejos que le dan a cualquier estudiante de periodismo cuando se va a enfrentar a una historia es que abra los ojos, aguce el oído, registre los olores. En otras palabras, una de las primeras cosas que debe entender un periodista es que los detalles le dan vida a su historia. Nana, del escritor francés Emile Zolá, está lleno de esos detalles. Inscrita dentro del naturalismo francés, la novela cuenta la historia del ascenso social de la joven Nana, que terminaría convertida en actriz, en la burguesa Paris del siglo XIX. Para la escritura de esta novela, Zolá se puso en la tarea de visitar teatros, de conocerlos y recorrerlos, de saber cuanto mide un telón y un escenario, de contar las arañas de los teatros y las sillas. Esta novela es una enseñanza tanto para periodistas como para escritores, pues comprueba una de las máximas de ambos oficios: un trabajo de campo juicioso probablemente producirá una buena historia.

2. Rant de Chuck Palahniuk (2007)

Rant de Chuck Palahniuk

El escritor americano Chuck Palahniuk, autor entre otros de Fight Club, juega a al periodismo en esta novela del 2007. Armada únicamente a partir de testimonios (y sin la intervención de algún narrador omnisciente) Palahniuk reconstruye la vida del enigmático Rant Casey, el primer ser humano en contraer una epidemia de rabia que parte la historia del mundo en dos, y con esto crea una historia que bordea la ciencia ficción y el absurdo. En el libro hablan los ficticios compañeros de juerga Rant Casey, pero también se le da voz a fuentes especializadas; profesores universitarios, expertos en epidemiología, estudiosos de pandillas. Muchas veces se habla de como el periodismo, por encima de la objetividad, tiene que luchar por ser equilibrado. Esta novela cumple a cabalidad este propósito. En palabras del mismo Palahniuk, en el prefacio del libro, la historia de Rant Casey está escrita a manera de biografía oral, y “toda vez que que múltiples fuentes son entrevistadas sobre una experiencia que compartieron, es inevitable que en ocasiones ellos se contradigan los unos a los otros”. El lector de Rant está obligado a sacar sus propias conclusiones a partir de toda la información que se le ha dado. Eso es, de alguna manera, el mismo trabajo que tiene un lector de buen periodismo.

3. Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez (1981)

Crónica de una muerte de Gabriel García Márquez

“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”. En el momento en el que Gabriel García Márquez le puso el punto final a esa frase, provocó que todo periodista que haya leído su libro haya tratado, de manera fallida, imitar de alguna manera la contundencia de esa oración. Esta crónica alimentada de ficción es una prueba de como el lenguaje periodístico se puede retorcer y maniobrar para crear un relato no lineal, repleto de imágenes y secuencias de acción que hacen que una historia (sacada de las páginas de los diarios) se convierta en una obra maestra.

4. ¡Noticia Bomba! de Evelyn Waugh

Antes de escribir esta novela, el escritor británico Evelyn Waugh había cubierto la ocupación italiana de Etiopía. Es curioso, entonces, que el protagonista de esta novela sea un escritor encargado de reportar para el periódico The Daily Beast (que nada tiene que ver con este) una guerra civil en un país africano. Este protagonista (un afamado novelista llamado John Boot) tiene dentro de su obra una copiosa biografía de Arthur Rimbaud y, una vez más, es curioso que la primera obra de Waugh fue una biografía del pintor Dante Gabriel Rossetti, contemporáneo del poeta francés. ¡Noticia Bomba! se convierte así en una radiografía, en clave de humor y con tintes autobiográficos, del oficio del reportero y de su naturaleza, a veces, inverosímil y disparatada. Es sin duda una valiosa (y divertida) experiencia para un periodista leer las desventuras de Boot, quien luego de no encontrar mayor noticia en África –y en compañía de un grupo de colegas amigos del trago– empieza a reportar una falsa revolución.

5. Sostiene Pereira de Antonio Tabuchi (1994)

Sostiene Pereira de Antonio Tabuchi

Pereira, un apolítico reportero portugués, adepto a la literatura francesa, abandona su quehacer como cronista negro y se hace cargo de la sección cultural del periódico Lisboa. La novela transcurre durante el régimen de Oliverio Salazar, partidario de las políticas facistas de Mussolini. En su nuevo trabajo, Pereira contrata a Monteiro Rossi, un joven periodista a quien encarga escribir perfiles de algunas celebridades que podrían estar a punto de morir. Rossi, tremendamente político y crítico del régimen facista, decide desobedecer la orden de Pereira y escribe en cambio perfiles de otras personalidades, como Gabriele D’Annunzio, en los que denuncia su vinculación con el régimen salazarista. Este episodio y muchos otros, hacen que Pereira –más preocupado por las artes y por la cultura– se tenga que enfrentar con la difícil situación política de su país. Una novela sobre violencia, censura y los dilemas éticos que puede enfrentar un reportero.

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