Los en vivo: estar vivos y ser vistos

El en vivo, clave en el Paro Nacional que empezó hace un mes, es una imagen que busca escapar a la censura, creando testigos, busca ser amplificada, compartida, cruza fronteras espaciales y temporales, y reclama acciones políticas. ¿Pueden unas imágenes salvar vidas de seres humanos?

por

Carolina Charry

@reptiltemporal

Artista visual y cineasta. Docente de video experimental en el Instituto Departamental de Bellas Artes y la Universidad de los Andes.


27.05.2021

Hay un tipo de imágenes que no son nuevas pero han sido clave durante el Paro Nacional en Colombia que inició el 28 de abril de 2021. Merecen toda nuestra atención. Se trata de los videos transmitidos por los jóvenes manifestantes quienes se enfrentan físicamente a la represión y transmiten usando la función en vivo o live en plataformas como Facebook e Instagram. 

Este tipo de video en vivo es una imagen anti-militar que apela a exigencias democráticas. El en vivo es una imagen que busca escapar a la censura, creando testigos, busca ser amplificada, compartida, cruza fronteras espaciales y temporales, y reclama acciones políticas. 

Los en vivo se presentan como lo opuesto a las imágenes para destruir seres humanos de las que hablaba Harun Farocki. El cineasta alemán se refería a las imágenes militares de helicópteros y bombas en  las que “(e)n el centro de la imagen hay una mira que indica el blanco al que se dirige un proyectil”. 

Dice Farocki en su libro Desconfiar de las imágenes: “Esas imágenes son un nuevo tipo de propaganda. Parecen objetivas, como un producto meramente técnico, y ocultan a las víctimas de la guerra. Existen testimonios orales sobre la existencia de tomas aéreas, aunque sean difíciles de probar, donde se ven personas en la zona del objetivo. Las imágenes son producidas y controladas por los militares. Aquí coinciden las tácticas de guerra y las tácticas de producción de información”.

Contrario a las imágenes para destruir seres humanos, los en vivo de los manifestantes buscan evidenciar a los perpetradores y las víctimas de las acciones de violencia militar. Los desocultan. 

Miremos la situación. Un joven de 18 años, tiene puesto un casco de construcción, unas gafas de soldadura que amarra detrás de su cabeza, un trapo de tela –franela o tejida– que la cubre la cara, un tapabocas, camiseta, sudadera y tenis. Un escudo fabricado con la lata de un container partido en dos. Igual de equipados están sus compañeros de la primera línea. Con esta vestimenta y estos implementos improvisados se enfrentan al Escuadrón Móvil Antidisturbios completamente equipado: gases, balas de goma, bombas aturdidoras y tanquetas con lanzadores de proyectiles múltiples, entre otras armas. El joven, además de su precario equipamiento, también tiene un celular y una cuenta en una red social. En el momento en que el Esmad ataca el joven presiona el botón en vivo en Facebook. 

Mientras transmite, a veces narra lo que sucede, “aquí están, aquí están, hay dos tanquetas, pilas, pilas”, se dirige a veces a la audiencia y a veces a sus compañeros, “¡corré, corré! ¡al agua, al agua!”, vemos a su compañero pateando una bomba de gas hacia una alcantarilla, “mayo 17, 10:30 de la noche, Yumbo”, dice para la cámara entre jadeos. La cámara retrocede, se ven cuerpos correr, se ve el humo de los gases, más allá la tanqueta, por un momento sólo se ve el pavimentos y la calle. Parece que vuelven a correr, la imagen es caótica en movimiento. Se escuchan explosiones. La imagen vuelve a estabilizarse, está cerca del piso. Se asoma la calle, humo de gases, vuelve a esconderse. “Aquí vamos a resistir, aquí estamos, aquí estamos”.

Son imágenes en vivo desde el lugar de confrontación con la fuerza policial, transmitidas por quienes corporalmente se enfrentan a la represión.  

Este tipo de imagen es una imagen en primera persona. Es llevada por un cuerpo, se mueve con él. No está fuera del suceso sino que es partícipe. Es a la vez una imagen acción y una imagen testigo.  A diferencia de una imagen que al existir perpetúe la violencia contra las personas filmadas –como lo señalaba Farocki sobre algunas de las fotografías de los campos de concentración– estos en vivo aspiran a ser las imágenes que puedan detener esa violencia que hacen pública.  

En el en vivo la cámara se esconde, corre, se asoma, es una cámara ligada al cuerpo de quien experimenta el acontecimiento, a veces sólo se filma la persona a sí misma. No se trata de handycams y mucho menos de cámaras de televisión. La portabilidad, liviandad y versatilidad, soñada por Vertov, de la cámara-celular lo permite. Es ante todo una imagen-cuerpo. El en vivo es una imagen continua, sin cortes, que muestra el acontecimiento como puede desde la perspectiva corporal del participante. Estando allí, con el cuerpo del manifestante, vive y ve lo que sucede en las líneas de enfrentamiento, en la noche, en las esquinas, en la oscuridad, en los lugares-tiempos en que las fuerzas policiales ejercen la agresión

Su carácter en vivo es posible por la conexión vía internet a las grandes plataformas de redes sociales, Facebook e Instagram. No sólo es un ojo, sino un ojo conectado a la web. El manifestante no está solo. Mark Zuckerberg, sin desearlo, lo ha facilitado, aunque luego intente controlarlo. “¡Muchachos! ¡Tenemos dos mil quinientos! ¡Dos mil quinientos conectados! Esto no es vano”, dice quien transmite en un en vivo desde Yumbo el 17 de mayo. Y es que no resulta controlable crear un monstruo de miles y miles de ojos y luego pretender que no vea. El intento de control y de censura en las plataformas confirma el poder anti-militar y anti-oficialista de los en vivo de los manifestantes. Como una hidra  –el ser mitológico que regeneraba dos cabezas cada vez que perdía una– los en vivo siguen produciéndose y circulando. 

En estos en vivo la imagen es una extensión de la acción. Una extensión vital (en tanto tiene que ver con la vida y la sobrevivencia): permite que el acontecimiento exista para el mundo a través de la imagen-testigo. La imagen en vivo es el “arma” (metafórica) con la que se enfrentan los manifestantes a las armas de fuego (fácticas), a los ataques a sus cuerpos y su vida. Es un arma que no dispara, sino que “comienza la transmisión”, “goes live“, hace el suceso público, lo desnuda. La visibilidad se convierte en la herramienta de sobrevivencia

El “live” se relaciona con el “alive“. El en vivo se relaciona con el estar vivo aún en el momento en que se transmite la imagen. Esa es su urgencia: sobrevivir. Mientras dura el en vivo, de manera angustiante y perturbadora, no sabemos si quien transmite sobrevivirá al final de la transmisión: su vida está en juego. Es una imagen en el límite de la supervivencia. La sobrevivencia de la imagen misma también está en juego, ¿logrará quedar guardada en la plataforma? ¿Tendrá la persona a disposición su teléfono para que eso pase? Si logra quedar guardada, ¿la censurará la plataforma con “fallas técnicas”? ¿Será removida después? ¿Fallará misteriosamente el internet en el sector? 

Ante todo, estas imágenes buscan la no desaparición. Un en vivo es un grito de auxilio, es la conexión con el resto del mundo desde un lugar donde las vidas están en peligro y sólo tienen sus cuerpos para defenderse. 

Una voz femenina, que no hace parte de la primera línea, dice en un en vivo  el 24 de mayo: “Estamos en Puerto Resistencia, nos acaban de disparar. Las personas que puedan replicar este en vivo que lo hagan. Seguimos sin electricidad. Nos acaban de disparar son las ocho y veintiocho de la noche, lunes 24 de mayo de 2021. Aquí la gente está en calma, la gente está en tranquilidad, pero también está nerviosa. En este momento sólo tenemos el cuerpo. En este momento movilizarnos fuera de Puerto Resistencia no es seguro para ninguno de los que estamos aquí. Por favor repliquen este video. Sólo queremos seguir con vida. ¿Qué es esto? ¿Qué es esto?”.

El en vivo es una imagen-voz que quiere escapar a la aniquilación. Esto quiere decir a esa fuerza que busca en primer lugar la aniquilación de los cuerpos y las vidas, pero también de la evidencia y de la memoria. Hay que señalar que su ‘oponente’, los manifestantes, no han hecho jamás un llamado a la guerra, sino que fueron declarados blanco militar. El en vivo quiere ser una imagen-denuncia. Aspira a tener el valor de prueba. La fuerza de la aniquilación quiere controlar el relato y ejercer de manera exclusiva el poder de la mirada. Quiere sólo mirar y no ser vista, quiere quitarle los ojos a su oponente. 

Además de desocultar los hechos para cualquiera que lo vea, el en vivo busca la conexión empática con los espectadores, busca un entramado de individuos que valoren las acciones y las causas de los manifestantes, apela a su solidaridad y a su coalición. Y en eso no se equivoca: la audiencia responde. “¡Esto es muy duro, mándenos suministros, leche, agua, suministros médicos!” (En vivo del 19 de mayo en Yumbo). Se trata de una imagen-grito: urge, llama, grita. Trasciende el testificar y busca la acción, quiere comunicación directa con quien lo mira, le pide su valoración, su ayuda, su acción. 

Las imágenes en vivo buscan llegar a cuerpos distantes, pues no todos los cuerpos están en el mismo lugar. Permiten a otros ver lo que no han visto con sus propios ojos, y asistan a lo que probablemente no han vivido en sus propios cuerpos. Es ese precisamente el llamado de las protestas: no todos los cuerpos tienen las mismas condiciones, no todos los cuerpos pueden transitar libremente y con las mismas garantías, no todos los cuerpos tienen alimentación y salud básica. No todos los cuerpos viven el mismo grado de vulnerabilidad. 

La luna, Cali, 4 de mayo”, dice una voz joven masculina. En la imagen se ve al lado opuesto de la intersección una tanqueta. Bombas de gas lacrimógeno caen a pocos metros de distancia. La persona que transmite se desplaza lateralmente, se ve la parte inferior de un puente de concreto. Mientras corre, agitado, dice-grita: “esto lo estamos haciendo por ustedes, por sus hijos, por un mejor país, por sus hijos”. Es claro que quien vulnerabiliza su cuerpo y lo pone en esa situación límite, reclama para sí mismo y ante el mundo, el sentido, la legitimidad y profundidad que motiva su acción. ¿Quién podría enfrentarse a la muerte con menos que eso? 

En este punto llamo la atención sobre una cierta lógica sacrificial que aceptaría que de algún modo “está bien” que unos individuos enfrenten con sus cuerpos las fuerzas policiales, y lo hagan por “beneficio de todos”, o que “es problema de ellos”. El peligro de esto es la naturalización de la vulnerabilidad extrema de ciertos cuerpos y no de otros. 

Los manifestantes que se enfrentan a la represión policial y militar llevan sus cuerpos a la extrema vulnerabilidad, para denunciar la extrema vulnerabilidad en la que ya vivían. Al hacerlo, no sólo desorientan a la fuerza policial que busca el sometimiento a través del miedo, el dolor y la muerte, sino que interpela a la sociedad completa, lanzando a todos la pregunta: ¿y tu cuerpo, en qué grado de vulnerabilidad vive? Quien mira el en vivo puede distanciarse, apagar el teléfono o sentirse interpelado en propio cuerpo. El en vivo dice: esto ocurre en este mismo instante, en otro lugar, y tú ahora eres testigo. 

Facebook dispone que quienes ven los en vivo puedan “reaccionar” virtualmente en tiempo real, escribiendo comentarios, o enviando emoticones preestablecidos en la plataforma: “me gusta”, “me encanta”, y otros. La misma plataforma que promueve el consumo y banalización de la vida se convierte en la ventana donde se juegan esas vidas. En los comentarios se leen mensajes de desesperación o preguntas “¿dónde están?”, “cuídense por favor” y también comentarios como “gracias, muchachos”, “los admiro”, “mis respetos”, “ustedes son el putas, son unos guerreros”, “resistan, son unos héroes”.  

Esto, considero, es peligroso naturalizarlo y/o celebrarlo sin más. Aceptar fácilmente y naturalizar el “heroísmo” de estas personas, puede conducir a naturalizar su extrema vulnerabilidad. La búsqueda última de estos manifestantes sería, en esencia, no tener que ser “héroes”, sino ser personas con una vida digna. 

Judith Butler lo dice lúcidamente en su texto Vulnerabilidad corporal, coalición y la política de la calle: “Los cuerpos se congregan precisamente para demostrar que son cuerpos, y para que quede políticamente claro lo que significa persistir como cuerpo en este mundo, qué requerimientos deben ser cumplidos para que los cuerpos sobrevivan, y qué condiciones hacen una vida corporal, la única que tenemos, sea finalmente digna de vivir”. (El subrayado es mío).

El en vivo, en tanto que imagen-cuerpo reclama políticamente la vida digna de los cuerpos que fabrican esas imágenes, y también de todos. Pero es peligroso obviar con demasiada facilidad que, como todas las vidas, éstas son únicas y no deberían ser en ninguna medida dispensables ni sacrificables. La aspiración última de las acciones de estos manifestantes y los en vivo que transmiten, es poder salir de una posición de vulnerabilidad permanente, en lugar de estar condenados a ella. 

Dice Butler: “El asunto de mi o de tu vulnerabilidad nos involucra en un problema político más amplio relacionado con la igualdad y la desigualdad, ya que la vulnerabilidad se puede proyectar o negar (categorías psicológicas), pero también explotar y manipular (categorías sociales y económicas) en el curso de producir y naturalizar formas de desigualdad social”. 

Los en vivo de los manifestantes constituyen una imagen que intenta salvar vidas de seres humanos desocultando las víctimas de la violencia policial y militar, y aspira en última instancia a formas políticas de detener esa violencia y de transformar la desigualdad social. El en vivo busca franquear la represión en los cuerpos, escapando en algo que pareciera menos corpóreo, la imagen, la cual también requiere de una materialidad para existir.  Escapa e irrumpe en el control oficial del relato. 

Los en vivo de los manifestantes contienen sus voces y sus movimientos. No aniquilan al otro, su acción no es disparar, es publicar,  poner el represor a la luz, aún cuando este prefiere operar en la noche y en la oscuridad. Son imágenes anti-militares, operan en búsqueda de detener la aniquilación como modo de respuesta. Estas imágenes contienen una exigencia democrática. Apelan a lo público, a que la fuerza militar tenga su obstáculo no en otra fuerza militar que la confronte en sus propios términos letales, sino en las fuerzas políticas, jurídicas, democráticas. 

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Carolina Charry

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Artista visual y cineasta. Docente de video experimental en el Instituto Departamental de Bellas Artes y la Universidad de los Andes.


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