Sin dolor no hay gloria

Lo que significa habitar el propio cuerpo en un deporte de combate

por

Sofia Espinosa y Gabriela Contreras

estudiantes de la clase Crónicas y reportajes en la Universidad de los Andes


16.07.2026

Portada: Isabella Londoño

Nikita viene del griego Nikétas, nombre asociado a la diosa de la victoria Niké. Su significado puede ser traducido como “quien vence” o “quien es invicto”. No es el nombre que aparece en su cédula, pero Laura lo eligió para entrar al combate porque, para ella, la victoria no depende del resultado, sino que de vencer el miedo y los límites de su  propio cuerpo. Esta es su historia.

Golpea. Respira. Golpea otra vez. El sonido de cada impacto rebota en las paredes del gimnasio y se mezcla con el zumbido de los carros afuera, el olor a caucho del tatami y el sudor que corre por la frente. No se habla mientras se entrena, solo se escucha el eco de la respiración, el golpe seco del guante contra el saco, la tensión de los propios músculos. En cada movimiento hay una conversación muda entre el cuerpo y la voluntad. El dolor no la detiene, lo ve como una lección. Aquí, en este rincón donde el tiempo se mide en rounds, todo lo que importa cabe en un segundo.

Laura Cañón, o mejor conocida como Nikita, nunca imaginó que su día a día estaría escrito con los puños. Contadora pública de profesión, vivía entre números y balances, hasta que un día un par de guantes cambiaron el modo de habitar su cuerpo. Lo que comenzó como simple curiosidad frente a las transmisiones de la Ultimate Fighting Championship (UFC), la compañía de artes marciales mixtas más importante del mundo que solía ver junto a su padre, se convirtió en un estilo de vida. En su casa, los sábados eran rituales de pantallas encendidas y respiraciones contenidas. Ella no sabía aún que, entre ese intercambio de golpes y la búsqueda por controlar el cuerpo del oponente en el suelo, se escondía una parte suya esperando salir. Una tarde decidió buscar un gimnasio. Encontró uno pequeño, a unas calles de su casa, y decidió entrar sin saber muy bien qué esperar. Al cruzar esa puerta, sin saberlo, había ganado su primer combate, venció sus miedos y desde entonces, no volvió a ser igual. Actualmente, compite en la categoría de Peso Gallo (61 kilos) y tiene un récord profesional de cinco victorias y una derrota, lo que la posiciona como una de las peleadoras colombianas con mayor proyección. 

“Pasé de patear balones a patear cabezas”, dice entre risas al hablar de su antiguo hobby, el fútbol. Pero detrás de la broma existe una verdad: cambió la lógica del juego por la del cuerpo que resiste en las artes marciales mixtas (MMA). “Yo creo que la sociedad todavía nos tiene como el género delicado y vulnerable, pero este deporte demuestra todo lo contrario”. En esta frase se encuentra la potente revolución de una mujer que se mira al espejo no para buscar belleza, sino poder. Con el tiempo su cuerpo aprendió otro lenguaje. Antes lo trataba como una herramienta, ahora lo honra como un templo. Al convertirse en deportista de alto rendimiento, se firma un pacto entre la exigencia y el cuidado: comer rigurosamente, aprender a escuchar los límites del músculo, incluso descansar con cierta disciplina.

Las artes marciales mixtas son un deporte de combate que reúne distintas disciplinas como el boxeo, el jiu-jitsu brasileño, la lucha olímpica, el kickboxing y el muay thai. A diferencia de otros deportes de pelea, aquí no existe un solo estilo dominante: los atletas deben aprender a golpear, derribar, someter y resistir. Los combates se desarrollan dentro de una jaula y se dividen en rounds donde cada movimiento exige técnica, resistencia y control mental. En ese escenario el cuerpo se convierte en la herramienta principal, pero también en el límite que el deportista debe aprender a cuidar.

Si el cuerpo no se cuida, traiciona, y esto fue lo que pasó en sus últimas peleas: Laura sintió vértigo, la vista se apagaba por segundos, el cuerpo parecía disolverse. No estaba muy claro qué pasaba, lo que antes se sentía entrenado e imparable empezó a volverse pesado, incluso ajeno. Anemia, dijeron los médicos, y el diagnóstico se sintió más duro que cualquier golpe recibido. Esto no la detuvo, al contrario, pero la obligó a mirarse distinto. En lugar de rendirse, aprendió a alimentarse adecuadamente, a medir la exigencia, a poner un alto sin perder el fuego. Desde entonces, el juego es distinto, hay un oído más atento al lenguaje de su cuerpo. Y es que en los deportes de contacto esto es de extrema importancia, especialmente en los días de preparación para una pelea, lo que se le llama campamento. Semanas largas en donde solo se piensa llegar a un solo objetivo: llegar al peso necesario. 

Los días empiezan temprano, con cardio fuerte antes de que la ciudad despierte, después, las interminables sesiones de sparring o combate simulado, técnica y trabajo de fuerza. Cada día se comienza con la misma mentalidad: entregar un poco más de lo que se cree posible. Aun así, el verdadero desafío es cuando llega el día del pesaje. En las artes marciales no sólo se pelea contra el rival, también contra el peso. La categoría define el combate y obliga a los atletas a llevar el cuerpo a un límite extremo. Esto se debe a que las peleas se organizan por divisiones de peso para garantizar cierta igualdad física entre los competidores. Un peleador más pesado suele tener mayor masa, fuerza y capacidad de impacto, por lo que enfrentarlo con alguien mucho más liviano pondría al segundo en desventaja. Por eso, antes de cada combate los atletas deben cumplir con un peso específico en la báscula: esa cifra determina en qué categoría pueden competir y contra qué rivales.

En ese proceso extremo, la experiencia de quienes ya han llegado al más alto nivel del deporte se vuelve una referencia. Que Fredy Serrano haya sido el primer peleador colombiano en ganar en la UFC no es un dato menor: su trayectoria abrió camino para otros atletas del país que buscan hacerse un lugar en este circuito. Desde esa experiencia, Serrano habla con claridad sobre lo que ocurre antes de una pelea. Lo dice con franqueza: el corte de peso es una de las prácticas más duras en este deporte. Él explica que para lograrlo muchos peleadores reducen al mínimo su porcentaje de grasa corporal y, en los días previos al pesaje, someten al cuerpo a una deshidratación intensa con el objetivo de bajar la mayor cantidad de peso posible en poco tiempo para marcar la cifra exacta en la báscula. Algunos atletas pierden varios kilos en cuestión de horas. Después del pesaje, el proceso se invierte: hidratarse, comer y recuperar lo que el cuerpo perdió para llegar más fuerte al combate.

Pero es claro que estos procesos tan extremos tienen un costo en el cuerpo. Jugar con los límites de la deshidratación pueden provocar mareos, debilidad, golpes de calor e incluso, a largo plazo, problemas renales. En las mujeres es todavía más complejo, la respuesta del organismo femenino a estos cambios bruscos incluye desequilibrios hormonales, afecciones en el ciclo menstrual e incluso amenorrea, la ausencia de la menstruación por un periodo prolongado de tiempo, cosa por la cual ha pasado Laura a lo largo de su carrera como peleadora. Fredy explica que, cuando el porcentaje de grasa corporal baja demasiado, el organismo comienza a priorizar funciones básicas para sobrevivir. El metabolismo cambia, las hormonas se alteran y el rendimiento puede volverse impredecible. Para una deportista de alto rendimiento, esto significa enfrentarse no sólo al desgaste físico del entrenamiento sino también a las señales de alarma que pueden llegar a lo largo del campamento.

Aunque Laura continuó entrenando y trabajando en su recuperación, su carrera competitiva tuvo que entrar en pausa mientras atravesaba el tratamiento médico y nutricional para recuperarse de la anemia, cosa que no fue fácil para alguien que se describe a sí misma como demasiado competitiva. Sin embargo, detenerse pareciera que no es una opción para ella. Los últimos exámenes médicos han sido, afortunadamente, bastante alentadores. La anemia ya fue descartada, aunque algunos niveles, como la ferritina, la proteína que se encarga de almacenar el hierro, todavía están en el límite mínimo funcional. Para una atleta de alto rendimiento esto no es suficiente, debe seguir en el proceso de aprender a cuidar y escuchar su cuerpo.

Sin embargo, después de meses de recuperación y entrenamiento, Laura se preparó disciplinadamente para volver a la jaula el pasado 6 de junio en una nueva pelea de MMA contra Beriuzka Canelón. Su esfuerzo dió frutos, ya que quedó como ganadora en el primer round tras una serie de golpes precisos que la llevaron a la victoria en el evento Empire MMA. De la misma forma, decidió competir en el Medellín Pro BJJ, un torneo de jiujitsu brasilero donde alcanzó el podio en segundo lugar. Aún así, Laura no quiere apresurarse. Aunque sueña con competir fuera del país y menciona a México como una de sus metas a corto plazo, insiste en que uno de los errores más comunes en este deporte es obsesionarse tanto con llegar lejos que se olvida disfrutar el proceso. Más allá del objetivo de algún día alcanzar la UFC, el octágono más importante del mundo, ella prefiere avanzar paso a paso, sin perder la emoción que tantas veces le ha dado entrar a una jaula y enfrentarse a una rival frente al público.

Al ver a alguien como ella, es inevitable que muchas mujeres se sientan inspiradas por su historia de vida, su mentalidad y sus logros. Sin embargo, deportes tan dominados por hombres como lo son las artes marciales pueden resultar intimidantes. Cuando le preguntan a Laura qué le diría a otra mujer que duda si pertenece a este mundo, responde sin pensarlo: “Que se atreva”. Lo dice con firmeza y con una sonrisa en el rostro. Que se atreva a probar, a sentir, a equivocarse, a domar el miedo. “Es mejor tener las herramientas y no necesitarlas, que necesitarlas y no tenerlas”:

Los consejos de Laura son claros y concisos, sin vacíos ni indirectas. Sus consejos vienen desde la experiencia de haber entrado a un mundo donde pocas mujeres se sienten bienvenidas al principio. En los deportes de combate todavía persiste la idea de que el cuerpo femenino debe ser delicado, cuidadoso e incluso frágil. Entrar a un gimnasio de artes marciales no solo significa enfrentarse al entrenamiento, muchas veces como mujeres, también se debe enfrentar a las miradas de duda, los comentarios incómodos, la desconfianza y las comparaciones constantes. Aún así, Laura logró encontrar lo opuesto en el combate, se enseñó a sí misma a confiar en su cuerpo, pudo reconocer su fuerza y entender que la seguridad no proviene de aparentar ser invencible, sino de saber que uno es capaz de resistir. Cada entrenamiento, cada caída y cada golpe recibido forman parte de un proceso que va mucho más allá de solo aprender a pelear.

Como ella misma lo explica, el camino se construye paso a paso: “No me quiero ir tan allá, sino quiero ir siempre pasito a paso para nunca dejar de disfrutar el proceso”.

Por eso, insiste que el deporte no es únicamente para aquellos que quieran competir profesionalmente, también es para quienes quieren probar algo nuevo, para quienes quieren desafiar sus propios límites, para los que buscan llegar a un nuevo objetivo, ponerse retos y poder cumplirlos. A veces basta con entrar por primera vez a un gimnasio, ponerse unos guantes y descubrir que el miedo no es más que un obstáculo creado por tu mente.

Laura comprendió que en las artes marciales el cuerpo nunca miente. Lo que comenzó como una curiosidad frente a una pantalla terminó transformándose en una forma distinta de habitarse a sí misma. Entre dudas, lesiones y obstáculos, decidió quedarse. Porque el combate no sólo le enseñó a pelear, también le enseñó a confiar en su cuerpo y reconocer un poder que muchas veces a las mujeres se les enseña a esconder. Por eso, cuando otras mujeres dudan si ese mundo también les pertenece, su respuesta es simple: atrévanse. Prueben. Descubran por ustedes mismas hasta dónde pueden llegar. Porque, a veces, la victoria más importante no ocurre dentro de una jaula o un ring. Ocurre en el instante en que alguien decide entender que su cuerpo también puede ser fuerte.

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