El perro: memes, nostalgia y temporalidades en el encierro

Dos perros asiáticos han asumido una voz propia. La voz de la impotencia. Este meme señala un antes y un después de la masculinidad hegemónica y revisa sarcásticamente las pretensiones del presente.

X. Andrade y Mijail Mitrovic

Andrade es Profesor Asociado y Coordinador del Laboratorio de la Imagen, Antropología, Universidad de los Andes, Bogotá. Mitrovic es antropólogo y crítico de arte. Enseña en la Facultad de Arte y Diseño de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima.

25.07.2020

La pandemia da cuenta de la complejidad de los ejercicios de reciclaje expresados en memes humorísticos para hacer sentido de temporalidades profundamente alteradas dadas las nuevas rutinas impuestas por el encierro.

Un brillante ejemplo de aquello es la larga historia de apropiaciones y nuevas iteraciones relacionadas con las imágenes de dos perros, decidoramente, ambos de procedencia asiática y de la misma raza. O por lo menos ese es uno de los relatos mediáticos que ha servido para encapsular un mito originario que señala un punto de partida dentro de tanto ejercicio de copia, modificación, y desfiguración de los referentes originales.

Cuenta la leyenda que dos fotografías, originalmente circuladas en Reddit y publicadas en 2013, fueron las detonantes de los canes más populares en el mundo memético que circulan con renovada fuerza desde mayo de este año. Las réplicas son innumerables y han cubierto un rango de temas que van desde cuestiones sobre género, feminidad, juventud e infancia, hasta raza, tecnología, economía, arquitectura modernista, narcotráfico, política, ciencias sociales, astronáutica, corporaciones, hábitos alcohólicos, historia del arte, poesía, fútbol, televisión, potencia sexual, educación virtual y prácticamente cualquier otro. Hablamos de un archivo omnívoro. 

Discursos sobre masculinidad hegemónica constituyen el sustrato de la comparación de un antaño y un presente que es aplicable a cualquier tiempo de la historia –cuando no inclusive a la prehistoria, aunque no se hicieron esperar los memes que redirigen ese motivo hacia una crítica feminista frente a la prepotencia machista. Hay también otras excepciones a la fórmula, como cuando, inspirados por el comunismo, se impulsa el espíritu revolucionario del perrito chiquito como representante de una clase obrera global, revertiendo así su posición subordinada.

Mediante el legendario arte del collage y pizcas de photoshop, un perro alto, musculoso y esbelto representa un “antes”. Ese tiempo es caracterizado, gracias a la superposición de una figura antropomórfica con una cabecita canina, por su fortaleza y miradas desafiantes e inquisidoras. Por contraste, el “después” –que alude a un ahora muy concreto para efectos cómicos— es ilustrado por un perrito minúsculo de mirada tímida y esquiva. Establecidos a manera de un diálogo asimétrico, nuestros personajes intercambian discusiones fundamentalmente filosóficas sin necesidad de que aparezcan Gramsci o Descartes, aunque bien podrían hacerlo, eventualmente. 

Por supuesto, en esta coyuntura, ellos forman parte de un fenómeno de memes más amplio: el de la antropomorfización de los animales. A diferencia de las citaciones que se han hecho en estos últimos cuatro meses a las especies domésticas y la pandemia, no obstante, estos perros han asumido una voz propia, al señalar un antes y un después que pondera, sarcásticamente, las pretensiones de un tiempo presente caracterizado por la impotencia. Cierta domesticación de la vida social por la vida social misma queda sugerida en el chiquilín que, en la mayoría de casos, se ubica al lado derecho de la imagen. Ocasionalmente, los perritos asumen también formas de otras especies para demostrar un potencial futuro en el mundo memético que no conoce horizontes, como por ejemplo, cuando dos cactus confrontan nociones opuestas sobre salvajismo y civilización. 

Bajo las condiciones de encierro que afectan cómo se experimenta la cotidianidad y lo que viene, cuando venga, no es casual que estos perros señalen mordazmente las distancias entre pasado y presente. En algunos casos, se trata de mostrar que las antiguas fortalezas se han perdido en un presente de quejas constantes y discursos que complican la comprensión de cosas que antes parecían realizarse sin más.

Lo curioso es que la mayoría de contrastes históricos aquí muestran el pasado como un tiempo a la vez más simple -con menos dudas y autorreproches- y más complejo -más activo, donde la subjetividad tenía más espacio para desplegarse y lograr lo que deseaba-, y la actualidad se presenta como el reino del discurso excesivo (de la retórica políticamente correcta y los excesos deconstructivistas) o de la incapacidad para actuar sin sopesarlo todo. Derechas e izquierdas confrontan su presente gracias a este rápido ejercicio comparativo sobre el tiempo.

Acaso estos memes señalen la domesticación del sujeto y el deseo, de cómo el deseo de antaño iba contra una realidad que era vista como su terreno de despliegue, frente al bloqueo del mismo por un realismo que parece ganar cada partida.  El tono dominante en las imágenes que constituyen este archivo es el de la nostalgia, y en estos tiempos conviene recordar que ella puede ser conservadora o emancipadora, según hacia dónde se dirijan el afecto y la risa. Esa ambivalencia estructura un caudal memético signado por apuntes subjetivos y punzantes que convienen ser mirados de cerca.

Infancia

Potencia sexual

Mujeres

Artistas

Artistas hace 100 años

Modernismo

Izquierdas

Comunistas

Anarquistas

Gramsci

Marxistas

Descartes

Sociología

Educación virtual

Fútbol

Astronáutica

Netflix

Narcos Matarife

Juventud

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