Directores importantes de la segunda mitad del Siglo XX

Algunos directores para ver antes de morir…

Varios

15.10.2020

La verdad es una de las ilusiones más torcidas de la humanidad. Suele alimentar nuestras propias creencias sin fundamento y, al mismo tiempo, corresponde a una realidad universal. Lo cierto es que nada puede conocerse con certeza. En eso se parecen la verdad y la naturaleza humana. Así es, ambas se asemejan porque son complejas y únicas a la vez. Es esto lo más fascinante y, al mismo tiempo, problemático del asunto.

A lo largo del largometraje Rashomon, dirigido por Akira Kurosawa y basado en un cuento homónimo de Ryunosuke Akutagawa, pude explorar esta característica tan particular de la verdad. Para cada personaje, el orden de los sucesos era distinto, así como su participación y acciones consecuentes a ello. En cada uno de estos posibles escenarios planteados por cada personaje, secretas intenciones se escondían. Mientras en cada relato se enaltecían a sí mismos y defendían sus propios actos hasta seducirme a justificar su actuar sin vacilaciones, yo me preguntaba: ¿Y acaso no es eso lo que cada quien busca? Me convertí en una jueza que intentaba discernir de lo que estaba bien y mal, de cuál realidad era más válida que la otra. Al final, terminé por darle la razón a cada uno y dudar de todos, al mismo tiempo –hasta de mí misma-,  y renuncié a esa búsqueda vana. Porque ya era más que evidente: nunca lo podría saber.

Alguna vez oí a mi madre decir que ni la mesa más simétrica puede lucir igual si es contemplada desde una de sus patas, o si se está acostado boca abajo en ella. El ejemplo me descolocó en un comienzo, no obstante, mientras sigo caminando por la vida, le doy más la razón. En especial cuando pienso en la infinidad de combinaciones de detalles en la vida de todos aquellos a los que me he topado en estos años. Con cada uno aprendo, que yo estoy tan equivocada, así como ellos errados. Verdaderamente, la única certeza que tengo es que nunca lo sabré con total convencimiento.
– Daniela Barros
La mirada de Dorrie es fija y penetrante, de esas que incomodan. De esas que dan ganas de voltear la mirada. En el fondo Woody Allen (actor y director) explica por qué ese fue su momento más feliz. Su voz, junto con la música de Louis Armstrong en el fondo, crean un caos que para mi es todo lo contrario a la felicidad. Y así recuerdo a Woody Allen siempre que pienso en él. Neurótico, un poco desordenado, acelerado en su forma de hablar, pero impecable en capturar escenas en sus filmes. Si bien difiero con sus posteriores orientaciones amorosas (muches lo tildan de pedófilo), la película “Stardust Memories” es mágica en todo sentido.
Esta escena que captura el momento más feliz de la vida de Woody, cuando estaba escuchando música mientras Dorrie leía una revista, me hizo pensar en cuál ha sido el momento más feliz de mi vida. Y, tal como Woody lo identifica, los momentos más felices no son aquellos que la sociedad impone que deben serlo (cumpleaños, fiestas, grados). Es más, la felicidad no es un estado continuo, es fugaz tal como lo muestra Allen en esta escena. Es un momento por lo general cotidiano, en el cual te golpea como un tren un sentimiento repentino de que todo está bien. Si bien este momento no dura mucho (al rato seguramente Woody le encontraría algún defecto a Dorrie), es un momento que hace que todo lo demás valga la pena.
En mi vida, he perseguido estos momentos. Y hoy que los recuerdo son: tomándome un café con mi abuela, cocinando con mi mamá, escuchando música en el carro con mi novio mientras manejaba. En estos momentos el tren de la felicidad me chocó con todas las fuerzas y, tal como Woody reconoce, fueron los momentos más felices hasta ahora. Si bien no son duraderos y seguramente tardarán en repetirse, espero guardarlos en mi memoria y contarlos como hace Allen en Stardust Memories (así sea que aún Allen niegue que esta película es una autobiografía).
– María Alejandra Arteta
Quizás para muchos las películas antiguas no son de su agrado porque no están acostumbrados al formato en blanco y negro. Pero seguramente, si se topasen con una obra como lo es “El séptimo sello” dirigida por Ingmar Bergman su pensamiento cambiaría. Una trama ambientada en la Europa Medieval con matices alegóricos, metafóricos y sombríos que nos hace pensar: ¿Ha tenido sentido nuestra vida?, ¿Si supiéramos que vamos a morir, nos iríamos felices por la vida que hemos vivido? A lo largo de la película fue inevitable no cuestionarme estas cosas y sentirme atrapada. También me gustó el manejo de la amplia gama de grises que se da. Estos colores se manejaban de tal manera que se mostraban muy marcadas las diferencias entre el bien y el mal, la vida y la muerte.
Además, me gustó un detalle poco visible y es que cuando el escudero entra la iglesia, se puede ver a un pintor trabajando en un fresco que representa la Danza de la Muerte y, que es básicamente una referencia a lo que se va a ver más adelante en la película y el desenlace de esta. Por otro lado, no me gustó que escenas en las que requerían que se escucharan gritos fuertes, por ejemplo, cuando las personas morían, los sonidos del grito se omitían quitándole emoción a la escena. Sin embargo, esta puede ser una metáfora a que la muerte es silenciosa y llega en el momento menos esperado. Finalmente, la imagen que elegí representa lo que considero es la esencia de la película, pues todo se resume en que, aunque intentemos ganar tiempo (como es el plan de Antonius al invitar a la muerte a jugar una partida de ajedrez), o incluso evitarla,  la muerte siempre gana. Sin duda es una gran obra que la hizo merecedora del Premio especial del jurado en 1957, del Festival del Cine de Cannes.
– Leidy Yuliana Malagón
Hace algunos meses, cuando el coronavirus llegó a nuestro país, cuando todos nos refugiamos en nuestras casas, se me estrechaba el corazón de pensar en aquellos que no tenían a dónde ir. Estoy segura de que le pasó a más de uno, pues ese pensamiento recorrió el mundo como una ola que baña a todo el que encuentre a su paso.

Sans toi ni loi, de Agnès Varda, también conocida como Vagabond, nos muestra el lado del mundo que una persona sintecho ve casi a diario, que resulta ser el más duro. Aunque el filme es de 1985, hoy día sigue siendo perfectamente válido como la directora trata el tema, pues es una cuestión que ha permanecido casi inmutable, ya que el grueso de la sociedad prefiere mirar hacia otro lado cuando se trata de eso.

Constantemente me sorprendía la forma de ser de Mona. Era una mujer que rondaba mi edad, mejor dicho, aún una niña. Me encantaba su chispa, siempre muy perspicaz y su amabilidad, con tal de que se la tratase con un poco de respeto y se le ofreciera una sonrisa. Esto último nos recuerda que estas personas aún conservan su humanidad, aunque no pocas veces lo olvidemos. No son seres postrados en una esquina condenados a lamentarse, son capaces de reír también. De hecho, la risa de Mona tenía una sonoridad especial, inocente, aunque ella no lo fuese tanto. Tampoco son todos unos criminales que buscaron ese destino, la mayoría son víctimas desafortunadas que debían envejecer siendo algo más, más honrado. En especial en este país, que carga una cifra tan grande de desplazamientos forzosos a sus espaldas.

Algo que aprender de Mona es que, a pesar de no tener rumbo, siempre supo quedarse al reconocer cariño (o en su defecto, simpatía) y siempre supo cuando este habia acabado y era tiempo de seguir caminando. Bien lo dijo:

“¿Por qué lo ha dejado todo?”

“Es mejor la carretera y el champán.”

Algo que aprender de la película, el mundo es un pañuelo -bien lo vimos en la estación de tren- y tenemos una conexión con cada ser de este planeta.

– Andrea Paola Gomez
Las complejas relaciones raciales, así como la injusticia y discriminación que aun prevalece en la sociedad estadounidense, se presentan acertadamente en el clásico de Spike Lee, “Do The Right Thing” (1989). La historia se desarrolla durante un día de verano en la ciudad de Nueva York, donde lo que comienza siendo una jornada normal termina en una lucha entre los vecinos afroamericanos y los dueños italianos de un restaurante de pizza.
Aunque hubo muchos instantes icónicos, debo reconocer que es la escena del clímax de la pelea la cual encontré más cautivante. Es una escena explosiva, en donde el uso de transiciones y cortes crean el efecto de una toma larga continua y precipitada, donde predomina el descontrol. En una sola escena, Spike Lee logra cambiar complemente el tono cómico de la historia, volviéndose en una película desgarradora acerca de la realidad del racismo en el país. Esto permite a la audiencia comprender como las aparentes tensiones raciales insignificantes que han ocurrido todo el día: las micro agresiones, las malas miradas, los insultos; todas se fueron sumando hasta llegar a la violenta y absurda muerte del joven afroamericano Radio Raheem a manos de la policía. Es desgarrador ver cómo, mientras se aleja la patrulla con el cuerpo, el barrio entero mira con desdicha, algunos dando gritos de dolor, otros haciendo memoria de muertes pasadas. Y cuando todos miran a Sal, el dueño de la pizzería, y el otro causante de este conflicto, resulta incómodo caer en cuenta que el solo pensaba que, según su contexto sociocultural especifico, estaba “haciendo lo correcto”.
Tengo que reconocer la gran importancia que tuvo la situación actual en Estados Unidos, como epicentro del movimiento social Black Lives Matter, en mi interpretación de esta película. No pude evitar mientras veía esta escena encontrar las similitudes con los diferentes casos actuales de brutalidad policial y racismo que han llevado a un sinfín de protestas a nivel internacional. A mi parecer, es tanto impresionante como entristecedor que “Do The Right Thing”, una película de hace más de 30 años, siga siendo relevante en la discusión y reflexión de la guerra racial existente en el mundo.
– Laura Garzón Millan
En esta escena de El séptimo sello de Ingmar Bergman vemos a dos personajes; uno de ellos es un caballero cruzado y quien lo acompaña es la muerte. Charlan un momento y la muerte confiesa que ha venido por él. El inteligente caballero que se cree conocedor de la muerte le propone un juego de ajedrez con el argumento de que ha visto pinturas y escuchando canciones que hablan sobre lo mucho que a la muerte le gusta este juego. La muerte acepta y entonces el caballero le propone un trato; si la muerte gana se lo puede llevar con él, pero si el caballero gana, podrá conservar su vida.
De esta forma, se nos expone un pensamiento arquetípico de la humanidad; el miedo inherente a la muerte y el ferviente deseo de conservar la vida el mayor tiempo posible y encontrar el significado de esta. Aquel juego representa esa verdad profunda que dicta que el humano se aferra a la vida con todas sus fuerzas y busca conservarla, aunque sea a través de trampas y artimañas, y aunque es bien sabido que la muerte siempre gana, dará toda una vida de ventaja y el humano hará hasta lo imposible por posponer aquella victoria.
– Ailyn Sofía Mosquera

Persona es un largometraje de thriller psicológico dirigido por Ingmar Bergman en 1966 en el cual el tema central se basa en como los seres humanos crean una mascara para evitar los problemas que enfrentan. Persona se centra en la vida de Elizabeth Vogler, una reconocida actriz de teatro que decide no hablar mas en medio de una de sus interpretaciones. Esto la lleva a ser internada en un hospital psiquiátrico donde conoce a alma, una enfermera que queda a cargo de su cuidado. Posteriormente ambas son llevadas a una casa alejada como parte del tratamiento psicoterapéutico de Elizabeth donde ambas establecen una conexión emocional.

 

El estilo de Bergman apela al estilo minimalista dentro de la puesta en escena con pocos elementos en cuadro y con un enfoque constante hacía las manos como elemento para plasmar fuertes emociones. La mayoría de las tomas se centran en alma, pero le dan al espectador el recordatorio de la existencia de Elizabeth a través tomas sobre el hombro. Se observa un deseo en Alma por ser como Elizabeth, incluso ella menciona que se parecen mucho físicamente. Es una película en la cual el final queda abierto a interpretación del espectador. Sin embargo, las 2 hipótesis mas discutidas son en la que Elizabeth Vogler es una mascara creada por Alma, donde puede callar ante el mundo y finalmente quebrarse en su dolor, o en caso contrario, Alma es una mascara creada por Elizabeth Vogler, en la que crear el personaje de enfermera le ayuda a superar sus traumas de alguna manera.

 

El director plasma su vision de una historia que es más que una metafora de la condicion humana, Persona debe ser vista detrás de la cortina y los guiones, es un movimiento de camara, estilo, existencialismo y novedad visual. No es una pelicula que parte del punto A al punto B y por esta razon puede llegar a ser confusa de ver. En general todos los diálogos de la película lograron intrigarme y verme a mi misma plasmada en los personajes. Sin embargo, las líneas “el abismo entre lo que eres para los otros y para ti misma” son la escena que elegí de mayor impacto. Al ser una persona diagnosticada con un trastorno

depresivo mayor y un trastorno de ansiedad generalizada, siempre he vivido con un constante auto estigma acerca de como me percibo a mi misma y como lo hacen los demás. Existen comportamientos del inconsciente que ni siquiera uno mismo entiende por que existen y como se manifiestan; al final, la salud mental se convierte en un tabú por lo cual lo que se percibe de los demás es un pensamiento predispuesto a prejuicios y mentiras.

 

Se puede concluir que Persona es un proyecto psicoterapéutico y cinematográfico increíble y revolucionario para la época en la cual fue filmado, una película introspectiva, feminista y fuerte que sin complejos trata temas tabús como el deseo sexual, el aborto y la salud mental en mujeres, para así después plasmar una propuesta cruda y poderosa que ha dejado impacto año tras año.

– Selena Schneider

 

 

Taxi Driver, un filme muy aclamado por buenas razones es una película dirigida por Martin Scorsese que narra la historia de un taxista neoyorquino de 26 años llamado Travis Bickle. Travis se inscribe como taxista al comienzo de la historia, esto se debe a que sufre de insomnio y siente que así se puede cansar para poder dormir. El filme se desarrolla mostrando las muchas experiencias de Travis en su taxi, hasta que un día se enamora de una joven llamada Betsy, una voluntaria de la campaña presidencial de Charles Palpatine. Uno de los argumentos mas interesantes de la película es la inseparabilidad entre los vicios y la ciudad. A través de la película se nos presentan muchas corrupciones que vienen con la propia urbanidad: un hombre buscando matar a su esposa por la infidelidad, la prostitución infantil ejemplificada por Iris la niña prostituta, el asesinato político mostrado cuando Travis intenta asesinar a Palpatine. Estos vicios exponen que la ciudad moderna esta cargada de problemas violentos y en el filme Scorsese está defendiendo que los Estados Unidos de los setenta, saliendo de la guerra de Vietnam, no estaban listo para resolver los muchos inconvenientes sociales existentes de ese momento. Esta idea sobre los vicios citadinos nos invita a la siguiente consideración: Taxi driver es un filme sobre filmes, en específico cuestiona que es un héroe.

 

Durante toda la película, las escenas que vemos desde el taxi exponen títulos de películas eróticas. Después de que Travis salva la niña de 12 años de la prostitución y se vuelve un héroe, los siguientes títulos de películas que vemos hacen referencia a temas como “Violencia” y “Mafioso”. En este momento sentimos una desconexión con el héroe violento que fue el taxista, pero igual sentimos que aporto a la sociedad. Nuestra intuición no entiende al genio de Scorsese quien pone a un asesino político como héroe de barrio. Quedamos completamente alienados de este personaje que asesino a varias personas, que eran malas, y sentimos que el género de la película no era violencia. El personaje principal queda expuesto como héroe ante los medios de comunicación masiva, pero para los espectadores de la película es difuso quien en realidad es Travis. ¿Será que si fue un héroe?

– Emilio Volpe

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