• Raku: cerámica al rojo vivo

    Un grupo de artistas en Bogotá rescata una ancestral tradición japonesa para la cocción de la cerámica. Reportaje gráfico de un proceso a 1000 grados centígrados.

  • A las 8:30am Olga Lucia Garcia –ceramista y profesora de Los Andes– pinta una de sus piezas previamente cocidas. "Me gusta ver la transformación de la pieza en vivo y en directo, ver cómo es afectada por los elementos [aire, fuego, agua], y el azar que hay en la experiencia misma" asegura.
  • Los esmaltes utilizados en Raku son ricos en óxidos de cobalto, cobre, estaño, titanio y hierro. Según las mezclas que se usen se obtendrán desde tonos verdosos y azules, hasta rufos, rojos y blancos perla.
  • Cargar el horno con las piezas para quemar es una de las labores más importantes. Según como queden organizadas, no se pegarán entre sí al fundirse los esmaltes.
  • Humberto Sánchez –técnico en cerámica–, monitorea que el horno funcione bien: "ya están comenzando a fundir las piezas" asegura.
  • En menos de una hora la temperatura del horno sobrepasa los 500 ºC, y los las piezas comienzan a tomar tonos incandescentes.
  • Los hornos para Raku se construyen con una lona de fibra de vidrio, que soporta altas temperaturas y que no es muy pesada, para facilitar su manipulación.
  • Tras dos horas de horneado, la temperatura de fundición de los esmaltes está lista. Es hora de sacar las piezas.
  • Humberto retira rápidamente la tapa del horno, e inmediatamente Olga Garcia y Paula Acosta –las profesoras– con unas pinzas metálicas se encargan de sacar las piezas.
  • Al rojo vivo, cada una de las piezas debe sacarse con rapidez para que no pierdan calor y comiencen a pegarse entre sí. La temperatura es de alrededor de 1000ºC
  • "El punto clave de la quema es sacar las piezas rápidamente y con firmeza, toca estar tranquilo y en la jugada. Sin duda es el momento más emocionante y sorprendente del Raku" asegura Paula Acosta.
  • Al salir del horno las piezas son depositadas en una cama de aserrín, que generará una atmósfera anóxica en la que los esmaltes tomaran sus colores definitivos.
  • "La participación y la vivencia de la cerámica por parte de los estudiantes es de lo que más me gusta del Raku, es vivir la cerámica en la práctica" asegura Olga Garcia.
  • Para disminuir las concentración de oxígeno alrededor de las piezas, se encierran en una caneca. Los esmaltes se reducirán y cambiaran de color.
  • Entre más tiempo permanezcan las piezas en el aserrín, más se reducirán los esmaltes.
  • El siguiente paso es buscar una por una cada pieza entre el aserrín, y llevarlas a canecas con agua fría para que se fije definitivamente el esmalte.
  • "Siempre vengo a Raku así ya no vea clases de cerámica" asegura Luisa Rodríguez –estudiante de arte–.
  • Cuando las piezas se enfrían, el último paso es lavarlas con una esponja y algún producto abrasivo para remover restos de la ceniza y revelar los verdaderos colores de los esmaltes.
  • La cabeza de un Buda, es una de las primeras piezas quemadas de la jornada. En su cara se logran ver distintos tonos que corresponden a diferentes estados de oxidación del metal en el esmalte.
  • Al final de la quema las piezas quedan listas para que sus dueños pasen por ellas. Dentro de un semestre, se repetirá un nuevo Raku.
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Juan Camilo Chaves

20.11.2013

Desde hace más de diez siglos los japoneses se reúnen en torno al té para celebrar un ritual heredado del budismo zen. La Ceremonia del té –como es llamado– tiene en cuenta cada paso, movimiento, utensilio e ingrediente, para que se exprese adecuadamente una estética de calma, humildad, simplicidad, naturalidad y quietud. Gracias a esta ceremonia, la cerámica en Japón tuvo un particular desarrollo. Uno de los hechos más significativos fue la aparición de una técnica de horneado cerámico para acabados llamada Raku –palabra que significa bienestar–. Su nombre se tomó en honor al templo Jurakudai de la ciudad de Kyoto. Steven Branfman –ceramista norteamericano experto en la técnica– cuenta que aunque sigue siendo un misterio su origen “aparentemente fue creada por ceramistas coreanos bajo instrucciones japonesas”.

La gran diferencia del Raku con una quema tradicional cerámica radica en su proceso. Mientras que en el horneado tradicional las piezas son cocidas a más de 1000 ºC (según el punto de fundición de los esmaltes) por un lapso de 8 a 24 horas, y posteriormente son dejadas enfriar dentro del mismo horno por unas 12 horas más; en Raku se utiliza un horno especial en el que se puede subir la temperatura de 0 a 1000 ºC en poco tiempo, y que además permite que lo destapen para que las piezas sean sacadas al rojo vivo, sin dejarlas enfriar antes.

En la versión japonesa original del Raku, las piezas incandescentes que fueron expuestas a una atmósfera sin oxígeno dentro del horno, tras unos segundos al aire libre son sumergidas en agua fría, para fijar los esmaltes. Sin embargo, en los años cincuenta, el Raku se popularizó en Estados Unidos gracias al ceramista y escultor Paul Soldner, quien reinterpretó la tradicional técnica japonesa, y agregó un nuevo paso al proceso, antes de sumergir la pieza en agua. La idea de Soldner fue aumentar la atmósfera reductora alrededor de la cerámica incandescente, pasándola a un recipiente lleno de aserrín, cartón o papel, aprovechando la combustión de estos materiales. Esto hace que el oxígeno del medio se consuma hasta agotarse, y que eventualmente también se consuma el oxígeno de los óxidos metálicos presentes en los esmaltes de la pieza. El resultado es una reducción química que termina en la formación de metales dentro de los esmaltes, aumentando los característicos tonos iridiscentes y craquelados del Raku.

Hoy en día, la técnica ha ganado adeptos a nivel mundial, y en varias escuelas de cerámica y talleres de Bogotá  esta particular forma de hornear está más viva que nunca.

* Juan Camilo Chaves es artista plástico y estudiante de la maestría en periodismo del CEPER.

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