Gabriel Piraquive: el hombre de los doce dígitos

El personaje más hermético del DNP no tiene fotos, no hace declaraciones y no soporta el ruido. El personaje más hermético del DNP maneja el PIB del país y lo que dice, para bien o para mal, es palabra santa.

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Juan Camilo Vargas

27.01.2016

El trabajo de Gabriel Piraquive consiste en operar números, números grandes, los más grandes que se producen en el país. De eso se trata ser Director de Estudios Económicos en el Departamento Nacional de Planeación (DNP). Su especialidad son los cálculos macroeconómicos, aquellos que modelan los movimientos de capital a nivel nacional. Lleva más de 15 años en ese puesto en el DNP, entidad encargada de optimizar las decisiones gubernamentales a través de estrategias y planes. Ha superado grandes crisis internacionales, terribles desaciertos administrativos y hasta errores en su propio departamento, y con todo eso, ha logrado mantener la economía colombiana en pie. Sin embargo, considera que su mayor logro hasta ahora es su familia, pensamiento que le hace eco a su crianza; no precisamente por las enseñanzas inculcadas por sus padres, sino por las carencias afectivas que se insinúan en su historia de vida.

Es fácil pensar que el hombre encargado de las estrategias económicas de Planeación Nacional, quien le dedica de 12 a 14 horas a su trabajo, que carga con el estrés económico del país, que debe vérselas con los pesos pesados de las finanzas en Colombia, que divide su tiempo entre su oficina en el edificio negro del DNP, el Ministerio de Hacienda, el Banco de la Republica, las oficinas de Crédito Público y el Departamento de Presupuesto Nacional, podría ser una persona activa. Inquieta, tal vez. Hasta descontrolada de tanta presión laboral. Pero en el caso de Piraquive resulta ser lo contrario: es un hombre esquivo, parco, de pocas palabras, tímido, y sobre todo, difícil de alterar.

Al ver su rostro apacible se comienzan a crear imaginarios en mi cabeza, como si su personalidad saltara a la vista desde el primer instante en que nos encontramos. Para empezar, llegar a él fue difícil. Todo comenzó como una cacería sin esperanza, y por azar, cuando menos lo esperaba, apareció en su oficina, me recibió amablemente y comenzamos a hablar. En ese momento tenía en sus manos la logística del Consejo Superior de Política Fiscal (Confis), encuentro que se realiza para coordinar el sistema presupuestal del año que viene. Aún cuando todo su equipo se encontraba en las dependencias del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, Gabriel se tomaba su tiempo para realizar algunas de sus labores en su solitario despacho.

Su oficina parece pequeña. Tiene archivadores completamente llenos, empotrados en las divisiones. Las torres de documentos se acumulan en su escritorio de madera oscura, la pantalla de su computador únicamente muestra números, gráficas y programas que en lo personal me darían pesadillas. El tapete gris no ayuda, pues sumado a la oscuridad del recinto y a las divisiones en madera, el aire se vuelve sofocante; pero ahí, en ese sitio sombrío en la esquina del piso 18, lleno de papeles, con persianas cerradas y tapete oscuro, es donde organiza sus fórmulas, donde los cálculos cobran sentido.

Teniendo la presión del Confis sobre sus hombros, a su equipo fuera de las oficinas y en pleno cierre del año, se tomó su tiempo para atenderme. Diez minutos se convirtieron en poco más de hora y media, en la cual permaneció imperturbable. No pensaba demasiado las respuestas, simplemente dejó fluir la conversación. Sus manos no se movían para añadirle expresividad a sus ideas, sus ojos miraban adormilados, no sé si sea su apariencia de siempre o si el exceso de trabajo le está pasando factura a su rostro.

Nos sentamos en la sala de juntas de su Dirección, su escondite predilecto cuando no quiere que lo encuentren en la oficina, pues disfruta trabajar solo, en silencio. No es que no reconozca la importancia de un buen equipo de trabajo, simplemente prefiere alejarse de distracciones y dedicarle a sus labores el tiempo por el que le pagan, y allí, en esa mesa amplia y libre del caos de su propia oficina el trabajo le rinde más, tiene menos interrupciones y sobre todo, menos desorden, el mismo desorden que dice odiar.

Gabriel es un tipo serio, pero no es de los que niega una sonrisa. Dice ser ordenado pero después de ver su despacho la verdad salta a la vista, curiosamente así como asegura que le molesta el desorden, dice detestar la impuntualidad; también cree que es muy estricto con él mismo, pero esta última característica se contradice con su propia vida académica, llena de saltos e indecisión.

"Los funcionarios apuestan cuál será la pinta de Piraquive para el día siguiente, las opciones suelen estar entre saco azul y pantalón café, o pantalón café y saco azul"

En su juventud pasó por las artes y la restauración en Florencia (Italia), donde adquirió un gusto especial por las obras renacentistas y los trabajos del escultor Miguel Ángel. En Bogotá optó por la ingeniería mecánica, durante ese paso la administración pública lo fue llamando, luego la filosofía resultó más interesante y la ciencia política se fue metiendo en su cabeza, tiempo después la economía logró atrapar su atención y justo en ese campo terminó desarrollándose profesionalmente.

Tal vez la naturaleza nómada con la que fue criado se manifestó a la hora de elegir carrera, porque después de haber iniciado su viaje al nacer en San Antonio del Tequendama (Cundinamarca), pasar por Brasil y luego recorrer Europa junto a sus padres, lo que sorprende es que haya durado tanto trabajando para la misma entidad, 27 años para ser exactos, desde que se vinculó al DNP. Demasiado tiempo sin buscar nuevos destinos.

De sus padres habla poco, da la impresión de que no sintió afecto por ellos. Los describe como personas dedicadas a su trabajo pero no a su familia: “ellos siempre estaban ocupados. Yo crecí solo”. Recuerda su infancia como una época en la que su tiempo se repartía entre la lectura y los viajes. Ese podría haber sido un estilo de vida deseable para cualquier otro, pero cuando me refiero con emoción a sus viajes él contesta con una mueca, seguramente nunca los deseó. A pesar de eso, lo más probable es que ese pasado, sin un núcleo familiar sólido, haya cimentado las bases para lo que hoy es motivo de orgullo en su vida, su familia, a quienes describe como el fruto de su éxito, a quienes según Mónica Flórez, compañera de equipo de Piraquive, atiende en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia: “Él no es de los que habla de su familia, pero algunas veces uno lo escucha por teléfono con el hijo y es como escuchar hablar a otra persona, es súper paternal y está muy pendiente de él”.

En general el concepto que tienen los trabajadores del DNP sobre Piraquive, uno de sus integrantes más antiguos, es casi el mismo sin importar a quien se le pregunte: una persona reservada, de bajo perfil, de grandes logros, el de pantalón café de pana y saco de lana azul, en eso coinciden todos, tan políticamente correctos como lo exige la institución. Tan particular y generalizada está su imagen que Juan Pablo Machado, productor de contenidos del DNP, cuenta que a modo de broma los funcionarios apuestan cuál será la pinta de Piraquive para el día siguiente, las opciones suelen estar entre saco azul y pantalón café, o pantalón café y saco azul.

A pesar de mantener una relación cordial con los trabajadores en los 35 pisos del DNP, Gabriel responde lo siguiente cuando le pregunto sobre quiénes son sus amigos: “Ninguno. Con el tiempo uno deja de ver a las personas y si no las busca peor”, refiriéndose a los que alguna vez pudieron acercarse un poco más de lo normal a su círculo social. Pero que la anterior afirmación no los engañe, él sí ha estrechado lazos, aunque no lo parezca, de hecho ha sido en escenarios laborales donde ha construido buenas relaciones. Su matrimonio por ejemplo, “fue por casualidad. Yo llegué de Inglaterra al DNP y la conocí, vi que le gustaba la literatura y podía hablar con ella al respecto. Me pareció una persona sencilla y le gustaban las cosas que yo hacía. Así resulté compartiendo mucho con ella y así seguimos hasta el día de hoy”. También ha coincidido con personas que hoy en día lo buscan ofreciéndole altos cargos laborales, como por ejemplo el ex Ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, actual presidente de Ecopetrol; pero Gabriel no está dispuesto a cambiar su ritmo, equipo y ambiente laboral por más dinero.

Más allá de la costumbre y el agrado con el que Piraquive se desempeña en el DNP, los años le empiezan a pesar. Considera que lleva demasiado tiempo en esa institución, “pronto va a ser hora de retirarme”, dice con una sonrisa tranquila en su rostro. Asegura que las empresas necesitan renovarse, obtener nuevos enfoques, nuevos ángulos y además está seguro de que su gestión ha sido satisfactoria. Cuando le pregunté por sus errores solo atinó a sonreír y mencionó un hecho al que inmediatamente le restó importancia, algo por allá en el 2006… Mónica Flórez me dio los detalles: “Alguien arrastró una formula y decreció impresionante un indicador”, como cuando en Excel se alargan las casillas pero se mantiene la operación; “Gabriel confiaba en su equipo y no le revisó el trabajo al encargado de supervisar al técnico que la embarró, ¡lo llamó hasta el presidente Uribe a hacerle el reclamo!”, y cómo no iba a ser así, si con este pequeño descuido el informe del DNP anunciaba una caída de 10,6 % en el cálculo del salario mínimo para los años 2004 y 2005.

A pesar de los errores “Piraquive ha logrado durante todos estos años mantener una imagen confiable”, afirma Fernando González, editor de contenidos del DNP. Dice que no hay persona que por sus años de trabajo en la Institución sea capaz de comprender y analizar el Producto Interno Bruto (PIB) con la precisión y seguridad con la que lo hace Piraquive. Y es que realizar los cálculos para administrar alrededor de 332.384 millones de dólares anuales no es tarea fácil, no por nada lo apodan PIBraquive en los susurros de los corredores. González cuenta además que “todas las declaraciones de Piraquive son off the record, porque él no quiere ser el protagonista de ninguna noticia. Sin embargo, es el que mejor informado está y es a él al quien toca creerle cuando realiza análisis en su campo. Si él dice que las cosas están mal es porque están mal, si dice que están bien es porque están bien”. Tan en serio se toma eso de no figurar que no hay fotos institucionales en las que se pueda ver su rostro. Martha Toro, productora de contenidos del DNP, dice que Piraquive parece alérgico a las cámaras, pues cuando aparece alguna inmediatamente él se pierde de vista.

Cuando le pregunté en qué momento podría conocer su hogar para complementar esta nota me dijo: “yo le aviso”. Hasta el momento sigo esperando y no precisamente por falta de insistencia; he recurrido a mensajes, llamadas y visitas sorpresa, pero no he podido hallarlo nuevamente, seguro encontró un nuevo escondite, uno mejor que la sala de juntas, uno en el que solo hay espacio para él, su familia y su trabajo.

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