La mujer de los siete nombres (2018)

Un relato íntimo entretejido con la historia reciente de Colombia. Un retrato íntimo en el que caben todas las formas de violencia y de transformación para no perder la esperanza. De eso trata el documental La mujer de los siete nombres, dirigida por Daniela Castro Valencia y Nicolás Ordónez que se estrenó en cines el 30 de agosto.

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Jeanneth Valdivieso Mancero

29.08.2018

La sala de una casa es el escenario donde Yineth Trujillo recrea una a una sus muchas identidades, esas que le tocó asumir por la fuerza de las circunstancias. Como quien muda de piel, ella se prueba uno a uno los vestuarios que retratan etapas de su vida: el camuflado de guerrillera, el disfraz de mucama sexy, el vestido rosa que evoca su infancia. Así empieza el recorrido por su memoria, por sus muchos yo, por el camino que a sus 32 años le ha tocado andar desde Caquetá, donde nació, a Bogotá, donde hoy vive.

Fue Yinan, Yira, Tania: “Todos los nombres representan una parte importante de mi vida porque todas han sido vivencias diferentes, pero que le han aportado a Yineth Trujillo, la mujer actual, todo lo que es hoy, su esencia”, asegura.

Se supone que tener un nombre es uno de los derechos humanos fundamentales. También se supone que una niña no combate en una guerra y que el hogar es el lugar más seguro para estar. Nada de esto es real en la vida de Yineth.

"Una de espectadora se dirigió a Yineth para felicitarla, pero también para pedirle perdón por haber sido indiferente a historias como la suya. lo que la conmovió hasta las lágrimas porque nunca nadie le había dicho ‘lo siento’."

Su padrastro abusó de ella cuando era niña. Junto a otros 43 menores fue entregada un día a la guerrilla de las FARC a los 12. Cargó un pesado fusil durante los cinco años que integró ese grupo hasta que se escapó para iniciar una vida incierta sin casa, sin familia, sin estudios, sin oficio, pero con mucho ingenio y ganas de abrirse camino y sanar su dolor.

“La violencia empieza en este país desde mi hogar”, confiesa Yineth en uno de los pasajes del documental, una coproducción colombo-argentina que establece conexiones entre la vida de la protagonista y hechos que marcaron las últimas décadas del conflicto armado en Colombia, incluida la firma del acuerdo de paz con las FARC.

La película, que se produjo en casi seis años, también busca establecer conexiones entre tantas generaciones nacidas en la guerra en Colombia, pero que la vieron de lejos, muchas veces indiferentes, sin humanizar a ese otro que era parte de la guerra. Yineth es ese rostro humano que representa a tantos sin importar de qué bando son.

“Ante todo somos seres humanos. Todos merecemos una oportunidad, todos merecemos dar una oportunidad. Es el momento de emplear la palabra reconciliación”, afirma esta mujer de siete nombres, tres de los cuales no aparecen retratados en la película y que ni ella ni la producción quieren mencionar, quizá porque son parte de un proceso que aún no ha sanado o no se ha completado.

Daniela Castro Valencia, codirectora de La mujer de los siete nombres –su ópera prima-, explica que tras una de las funciones previas al estreno, en un conversatorio, una de las espectadoras se dirigió a Yineth para felicitarla, pero también para pedirle perdón “por haber abandonado un país, por haber sido indiferente a todas estas historias”. Yineth se conmivió hasta las lágrimas. Nunca nadie le había dicho ‘lo siento’.

El documental consigue que su audiencia logre generar una empatía humana: “Más allá de si le creían todo lo que decía, o si les parecía genial, o si votaron por Uribe y por Duque o si votaron por Petro –esos fantasmas que están todo el tiempo detrás-, sino que se encontraron con un ser humano con todas las contradicciones que contiene. No es ni una heroína, ni una villana, probablemente es un poco de las dos, que tiene un pasado muy complejo que asume, pero que tampoco eligió”, asegura Castro.

Hacia allá quiere llegar la película: contar una historia personal que pueda abrir interrogantes sobre cómo la historia del país “es un poco responsabilidad de todos”. “No se trata de ver quién es el que más culpa ha tenido (…) pero sí como personas pensar cómo vamos a hacer para convivir de maneras más generosas, más tranquilas, más amplias, por lo menos entender un poco qué es lo que nos ha pasado, para no repetirnos”.

Yineth pasó de ser guerrillera de las FARC a dar su testimonio como integrante de la Agencia de Reincorporación buscando que empresarios les den oportunidad a desmovilizados, como ella, de conseguir un empleo. Ya tenía un relato organizado sobre su vida antes de empezar con el documental, pero fue explorando sus silencios, lo que tenía escondido en su memoria y en su cuerpo, como los directores lograron ese testimonio transparente de quien hoy ya tiene elegido su siguiente nombre y su siguiente sueño junto a su esposo y sus dos hijas.

"La película viajará almacenada en una USB junto a unas maletas con un kit de material didáctico hacia distintas zonas de Colombia para que mujeres líderes trabajen con sus comunidades."

Ahora la película se exhibe en salas de cines desde el jueves y busca expandirse a otros públicos a través de la campaña en redes sociales #YoSoyMuchas y con otros proyectos como el que tienen previsto para el próximo año junto a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y REDEPAZ.

Se trata de llevar el documental a todos los rincones del país para que la gente se “apropie” de su relato. La película viajará almacenada en una USB junto a unas maletas con un kit de material didáctico hacia distintas zonas de Colombia para que mujeres líderes trabajen con sus comunidades, compartan contenidos y discutan estos temas. “Las películas solo tienen vida en la medida en que la gente las vea, en especial este tipo de películas”, dice Daniela Castro Valencia.

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