#SOSCultura | “¿Si salvan a Avianca, por qué no a los teatros?”: Julio Correal

El gremio actoral en el país exige al Ministerio de Cultura y a la Presidencia medidas acordes con la crisis. Le preocupa la indolencia, el silencio y el “gran embuste” que existe con el proyecto cultural colombiano.

Manuela Saldarriaga H.

14.07.2020

En épocas donde todo es autoficción, habría que darle un lugar a los maestros. Colombia tiene un gremio actoral fuerte, pero su gesto titánico y quizá como el de muchos otros gremios dentro del sector cultura, ha sido el de aplicar el punk del hazlo-por-tu-cuenta más que el preferiría-no-hacerlo de Bartleby, el escribiente. 

Desde 2014, ante la falta de garantías laborales, el gremio armó su sindicato y promovió un proyecto de ley para dignificar su campo profesional. Surgió entonces la Asociación Colombiana de Actores – ACA, de la que Julio Correal es presidente, Diana Ángel vicepresidenta y Julián Román secretario.

Desde 2016 patinaron con fuerza esa Ley del Actor en el Congreso y la aprobaron en 2019, después de mucho dilatarse. Pero su probada autogestión no los ha hecho inmunes a todo. En Caracol Televisión y en RCN suspendieron producciones desde el 17 de marzo por el Covid y, días después, cerraron salas de teatro. El aforo se sumió en el pánico del contacto por evitar el contagio.

Del escenario del simulacro y de la cuarentena obligatoria no ha salido nadie pero, en este contexto aciago, el hambre, el “embuste” de la economía naranja y el completo desconocimiento de su ecosistema de creación, es lo que salta a la vista para Correal, de ACA, como dice en esta entrevista. Por eso, después de que el presidente Iván Duque decretó el aislamiento, enviaron una solicitud al Ministerio de Cultura reclamando una estrategia contingente y, más tarde, otra al Presidente preguntando por garantías para todes. Los avances, sin embargo, son tan solo “tiros al aire”.  

*Este es el especial #SOSCultura que que repasa el estado del arte entre líderes de opinión y con poder decisión dentro del sector cultura en Colombia. Pretende aproximarse a una radiografía de su realidad laboral antes del COVID-19, durante y ¿después?*.

¿Qué interlocución tenían con el Gobierno antes de que empezara la crisis generada por la pandemia?

Ninguna. La verdad, nosotros habíamos tenido cierto acercamiento con gente del Ministerio de Cultura, pero para poner a andar artículos de la Ley del Actor, como por ejemplo el Registro Nacional de Actores que de paso, si hubiese empezado a funcionar desde mucho antes, hubiera sido muy útil para este momento. 

¿Por qué?

Porque cuando empezó la crisis circularon encuestas desde el Ministerio, desde la Secretaría de Cultura de Bogotá y hasta de las administraciones locales en las regiones que no eran dirigidas, precisamente porque no se tiene un censo de quiénes o cuántos somos. Ni siquiera las convocatorias del Ministerio le dan para decir hay tantos artistas y están distribuidos así, porque no aplicamos todos y las plataformas no son amigables. 

Es tan evidente que hace falta tener un censo preciso como que la interlocución con el Gobierno no es real. ACA ha tenido principalmente diálogo con la administración local, pues el hoy secretario de cultura de Bogotá, Nicolás Montero, hace parte de nuestra organización, e interlocución con la nueva directora de Idartes.

¿Qué fue lo primero que hicieron cuando era evidente el cierre de telón en salas de teatro, por ejemplo?

Entre las primeras organizaciones que salimos al ruedo a exigir al Gobierno estuvimos nosotros. El 13 de marzo lanzamos un primer comunicado (y el hashtag #eventosencrisis) y todavía no estábamos en el escenario de cuarentena total, ni siquiera habíamos hecho el simulacro en Bogotá. Aunque ya se habían tomado las primeras medidas por parte de la Alcaldía restringiendo la congregación de más mil personas, al día siguiente el Presidente redujo a 500 el aforo y ya, en ese punto, supimos que se nos venía lo complejo. 

Ese primer comunicado era una exhortación y un llamado al Gobierno para que nos dijera cuáles eran las acciones que tomarían ante lo que estaba pasando, también a la empresa privada, a ver cómo iba a colaborar con las personas que quedarían cesantes y, en resumidas cuentas, vimos el panorama en el que los que la íbamos a tener más difícil, éramos todos los trabajadores independientes. 

¿Y qué se propusieron hacer?

Cuatro días después, el 17 de marzo, sacamos otra carta abierta dirigida a Presidencia con varios puntos, y casi ninguno hacía referencia al escenario de la cultura en particular: hablamos del no pago de servicios públicos, de garantizar la salud, no cobrar pensión, obligar a los bancos a ponernos en períodos muertos y alivios en los pagos de la Cámara de Comercio, por citar unos cuantos. Asimismo, queríamos invitar al Presidente a pensar qué iban a ser para garantizar la presencia del sector de la cultura. Sin embargo vemos, con mucho pesar y lo digo, que los servicios están llegando más caros. Me pregunto: ¿en manos de quién estamos?

¿No hubo respuesta?

Pues el Gobierno nunca tuvo el gesto noble de congelar los servicios, porque lo que importa es el negocio y que la gente aguante hambre, como ha sido siempre. Ante esa falta de empatía y de consideración por los sectores más desfavorecidos, lo que hicimos después fue comunicarnos con la gente de salas de teatro, de algunas escuelas y de canales de televisión que estaban todavía rodando para decirles que pararan, porque lo que venía era muy difícil y, efectivamente, en Caracol Televisión y en RCN suspendieron producciones desde el mismo 17 de marzo. Y del escenario del simulacro y de la cuarentena obligatoria, no hemos salido ninguno.

Cuando ese diálogo no se estaba dando, ¿cuál fue el paso siguiente?

Entraron otros sectores y renglones en la conversación como productores, entres otros, y en audiencias públicas programas en Cámara y Senado, con la presencia y sin la presencia de la Ministra de Cultura (en ese momento Carmen Vásquez), pero todo eso fue tiros al aire. Fue quemar pólvora en gallinazos porque repetimos la misma carreta, nosotros como la disidencia del sector, hablando de las condiciones y falta de recursos para vivir en la época de vacancia porque no tenemos ninguna prestación de ley y la respuesta del Gobierno fue a través de decretos (primero el 475, luego el 561) y pensando siempre en una visión miserabilista (gente de la tercera edad, etc.) y se pensó poner recursos de otros programas para distribuirlos diferentes en los territorios y se volvió como la feria de las convocatorias, pero una decisión precisa para el sector no llegaba. Lo que sentíamos y todavía es que no hay escucha por parte del Gobierno. 

Hay situaciones un poco complejas con el Ministerio de Cultura particularmente cuando se reúne con el sector audiovisual, del que también hacemos parte, porque vinculan a la gente de la publicidad, que si bien es un ejercicio creativo, no tiene nada que ver con el entorno del Ministerio o del área cinematográfica o lo que desde el Gobierno pudiera apoyarse por ahí, o así lo vemos nosotros. 

¿Usted también considera, como Chucky García, que se interrumpió un mapeo cultural importante que venía haciéndose en Colombia por la aceleración de logros de la economía naranja?

Plenamente de acuerdo. Lo que vemos es que hay un desconocimiento total de cómo son nuestras labores. Hablar de una economía naranja cuando realmente sectores industriales dentro de las artes escénicas, no hablemos dentro del campo de la creatividad que cobija muchos segmentos, y creo que el gran embuste de la economía naranja es que la vendieron como una ley para el desarrollo de la cultura de las artes y no, eso está metido es en temas de emprendimiento que en esa bolsa naranja cabe todo. Y la verdad las organizaciones artísticas somos las que menos posibilidades tenemos ahí. 

¿Por qué?

Para no llamarnos a engaños, ¿qué industria hay en el sector cultural colombiano en el sentido amplio del término? El audiovisual quizá en el caso de la televisión por la publicidad; el cine a nivel de exhibición, no de producción, porque el único productor exitoso en Colombia que recupera lo de su taquilla es Dago García y nadie más. Y lo que llaman industria del cine colombiano es prestar al país de locación, darle unas gabelas a productores internacionales para que lo hagan y las empresas que hacen home service, pero los actores y las actrices estamos en las mismas.

¿Y ninguna alternativa viable? Vi la iniciativa #SalvaLaSala con la que pidieron mecenazgo de la empresa privada directamente…

Pues es que el teatro virtual no existe. Yo escuchaba recientemente decir a Felipe Buitrago, el viceministro de Economía Naranja, que iba a incentivar modalidades como esa. No, no existe. Cuando tú coges una obra de teatro y la pones ante una cámara, sorpresa: es audiovisual. Está tan mal planteado el asunto que me entero que a los colegas les están pidiendo obras para que ellos pudieran ponerlas en sus plataformas. Una de las solicitudes era en plano general: ¡es ridículo! Eso lo dice un funcionario sentado en el Ministerio de Cultura que no entiende cómo funciona el teatro que hasta la iluminación y la microfonía son distintas. Es un registro, no va a funcionar como un espectáculo. 

Entonces mi pregunta es: ¿por qué no dotan al menos a la gente con los equipos y de profesionales técnicos? ¿O ahora también hay que tecnificarse en esa área?

Precisamente, hace muy poco ustedes convinieron con la Universidad de Antioquia para tener un título, ¿no? ¿Cómo convive esa autogestión con la voluntad política a contracorriente?

Sí fue una iniciativa nuestra. La argumentación muy simple: hay un grupo de personas con más de 20, 25 años de experiencia dedicadas a esta labor, con formación, pero sin un título que los avale. Entonces para ejercer la docencia no están habilitados a pesar de que tienen un saber. Hicimos un acuerdo con la Universidad y la Academia de Artes Guerrero y planteamos un intercambio de saberes y lo interesante estaba en la discusión, básicamente enfocada al currículum: nosotros no estudiamos tres semestres para obtener el título, sino 20 años y tres semestres. En ese orden de ideas, tres semestres es muy poco tiempo pero propusimos cambios curriculares por la experiencia para concentrarnos en aspectos teóricos.

La Universidad de Antioquia hizo programas de profesionalización en cinco semestres para artistas locales en Medellín, gracias a la Alcaldía pasada. Fue en todas las áreas y los cinco semestres los comprimieron en dos años para que la corte se graduara antes de terminar el período de Federico Gutiérrez. ¿Por qué razón? Porque pagaron 200 cupos, sus matrículas, pero lo del ACA fue autogestión. Me parece que el país debería revisar ese programa académico local, que es de imitar.   

¿Cuál es ahora mismo la petición al Gobierno Nacional?
¿Qué van a hacer?

Lo de #SalvaLaSala es más una manera de hacer visible esta situación, pero nosotros salvavidas no hemos encontrado. Si nosotros volviéramos a hacer peticiones al Gobierno Nacional, le pediríamos lo mismo que le pedimos hace cuatro meses porque no hemos recibido nada. ¿Que si ya me llegaron los 160 mil pesos de subsidio? No sé nada de eso. Que el Ministerio de Cultura asuma la responsabilidad que tiene con las salas de teatro del país a nivel patrimonial. Si estaban tan preocupados en salvar a Avianca, ¿por qué no le dan un auxilio económico, al menos a los espacios ni siquiera a los actores, para que no desaparezcan?

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