El ‘frente anticomunista’, la última importación de la ultraderecha española a Latinoamérica

De los mismos creadores del “narcoterrorismo” y el “castrochavismo”, el miedo al “narco comunismo” aterriza en la región de la mano del partido Vox que busca ganar el terreno que perdió en España. En Colombia los reciben personajes del Centro Democrático que, aunque pelean por elegir quién reemplazará a Duque, han demostrado ser muy efectivos para traducir el miedo en votos.

por

Tania Tapia Jáuregui


29.10.2021

Ilustración: Ana Sophia Ocampo

Un nuevo fantasma ronda Latinoamérica, o más bien un fantasma viejo disfrazado de novedad: el fantasma del anticomunismo. Lo hace subrepticiamente, pisando los terrenos donde lo reciben y dejando listas alianzas para cuando sea hora de utilizarlas. 

El fantasma se alimenta de un miedo viejo, que la Guerra Fría dejó impregnado, pero esta vez viene de España importado por otro partido y otro manifiesto: Vox, el partido político español de ultraderecha, y su Carta de Madrid, un documento que viene moviéndose entre políticos de derecha en Iberoamérica y que alerta que “el avance del comunismo supone una seria amenaza para la prosperidad y el desarrollo de nuestras naciones”, es decir España y países latinoamericanos, un conjunto que Vox llama la “Iberosfera”.

La carta, que alerta que Latinoamérica está “secuestrada por regímenes totalitarios de inspiración comunista, apoyados por el narcotráfico”, tiene como propósito crear un frente anticomunista en la región: el Foro Madrid, en contraposición al Foro de Puebla y al Foro de Sao Paulo. Ya son casi 9 mil firmas recogidas en el documento, incluyendo las de personajes como Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente brasileño Jair Bolsonaro, y en Colombia las de  María Fernanda Cabal y Paloma Valencia, precandidatas presidenciales uribistas, o Margarita Restrepo, representante a la Cámara por Antioquia y acérrima enemiga del aborto. 

Además del documento y sus firmas, en meses recientes representantes de Vox y sus aliados se vienen reuniendo y organizando eventos con líderes políticos de derecha como Keiko Fujimori en Perú, Andrés Pastrana en Colombia y el Partido de Acción Nacional —PAN— en México. En ese último país, la visita de los delegados de Vox fue un tema de discusión nacional sobre el que el mismo presidente Andres Manuel López Obrador se pronunció para decir que Vox es el “retoño del franquismo”. No fue así en Colombia: Álvaro Uribe Vélez fue quien recibió a dos delegados de Vox en el país, sin embargo la visita pasó más bien inadvertida, a excepción de una escueta nota en El Tiempo.

La iniciativa de Vox llega a la región en un momento en el que varios países se acercan a elecciones. También después del triunfo de Luis Arce en Bolivia y Pedro Castillo en Perú, dos figuras políticas de izquierda. En Colombia, la alianza anticomunista que propone Vox aterriza sobre todo en el Centro Democrático, un partido que ya ha usado el discurso del miedo para ganar elecciones con mensajes manipulados, rápidos y efectivos como el castrochavismo y que, como reconoció el gerente del ‘No’ en 2016, lograron que “la gente saliera a votar verraca”.
 

Qué gana Vox

Lo primero que hay que entender es que la expresión “frente anticomunista” se refiere a alianzas entre actores políticos particulares, más que a la creación de una gran estructura, asegura la politóloga y especialista en marketing y comunicación política Luciana Manfredi. Y esa generación de alianzas es inherente a la política para ganar “espacio dentro del terreno político”, dice, más allá de ideologías o inclinaciones.

“Me parece que es algo inclusive natural por la historia que existe en la relación entre Latinoamérica y España. Es una relación cercana en la que también hay una parte importante de dinero, de cooperación internacional por parte de España a muchos de los países de América Latina”, asegura. También temas de migración, dice la politóloga: España es uno de los destinos a los que migran los latinoamericanos, y siendo la migración uno de los temas sobre los que se ha ocupado Vox —a menudo con tintes xenófobos— tampoco es extraño que busquen alianzas en la región para influir sobre los temas que pueden afectar a España. 

“La gente en Latinoamérica le tiene tanto pánico a la izquierda que la alternativa para muchos es migrar. En Colombia hay un grueso de gente que se está preparando un poco para migrar si gana Petro. Puede ser que acercarse a Latinoamérica es prevenir que sigan ganando partidos de izquierda y que haya migraciones masivas de latinoamericanos a Europa”, afirma Manfredi. 

El interés del “frente anticomunista” que se anuncia de forma evidente es ese: el de hacerle contrapeso a un continente que podría estar orientándose a la izquierda y que, sugiere la politóloga, tendría un impacto en las relaciones con España. Pero para el senador del Centro Democrático José Obdulio Gaviria, las intenciones de Vox no son evidentes. “Sigo la política española, pero no sé si los partidos de la derecha o de la democracia liberal en España sigan la nuestra con tanto interés. Me da la impresión de que no. Yo no veo cuáles podrían ser los intereses”. 

Gaviria asegura, como Manfredi, que el acercamiento de Vox ha sido con particulares y que, más allá de los beneficios, considera importante que corrientes con pensamientos afines cooperen, lo que no supone, dice, una intervención en la política interna de los países. “Yo no veo una influencia [del partido Vox], no existe. La que sí veo es la de la izquierda”.  

Angie González, experta en marketing político y estrategias de campaña, ve en el acercamiento de Vox a Latinoamérica un esfuerzo por recuperar un terreno político que perdieron en España en las elecciones pasadas: “Les fue tan mal que necesitan reinventarse con nuevos aliados que les den el protagonismo político que hoy no tienen en su país. Entonces, como no pueden hacerlo dentro de España, buscan escenarios internacionales para tratar de proyectarse y acomodarse de nuevo en el ajedrez”.

Cuando se habla de ir contra el modelo comunista, en realidad el centro de ese discurso es cómo hago para encontrar un enemigo común.

Pero del otro lado, González no ve los beneficios que esas alianzas podrían traer para las figuras políticas locales, pues no ve la correspondencia entre la agenda de ese partido europeo con las necesidades de la región. “Cuando pones un partido de estos en un continente conquistado por los europeos, por los españoles, y tienes en cuenta que son partidos que han sido un poco xenófobos, mi opinión personal es que probablemente no nos ven como iguales, sino todavía como colonizados”, dice. 

El miedo para encontrar un enemigo común

Lo que sí ve González en la incursión de Vox en Latinoamérica y en el Foro de Madrid es una oportunidad para que políticos locales adopten el estilo incendiario y ultraconservador de ese partido. Un estilo discursivo que tiene que ver con el fenómeno del ‘Trumpismo’, explica, que va mucho más allá de Trump y que han usado líderes en el mundo para presentarse como los que dicen lo que nadie se atreve a decir, los que rompen las reglas (la estrategia que, por ejemplo, ya está usando María Fernanda Cabal). 

Así, dice la experta, pueden hablar de temas que pueden ser controversiales pero que la imagen de “hablar sin tapujos” les permite enunciar de forma cruda.

“Cuando se habla de ir contra el modelo comunista, en realidad el centro de ese discurso es cómo hago para encontrar un enemigo común. Las figuras que se están juntando alrededor de esta bandera del anticomunismo, en realidad están hablando de posturas antiaborto, de los procesos de migración de manera xenófoba, hay muchos a favor de la pena de muerte y todo el tiempo enarbolan justamente las banderas del nacionalismo”, afirma.

Y lo que permiten conceptos como “anticomunista” o “castrochavismo” es lanzar a la opinión pública conceptos que apelan a nombres y figuras fácilmente reconocibles por la gente. Conceptos que generen recordación y despierten sentimientos. Es una estrategia que funciona.

Infundir miedo ayuda a que los partidos de derecha sigan ganando.

“El castrochavismo es un invento magnífico para infundir miedo”, dice Luciana Manfredi y asegura que bajo la figura del “castrochavismo” se vienen ganando elecciones hace por lo menos una década en Colombia. 

“Yo no soy de izquierda, pero la realidad es que la izquierda genera un cambio a lo que vos venís acostumbrada y ese cambio genera incertidumbre. Si vos a la gente le metés miedo al cambio, pues siempre van a votar por los partidos en los que hay menos innovación, y la derecha no se caracteriza por ser innovadora. Infundir miedo ayuda a que los partidos de derecha sigan ganando”.

Angie González explica además que no es un tema puramente político sino psicológico: los seres humanos, dice, reaccionamos más contundentemente cuando tenemos miedo o enojo. Las reacciones son más fuertes ante sentimientos como el miedo que, por ejemplo, la esperanza. “Lo que pasa es que es muy difícil contagiar de alegría a los votantes, sobre todo en estos contextos”. Contextos como el que mostró la última encuesta Invamer Poll donde el pesimismo se asoma en casi todas las respuestas. 

Las dos expertas subrayan que los discursos de miedo encuentran más eco en países con contextos de precariedad económica, laboral, de salud o de educación. “Mucha gente vota teniendo en cuenta el bolsillo y su propia situación económica”, asegura Manfredi.

De hecho, Manfredi además de ver detrás de lo “anticomunista” una estrategia por crear un enemigo, también ve el reflejo de un temor generalizado a la izquierda en la región, que sobre todo tiene que ver con temas económicos: la propiedad privada, la inflación, la emisión de dinero.

Pero el senador Jose Obdulio Gaviria insiste en que el miedo es real: “Ustedes, la gente de izquierda, dirán que nosotros estamos predicando el miedo, pero yo lo que estoy predicando es la alerta. ¿Vamos a hacer esas locuras que está haciendo Argentina que era el país más rico, de mayor ingreso per cápita, y hoy es un país pobre? En un congreso de minería el jueves pasado Petro dijo no más exploración petrolera, se acabó el petróleo (…) Si por eso quieren decirnos que somos anticomunistas y de extrema derecha, unos fascistas y unos nazis, que nos digan, yo ya pasé por todo eso”.

El impacto real

Sin embargo, la influencia real que la llegada de Vox y su discurso pueda tener sobre las próximas elecciones en Latinoamérica y Colombia aún resulta difuso. 

“Lo que haga Vox no va a definir las elecciones colombianas. Hay muchísimas otras variables contextuales que son mucho más importantes. Pero indirectamente sí puede incidir, porque pueden poner un tema de agenda, que es: pilas que si gana X candidato (para no ponerle nombre) va a pasar esto. Es infundir miedo”, asegura Luciana Manfredi. 

Además, el discurso de Vox aterriza en un partido que atraviesa por un momento de fractura propio en gran parte relacionado con la ausencia de su eje fundamental, el expresidente Álvaro Uribe, de las discusiones para elegir candidato y en medio del rechazo generalizado que ha tenido Iván Duque, candidato elegido por Uribe, que mantiene un 72% de desaprobación. Aunque para José Obdulio Gaviria, esas peleas son simples escaramuzas: “La verdad es que hay una estrategia de dispersión y distracción de fuerzas, mantener al Generalísimo de los Ejércitos concentrado en una escaramuza”, dice. 

En ese escenario, la influencia que pueda tener Vox y el Foro de Madrid en la campaña a elecciones del Centro Democrático se ahoga en un mar de variables más urgentes, incluyendo la tarea de elegir a un candidato que esta vez parece no contar con el aval de “el que diga Uribe”. Ante eso, las intenciones y la figura de Vox, según considera el mismo senador Gaviria, resultan especialmente extranjeras.

Luciana Manfredi asegura que aún es muy temprano para determinar cuáles pueden ser los efectos reales de esta alianza porque si bien la discusión electoral ya se mueve en el país de la mano de encuestas y las redes sociales, la intención de voto termina definiéndose en los instantes previos a la votación. 

“Toda esta estrategia que pueden utilizar los partidos de centroderecha de infundir miedo al castrochavismo o al comunismo no la están empezando a usar ahora. No es necesario, falta mucho para la elección. Pero el año próximo la vamos a ver cuando el voto de opinión, la gente indecisa sobre todo en zonas urbanas, empiecen a pensar si cambian el voto o no. Porque uno como votante quiere que le vaya bien al país, pero como persona lo primero que quiere es que le vaya bien a uno mismo”.

Puede que nos toque esperar para ver qué pasa. Pero lo cierto es que el miedo que busca mover el discurso anticomunista no es nuevo, tampoco llega con Vox. Hace rato que circula por estas latitudes y hace rato ha demostrado ser muy efectivo para ganar elecciones. 

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