Tiros de pistola contra civiles, aturdidoras y lacrimógenos, tanquetas contra escudos hechos a mano. Hechos así no se olvidan en quienes los vivieron. Más de 5.000 hechos de violencia policial en todo el país. Hechos así, dentro de los grandes medios de comunicación, se narraron sin imparcialidad, desde argumentos que se enfocan más en el daño a la propiedad privada por el “vandalismo”, que en la desigualdad económica, la falta de representación política y las carencia de oportunidades sociales que ocasionaron el estallido social.
Hechos así hacen que Juan Pablo Aranguren, psicólogo, antropólogo y Doctor en Ciencias Sociales, defina el estallido social como un evento de alto impacto que puede traer un trauma social no resuelto, marcado por el silenciamiento y la impunidad. Sin embargo, a pesar de las heridas abiertas, tanto las víctimas como Aranguren, hablan de una resistencia individual y colectiva, que se puede definir como crecimiento postraumático.
Un estallido que no se ha narrado lo suficiente
Para Leidy Cadena, joven manifestante y víctima de trauma ocular como consecuencia de la represión en el estallido social de 2021, el dolor fue físico, pero también social. “Tuve que salir de Colombia ese mismo año, dejar a mi familia. Una de mis amigas se suicidó después del estallido. Muchos como yo perdieron la vista y con eso, su vida, el trabajo. Es algo que a todos nos marcó para el resto de nuestra vida”.
¿Por qué el estallido social –y la represión policial que vino con él– son eventos traumáticos? “Es un evento significativo de alto impacto que tiene una herida en lo social”, explica Aranguren. El trauma es una respuesta emocional y física ante eventos estresantes, peligrosos o violentos que superan la capacidad de afrontamiento de una persona –esto es: las habilidades personales para manejar el estrés y la adversidad–.
Andrés Maíz, un líder social de la lucha por la vivienda digna con su Colectivo de los Sin Techo, y de los derechos LGBTQ+, que vive en Popayán, explica sobre lo vivido durante el estallido que “pareciese que esas cicatrices ya sanaron y no han sanado; supura el hedor del olvido, supuran el hedor del abandono”. Además explica que el dolor no se limita a lo vivido durante el paro, sino a las carencias que ha vivido él, su familia y su población, tanto antes como después. “Vivo en la zozobra que vivieron mis padres, mis abuelos”.
Para Tania Tapia, periodista de 070 durante el estallido, cuyas reporterias la pusieron en el filo de la línea entre la protesta y la represión, reconoce que si bien el estallidos sirvió para “darle lugar en la esfera pública a todas las emociones que la gente estaba sintiendo y que estaban en ebullición en lo privado”, todavía los eventos le despiertan un “recuerdo somático muy extraño que todavía estoy descifrando, que es como una activación del sistema nervioso”.
Para Aranguren no hemos podido nombrar correctamente el estallido, “es algo que de alguna manera reducimos al silencio o al silenciamiento (…) muchas de las víctimas directas no han podido contar su experiencia porque además son víctimas de amenazas directas, de exilio forzado”, añade Aranguren. Además afirma que no cree que “lo traumático [del estallido] sea algo que se sane, sino algo que se debe inscribir en las memorias de la sociedad, es decir, debe ser un evento inscrito en la historia del país“.
“Necesitamos hablar de todo esto públicamente sin que caigamos en mecanismos de defensa (como dirían los psicoanalistas), de negación, de que ‘esto no existió, de que esto no pasó’”. Los mecanismos de defensa de la negación implican procesos inconscientes que sirven para proteger a la persona de la incomodidad o la ansiedad, aunque pueden ser dañinos a largo plazo, ya que niegan una realidad que requiere atención.
Aunque no todas estas experiencias pueden clasificarse con precisión milimétrica dentro de la definición del trauma, y requerirían análisis personalizados por parte de personas expertas, sí es útil tener el concepto en mente para repensar lo que implica todavía esta experiencia en la mente y la vida de quienes la vivieron.
Una respuesta institucional incompleta
Para entender estos rezagos emocionales causados por los estruendos, dolores y la impunidad, lo inconcluso, vale la pena regresar al concepto de lo traumático.
Camilo Mendoza, investigador del Observatorio de Violencia Institucional de Temblores ONG, explica que “uno de los dolores o heridas que siguen abiertos del paro es la impunidad sistemática estructural frente al esclarecimiento de casos de vulneraciones a los derechos humanos”. Para dimensionar esta impunidad, expone cifras concretas documentadas: “de un total de 105 casos de trauma ocular que documentamos, solo ha habido una condena penal. Y en los casos de violencia homicida de los 40 que registramos, no ha habido ninguna sentencia condenatoria en el campo penal”.
Mendoza añade que las exigencias más profundas, como la reforma a la Policía, no se materializaron debido a que no se afrontó el problema de manera integral, sino mediante acciones aisladas: “la transformación policial se quedó a nivel de ciertos actos administrativos, pero nunca llegó a nivel legislativo”. Esto ocurrió, según Mendoza, “por falta de voluntad política, por inexperticia en los cargos del alto gobierno”, y explica que esto es un grave riesgo porque, al quedarse solo en actos administrativos, estos cambios “no tienen el alcance transformador y el blindaje institucional para perdurar en el tiempo” si llega un gobierno opositor.
Alexandra González, actual secretaria del gabinete del Ministerio de Defensa y exintegrante del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, realiza un balance del estallido social desde su pasado como defensora de derechos humanos y su actual rol institucional. Dice que sí se han logrado “ajustes institucionales importantes”. “No solo se elimina el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) como un escuadrón al cambiarle el nombre a Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO), sino que se modificó toda la doctrina operativa”. Confirmó la suspensión definitiva de la escopeta calibre 12 y granadas multi impacto en protestas. Además, resalta la priorización de la mediación pacífica con la creación de 129 cargos explícitamente destinados al diálogo. Para sanar estas heridas y recuperar la confianza, resalta el valor de sentar en la misma mesa a los uniformados y a las víctimas de la represión: “Ha sido muy importante que la los funcionarios del UNDMO se sienten con los jóvenes de Movimiento en Resistencia Contra las Agresiones Oculares del ESMAD (MOCAO) que perdieron sus ojos en contextos de protesta y juntos podamos hablar de cómo transformar el modelo operativo”.
Gareth Sella, cineasta, víctima ocular directa y viceministro de Juventudes en entre 2023 y 2024, enfatiza la necesidad inconclusa de una articulación interinstitucional que entienda las peticiones del estallido como un asunto “transversal e interdisciplinario” y, en última instancia, que para abordar el estallido se requería “dotar todas las entidades de gobierno con una capacidad de cumplir las demandas del estallido”. Además, Sella reconoce que la respuesta a las juventudes que salieron a protestar fue deficiente, especialmente para aquellos provenientes de barrios populares con “necesidades materiales tangibles”. Para Sella, los sectores organizados y el gobierno no supieron cómo ofrecerles algo distinto a lo que ya proponían “los combos, las ollas de microtráfico, los actores armados”.
Existe una respuesta institucional valiosa en términos narrativos, según la lectura del profesor Aranguren: el informe del CNMH, El pueblo en las calles: memorias de resistencia y represión en el estallido social. Fernanda Spinoza, coordinadora del informe, explica que cada página se construyó con un “enfoque testimonial” a partir de 188 entrevistas en diversas regiones, para darle un lugar central a la voz de los manifestantes. El objetivo principal fue “salir de la narrativa imperante, que fue la narrativa del vandalismo que no reconoce justamente las causas y los motivos por los que salió a movilizarse y que no reconoce el derecho legítimo que estaban ejerciendo, el derecho a la protesta”.
A cinco años del estallido, si bien para algunos manifestantes dar su testimonio fue “sanador” y terapéutico, Spinoza advierte que esto no basta, pues “sigue habiendo una demanda grande de memoria, de verdad y de esclarecimiento del estallido […] las familias siguen exigiendo una comisión de la verdad”. Para responder a esta exigencia de las víctimas, se está conformando un nuevo Comité de Expertos Ad Hoc (respaldado por el Decreto 1190 de 2025) para documentar, analizar y sistematizar las graves violaciones a los derechos humanos ocurridas en el contexto de las protestas sociales entre 2019 y 2021. El comité deberá entregar un informe final que incluya recomendaciones institucionales para proteger a los manifestantes, garantizar el derecho a la protesta y evitar la repetición de estos hechos de violencia. Estos esfuerzos sacan más el dolor de quienes vivieron el estallido del silencio que lo ha gobernado.
Organización social y una juventud politizada
“La resistencia también es una respuesta posible después del trauma; la resistencia colectiva y comunitaria que tiene una fuerza vital”, afirma Araguner. El trauma no es una vía sin salida. Aranguren explica que existe otro fenómeno, conocido como crecimiento postraumático, que es un cambio psicológico positivo tras una crisis o trauma. No niega el sufrimiento, sino que sugiere que la adversidad puede alterar positiva e involuntariamente la comprensión de uno mismo, los demás y del mundo, lo que puede dar agencia ante el dolor.
Este crecimiento también puede suceder a quienes acompañan la lucha de las víctimas: frente al trauma no solo hay resiliencia individual, sino que “están las construcciones colectivas que se desarrollan, por ejemplo, en quienes han acogido esas historias de dolor y sufrimiento”. La resistencia de las víctimas directas frente a la violencia estatal se convierte en un motor que impacta y moviliza a quienes atestiguan ese proceso, generando un tejido de apoyo y lucha compartida –este fenómeno puede nombrar como crecimiento vicario postraumático–.
Leidy Cadena, víctima ocular, al hablar de organizaciones de víctimas como MOCAO afirma que estas organizaciones “crecieron muchísimo, se fortalecieron, se crearon muchísimas otras, y terminan siendo muy importantes y muy valiosas para nosotros como jóvenes”. Gareth Sella, víctima ocular y exviceministro de Juventudes, agradece del estallido que “nos dió la posibilidad de que la gente sepa que se puede organizar, que se puede revelar, que se puede levantar, que sí puede cambiar las cosas”.
Rolando Quintero, más conocido como el “Profe Papas”, uno de los líderes detrás de la construcción del Monumento a la Resistencia (el icónico puño de 12 metros en Cali), afirma que el estallido y la represión gestaron una nueva ola política. Recuerda vecinos de Cali, “estoy hablando de muchachos que no tenían documento de identificación, que por el estallido no solamente obtuvieron su cédula porque venían las elecciones, sino que se fueron a cuidar los votos. Los jóvenes pasaron de no querer saber nada de política a meterse de lleno. Hoy contamos con jóvenes que trabajan en el Congreso, trabajan con el gobierno nacional a partir de ese despertar de las conciencias populares”.
Fernanda Spinoza, investigadora de las protestas, lo identifica también. “Hay un trabajo muy importante en torno a los ejercicios de cuidado: la olla comunitaria, las primeras líneas”. Lo mismo dice Camilo Mendoza, de Temblores ONG: “El paro mostró todas estas redes de cuidado y solidaridad que sostienen un proceso organizativo de este calibre, pero no solo durante el paro, sino después, alrededor de procesos de memoria y de agrupaciones de víctimas que exigen justicia ante la impunidad estatal”.
Quintero lo dice con libertad. “Quien siembra la tierra sabe muy bien que la mierda es el mejor abono para una flor o para un fruto. Y las mierdas de las violencias y de las injusticias han hecho eso, han hecho florecer una fortaleza y una firmeza inusitada. Si bien hay frustraciones, no hay derrotas definitivas, al contrario, insisto, todo eso se nos ha vuelto a uno para persistir hasta prevalecer”.