¿Quién piensa en las jurados de votación?

En Colombia, el 40% de los hogares depende de una mujer. Si alguna de ellas es jurado de votación en las elecciones de este domingo -como seguro ocurrirá- no cuenta con apoyo estatal para cuidar a sus hijxs mientras presta un deber ciudadano. Y entonces, ¿qué hace?

por

Lina Vargas Fonseca


27.05.2022

Un tuit publicado por la comunicadora feminista y directora de género de la Cooperativa Financiera Confiar, Jenny Giraldo, pregunta qué ocurre cuando una mujer cabeza de hogar es designada por la Registraduría Nacional como jurado de votación: “¿El Estado le resuelve el cuidado de sus hijos o hijas? ¿Recibe algún subsidio? ¿Los puestos de votación cuentan con guarderías?”. La respuesta es no.

En la página de la Registraduría se lee que ser jurado es un honor y que de ellas y ellos dependen la transparencia de los comicios, la rapidez de los resultados y la democracia misma. Que su labor consiste en atender a quienes votan, manejar el material electoral, diligenciar los formularios, vigilar las urnas y realizar el conteo de mesa. Que se eligen por sorteo mediante un software nutrido de listas de empleados públicos y privados menores de sesenta años y otras enviadas por partidos y movimientos políticos. Que en cada mesa hay tres jurados y tres suplentes. Que deben asistir a una capacitación de dos horas y luego, el día de elecciones, presentarse en su puesto a las 7:30 de la mañana y permanecer allí hasta que, tras el cierre de las urnas, cuenten los votos, destruyan el material sobrante y entreguen los formularios. Que cualquier persona —salvo pocas excepciones— puede ser jurado y que entre las escasas causales de exoneración están la muerte de un familiar cercano o la enfermedad grave. Que quien no acuda o abandone será destituido de su cargo, en caso de ser empleado público, o recibirá una multa de hasta diez salarios mínimos. Este domingo en las elecciones presidenciales habrá 690.367 jurados de votación. 

La Registraduría no menciona a las mujeres cabeza de hogar ni a lxs hijxs, ancianos o personas con discapacidad que podrían estar bajo su cuidado. 

Y, sin embargo, en las pasadas elecciones legislativas, Jenny Giraldo compartió mesa como jurado con una mujer que casi no encuentra con quién dejar a su hijo pequeño ese día. El padre no podía por trabajo y, aunque la abuela se hizo cargo, la mujer estaba desesperada: miraba el celular, llamaba al niño y le decía que la esperara un rato más, que ya iba para allá. La situación se repetía para la mayoría de mujeres que se encontraba en ese puesto en Medellín. Eso no es raro si se tiene en cuenta que, según la más reciente Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, el 90,4% de las mujeres colombianas realiza algún trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. En promedio ellas dedican siete horas y cuarenta y seis minutos diarios a labores como limpiar la casa, hacer mercado, cocinar, lavar la ropa, pagar recibos y cuidar a niñxs y ancianos. Es decir, un trabajo necesario para garantizar el bienestar y la sobrevivencia de las personas del hogar, aunque sin recibir un peso a cambio. 

Pero si las elecciones son cada cuatro años, dirán —de hecho, así respondieron muchos al tuit—, pero si es solo un día, pero si los hombres también cuidan, pero quieren todo regalado, pero si las mujeres son capaces de hacer todo. “Mucha gente podría decir que no es grave”, apunta Giraldo: “Luego, te piden estar desde las 7:30 de la mañana, sin un vaso de agua, resolver tu almuerzo a la carrera y además tienes que estar pendiente del celular pensando si tu hijx ya comió o si le cambiaron el pañal. Cuando una mujer está así, sin una hora de salida fija, no le podemos cobrar si se equivoca en un formulario E14”. Enseguida Giraldo explica: “Ser jurado es una labor importante, pero todo esto influye en la disposición de las mujeres que llegan al puesto de votación de mal genio y no ven la hora de acabar. Que el Estado no piense en lo que significa el cuidado tiene implicaciones en la seriedad con la que asumimos la jornada electoral”. 

“Ser jurado es una labor importante, pero todo esto influye en la disposición de las mujeres que llegan al puesto de votación de mal genio y no ven la hora de acabar” — Jenny Giraldo

Pero si a las y los jurados les dan un día libre para compensar su trabajo, dirán. A lo que Giraldo responde: “Supongamos que una mujer es profesora y tiene un día libre. Ese día también va a ocuparse con labores de cuidado en su casa, entonces no va a descansar”. 

Natalia Moreno es economista y directora del Sistema Distrital de Cuidado, liderado por la Secretaría de la Mujer de Bogotá y único en su tipo en Colombia donde aún no existe un Sistema Nacional de Cuidado. El objetivo es reducir la carga de las mujeres, reconocer que este es un trabajo vital y redistribuir esa carga en los hogares y en la sociedad. 

Moreno está de acuerdo con la inquietud que Jenny Giraldo plantea en su tuit y dice: “Me parece que refleja una problemática que tenemos en Bogotá, en Colombia y en el mundo al asumir que las mujeres cuidamos naturalmente y que por ende no hay que pensar en políticas públicas con enfoque de género. En Colombia alrededor del 40 % de las familias tiene jefatura monoparental femenina: el 40 % de los hogares depende de una mujer”. 

La situación de las jurados de votación, agrega, se repite todo el tiempo. “Cuando uno analiza la baja participación de las mujeres en política, en proyectos científicos o en el mercado laboral no es porque tengamos menos capacidades, sino porque en un punto desaparecemos y esa desaparición tiene que ver con los trabajos domésticos y de cuidado”.

En 2020, antes de implementar el sistema en Bogotá, el equipo se reunió con mujeres cuidadoras y, tras escucharlas, concluyó que necesitaban bienestar, formación y generación de ingresos. Moreno da algunas cifras: el 90 % de las cuatro millones de mujeres que viven en Bogotá realiza trabajos domésticos y de cuidado no remunerados. El 30 % —cerca de un millón doscientas mil— se dedica solo a eso, con lo que una de cada tres mujeres no tiene ingresos a pesar de cumplir con una jornada de trabajo completa. 

En su mayoría, no terminaron los estudios, habitan en hogares de estratos 1, 2 y 3 y el 20 % sufre alguna enfermedad crónica y su salud mental está desatendida. Muchas no salen del barrio —para mantenerse montan un puesto de costura o de empanadas en su casa—, ya que dejar a la persona que cuidan les genera culpa o ansiedad. Pasan años sin ir al médico, no tienen amigas ni una pareja o alguien con quien hablar. 

“Una sociedad que se dice democrática no puede [ignorar] que el 30 % de las mujeres sostiene la vida de otros gratis” — Natalia Moreno

“Son muchas las consecuencias y yo creo que una sociedad que se dice democrática no puede [ignorar] que el 30 % de las mujeres sostiene la vida de otros gratis, a costa de no cuidarse, de no participar en política, o no tener tiempo libre”, dice Moreno y añade que el Sistema Distrital de Cuidado funciona de manera flexible a partir de las necesidades y rutinas de las mujeres inscritas. Lo más importante es asegurarles que la persona bajo su cuidados va a estar bien mientras ellas se ausentan. 

Para Moreno no se trata solo de solucionar situaciones puntuales, sino de que el Estado entienda que tiene una función cuidadora y que el cuidado es un derecho, una responsabilidad común y no una obligación de las mujeres. 

Diana Rodríguez Uribe, experta en temas de género, seguridad y derechos humanos y excandidata a la Cámara con un proyecto que buscaba la consolidación de un Sistema Nacional de Cuidado, insiste en que la articulación entre entidades es la clave para atender tanto a las personas que requieren de cuidados —con una oferta pública o público-privada de servicios— como a las mujeres que los brindan. La Registraduría podría eximir de ser jurados a quienes certifiquen que no tienen con quién dejar a sus hijxs, pero lo ideal sería “un sistema que activara la oferta existente de guarderías y colegios y que el Estado proveyera esos servicios durante las elecciones”, anota Rodríguez.  

Mientras esto no ocurra, las mujeres seguirán resolviendo el tema como lo han venido haciendo: de forma privada, silenciosa, ingeniándosela. Acudirán a servicios comunitarios, dejarán a sus hijxs con vecinas y familiares o le pagarán a otra mujer para que lxs cuide. Y este domingo, si son jurados de votación, probablemente estarán desesperadas, revisando el celular cada dos minutos, poco concentradas, con afán de volver a su casa, como aquella mujer que Jenny Giraldo conoció. 

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