Matones de lonchera

Hay que hablar de matoneo y hacer lo necesario para erradicarlo de los salones de clase. Enrique Chaux, profesor de la Universidad de los Andes, cree que la clave está en dar competencias para manejar los conflictos.

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María Camila Castañeda

29.05.2013

Durante años, el matoneo a un estudiante de colegio por parte de sus compañeros se vio como un reto más que un niño debía vivir en su proceso de educación. Pero desde hace algunos años el tema del llamado bullying se ha ganado la atención del mundo. Hoy las redes están llenas de campañas y páginas que luchan contra el matoneo sistemático en los salones de clase. Poco a poco, han empezado a aparecer noticias de suicidios de niños  a causa del bullying. Colombia, un país sumido en la violencia desde décadas, es uno de los lugares con cifras más altas de matoneo escolar. Uno de los casos más elocuentes de este problema fue el de Cristian David Jiménez, quien hoy está en coma luego de haber recibido una paliza por parte de compañeros de la universidad que luego lo lanzaron por el hueco de un ascensor. Pero este no es el único, ni el primero ni el último.

Enrique Chaux, profesor de la Universidad de los Andes, ha dedicado los últimos años al tema de la convivencia ciudadana. Hizo un doctorado en educación con énfasis en resolución de conflictos y trabajó con el Ministerio de Educación en la reformulación de las estrategias para reducir el matoneo. Es además autor del libro Educación, Convivencia y Agresión Escolar, que se publicó el año pasado, gestor del programa Aulas en Paz y un convencido de que la educación es la herramienta para acabar con el matoneo en los salones de clase. Hablamos con él sobre el tema.

¿Hace cuánto inicio su interés por el bullying?

Enrique Chaux: Yo he estado prácticamente toda la vida interesado en temas de educación. En mi familia, mi papá trabajó en temas de educación, fue rector de una universidad y estuvo muy metido en esos temas. Pero fue cuando hice mi doctorado, hace 17 años, que me dediqué completamente al tema de educación para la convivencia. Mi doctorado era en Educación con énfasis en Resolución de Conflictos. Primero estuve interesado en temas de conflicto y la resolución pacífica de conflictos en niños, niñas y adolescentes; y estando en este tema me di cuenta que otra de las grandes problemáticas era el bullying o la intimidación escolar. Y empecé a hacer específicamente investigaciones sobre el tema hace unos 10 años.

E: Además de esto, ¿este interés puede estar relacionado con alguna anécdota de su infancia?

E.C: No. En realidad el interés surgió de ver la cantidad de violencia que se presenta en Colombia y cómo hacer para contribuir a disminuir esa violencia, muy temprano, enseñándoles a los niños a relacionarse pacíficamente. Cuando comencé a entrar en el tema del bullying claramente me acordé de casos del colegio pero que vivieron mis compañeros. Yo fui solamente espectador, espectador pasivo porque nunca intervine para frenar este tipo de situaciones. Pero también fui externo a estos casos, nunca contribuí a estas agresiones e intimidaciones. Pero hoy en día pienso que hubiera podido quizás… mejor dicho, si pudiera echar el tiempo atrás me gustaría haber intervenido más en esto. Una compañera vivió una situación tenaz durante unos cinco o seis años, y no intervinimos ni los compañeros ni los profesores porque desafortunadamente en esta época no se veía como un tema tan grave. Todos sabían en el colegio, pero nadie hizo nunca nada. Claramente cuando estudio estos temas me acuerdo de este tipo de situaciones del colegio, pero afortunadamente no los viví nunca yo.

E: ¿Cómo se define el matoneo?       

E.C: Bueno, matoneo es lo mismo que intimidación escolar, acoso o bullying. Y es una situación donde existe una agresión repetida y sistemática contra una persona una y otra vez, contra la misma persona. Es durante un tiempo largo, puede ser semanas seguidas, meses o en algunos casos hasta años. Y son situaciones donde hay un desbalance de poder. Es decir, quien está agrediendo usualmente está en una posición de mayor poder. Porque tiene más amigos, por ejemplo, o es más popular o es más grande. Y quien está siendo víctima está en una situación de vulnerabilidad porque tiene menos amigos, o es más pequeño en tamaño o en edad. Evidentemente, quienes tienen más poder abusan de eso, maltratando a quienes tienen menos. Eso es matoneo.

Por formación ciudadana se entiende que es un proceso educativo que puede ocurrir en la casa, en los colegios o inclusive a través de los medios de comunicación, y que lleva a las personas a aprender a relacionarse mejor con otros y a participar en la sociedad de una forma que contribuya a mejorar lo que ocurre en el entorno. ¿Qué lo motivó a iniciar un proyecto sobre las competencias en Colombia, basándose en la formación ciudadana?

E.C: La iniciativa para el proyecto de competencias vino de la Ministra de Educación en este momento, Cecilia Maria Vélez. Ella había sido Secretaria de Educación en Bogotá y habían promovido un movimiento a favor de la formación ciudadana y el desarrollo de competencias ciudadanas. Ella está muy convencida de la importancia de los temas de convivencia y las relaciones interpersonales para una mejor sociedad. Ella cree que eso debe ser tan importante como Matemáticas o Lenguaje. En realidad, ella fue la que me invitó a ser parte de este proyecto. Y pues yo estoy convencido de todo lo que se puede hacer para darle relevancia a todos los temas relacionado con la Educación para la convivencia y especialmente desde la perspectiva de competencias ciudadanas lo que se busca es, no tanto una perspectiva punitiva que sancione a los niños, ni discursiva diciéndoles que deben ser buenos. Lo que se debe hacer es, más bien, darles a ellos las herramientas para que aprendan a relacionarse pacíficamente con los demás, y justamente lo que hacen las competencias es fortalecer sus capacidades y habilidades para relacionarse de esta forma con los demás.

En términos generales, ¿en qué consiste este proyecto con nuevos enfoques en la educación y la formación ciudadana? ¿Qué es lo innovador de la propuesta nacional de competencias ciudadanas?

E.CDurante mucho tiempo la formación ciudadana estuvo basada, sobre todo, en el discurso sobre valores. En decirles a los estudiantes: “ustedes tienen que ser honestos, tienen que ser respetuosos, tienen que ser tolerantes”. Entonces había unos valores que se definen, y que los definen usualmente los adultos y se premia el estudiante que siga estos valores. El enfoque de competencias ciudadanas es en vez de decirles a los niños que tienen que ser buenos, hagamos actividades para desarrollar en ellos capacidades para que ellos sepan cómo hacerlo. Entonces en vez de decirles: “ustedes tienen que ser respetuosos y tratarse bien con sus compañeros”, es darles estrategias para que ellos puedan manejar los conflictos con sus compañeros de manera positiva. Desarrollar en ellos la capacidad de sentir lo que otros sienten, desarrollar en ellos la capacidad para comprender las perspectivas de otros, para defender sus puntos de vista sin hacerle daño a los demás. Esas son capacidades. El enfoque de las competencias ciudadanas busca que los colegios desarrollen en los alumnos estas capacidades. Y el programa del Ministerio de Educación busca definir esas capacidades y hacer mediciones y evaluaciones que estén dando indicadores sobre qué tanto los colegios están logrando el desarrollo de esas capacidades, que son las competencias ciudadanas del ICFES. Entonces tenemos que por un lado el Ministerio les dice: “yo espero que como mínimo ustedes logren desarrollar esto en los estudiantes”, y por otro lado los está evaluando constantemente para saber si lo están logrando. Pero es importante ver que se les deja a los colegios la flexibilidad para que ellos mismo decidan cómo van a lograr el desarrollo de las competencias ciudadanas.

Teniendo en cuenta que usted intervino y formó parte importante en la reforma de las competencias ciudadanas, ¿por qué considera que se debía realizar un cambio de estas competencias en nuestro país?

E.CEl cambio ha ocurrido no solo en formación ciudadana, sino en todas las áreas. Y lo que pasa es que la educación tradicional se ha basado en darles información a los estudiantes, en darles conocimiento. Entonces en matemáticas es aprenderse unas fórmulas, en ciencias sociales es aprenda nombres de capitales y de picos, cabos y penínsulas. Es decir, como llenar a los estudiantes de información y luego las evaluaciones lo que medían era qué tanto el estudiante podía recordar esa información que había recibido. Se volvió una educación muy memorística y de transmisión de conocimiento. Eso mismo estaba ocurriendo con formación ciudadana, donde se le daba un énfasis muy grande a aprenderse los símbolos patrios, el himno nacional, el escudo de la bandera y hacer muchas formaciones en filas y todo eso. Eso finalmente no está preparándolos para relacionarse con los demás, sobretodo en situaciones difíciles. El énfasis nuevo es aprender a hacer, y esto en contextos cada vez más complejos. Lo mismo que pasa en matemáticas pasa en formación ciudadana, desarrollar capacidades para resolver situaciones de la vida cotidiana como por ejemplo un conflicto con la persona de al lado. El desarrollo de esa capacidad de intervenir en situaciones es lo que me parece más importante.

¿Cuáles son las competencias que usted considera necesarias de desarrollar en un estudiante?

E.C: Muchas. Por ejemplo en el trabajo específico que hemos hecho en la Universidad de Los Andes con el programa que se llama Aulas en Paz, que es un programa para desarrollar competencias ciudadanas para la convivencia pacífica, nos hemos concentrado en ocho competencias. Esas ocho son: empatía, que es la capacidad para yo sentir lo que otros sienten. Manejo de la rabia, capacidad para identificar cómo me estoy yo sintiendo, poderse tranquilizar y lograr tener cierto dominio sobre mis impulsos. Toma de perspectiva, que es la capacidad para entender los puntos de vista de otros. Generación creativa de opciones, es la capacidad para imaginarme muchas alternativas y soluciones frente a una situación particular. Consideración de consecuencias, que es capacidad para prever que va a pasar si yo tomo una decisión o toma otra a corto y largo plazo, tanto para mí como para los otros. Pensamiento crítico, habilidad para cuestionar todo lo que recibo de mi alrededor y poder decir por qué las cosas son así y no son distintas, poder darme cuenta de lo que no está dicho y explícito, sino ir más allá a lo que está detrás de las cosas que recibo. Asertividad, la capacidad para yo defender mis derechos o defender los derechos de otros sin hacer daño a los demás. Y escucha activa, que es la capacidad para yo escuchar a otros y hacerles entender que están siendo escuchados. Esas ocho competencias son fundamentales para nosotros en la convivencia y si logramos desarrollarlas quedamos muy tranquilos de lograrlo. Están saliendo estudiantes cada vez más preparados para manejar problemas de la convivencia social.

Hace un momento me habló sobre Aulas en Paz, que es un programa que busca prevenir la agresión y promover formas de convivencia pacífica por medio del desarrollo de competencias ciudadanas en los niños y niñas. ¿Cuáles colegios  hacen parte de este programa?

E.C: Aulas en Paz es un programa que desarrollamos después de que el Ministerio publicó los estándares de competencias ciudadanas. La idea era dar una respuesta a muchos profesores y colegios que se hacían la pregunta.  ¿Cómo desarrollamos estas competencias? Entonces creamos este programa que empezó a funcionar en el 2005, es decir que ya tiene ocho años. Está implementado en este momento en 45 colegios de 21 ciudades de Colombia, y en más o menos 12 colegios de Monterey en México. Aulas en Paz busca trabajar con estudiantes de 1° a 5° de primaria, en maneras pacíficas de relacionarse con los demás. Se trabaja tanto en el aula como con las familias; al igual que en espacios extra-curriculares. Es un programa que ha crecido bastante desde que inició, y a partir de las evaluaciones periódicas que hacemos, lo que he observado de resultados es que efectivamente se ha disminuido la agresión en estudiantes que participan en él.

Su libro lanzado en el 2012 “Educación, Convivencia y Agresión Escolar” busca ampliar la temática de agresión y violencia escolar. A partir de lo que allí consolidó, ¿cuáles cree que son los principales tipos de agresión que existen en Colombia?

E.C:  Existen diferentes tipos de agresión. Esta la agresión física con golpes, empujones, tirando objetos. La agresión verbal que puede ser con insultos, o diciendo un apodo que le duela mucho a la persona. Existe también la agresión relacional cuando el alumno busca básicamente dañarle las relaciones a otra persona, por ejemplo excluyéndola de grupos o regando chismes sobre el otro. Y también está la agresión virtual, a través de correos electrónicos, Facebook, fotos, etc.

¿Se podría pensar que en estos tipos de agresión puede influir el nivel social del alumno? Es decir, ¿se presenta de igual forma en todos los niveles socioeconómicos o este fenómeno varía?

E.C: La agresión por lo general se presenta igual en todos los niveles socioeconómicos. Hay unas pequeñas diferencias. Por ejemplo, la intimidación física está más presente en estratos bajos. La intimidación virtual o por exclusión, se da un poco más en estratos altos. Pero son diferencias pequeñas.

Y en cuanto al género, ¿existen diferencias entre niños y niñas?

E.CLa agresión que es física y verbal, es más común entre niños que en niñas. Pero la que es relacional que es excluyendo a alguien o regando chismes, es más o menos igual en ambos. A veces se encuentra que es más alta en colegios femeninos que en masculinos, pero en general es bastante común en ambos grupos. Y las niñas que son agresivas, son más que todo agresivas en esa manera de exclusión. Lo otro es que la agresión  que es a través de los medio virtuales estamos encontrando que es más alta entre niñas que en niños.

¿Somos agresivos por naturaleza o la agresión se aprende?

E.CLos estudios en primates, como los seres humanos, muestran que  hay agresión, pero en unos hay más que en otros. Los chimpancés por ejemplo son más violentos, y hay otros como los bonobos que son más pacíficos, logran reconciliarse fácilmente y evitar que alguna situación de agresión escale y se vuelva muy grave. Por otro lado, vemos que en los niños más pequeños, niños de dos años por ejemplo, ya están demostrando comportamientos agresivos. Comportamientos que claramente tienen la intención de hacerle daño al otro. Por ejemplo, les da rabia que otro les quite un juguete y van y lo muerden. Eso no es un accidente, eso es que de verdad quiere hacerle daño a la otra persona por rabia. Pero esa agresión que aparece en los primeros años se puede potenciar si está en un contexto en el cual se le celebra eso, o ven mucha agresión a su alrededor, o son también víctimas de agresión. Y se puede también disminuir esa agresión desde los primeros años, enseñándoles maneras para no ser agresivos. Enseñándole, por ejemplo, que si alguien le quita algo, es mejor usar las palabras que los golpes. Entonces, ambas cosas pasan: sí hay una cierta predisposición por nuestra especie a ser agresivos, pero esto se puede disminuir por medio del aprendizaje.

Teniendo en cuenta que el cyberbullying o ciberacoso es una de las formas de intimidación con mayor frecuencia en la actualidad, ¿qué es en concreto y cómo puede evitarse?

E.C: El cyberbullying es todo tipo de agresión que ocurre a través de los medios virtuales: por medios electrónicos, teléfonos celulares, redes sociales como Facebook. Es un tipo de intimidación que hace mucho daño porque la persona queda expuesta en frente de muchas personas y siente una vergüenza muy grande porque ya no es solo una persona sino varias las que se dan cuenta del acoso que está recibiendo. Frente a eso es importante que los mismos estudiantes aprendan que eso no está bien, que se den cuenta que lo que inicialmente vieron como un juego o algo divertido, en el fondo puede resultar haciéndole mucho daño a alguien. Además, deben saber que rápidamente esto escalar y convertirse en una situación terrible para esta persona. También que aprendan como frenar este tipo de situaciones. Por ejemplo, en Facebook y en las redes sociales existe la posibilidad de cerrar este tipo de grupos donde se estén maltratando a alguien. Entre ellos mismos también pueden existir cierto control para evitar este tipo de situaciones.

Partiendo de que Colombia es uno de los países con cifras más altas de matoneo y violencia escolar, ¿cuáles son los principales factores que considera influyen en estos índices?

E.C: Colombia, y en general en América Latina, ha tenido índices muy altos de violencia escolar. Colombia en particular, probablemente ha tenido muchos años de violencia y esto puede hacer que se legitime y que quien es violento es valorado, respetado y admirado y que encuentre cierto modo reconocimiento por ser agresivos. Nosotros hemos encontrado que por ejemplo donde el conflicto armado todavía está presente, los índices de violencia son más altos.

¿Qué soluciones considera que aportan sus investigaciones para reducir estos índices en Colombia?

E.CLas investigaciones que he realizado logran identificar qué es exactamente lo que se debe desarrollar con los niños. Desarrollar un programa como Aulas en Paz, y poder demostrar que esto sí logra mejorar la convivencia, es un ejemplo del tipo de trabajo que se requiere que otras personas lleven a cabo. Si logramos mostrar rigurosamente las acciones que pueden hacer que un niño puede aprender a relacionarse pacíficamente el programa crecería mucho más. Es importante que más colegios implementen el programa. Proyectos de este estilo traerían grandes soluciones en una sociedad como la colombiana, y de esta forma se vería una disminución más grande en los índices de violencia, pero aún creo que aquí falta bastante.

 

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