#SOSCultura | “La Cámara Colombiana del Libro sólo representa a los grandes poderes económicos”: Sergio Escobar

El director de La Diligencia, que distribuye editoriales independientes en Colombia, está a favor del gran capital creativo y productivo del sector en el país, pero se resiste a legitimar solo los intereses de multinacionales.

Manuela Saldarriaga H.

16.07.2020

La editoriales independientes en Colombia se notan. Tragaluz, Laguna Libros, Angosta, Taller de Ediciones Rocca, Luna, Monigote, Ruge, Frailejón, y muchas otras entre las que caben cartoneras, se destacan en la industria editorial latinoamericana como parte de una constelación de producción narrativa reciente.

Pero estas editoriales independientes no se sienten representadas por la Cámara Colombiana del Libro, ente que dialoga de frente con el Ministerio de Cultura. Sergio Escobar, director de La Diligencia, una de las más dinámicas distribuidoras de editoriales independientes en el país, asegura en esta entrevista que ese ente representa, más bien, unos intereses de multinacionales y de grandes poderes económicos del sector editorial. Cree que lo más urgente sería la protección de la producción de contenido, así como la profesionalización del gremio.

*Este es el especial #SOSCultura que repasa el estado del arte entre líderes de opinión y con poder decisión dentro del sector cultura en Colombia. Pretende aproximarse a una radiografía de su realidad laboral antes del COVID-19, durante y ¿después?*. 

¿Cómo se comportaba para usted el sector editorial en Colombia, sobre todo el parche de producción independiente?

Era un buen momento. En América Latina, Colombia estaba adquiriendo un muy buen ritmo en producción editorial independiente, sobre todo en temas de narrativa, cómic y literatura infantil. Incluso, la producción venía pisando un poco los talones de México, país que lidera la lista por el volumen del público y su nivel adquisitivo, más que por su ecosistema de editoriales independientes, pues su calidad no es que sea la más alta de Latinoamérica. Pero como en México sobresalen Sexto Piso y Almadía, muy buenas, Colombia paralelamente venía bien. La pandemia llegó, sin embargo, en un momento incómodo: dos meses previos a la Feria del Libro de Bogotá – FILBO y ese ha sido el escenario donde, por ventas, nos entra plata a nuestras arcas directamente sin pasar por librerías, que nos hacen un peaje bastante alto. 

¿Y cómo le pareció la estrategia virtual de la FILBO? ¿Estimuló realmente la compra y venta de libros o hasta la promoción de lectura, acaso?

La Diligencia, como distribuidora, ya sabía desde febrero 28 que no iba a hacerse FILBO, pero la Cámara Colombiana del Libro, de la que depende la Feria desafortunadamente, siempre estuvo reticente a decirlo. 

¿Por qué le parece desafortunado que la FILBO dependa de la Cámara?

Porque este año, con la pandemia, venimos a entender algo que ya sabíamos: ese ente no nos representa a las editoriales independientes, sino que representa unos intereses de multinacionales y de grandes poderes económicos del sector editorial. A los pequeños, no nos mira con buenos ojos. Y la Cámara, sin duda, improvisó su estrategia digital pero lo hizo para defender sus intereses. Y todos lo vimos: promoción de eventos de Random House, Grupo Planeta, etc., pero las editoriales pequeñas quedaron al margen evidenciando un problema que ya existía. 

¿El de la marginalidad?

En parte eso, pero pues es que la Cámara no pudo pelar más el cobre cuando al llegar la pandemia, despidió a su gente de contenido, pero además dejó en evidencia los beneficios hacia grandes sectores. Fue irrespetuoso demorar tanto un mensaje de cancelación de FILBO, más cuando hasta que no lo hicieran, no nos devolvería la plata en depósito que teníamos en Corferias. Pero esa demora, todos sabíamos que era por presiones de grandes grupos. 

¿Y la interlocución con el Gobierno del sector editorial es a través de la Cámara o es a través de la Red de Editoriales Independientes Colombianas (REIC), puesto que el Ministerio de Cultura y el CERLALC se unieron para apoyar su creación? 

Justo estoy en el momento de calentura por la discusión respecto a esa pregunta. Primero, así la REIC diga lo contrario, nada tiene que ver con las editoriales independientes en Colombia, y no comulgo con su modo de trabajo ni con sus políticas. Segundo, nuestro interlocutor ante el Gobierno era, precisamente, la Cámara Colombiana del Libro, pero renunciamos a ella al inicio de esta pandemia. Lo hicimos porque vimos su pésimo comportamiento con su equipo de trabajo y porque se hizo evidente la exclusión a las editoriales independientes ante la crisis. Y si bien era interlocutor ante el Ministerio, la Cámara a nuestro gremio no comunicaba ninguno de sus diálogos. Entonces, el interlocutor ante el Ministerio debemos ser nosotros mismos o tener, como hace siete años, un comité de editoriales independientes ante la Cámara o ciertos agremiados con los cuales sí se pueda. 

No nos sirve un interlocutor que llegue con un mensaje masticado, filtrado, donde recibimos las migajas de lo que propone el Ministerio. Por eso, estamos generando diálogos sectoriales para hacerle contrapeso a la Cámara con otra organización, para que el Ministerio entienda que ese ente no nos representa.

¿Cree que la voluntad política descuida la promoción de lectura, tantas veces afín con la producción de editoriales independientes, y en cambio destaca el negocio de esas grandes editoriales a través de la Cámara?

La Cámara y la FILBO, por el interés de buscar público masivo y por tener un alto impacto en medios, sacrifica el contenido: el pilar fundamental de nuestro gremio. Todos vemos que la FILBO prefiere invitar a personajes controversiales, economistas, cantantes y escritores mainstream, y sacrificar esta pequeña producción al margen que busca, exactamente, promover la lectura. Así, las ruedas de negocios que tienen lugar en estas ferias, simplemente van detrás de vender derechos o de tener intercambios (más un ideal), pero lo que termina moviendo son biblias. 

¿Biblias?

Biblias. Ese es la información sobre lo que más reporta negocios en la FILBO año a año. Es verdad: el libro que más se vende y se exporta desde Colombia es la biblia. Claro, también derechos de novelas y producción infantiles, pero en el país hay impresores muy afamados de biblias, que imprimen en volúmenes absurdos, y que venden super bien anualmente. Entonces esas ruedas de negocios no nos convienen tanto, porque no invitan internacionales interesados en nuestro material independiente, sino que invitan a los internacionales que vienen a comprar lo de siempre: contenido bíblico, contenido académico resumido y no mucho más. Este año no presionamos tampoco para que se diera la rueda de negocios, porque ese no ha sido el escenario que hemos querido, no está nuestro interlocutor internacional. 

Pese a eso, gozaban de buena salud, como decía. ¿Son inherentes las ventas a las decisiones de esas dependencias?

Yo creo en el libre mercado, creo en el libre desarrollo de las empresas y estoy enfocado en la parte comercial editorial, por eso monté una distribuidora. Lo digo porque aunque sé que los libros son un bien de difusión de cultura, no me voy con dobles morales y acepto que vivo económicamente de esto. 

La REIC, por ejemplo, siempre ha tenido doble filo en ese sentido: quieren vivir de los libros, pero también quiere que el Estado los financie. Y pasan entonces por la figura altruista de promover la lectura, gratis como dicen, pero también sacan rédito de su negocio. Ese gana-gana y fomento de empresas mediante subsidios estatales, no es libre mercado. Por eso mismo, en esta crisis diferí con ellos (la REIC), porque querían recibir un sueldo del Gobierno por ser meramente editores, y me parece que el Estado en este momento tiene mil y una preocupación (el hambre es una de tantas), que no tiene sentido. Al Estado toca pedirle, simplemente, que cumpla la ley y no que salga a salvar la patria: por mí que ni existiera el Estado, y no espero nada distinto más que su garantía de salud, seguridad y justicia.

Pero Duque quiere garantizar la ascendencia de las industrias creativas en el país, y las editoriales hacen parte de su lista. De hecho, el Ministerio catalogó en este renglón a Planeta. ¿Cómo ve a las editoriales independientes en ese diálogo naranja con el Ministerio?

En el decreto entraron editoriales, es cierto, pero es la convocatoria más abierta y ambigua. Ahí competimos con Penta, Random House, Ediciones B y hasta Planeta. El decreto por ejemplo exige más de tres empleados, cuando las editoriales tercerizan. Me pregunto qué tanto se ha entendido desde el gremio la Economía Naranja para aceptarlo así. No creo que mucho. 

¿Por qué lo dice?

Porque muchas veces el Ministerio dice re-invéntese, produzca algo nuevo como un ebook y eso ya no es nuevo, es del año 2000. Entonces no se entiende qué innovación buscan o si lo que buscan no es innovación, sino negocio. Nuestro gremio necesita tecnificarse, el país necesita plataformas digitales de promoción de lectura y otra serie de propuestas de innovación que el Ministerio recibe pero no entiende. Algo que me preocupa mucho es que en ese renglón editorial, no están los productores del contenido editorial: escritorxs, ilustradorxs, fotógrafxs, ni hasta las distribuidoras o las librerías. Entonces la industria creativa editorial solo está en los grandes grupos y toda la cadena del sector desaparece. No tiene sentido. 

Como ya se han hecho mapeos desde el Ministerio, y se conoce bien esa cadena editorial, ¿qué es lo que pasa?

Sí, de hecho Lado B ha hecho estudios y demás, pero se quedan en el registro cuantitativo. Miden la producción a través del número de ventas y de los ISBN de los libros, pero se olvidan que fuera de estos medidores, hay agentes que no tienen cómo cuantificar su trabajo:  escritorxs, por ejemplo. Año a año restablecen el estudio y el sector cambia, hay nuevos grupos y crece la autoedición y autopublicación. El Estado es un elefante grandísimo que se demora en entender. Y los que tienen que reinventar son ellos a partir de las estrategias de medición, así como promover herramientas digitales de fanzines, risografías o serigrafías, que el Ministerio ni debe saber que existen, seguro. 

Duque ha destacado el alto nivel de competitividad de las editoriales refiriéndose a los bajos precios colombianos y al número de empleos, más de 9.000 en 2017 según citaba. ¿Esto les interesa más que las risografías, no?

Pero es que eso parte de una medición del DANE, que todos sabemos en qué consiste: por ejemplo, en la FILBO tenemos que contratar todos a más personas y, en efecto, miden y resulta que está triplicado el número de empleados, pero no son empleos formales, sino ocupaciones temporales. Para el Gobierno es súper chévere medirlo así, pero sé y lo afirmo de primera mano, que los únicos dos empleadores decentes de este país en el sector editorial son la Librería Lerner (que profesionaliza libreros) con no mucho más de 20 empleados, y Siglo del hombre (nuestro referente mayor en distribución en América Latina) con no mucho más de 55 empleados. De esos 75 doy fe, pero sé también que toda la distribución comercial del Grupo Planeta en el país la hace Servientrega.

A lo que voy es que a un ilustrador como Rafael Yockteng, el Gobierno lo puede contar en cada libro que ilustra. Es decir, en Colombia existen seis Rafael Yockteng porque lo contratan seis editoriales diferentes al año, entonces son seis empleos que se cuentan. No, esas son mediciones estratégicas que sirven para inflar. Sin embargo lo del precio es cierto: los libros están exentos de IVA en Colombia, y eso abarata a nivel latinoamericano, pero también porque nuestro peso está devaluado. Y qué con eso, el libro en la canasta familiar colombiana no es un objeto barato. El análisis es entonces malicioso.

¿Y qué tanto han vendido ustedes en este tiempo?

La pandemia ha traído un ambiente de libros y de autopromoción de lectura. La gente tiene una necesidad de buscar paz física, pero también paz mental, y la lectura hace parte de esa búsqueda. La Diligencia ha crecido, pero nuestro abril y mayo no fue lo mismo porque no tuvimos FILBO. Nos salvó el prelanzamiento de Tu cruz en el cielo del desierto, de Carolina Sanín, publicado por Laguna Libros. Pero en contraste, le ha ido mejor a las librerías y tenemos un chiste interno para explicarlo: la FILBO, para las librerías, es peor que el COVID. En esta época, las librerías vendieron más que en años anteriores, ya que la gente normalmente  iba a comprar a la Feria creyendo que conseguirán más barato todo. Pero nosotros hemos podido subsistir, no hemos despedido a nadie y no hemos recibido subsidio de ningún tipo. 

¿Y han hecho algo diferente para lograrlo?

Además de que a la gente le guste leer, que nos sirve, empleamos a dos libreros de culto que fueron despedidos recién comenzó este caos, y estamos haciendo promoción de lectura con nuestro material apoyados en ellos como expertos consumados de este oficio. La otra estrategia reciente fue la de lanzar la plataforma educativa donde convergen todas las editoriales que distribuimos y que ofrece un taller de creación narrativa con excelentes escritrxs. 

¿A qué le debería estar prestando atención el Gobierno o cuál es su llamado de atención conforme el contexto?

Profesionalizar el sector y cuidar la cadena del libro, que es algo que si se fortalece puede mantener un andamiaje muy interesante de redistribución monetaria, y de talento, de manera eficiente. Si solo se apoyan librerías, el resto de la cadena se verá debilitada o si solo apoya a las editoriales, es lo mismo. Y en este momento los más desprotegidos son los productores de contenido (ilustradores, autores, dibujantes, artistas), quienes nos dan el capital creativo para que esto exista. 

¿Esos productores de contenido quedan a merced de quién, quién los representa? ¿El capital creativo no es el diamante en bruto de las industrias creativas?

Pues hasta ahora las editoriales y distribuidores se hacen cargo, porque el Ministerio, por ejemplo, nos dice que Hewlett-Packard- HP le dejó a muy buen precio 700 tabletas y luego “por favor, regálenme muchos ebooks para llenar esas tabletas”. La pregunta es: ¿y por qué el Ministerio apoya financieramente a HP y nosotros, y los productores de contenido, tenemos que regalar nuestro trabajo? Esto no es un hobby, es un oficio. 

En este momento el autor y el ilustrador tienen, sin darse cuenta, la sartén por el mango porque se están generando nuevas maneras de distribución editorial. Hoy pueden coger su obra y dividirla en cinco, y decir: a usted le vendo mi libro impreso, a otro le vendo mi audiolibro, a otro le vendo mi ebook, a otro le vendo mis derechos de radiodifusión o audiovisuales y al último le vendo mis derechos para hacer adaptaciones gráficas. Y hay hasta una sexta posibilidad: vender derechos por territorio. Pero es super triste cómo las grandes editoriales amarran autores pequeños y, de entrada, les clavan sus cláusulas y pasan a ser propietarios de absolutamente todo. 

Los autores, en este momento, no solo tienen una ganancia ridícula del 10 % sobre las ventas, sino que ceden todos sus derechos. A veces por la necesidad misma que les han generado, tienen unos afanes más egocéntricos que económicos. Yo conozco, incluso, a quienes han pagado porque les publiquen, nada más triste. Los creativos son profesionales que no conocen su campo y en este momento hay otras personas se están apropiando de su capital creativo para explotarlo como una mina de carbón.

[N. de la E. Después de publicada esta entrevista, eliminamos (21/07/2020) una información de la que la fuente pidió retractarse. Esto no cambia el sentido original de lo expuesto. Pedimos excusas a nuestros lectores].

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