Nota del Editor: El pasado 18 de agosto, 20 emisoras creadas por el Acuerdo de Paz de 2016 dejaron de emitir su habitual programación informativa y pasaron a tener una programación exclusivamente musical. La razón: la actual administración de Inravisión —el sistema de medios públicos— pidió revisar la programación de estas emisoras. Por su parte, el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) anunció en un comunicado oficial el fin de lo que denominó “el aparato de propaganda en el Sistema de Medios Públicos de Colombia”. Recordemos que las emisoras de paz son el único punto del Acuerdo de paz que se ha cumplido a cabalidad y que se tratan de emisoras situadas en zonas donde hay Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET). Publicamos esta carta del profesor e investigador Germán Rey, experto en comunicación y cultura, para contribuir a la conversación sobre la utilidad de los medios públicos en la construcción de paz en el país.
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Bogotá, 25 de agosto de 2026
Sra.
ALEXANDRA FALLA ZERRATE
Ministra de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones
E.S.D
Estimada ministra:
Si se me pidiera seleccionar uno de los hitos de las comunicaciones en Colombia durante los cuarenta años que he escrito sobre el tema en el ámbito académico, escogería sin duda la creación de las Emisoras de radio de la Paz y la Reconciliación acordadas en el contexto del Tratado de Paz firmado en el 2016, entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC-Ep.
Lo es por varios motivos. En primer lugar, porque no hay un solo tratado moderno de paz en el mundo que haya contemplado dentro sus acuerdos la creación de emisoras de radio para la reconciliación, aunque si hay casos en que los mensajes de odio de alguna emisora de radio en África fue una de las causantes principales de luchas feroces y sangrientas.
En segundo lugar, no fue una emisora, como en el caso de Suráfrica, sino veinte las que se crearon en Colombia. En tercer lugar, porque se ubicaron en zonas del país que sufrieron intensamente los efectos del conflicto amado interno. En cuarto lugar, porque se vio claramente la importancia de los medios de comunicación en la consolidación de la paz de una sociedad, en quinto lugar, porque en su creación participaron activamente diferentes gobiernos, desde el de Juan Manuel Santos hasta el de Gustavo Petro y en sexto lugar, porque en el Acuerdo se contempló el trabajo conjunto entre el Estado y ciudadanos colombianos que habían sido combatientes activos en otros tiempos.
He seguido con preocupación el proceso de análisis y decisión del gobierno del señor presidente Abelardo de la Espriella sobre estas emisoras y sus inmediatas repercusiones locales, nacionales e internacionales. Una de ellas suspender su programación habitual y emitir música en su reemplazo, sin que se haya advertido debidamente tanto a sus trabajadoras y trabajadores, como a las propias comunidades de arraigo de tan importantes medios de comunicación.
Tuve el privilegio de conocer directamente la experiencia de la primera de estas emisoras de radio, la de Chaparral en el Tolima, que ya desde entonces me llamó la atención por su proceso de organización, el compromiso de su personal, la escucha de la comunidad y la creatividad de su programación.
No eran radios de adoctrinamiento como las ha llamado injustamente un político, sino todo lo contrario, radios del diálogo con las audiencias locales, con la diversidad cultural de sus poblaciones y con la inquietud de buscar espacios y prácticas de reconciliación.
Permítame hacer algunas consideraciones apoyado en mis estudios académicos de estos años:
1. Es conveniente en el proceso de análisis que Ustedes están haciendo legítimamente, subrayar la importancia de la diversidad de las 20 experiencias radiales, dados sus contextos regionales, la historia particular del conflicto vivido durante años en su territorio, las experiencias comunicativas que han dado lugar a su actuación, la participación de diferentes sectores de la población como los jóvenes, las mujeres, los campesinos, los empresarios locales y otras voces necesarias, la interacción con otras instituciones de la comunidad, la presencia de diferentes géneros radiales y su diálogo con otras emisoras.
2. Desde su inicio el proceso debería contar con la opinión de las personas que trabajan en las radios, con sus conocimientos, experiencias y aprendizajes, tratando de determinar los aportes logrados y las dificultades vividas.
3. La presencia de las comunidades locales es clave y absolutamente necesaria para explorar las cercanías, así como las críticas y poder resaltar los caminos de futuro de estas radios.
4. Es preciso la actualización de la política pública sobre las radios de la Paz y la reconciliación que tenga en cuenta el camino recorrido y su papel en el país, de acuerdo con las aspiraciones del Tratado.
5. Es necesario profundizar en el sentido público de su acción, de acuerdo con la reflexión que ha hecho la UNESCO, alrededor del concepto de servicio público. En un texto reciente publicado en Razón Pública, sobre las relaciones entre medios y elecciones, critique la conversión de los medios públicos en el pasado gobierno en medios gubernamentales.
América Latina y Colombia han sido espacios de aparición y desarrollo de medios comunitarios, cívicos, mineros, étnicos, originales y de enorme valor e incidencia.
En estudios que he venido realizando desde el año 2010 sobre los medios nativos digitales, he visto su vitalidad y crecimiento y en el más reciente sobre su desarrollo en América, desde el Uruguay hasta los Estados Unidos, he constatado la fuerza de los nuevos medios. Solo en Colombia he podido constar en la investigación realizada por la Fundación Gabo con el patrocinio de Google News Initiative, 900 de ellos, por fortuna florecientes.
Usted. Señora ministra, ha sido una promotora del patrimonio cultural audiovisual de la nación.
Las emisoras de la paz y la reconciliación son un caso inmensamente relevante que valoramos mucho en este país y fuera de él.
Cordialmente
Germán Rey
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Germán Rey ha sido profesor de la Pontificia Universidad Javeriana y de la Universidad de los Andes.
Fue director del Centro ÁTICO de tecnologías de la Pontificia Universidad Javeriana.
Ha sido miembro de las Juntas Directivas de la Fundación para la Libertad de Prensa, Medios para la paz, Fundalectura, Fundación Gabo de Periodismo, Fundación VIST, FotoMuseo, IDARTES y del Consejo de Ciencias Sociales de COLCIENCIAS.
Medalla al mérito cultural, 2021.