“Teníamos información de servicio urgente que no pudo salir al aire”: directora de la Emisora de Paz de El Tambo, Cauca
Mientras El Tambo, Cauca era atacado con drones cargados de explosivos la semana pasada, su Emisora de Paz solo podía transmitir música. Hablamos con Jessica Molano, directora de la emisora, una de las 20 que el Gobierno silenció, sobre qué significa para el municipio perder la única voz informativa de un territorio históricamente golpeado por la violencia.
por
Leonardo Bautista Romero
periodista
31.08.2026
Jessica Molano, directora de la Emisora de Paz en El Tambo.
A mediados de agosto, la nueva gerencia de RTVC y Radio Nacional ordenó suspender la programación informativa, cultural y territorial de las 20 Emisoras de Paz, y la reemplazó por una retransmisión musical centralizada desde Bogotá.
Estas emisoras nacieron del punto 6.5 del Acuerdo Final de Paz de 2016 y en octubre de 2024 se pusieron en marcha las últimas cuatro emisoras de paz, cumpliendo así con la cifra que ordena el Acuerdo. Las emisoras operan en municipios históricamente afectados por el conflicto armado, la pobreza, los cultivos ilícitos y la debilidad institucional, priorizados en los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), donde a menudo son el único medio de comunicación disponible.
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Si bien el Gobierno asegura que la medida es transitoria, organizaciones como la FLIP, la MOE, la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) e incluso la Defensoría del Pueblo advirtieron sobre el riesgo de dejar a esas comunidades sin voz informativa, además de exponer a periodistas y gestores comunitarios a mayor inseguridad.
Jessica Molano dirige desde hace cinco años el equipo de la Emisora de Paz de El Tambo, Cauca, uno de los municipios más golpeados por la guerra. Desde ese municipio habló con 070 el pasado 26 de agosto, día en que esa población fue blanco de un ataque con drones cargados de explosivos y ráfagas de fusil contra la estación de Policía local, un hecho que las autoridades atribuyen a disidencias de las FARC, principalmente a los frentes Carlos Patiño y Jaime Martínez.
“La comunidad y tres de mis compañeros estuvieron bajo fuego durante una hora de hostigamiento”, contó en conversación telefónica, confesando miedo y zozobra. El ataque comenzó hacia las 6:20 a.m. y dejó cerca de 21 lanzamientos de cargas explosivas. No se reportaron heridos, pero sí daños en la estructura policial, vehículos, viviendas, un templo parroquial y la sede local de la empresa de energía; el comercio, las clases y la atención administrativa del municipio se suspendieron el resto del día.
Fue justo ese tipo de emergencia la que la emisora, silenciada desde hacía nueve días, ya no pudo cubrir para los más de 58.000 habitantes del municipio.
“Llegamos a esos lugares donde no llegan otros”, dice Molano sobre lo que representa su emisora en un territorio donde no hay buena cobertura de internet, televisión, ni presencia constante de periodistas. No existe otro acuerdo de paz en el mundo que haya incluido dentro de sus compromisos la creación de una red de emisoras dedicadas a la reconciliación, como ocurrió en Colombia a partir del Acuerdo de 2016.
Aquí la entrevista con Jessica Molano sobre la importancia de las emisoras de paz en municipios como El Tambo, Cauca.
¿Qué es una Emisora de Paz y qué representa este proyecto para El Tambo?
Es un proyecto que nace del punto 6.5 del Acuerdo de Paz con una misión clara: hacer pedagogía de paz. Nuestra parrilla dialogaba con tres voces: víctimas del conflicto, firmantes de paz y organizaciones sociales del territorio, para contar cómo avanza la implementación de los acuerdos. Prestar el micrófono a campesinos, comunidades indígenas y afrodescendientes también es cumplir un mandato constitucional, que es el derecho a la información. Además, teníamos programas de servicio y agenda cultural de cada territorio donde hacen presencia las emisoras.
Este es un proyecto de Estado que debe respetarse, no un proyecto de los gobiernos de turno.
¿Qué implicaciones tiene esta suspensión para el cumplimiento del Acuerdo de Paz?
Silenciar las emisoras de paz genera un incumplimiento directo y constitucional del Acuerdo Final de Paz, y les niega a las comunidades el derecho a la información, que también es un derecho constitucional. Por eso insisto en que este es un proyecto de Estado: debe respetarse más allá de quién esté gobernando en un momento dado.
¿Quiénes conformaban el equipo detrás de la emisora en El Tambo?
A nivel nacional, los equipos de las 20 frecuencias están conformados por firmantes de paz, víctimas del conflicto y líderes sociales. En mi equipo trabajan una víctima del conflicto armado y un líder social del territorio. Nuestra misión era visibilizar los proyectos productivos, el turismo y las iniciativas comunitarias que nacen en medio del conflicto, algo que ningún otro medio hace en estas zonas. No llega la televisión, no llega la tecnología, no llega el periodismo tradicional. Solo llegamos nosotros.
¿Qué incluía exactamente la parrilla diaria de la emisora?
Era una programación bastante amplia. Teníamos el podcast Inquebrantables, que contaba historias de resiliencia de las regiones mes a mes, y una serie de crónicas llamada Caminos y Memoria, dedicada a recordar las masacres ocurridas en estos territorios y las iniciativas de paz que nacieron después de ellas.
También había espacios de recetas de cocina dentro de los programas hechos por y para campesinos, entrevistas a víctimas y firmantes que documentaban la implementación del acuerdo, e información de servicio para las comunidades.
Teníamos Meridiano 90, un informativo local; Momentos de Paz, dedicado a temas positivos que aporten a la convivencia en el territorio; El Atardecer, sobre agenda cultural, música y temas de interés público; El Campo en la Radio, con campesinos que nos cuentan de sus parcelas, proyectos y juntanzas para sacar sus comunidades adelante; Música de mi Territorio, con artistas del territorio que no tienen oportunidades en la radio comercial.
Todo ese contenido se subía además a la página web para que el país pudiera consultarlo; la página web también la modificaron.
¿Cuáles diría que son los mayores logros de las emisoras de paz en estos años al aire?
El primero es que el punto 6.5 se cumplió. Hoy existen 20 estaciones con 20 equipos al aire. El segundo es el liderazgo de las mujeres: 17 de los equipos están dirigidos por lideresas, muchas de ellas firmantes o víctimas.
También logramos crear memoria a través de nuestra programación, contando historias de resistencia y ganarnos la confianza de las víctimas, los firmantes y las organizaciones sociales para acompañarlos de cerca.
Hace poco, por ejemplo, cubrimos la recuperación de once cuerpos en el cementerio de El Bordo, Patía (Cauca), en un evento donde coincidieron comparecientes de la fuerza pública ante la JEP, madres buscadoras de Tumaco y el Cauca, y firmantes de paz. En el Cauca, la Unidad de Búsqueda contabiliza más de 3.200 personas desaparecidas en el contexto del conflicto armado. Le dedicamos una hora y media de programación a ese hallazgo y lo visibilizamos también en las plataformas de RTVC.
Desde que empezó la suspensión, ¿qué les ha comunicado la gerencia?
Que es una medida transitoria mientras se revisa y reorganiza la parrilla de Radio Nacional. Esto no es exclusivo de las emisoras de paz, desde hace nueve días toda la Radio Nacional de Colombia, a nivel nacional, transmite únicamente música.
¿Qué consecuencias tuvo la suspensión hoy mismo, en medio del hostigamiento en El Tambo?
Hoy vivimos una hora de hostigamiento con drones cargados de explosivos contra la estación de Policía, hubo más de 24 detonaciones. Teníamos información de servicio urgente que dar para que los niños no salieran, que se suspendían las clases, que la gente se quedara dentro de sus casas mientras se garantizaba la seguridad. Nada de eso pudo salir al aire porque la emisora solo transmite música. Mucha gente en el territorio no tiene internet, ni wifi. Lo único que tienen es la radio, y hoy no las escucharon.
¿Y cuál es la situación laboral de los equipos mientras dura esta incertidumbre?
Es un miedo muy grande, por dos razones: una es el compromiso y el amor que tenemos por este proyecto, que hemos construido con responsabilidad durante años. La otra es el tema contractual, la mayoría tenemos contratos hasta mediados de octubre y no sabemos qué van a decidir después de esa fecha, si van a recortar los equipos o si el proyecto sigue igual. Es una posición difícil porque al mismo tiempo somos quienes estamos dando la cara públicamente por esto.
Hay congresistas que se han referido a las Emisoras de Paz como “megáfonos oficiales de las FARC” en redes sociales. ¿Cómo enfrentan ese tipo de señalamientos?
Hay dos congresistas que escribieron literalmente eso, que somos megáfonos oficiales de las FARC y una radio que sirve de propaganda a favor de las FARC y el ELN. Ese tipo de acusaciones no son una opinión política, eso es estigmatización, y en territorios donde todavía hay actores armados no estatales eso pone en riesgo directo nuestra seguridad y nuestra vida.
Hace un año, un medio de comunicación publicó que, a través de nuestro dial, la 96.7 FM, se reclutaban niños. Ese audio volvió a circular ahora y la gente lo cree. Es un señalamiento grave y creo que los funcionarios que lo repiten deberían retractarse.
¿Ha sentido miedo por hablar públicamente de esto?
Sí. Después de dar entrevistas como esta he recibido comentarios llamándome guerrillera, diciendo que deberían sacar a esa guerrillera. Yo he vivido en medio de confrontaciones armadas y nunca me había pasado esto, pero ahora, cuando llego a mi casa, volteo a ver para todos lados. Ya se vive con ese miedo. Y aun así siento que es más grande mi compromiso con la gente que me ha dado su confianza durante estos cinco años.
¿Qué contenidos o procesos de memoria quedaron truncados con la suspensión?
Ya mencioné Inquebrantables y Sin Memoria, que dejaron de producirse por completo. También se detuvieron los programas donde entrevistábamos a víctimas y firmantes para documentar la implementación del acuerdo, y toda la producción de crónicas de paz que hacía parte de nuestra parrilla diaria. Es un archivo que llevábamos años construyendo, y que hoy simplemente dejó de crecer.
Si las emisoras de paz se apagan, ¿quién ocuparía ese vacío informativo en territorios como El Tambo?
Ese vacío lo ocupan los medios tradicionales, que muchas veces responden a intereses económicos y políticos, y prefieren vender la idea de un país en guerra. Existe un monopolio de la información en Colombia, son grandes grupos empresariales o familias influyentes quienes deciden buena parte de las narrativas de los medios tradicionales, muy fieles también a la pauta publicitaria y a esos intereses económicos. Nosotros llegamos a lugares donde no llega nadie más. Silenciar las emisoras de paz es limitar la pluralidad informativa y dejar el control de los micrófonos en manos de quienes tienen el poder económico para sostener una narrativa.
¿Se sabe qué pasará con el archivo sonoro que han construido estos años?
Eso también es una preocupación. Yo tengo acceso a los archivos de mi propia emisora y al del programa Encuentros de Paz, que es el más importante y con el que se le rinde cuentas al Gobierno, pero no tengo acceso a los archivos de las otras 19 frecuencias. Habría que pedírselos directamente a cada equipo, y en este momento, con lo complicado que está todo, no sé si tengan la disposición o la capacidad de compartirlos o incluso hablar de esto. Sería valioso que existiera un espacio único donde se pudiera consultar todo ese trabajo, porque mucha gente ni siquiera sabe que existimos.
¿Qué espera que pase de aquí en adelante?
Espero que el proyecto pueda seguir y que se respete el acuerdo. Hoy sentimos mucha frustración por no haber podido informar sobre el atentado a la gente de El Tambo.