Entre talas y concreto: el arbolado bogotano tras la construcción del metro

La construcción de la primera línea del metro de Bogotá ya es una realidad que veremos por los próximos años y con ella, las talas de árboles y los impactos ambientales y sociales serán parte de nuestra cotidianidad durante las obras.

por

Alejandro Rodríguez


16.04.2024

Hace unos meses, mientras caminaba por la avenida Caracas, me encontré con un cartel rojo que decía: “por acá pasará la primera línea del metro de Bogotá”. Al lado había un árbol, un caucho benjamín, de unos tres metros de alto rodeado en la parte más baja de su tronco por una lona azul que anunciaba, de manera silenciosa, su futura tala. El metro de Bogotá ha sido una frustración y una obsesión en la discusión pública sobre la infraestructura de la ciudad. En los recientes años, la discusión se ha centrado más que todo en las disputas políticas sobre si construir un metro elevado o subterráneo, lo que ha dejado de lado la discusión sobre los impactos que esta obra podría tener en el ecosistema urbano. Hoy vemos en la avenida Chile, en algunos tramos de la avenida Primero de Mayo y en el Patio Taller la magnitud de la ejecución de la obra del metro y, con ello, somos y seremos testigos de la masiva tala de árboles y de los impactos ambientales que tendrá esta construcción. Por esto, me interesa escarbar sobre las consecuencias ambientales y sociales de la tala de estos árboles y sobre cómo esto puede profundizar el deterioro de la calidad del aire en Bogotá.

Caucho Benjamín próximo a ser talado sobre la Avenida Caracas. Archivo personal.

Las grandes obras de infraestructura, sin importar las medidas de contención, tienen un impacto en el medio ambiente que las rodea. Esto no es algo que solo ocurra en Bogotá, la tensión entre infraestructura y los impactos sociales y en el medio ambiente es una constante en países como España e Indonesia. En Colombia, en el caso de Medellín, a pesar de que ya existe una red de metro, la construcción de la nueva línea de la 80 ha causado debate por la posible tala masiva de árboles y el impacto vecinal y ambiental que esto tendría. Además, en el caso de la construcción del Metroplus en Envigado el Consejo de Estado ordenó suspender las obras por la vulneración de derechos colectivos tras la tala de árboles. 

En la discusión pública sobre el metro de Bogotá este parece ser un tema de menor importancia. Sin embargo, los efectos ambientales y sociales que tendrá la construcción de la Primera Línea del Metro (desde ahora PLM) ya son perceptibles, por ejemplo, con la reducción del espacio público. Por esto, me parece necesario indagar por los impactos ambientales en el inmediato, corto, mediano y largo plazo y también por los impactos sociales que tendrá la construcción de un viaducto elevado que atravesará dos de las avenidas más importantes y transversales de la ciudad.  

Para imaginar cómo se verán las avenidas Caracas y la Primera de Mayo sin troncos naturales (pero con troncos de concreto), envíe dos derechos de petición a la Empresa del Metro de Bogotá. Pregunté por los impactos ambientales de la construcción y pedí la base de datos de todos los árboles que han sido y serán talados para la construcción del metro, como el caucho benjamín rodeado de lona azul que inspiró este texto.

Avenida Chile julio 2021.
Avenida Chile febrero 2022.

Como respuesta, me enviaron el Plan de Manejo Ambiental y el Estudio de Impacto Ambiental de la construcción de la PLM, cuatro tomos de más de 300 páginas cada uno. Allí, entre muchas cosas, se contemplan posibles alteraciones de los recursos hídricos, generación de olores ofensivos, alteración a la calidad del suelo, altos niveles de presión sonora y, por supuesto, alteración en la calidad del aire. El derecho a la calidad del aire es de gran importancia, según la investigación “Transparente como el aire: ni información ni calidad ni derechos” publicada por Dejusticia en el 2022: 

la polución del aire está conceptualmente caracterizada como una manifestación del deterioro del derecho a gozar de un ambiente sano. Sin embargo, a la luz de la jurisprudencia de la Corte Constitucional en la materia, este problema debe ser analizado considerando los derechos fundamentales potencialmente afectados —tales como salud, vida, intimidad y vivienda—, que en general se refieren a vivir una vida libre de tóxicos y en condiciones de dignidad. (p.25)

Al apagarse el incendio los cerros seguían ahí

Un perfil de los Cerros Orientales de Bogotá, ese lugar misterioso, bello y desconcertante que orienta la vida de la ciudad y reconstruye su historia, pero al que no conocemos lo suficiente.

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Este es un derecho que, en el caso bogotano, se ha deteriorado cada vez más. Según el Observatorio Ambiental de Bogotá, existe una relación entre las infecciones respiratorias agudas que afectan mayormente a niños, mujeres embarazadas y adultos mayores, y la emisión de partículas PM2.5, partículas altamente contaminantes que son rastreadas a través del sistema de monitoreo de calidad del aire que opera en Bogotá desde el año 1997. En el estudio de Dejusticia se demostró que en la estación de monitoreo de calidad del aire de Kennedy los datos superaban los límites permisibles por el propio Estado en términos de calidad del aire. Afirma que: 

frente a la concentración del contaminante PM2.5, que es el de mayor incidencia negativa en la salud, los datos oficiales señalan que dichas recomendaciones son superadas en todas las estaciones de medición oficiales de Bogotá. Incluso, los datos de estaciones de monitoreo como Carvajal, Sevillana, Kennedy, Puente Aranda y Tunal —zonas de mayor pobreza multidimensional ubicadas en el suroccidente— superan con mucha frecuencia los límites permisibles establecidos por el Estado.

Ante la difícil situación en la calidad del aire en Bogotá, los árboles son una de las opciones de contención para evitar que la situación empeore. Según la iniciativa Treepedia realizada por el Massachusetts Institute of Technology (MIT) en la que se miden los beneficios de los árboles en distintas ciudades del mundo, los árboles ayudan al fortalecimiento de los suelos (reducción de erosión), la reducción de islas de calor, la reducción y transformación del CO2 y la absorción de contaminantes, entre otros beneficios. 

Lastimosamente, para las localidades de Kennedy y Chapinero (las localidades donde más intervención tendrá la construcción de la PLM), habrá más tala de árboles que plantación. Ante mi pregunta por los árboles que han sido y serán talados, la Empresa Metro de Bogotá respondió que la construcción de la PLM requiere el traslado de 2016 árboles y la tala de 1018. De los árboles por talar, la ejecución ha sido rápida: para noviembre de 2023 ya se había talado el 63% del total, mientras que la ejecución total de la PLM para el mes de marzo de 2024, según el alcalde de Bogotá Carlos Fernando Galán, es de apenas el 30,9%. Para la localidad de Kennedy la situación es especialmente difícil ya que desde hace años se han registrado niveles altos de contaminación y de partículas PM2.5, a lo que hay que sumarle la futura tala de alrededor de 173 árboles (sin contar los árboles ya talados ni los que serán trasladados) por la construcción de la PLM. La situación en Chapinero, así sea menos alarmante, también es preocupante debido a la poca disminución de partículas PM1.0 y PM2.5 y a la futura tala de alrededor de 152 árboles principalmente sobre la avenida Caracas.

Al recibir la base de datos de todos los árboles que serán talados, quise construir una imagen en mi cabeza de cómo luciría la ciudad sin estos árboles. Para esto hice un ejercicio de cartografía  en el que identifiqué y ubiqué cada uno de los árboles por talar. Así, construí un mapa de la PLM pero a partir de los árboles que serán talados para su construcción y así poder imaginar la magnitud de la transformación de Bogotá en los próximos años.

Mapa de arbolado por talar. Archivo personal.

Luego de hacer la georeferenciación de los árboles por talar, quise ir a verlos, retratar algunos y acercarme un poco a la singularidad y contexto de cada uno antes de que su existencia quedara en el olvido. Me encontré con gran diversidad de árboles (nativos y foráneos) que habitan un espacio hostil pero que, paradójicamente, embellecen estas calles y ayudan a que sean un poco menos contaminadas. La avenida Caracas suele ser un espacio de tránsito en el que poco me detengo. Al acercarme a un jazmín del cabo en el costado occidental de la Caracas con calle 74, vi que tenía colgada sobre sus ramas prendas de ropa y algunos objetos de trabajo del hombre que limpia parabrisas en esa esquina. El árbol es parte de su espacio de trabajo: le da sombra y es donde se sienta a almorzar en los momentos de reposo. En mi recorrido, esta situación se repetía de manera similar al costado de varios de los árboles que serán talados: las personas que más permanecen en la Caracas, ya sea porque trabajan en economías callejeras (venta ambulante, reciclaje, limpiabrisas) o en los locales sobre la avenida, son quienes  más interactúan con el arbolado. 

Los impactos ambientales y sociales están estrechamente relacionados. Es el caso del hombre que trabaja en la calle, cuyo trabajo podría verse afectado por la tala de un árbol y a la vez su derecho a respirar un aire puro, también se verá afectado por esta situación. Por este motivo, en el mismo derecho de petición pregunté a la Alcaldía si existía algún tipo de plan de compensación ambiental para la ejecución de la obra, a lo que me respondieron que estás serían de tipo económico y que están trazadas por los actos administrativos que respaldan la construcción del metro. Dichos actos administrativos, como era de esperarse, no contemplan a las personas dedicadas a las economías callejeras en proximidad de los árboles que serán talados. En la respuesta se afirma que:

La compensación establecida en los actos administrativos mediante los cuales se autorizaron las intervenciones silviculturales del componente arbóreo emplazado en el área de influencia del proyecto se encuentra tasada de forma económica, razón por la cual no se contempla la siembra de árboles como medida compensatoria; sin embargo, como parte de los compromisos establecidos en el Contrato de Concesión No. 163 de 2019 se definió la siembra de cinco mil (5.000) ejemplares arbóreos dentro del área de influencia del proyecto.. Dicha plantación está proyectada para iniciar en la etapa de implementación de los diseños paisajísticos, los cuales se encuentran en revisión por parte de la interventoría. 

Árbol ubicado en la calle 74 con caracas mencionado en el texto. Archivo personal.

También pregunté por el plan de arbolado, sobre el que la anterior administración insistió reiteradamente con su plan 5×1 según el cual se sembrarán cinco árboles por cada árbol talado. La respuesta reiteró que el plan de 5.000 árboles se ejecutará en una etapa posterior al proyecto y que por lo tanto no hay ningún plan de arborización que pueda ser compartido. Lo anterior nos deja en un panorama de incertidumbre en el que, silenciosamente, los árboles de la ciudad son talados por obras de infraestructura y de transporte con el objetivo de movilizarnos más rápido, pero sin tener ningún tipo de claridad sobre los planes de compensación ante el inminente impacto ambiental que tendrá la construcción de la PLM de Bogotá. 

Por su lado, el Gobierno Nacional, sigue aumentando la incertidumbre ambiental insistiendo en su interés por hacer un tramo subterráneo en la Caracas sin compartir cuáles podrían ser los impactos medioambientales de un cambio tan drástico en la construcción. Por estos motivos, creo que es fundamental que la veeduría y el control político hagan un seguimiento a la inversión pública para mitigar los impactos ambientales y sociales que tendrá la obra de infraestructura más grande del país durante los próximos cinco años. 

El entusiasmo por la veeduría de la esperada obra de infraestructura ha desplazado la reflexión sobre el cambio que tendrá la ciudad y los impactos que esto puede tener en la salud y en el acceso a derechos ambientales de los y las bogotanas. Por mi parte, al volver a mi casa después de localizar y fotografiar algunos de los árboles que desaparecerán, pude hacerme una rápida (e incompleta) imagen del futuro de la Caracas, en el que no encontraremos sombra debajo de los pocos arbustos verdes que aún hay, como el caucho benjamín, sino bajo las torres de concreto que mantendrán los trenes elevados, que estarán acompañadas del ruido y el humo de los buses de Transmilenio.

Nota: Si te interesa contribuir a la georeferenciación y el seguimiento del arbolado a ser talado en la ciudad puedes escribir al siguiente correo: arpgomez.21@gmail.com

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