La performance es solo el principio

“Un violador en tu camino” se tomó las calles de Colombia y de todo el mundo. Desató un espacio ruidoso de denuncia por violencias de género. Y, en medio del Paro Nacional, ha servido para unir movimientos feministas antes fragmentados

Tania Tapia Jáuregui

16.12.2019

Decenas de mujeres mueven piernas y brazos en un solo ritmo.

Codos quietos, puños que suben y bajan. Brazos que se alternan. Rodillas que acompañan el ritmo. Una venda sobre los ojos. La imagen se ha repetido decenas de veces en las últimas semanas en Chile, en Francia, en España, en India y en Colombia. Desde Bogotá hasta San José del Guaviare. En todas se reproduce el canto que acompasa los cuerpos: “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”. El performance se ha vuelto emblema. 

“Un violador en tu camino” fue creado por cuatro chilenas de Valparaíso que conforman el colectivo LASTESIS. Desde hace año y medio, LASTESIS buscan poner en escena las teorías feministas a través de otros lenguajes. Este performance, en particular, es resultado de una investigación ellas que hicieron sobre violaciones en Chile, donde encontraron que solo el 8 % de los juicios por violación sexual terminan en condena.

Los símbolos de esa violencia son encarnados y reinterpretados en el performance: 

Están las sentadillas que los policías obligan a hacer a las mujeres detenidas. Ellas son forzadas a agacharse desnudas, con las manos en la cabeza, para detectar si tienen algún objeto en su vagina. 

Está la ropa: como visten las mujeres en una noche de fiesta, y que es señalado de ‘provocador’ y usado como justificación de las violaciones. 

Está una estrofa del himno de los carabineros chilenos —la Policía, uno de los actores que ha perpetrado la violencia hacia las mujeres en ese país—: “Duerme tranquila, niña inocente, sin preocuparte del bandolero, que por tu sueño dulce y sonriente vela tu amante carabinero”. 

Y está el nombre, “Un violador en tu camino”, una referencia a un eslogan que tuvo la Policía de Chile, “Un amigo en su camino”.

En Colombia, el performance se ha repetido en diferentes ciudades y escenarios desde el pasado 28 de noviembre ante la convocatoria de LASTESIS. 

Es sencillo, es fácil de replicar y además se hizo en un contexto de apuestas artísticas dentro de una lucha social. Su contenido recoge el sentir de una colectividad que se apropió de él, lo replicó y lo ha hecho grande.

Andrea Paba es una de las mujeres que respondió al llamado en Bogotá. Se enteró del performance mientras salía de la movilización del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en el que miles de mujeres marcharon en Colombia.

“Veníamos saliendo de la Plaza de la Hoja con una amiga cuando vimos el video. Dos días después LASTESIS sacaron la convocatoria para replicarlo el 28 de noviembre. Nos propusimos hacerlo: mi amiga trabajaba con las chicas de 25N [varias de las que organizaron la marcha ese día]. Ellas hicieron una convocatoria, y yo puse un tweet que respondieron muchas mujeres. Creamos un grupo en Whatsapp. De un momento a otro había como 150 personas”, cuenta Andrea.

Por redes sociales empezó a circular la letra de “Un violador en tu camino”: la instrucción era tratar de aprendérsela en un par de días, también la coreografía. La primera cita fue el jueves 28 de noviembre en La Morada, una casa cultural feminista en Teusaquillo. Unas 200 mujeres asistieron al llamado, muchas más de las que Paba esperaba. Ahí, en caliente, se discutieron los cambios a la letra para ajustarla al contexto colombiano: sacar la estrofa de los carabineros e incluir en su lugar la consigna del 25N en Colombia: “El Estado no me cuida, me cuidan mis amigas”.

https://www.youtube.com/watch?v=drWyAsA4DZo
Intervención del 28 de noviembre en Bogotá.

El performance se repitió el sábado 30 en el Parkway. Llegaron el doble de mujeres. La masividad de la convocatoria se expandió también a otras ciudades de Colombia como Medellín, Manizales, llegó a Quibdó, a la capital del Guaviare. Se transformó en canción llanera. Fuera del país también siguió creciendo: en Chile 10.000 mujeres se encontraron frente al Estadio Nacional en Santiago, un lugar de tortura durante la dictadura,  para hacer el que tal vez ha sido hasta la fecha la versión más masiva de este performan. Se tradujo al francés y se realizó al frente de la Torre Eiffel y llegó hasta la India

“Es sencillo, es fácil de replicar y además se hizo en un contexto de apuestas artísticas dentro de una lucha social. Su contenido recoge el sentir de una colectividad que se apropió de él, lo replicó y lo ha hecho grande”, dice Nadia Granados, artista y performer, para explicar su popularidad. “Es fuerte por ser masivo y por haberse hecho más de una vez. Además aprovecha el cuerpo como centro de la acción, lo que permite que algo pequeño y sencillo se convierta en algo gigantesco y contundente. Es una potencia que solo tiene el cuerpo en vivo”.

Explica que aunque no es la primera vez que un performance irrumpe en el espacio público —ya ocurrió con El Siluetazo en 1983 en Argentina o Lava la bandera en Perú en el 2000— el fenómeno de “Un violador en tu camino” se siente tan único y tan masivo en parte también por las redes sociales. 

Intervención en el Estadio Nacional en Santiago el 4 de diciembre.

“Creo que internet y las redes han hecho que muchos acontecimientos que suceden en lo íntimo lleguen a una escala global: ejercicios corporales, canciones, actos espontáneos cargados de performatividad que comienzan a ser tendencia, que se viralizan”,  afirma Granados. “Creo que en la actualidad hay una relevancia de lo performático, vinculado a las redes sociales, que no existía antes. Una posibilidad de organización y ejecución que permiten las redes, además de un movimiento feminista potente, que tiene la capacidad de articular alrededor de una agenda transnacional en la que cada una deviene en sujeto colectivo”.

Puede que el éxito de la convocatoria del sábado 30 de noviembre, en el Parkway, haya sido en parte gracias a lo viral que se hicieron los videos del performance del jueves. Pero, claro, también puede deberse al hecho de que el performance se estaba volviendo un espacio visible y ruidoso de denuncia de las violencias de género. Un tipo de violencia que es muy común pero que cuenta con pocos espacios de denuncia —de ahí que exista un subregistro que puede duplicar y hasta triplicar el número de casos reportados por autoridades—. 

“Hay un pedazo de uno de los videos en que sale una nena cantando con tanta rabia, como si le estuviera diciendo al violador ‘tú fuiste el que me violó. Te lo estoy diciendo a ti’. El violador está en las calles, hay una violencia estructural y sistemática que nos oprime y el Estado no hace absolutamente nada”, dice Paba.

Intervención en Bogotá el 30 de noviembre.

Según datos de Medicina Legal, entre enero y octubre de este año se registraron 18.967 casos de presunto delito sexual a mujeres en el país. ‘Presunto’, porque aún están siendo investigados. Los números aumentan en los casos de otro tipo de violencias más normalizadas y menos visibles: en 2019, por ejemplo, Medicina Legal registró 34.183 casos de violencia de pareja hacia mujeres y 31.044 casos de violencia interpersonal. Son tantas mujeres que podrían llenar el estadio El Campín. 

En el caso más extremo de la violencia, los asesinatos, las cifras han aumentado en comparación a 2018: de 1.156 mujeres a 1.229 mujeres asesinadas en 2019. No hubo cambios tan evidentes en los asesinos: la mayoría siguen siendo casos sin suficiente información, seguidos de agresores desconocidos con un 15 % y parejas y exparejas con casi el 10 %, segun cifras de Medicina Legal. 

La entidad habla de homicidios contra mujeres, y no feminicidios, porque no puede tipificar delitos. Sin embargo, hay organizaciones de la sociedad civil que sí se han dedicado a llevar un conteo sobre feminicidios en el país. La Fundación Feminicidios Colombia, por ejemplo, publicó un informe el 25 de noviembre donde registra 239 feminicidios en el país en lo que va del año, de los cuales el 73,8 % han sido perpetrados por conocidos de las víctimas.

Justamente, 239 de las casi 400 mujeres que se encontraron en el Parkway la noche del 30 de noviembre llevaban en el pecho el nombre de una de las mujeres víctimas de feminicidio. Andrea Paba, en cambio, llevó el nombre de la persona que la violó cuando era niña.

“Yo nunca le había contado a nadie que me habían violado. Mi mamá sabía porque entró al cuarto en el momento en que mi primo me estaba violando, pero nunca fue un asunto que yo quisiera contar, me sentía sucia. Pero entendí que no estoy sola y que hay que aprender a socializarlo. Obviamente es horrible, pero esto es algo que necesita pedagogía. Contar nuestras historias les sirve a otras mujeres para que tomen la vocería y, si quieren, también cuenten su propia historia. Por eso lo hice. Además, ¿por qué le voy a dar tanto poder a la persona que me violentó a mí hace tantos años? Más cuando en este momento existe esta red de apoyo detrás mío que me respalda y me anima para que yo pueda contar mi historia”, dice Andrea. 

Andrea, y las mismas integrantes de LASTESIS dejan una cosa clara: el performance es una parte, no el fin en sí mismo. Es la herramienta que permite llevar el mensaje importante: que el Estado ha sido cómplice de las violencias contra las mujeres pues tiene un sistema de justicia que no las protege ni castiga a los abusadores; pero además un Estado que es representado por un cuerpo policial que también ha violentado a las mujeres, como en Chile.

“En el caso chileno hay una experiencia que tiene que ver con una memoria que no se ha eliminado aún, que es la de la dictadura y las experiencias de violencia que el Estado puede ejercer sobre la ciudadanía”, contó una de las integrantes de LASTESIS a la BBC. “Hay mujeres violadas y abusadas que, cuando van a denunciar esa situación, se les pregunta cómo andaban vestidas, por ejemplo, tratando de culpabilizar a la víctima. Entonces, ¿quién te protege finalmente?”.

La performer Nadia Granados coincide en que “Un violador en tu camino” es solo un paso, pero uno importante en el camino para materializar una transformación concreta en el reconocimiento de la violencia de género. 

“No pensaría que la performance como tal sea el que logre cambios, pero estamos ante una colectiva transnacional de mujeres que seguramente ya está generando un montón de transformaciones. El poder de gritar juntas en esta performance masiva es un síntoma de algo más grande que definitivamente ya cambió y que tiene una potencia enorme en la lucha contra el patriarcado que, en sí mismo, es la raíz de las violencias históricas que azotan a la humanidad”, asegura la artista.

Andrea Paba, por su parte, asegura que lo más importante de “Un violador en tu camino” han sido las discusiones que el performance ha propiciado. Una de ellas es precisamente la ola de denuncias de abuso sexual que ha surgido a raíz del performance y que ha llevado a muchas mujeres a contar sus historias de abuso a partir de una de las frases más sonadas de la intervención.

Para Andrea, la razón de esta ola de denuncias –que recuerda la fuerza que en su momento tuvo el #MeToo en Estados Unidos–, es el hecho de que las mujeres se dieron cuenta de que son muchas las mujeres abusadas. Que son muchas las mujeres dispuestas a congregarse a decir “el violador eres tú”. Que son muchas las que quieren atreverse a denunciar. Y muchas las que están dispuestas a respaldarlas.  

“Me pareció muy áspero que nadie me dijo absolutamente nada. Nadie fue a abrazarme y a decirme ‘pobrecita, te violaron'”, dice. “No hubo oportunidad de ser revictimizada como lo han sido muchas víctimas de abuso sexual a quienes les dicen ‘lo siento mucho’. Sí, lo sientes, pero ¿y qué? ¡Haz algo! Si eres hombre, párate en tus lugares de poder y reconoce este tipo de violencias”. 

“Para mí fue demasiado catártico, pero también fue interesante saber que nadie me estaba pobreteando ni revictimizando por haber sido una mujer que fue abusada sexualmente”, asegura emocionada.

“Un violador en tu camino” y el Paro Nacional

Como “Un violador en tu camino” llegó a Colombia pocos días después de haberse iniciado el Paro Nacional, la congregación sirvió para dar otra discusión: ¿cuál era el enfoque de género en el pliego de peticiones que se pretende discutir con el Gobierno? ¿Dónde estaban representadas las mujeres en la lista que pretendía sintetizar todos los aspectos que vienen causando malestar social frente a un Estado que ha fallado en su labor?

El sábado, horas antes de una nueva representación de la performance, varias de las mujeres se dieron cita en un picnic cuyo propósito era discutir los temas, en materia de género, que consideraban deberían estar en el pliego de peticiones.

“Hubo muchísimas propuestas, sobre todo frente al desmonte del Esmad. Hablamos de economía del cuidado, de salud pública, de protección de las mujeres en región, de salarios, de la reforma tributaria –que no tiene nada de política de género–, de salud sexual y reproductiva”, cuenta Paba sin dejar de enumerar razones. 

Concentración del 30 de noviembre horas antes del performance.

El resultado del encuentro fue una larga lista de propuestas que se compartió con otros colectivos de mujeres que a su vez lo complementaron con otros reclamos. Y llegó hasta reunión en la Casa de la Mujer, donde se dieron cita integrantes de colectivos feministas de vieja data, líderes políticas como Ángela María Robledo y mujeres jóvenes que se congregaron por el performance.

El performance también recibió su parte de los choques y abusos de las fuerzas policiales en el contexto del paro. El 30 de noviembre, por ejemplo, a la casa de La Morada llegaron cerca de 30 agentes —sobre todo mujeres policías— que estuvieron rondando en la zona y haciendo preguntas.

“Preguntaban que si íbamos a hacer algo, que si estábamos convocando a algo a las seis de la tarde”, cuenta Jennyfer Vanegas, una de las mujeres de La Morada. Ella asegura que la Policía llegó después de que El Espectador publicara una nota contando que la casa sería un punto de concentración del paro. 

“Eso no es cierto, éramos un punto de encuentro para el performance que ni siquiera se iba a hacer acá. La policía llegó con excusas a tratar de ingresar a la casa. Luego empezaron a llegar más policías hasta que finalmente llegó un bus lleno. Lo que nos decían era que nos estaban protegiendo porque había un llamado de concentración en este punto y que iba a haber vandalismo”, agrega Jennyfer Vanegas.

Las convocantes tampoco querían arrojarse el título de ‘líderes’ de un movimiento. Creen que el movimiento es de todas, no del grupo que se encargó de convocar.

Andrea cuenta que, además, los policías tomaron fotos de los rostros de varias de las mujeres presentes. “Cuando la gente se empezó a separar, los policías que estaban al lado derecho, mirando hacia el occidente, empezaron a tomar fotos de las personas que estaban ahí”. Para ella se trata ante todo de una estrategia de intimidación. 

Eso fue precisamente lo que ocurrió. Por un lado, las convocantes se sentían responsables de la seguridad de las demás mujeres y prefirieron cancelar una intervención que habían planeado frente al edificio de la Fiscalía, en Bogotá.

“A mí la Fiscalía no me parecía un lugar seguro. Es un sitio con muchísima seguridad alrededor donde podía ser probable que tratara de dispersarnos el Esmad. Les dijimos que nosotras no podíamos otorgar ningún tipo de protocolo de seguridad y que por esa razón no lo íbamos a hacer. Había muchas mujeres que igual querían hacerlo, pero no pasó”, cuenta.

Las convocantes tampoco querían arrojarse el título de ‘líderes’ de un movimiento. Para ellas, lo valioso era haber generado una intervención en la calle, y que eso se hubiera transformado en otras conversaciones necesarias sobre las condiciones de las mujeres. Creen que el movimiento es de todas, no del grupo que se encargó de convocar. Y querían avanzar hacia otro paso en la discusión, más allá del performance. 

“Yo siento que estuvo bien, pero todo lo que está bien puede perder el mensaje si se sigue repitiendo con tanta insistencia. A mí no me importa la recepción que haya tenido en medios. Lo importante es haber lanzado el mensaje que queríamos, y haber generado espacios de asamblea para discutir lo que queremos. Sobre todo en esta coyuntura del Paro en la que estamos exigiendo al Estado que nos represente mejor”, dice Andrea.

Por ahora, como el resto de las conversaciones sobre al paro, la discusión del pliego de peticiones en materia de género sigue discutiéndose en frío en varios grupos a la espera de que el Gobierno se siente a iniciar el diálogo. 

Y, aunque ‘Un violador en tu camino’ parezca enfriarse, en el fondo otra cosa se está calentado: la reunión entre mujeres y colectivos feministas que antes del performance y del Paro estaban fragmentados. Ahora se sientan juntas para analizar de forma integral todos los aspectos en los que el Estado le ha fallado a las mujeres.

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