“La bacteria carnívora” #Engañoso

Hay un corto circuito entre el periodismo y la ciencia que produce reportajes disparatados, titulares sensacionalistas y una epidemia de desinformación. Este blog se encargará de poner esos disparates bajo el microscopio.

por

Lina Pinto

Lina Beatriz Pinto García es estudiante de doctorado en estudios sociales de la ciencia en York University (Canadá), donde investiga el rol de una enfermedad tropical –leishmaniasis cutánea– en el conflicto armado colombiano. Es bióloga de la Universidad de los Andes, tiene una maestría en biotecnología, otra en estudios sociales de la ciencia, y una especialización en comunicación científica. Ha trabajado en museos de ciencia e instituciones de investigación biomédica. Con un artículo publicado por El Espectador, recibió en 2011 el primer premio de periodismo en biotecnología para la salud.


13.10.2013

Imagen: Cerosetenta

 

No es totalmente cierto que la bacteria causante de la muerte de 10 personas en Florida (Estados Unidos) sea carnívora, como lo anuncia el diario El País de Cali en una publicación del pasado 10 de octubre. La noticia, basada en una nota de la Agencia EFE, afirma en su titular, de manera engañosa, que el microorganismo come carne. Con ello, pone a volar la imaginación del lector alrededor de seres tipo bisturí o bacterias dentadas, capaces de abrirse paso a través de la piel humana. Sin embargo, como bien lo desmiente el mismo artículo a mitad de camino, Vibrio vulnificus no es capaz de ingresar al cuerpo humano si no es a través de una herida.

De hecho es mucho menos relevante hablar de las capacidades que tiene la bacteria para degradar la piel, que de sus propiedades infecciosas; estas son la preocupación real de las autoridades de salud pública en Estados Unidos. Vibrio vulnificus se adquiere, por lo general, al consumir alimentos de mar crudos, particularmente ostras. Así mismo, personas que tienen heridas abiertas pueden ser infectadas al exponerse a aguas marinas y tibias donde habitan las bacterias. Cuando estas acceden al torrente sanguíneo, lo cual ocurre con mayor frecuencia en personas con deficiencia inmune, la probabilidad de morir es del 50%. Para evitar que esto ocurra, la amputación es una práctica común cuando una herida es infectada por Vibrio vulnificus.

¿Es necesario mostrar a las bacterias como escalpelos miniatura para hacerlas más llamativas? ¿La ciencia puede ser comunicada de forma tal que las cuestiones de interés social, como los problemas de salud pública, primen sobre ideas deformadoras de la naturaleza? ¿O es que dar un brochazo amarillista a unos microorganismos logra que un diario valluno se interese en publicar una noticia sobre decesos naturales en la lejana Florida? Uno pensaría que la vida y la ciencia son lo suficientemente asombrosas como para no tener que acudir a esos recursos. El periodismo científico tiene mucha tela de dónde cortar sin tener que rebasar sus propios límites. Noticias y titulares que no le hacen justicia a los hallazgos, las limitaciones, las promesas y las consecuencias negativas de la labor científica solo contribuyen a que la brecha entre ciencia y sociedad se profundice. Al reportar sobre ciencia vale la pena traer a colación el sabio adagio popular: “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”.

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Lina Pinto

Lina Beatriz Pinto García es estudiante de doctorado en estudios sociales de la ciencia en York University (Canadá), donde investiga el rol de una enfermedad tropical –leishmaniasis cutánea– en el conflicto armado colombiano. Es bióloga de la Universidad de los Andes, tiene una maestría en biotecnología, otra en estudios sociales de la ciencia, y una especialización en comunicación científica. Ha trabajado en museos de ciencia e instituciones de investigación biomédica. Con un artículo publicado por El Espectador, recibió en 2011 el primer premio de periodismo en biotecnología para la salud.


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Lina Pinto

Lina Beatriz Pinto García es estudiante de doctorado en estudios sociales de la ciencia en York University (Canadá), donde investiga el rol de una enfermedad tropical –leishmaniasis cutánea– en el conflicto armado colombiano. Es bióloga de la Universidad de los Andes, tiene una maestría en biotecnología, otra en estudios sociales de la ciencia, y una especialización en comunicación científica. Ha trabajado en museos de ciencia e instituciones de investigación biomédica. Con un artículo publicado por El Espectador, recibió en 2011 el primer premio de periodismo en biotecnología para la salud.


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