Lo que mataron con Mauricio Lezama

Al cineasta lo asesinaron en Arauca, frontera con Venezuela. Promovía el desarrollo cinematográfico de la región y quería contar la historia de una sobreviviente del genocidio de la Unión Patriótica. No es claro quiénes fueron los responsables del crimen, pero es cierto que con su muerte Colombia pierde a alguien necesario.

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Manuela Saldarriaga

22.05.2019

En Arauca, frontera con Venezuela, mataron al cineasta colombiano Mauricio Lezama. Ocurrió en el corregimiento La Esmeralda, un caserío cercano al municipio de Arauquita, donde vivía desde hace más de 15 años. En el pequeño centro poblacional realizaría un casting para rodar el cortometraje Las luciérnagas vuelan en mayo, proyecto ganador de Fondo Cinematográfico Relatos Regionales del Ministerio de Cultura, que hacía eco al testimonio de una de las pocas víctimas sobrevivientes del genocidio de la Unión Patriótica, Mayo Villamizar.

Días antes de que a Lezama lo asesinaran por la espalda, con seis disparos propinados por fleteros que escaparon de la escena del crimen (llevándose la cámara, el celular y los casquillos de bala que habían disparado), Lezama había estado en la cabina de la radio comunitaria Meridiano 70 dando sus coordenadas del próximo rodaje y convocando a un casting tanto en la sede del SENA regional de Arauca, como en La Esmeralda, donde permaneció frío, arrojado en el suelo, durante más de seis horas, según detallan fuentes.

Al aire, Lezama decía que  para el casting se necesitaban personas como indígenas, afros, niños y niñas entre 7 y 12 años. Estaba resuelto el personaje principal, pero necesitaban para el desarrollo de la historia a su compañero sentimental, un hombre poco mayor que ella, también a un personaje de 60 años y a otro que caracterizaría el papel del antagonista, en palabras del realizador audiovisual, de bandido. Lezama explicaba que la idea era que todos pudieran asistir a la convocatoria para probar con cualquier personaje, incluidos militares necesarios para la representación de los hechos.

Las luciérnagas vuelan en mayo fue escrito por Tony Villamizar y está inspirado en su madre, Mayo. Una partera. Una mujer que tiene su rostro completamente desfigurado tras un atentado propinado por paramilitares en la misma zona, hace más de 23 años, durante el exterminio de la UP. Sucedió antes de que a Aída Avella, la hoy congresista y entonces presidenta del partido, recibiera un rocket que le lanzaron, también en mayo, pero de 1996. Para ella, ‘Mayito’, una leyenda en Arauca, es una mujer necesaria porque no salió al exilio, como fue su caso, sino que resistió en el país que le daba la espalda.

A Mayito le dispararon en el corregimiento La Esmeralda a junto a su esposo, dueño de una droguería. Su esposo murió en instantes. Ella recibió un balazo, como relata Avella, que le atravesó la mandíbula, le voló los dientes y deformó para siempre su aspecto.

Los paramilitares la pensaron muerta, pero sobrevivió como pudo, llegó a casas campesinas donde la auxiliaron y salió inmediatamente para asilarse en otra zona del país.

“Es un testimonio vivo que, aunque no se piense, es uno de los muchos más que existen en Colombia. Debe estar muy impresionada con la muerte de Mauricio de solo pensar que él estaba trabajando sobre su atentado y es impresionante que si no la mataron a ella, maten a alguien que quiera contribuir a la memoria y a la historia de nuestro país”, agrega la Senadora. 

Entre las anécdotas que ocurrieron antes del atentado de la enfermera, que Avella recuerda con especial agrado, está aquella de que en el casco urbano un comandante del Ejército buscaba a un médico por el embarazo de su esposa, uno de altísimo riesgo y alguien le comentó que la más famosa partera en todo Arauca era Mayo, por lo que le recomendó buscarla. Se ocupó, aclaró que no era un caso tan difícil y la militante salvó con amplia maestría la vida del hijo del comandante.

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Era la primera vez que Arauca recibía el estímulo de desarrollo otorgado por el Ministerio de Cultura, pero de tiempo atrás conocía los talleres de formación que muchos jóvenes recibían de gestores culturales y creadores como Lezama.

Para el guionista Tony Villamizar, con el asesinato de Lezama no se silenció el proyecto cinematográfico sino la posibilidad de que esas poblaciones tengan oportunidades para hacer algo diferente: “Más allá de tomar cerveza, embriagarse, vender mercado, asesinar o en suma vivir una vida sumisa, porque no pueden hacer mayor cosa que ocuparse de actividades cotidianas que son a las que están acostumbrados; está la posibilidad de que jóvenes reciban talleres que promueven la educación gratuita y la formación en otras áreas. Entonces, cuando llega un agente externo a hablar de cine, o de artes o a brindar brigadas de salud, le dan otra posibilidad a la población civil que no hace parte del conflicto de tener esas experiencias como seres humanos”.

Gracias a convenios estratégicos entre la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura y entidades como la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas, a través del programa Imaginando nuestra imagen INI, Lezama impartió talleres en los siete municipios de Arauca, una región priorizada junto con Guaviare. El programa estaba concebido como un espacio para la formación de nuevos realizadores audiovisuales. “A Mauricio le encantaba enseñar. Daba talleres a chicos desde los siete hasta los 16 años. Del último encuentro, por ejemplo, 39 personas se graduaron. Enseñaba teatro, pintaba”, dice Will Sánchez, amigo cercano y compañero de trabajo de Lezama, con quien sumaba cinco años dictando talleres en el Festival de Cine de Cartagena FICCI en el programa Cine en los barrios que pretende ser un encuentro alternativo entre las comunidades, el cine y sus realizadores, así como en diferentes corregimientos de Cartagena y municipios de Bolívar.

Es que el cine no era una novedad en la región. El mismo Lezama se había inventado el Festival de Cine de Frontera que había sido instalado en el puente internacional José Antonio Páez, que comunica a Colombia con el país vecino, durante 2012 y 2013. Con una asistencia que superó con creces el aforo de cualquier sala de cine del municipio, Lezama instaló con su equipo 100 sillas para más de 400 personas. “Por esos días se estaba cerrando la frontera y presenciamos un espectáculo cinematográfico: los guardias venezolanos cruzaban el cerramiento para ver lo que se estaba proyectando en pantalla porque ocupamos la parte del puente que le pertenece a Colombia”, detalla Sánchez.

Para Las luciérnagas vuelan en mayo Lezama guardaba ambiciones de estrenar nacional e internacionalmente un testimonio importante para la región. Eso es lo que quiere conseguir Villamizar, quien dice continuará con el proyecto: “Seguirá en pie por respeto a Mauricio. En este momento estoy en reescritura de guión para incluir un diálogo muy espiritual que tienen él con Mayo”.

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El director de cine colombiano Franco Lolli abrió la semana de la crítica en Cannes, en su más reciente edición, con el largometraje Litigante, el cual estuvo protagonizado por la escritora Carolina Sanín. Aunque la cinta se inspiraba en el cáncer de la madre del director y guionista Lolli, para Francia y el mundo el mensaje que quedó fue otro: la protesta que instauraron los litigantes, junto a Ciro Guerra, en la alfombra roja con carteles que exigían justicia, paz y se manifestaban en contra del exterminio, a propósito del asesinato de Lezama y el número ascendente de homicidios contra líderes sociales.

El impacto que ha causado la muerte del realizador no es arbitrario: hasta hoy la cuenta de líderes sociales asesinadxs en Colombia llega a 317 casos en 15 meses,  51 de estos registrados en 2019, según alarmas de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU. Pero las razones aún no tan conocidas sobre los  recientes crímenes contra el antropólogo Manuel Salamanca en San Agustín (Huila); el médico Cristian Camilo Julio en El Bagre (Antioquia) y ahora de la Lezama, quien era reconocido gestor cultural y consejero departamental de cine de Arauca, pone en evidencia que cualquier oficio en Colombia implica estar en situación de riesgo.

Avella asegura que a Mauricio Lezama lo mataron por decir cosas que todo el mundo sabe a gritos en la zona. Ricardo Alvarado, gobernador de Arauca, se lamentó por el asesinato algunos días después de ocurrido y aseguró que los responsables de la muerte del cineasta son “grupos residuales armados, hoy disidencias de las FARC”. Pese a su certeza, aún queda que la Fiscalía investigue el caso para corroborar la información del funcionario. Un miembro de órganos de control del Estado vinculado al Ministerio Público y que pidió protección de su identidad porque afirma que “estos temas de conflicto armado son muy complicados abordarlos por la seguridad en terreno”, desconoce con qué base el Gobernador dijo lo que dijo.

"La FLIP no ha recibido reporte de ninguna otra actividad de riesgo en que Mauricio haya podido estar involucrado y que hubiera puesto en juego su vida."

El también defensor de derechos humanos comenta que el ELN sacó un comunicado diciendo que nada tenía que ver con la muerte de Lezama. Tampoco se tiene indicios si fueron miembros de la extinta guerrilla de las Farc, ni de la fuerza pública: “En el lugar donde sucedieron los hechos, los que menos están son los del Ejército. Ese es un centro poblado grande donde no hay presencia permanente del Estado, pero a cuatro kilómetros están las líneas del Oleoducto Caño Limón-Coveñas (un gran campo petrolífero) y allí sí hay patrullaje permanente de la Fuerza Pública. Ese centro poblado, sin embargo, sabemos que está frecuentado por ELN como por disidencias de las Farc también”.

La forma en la que asesinaron a Lezama, con cuatro disparos en la cabeza y dos en el cuerpo, es para el guionista un crimen de venganza. “Esto no es normal”, asegura, “vamos a suponer que lo hayan matado por el tema cinematográfico, y por eso le dieron así de duro, y si es de esa manera, es muy preocupante porque mi vida y la de muchas otras personas que estamos en este proyecto está en peligro”. Más o menos 25 actores y 25 personas detrás de cámaras. “Pero supongamos, entonces, que fue por parte de algún grupo armado”, continúa, “alguien que de pronto pensó que Mauricio era algún infiltrado del Gobierno o de la Sijin, entonces la pregunta es si sus hombres perpetran sus enjuiciamiento sin consultar antes de matar a quienes consideran sus enemigos. Es cobarde que asesinen a un civil desarmado”.

La guerra es contra la población civil, sin duda, asegura Villamizar. La fuente en reserva lo apoya, comenta que últimamente ha habido amenazas muy fuertes contra personeros, en donde de los siete que hay en el Departamento, cinco tienen dificultades para ejercer su labor por el tema de orden público. Dice, además, que van alrededor de setenta civiles asesinados este año. Mientras que quienes tienen armas, tanto de la Fuerza Pública como de las disidencias u otros agentes armados, han muerto ocho. “Dese cuenta de la condición tan bárbara”, apunta.

Para Aída Avella, hoy están matando a los líderes sociales como antes asesinaron a los miembros de la UP; la Fundación para la Libertad de Prensa FLIP emitió un comunicado en donde relaciona el crimen como un ataque a la libertad de prensa, lo que implica que hay agravantes dentro del derecho penal cuando los delitos ocurren en medio de una actividad periodística.

"Recientemente circuló en Arauquita un panfleto de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia a pesar de que no hay grupos de las AGC identificados en la zona. Este contenía amenazas a líderes sociales y defensores de derechos humanos."

La determinación absoluta del caso está en cabeza de las autoridades, de acuerdo con Luisa Fernanda Isaza, Coordinadora de Defensa y Atención de Periodistas de la Fundación. Asegura que si bien está en manos de la Fiscalía, tienen dos indicios para creer que se trata de un ataque a la libertad de prensa: uno es que los hechos apuntan a que la razón por la que matan a Mauricio Lezama está atada a su oficio, porque estaba realizando labores de reportería y producción para su cortometraje, que además es un tema sensible. Dos, que ante la duda reconocen y exigen a las autoridades que desvirtúen lo que demuestran esos indicios, es decir, exigen que al resolver qué ocurrió, se demuestre que tales indicios no prevalecen para que el caso no tenga agravantes.

La FLIP no ha recibido reporte de ninguna otra actividad de riesgo en que Mauricio haya podido estar involucrado y que hubiera puesto en juego su vida. Eso es justamente lo que motiva a que lo reconozcan en su conteo de agresiones. Pocos crímenes contra periodistas se aclaran en Colombia y cuando hay algo de justicia, generalmente se condenan a autores materiales contratadas para el delito pero poco a los autores intelectuales. Aunque el panorama podría revertirse, hay otra tendencia: “De los 159 asesinatos contra periodistas registrados en la FLIP, solo hay uno en donde toda la cadena criminal, es decir, tanto autores materiales como intelectuales, está condenada y es el caso de Orlando Sierra”, puntualiza Isaza.  

En diferentes ciudades del país rindieron homenaje a Lezama con una velatón. En Medellín, Víctor Gaviria estuvo presente, así como en Bogotá la documentalista Margarita Martínez, el fotoperiodista Jesús Abad Colorado o el cineasta Lisandro Duque, todos reclamando la atención sobre el aumento de la violencia en Colombia. Rubén Mendoza, por ejemplo, cree que el crimen de Mauricio además de angustia y tristeza, deja una pregunta: ¿Cómo así que ni siquiera vamos a poder indagar sobre la ignominia en que vivimos? Piensa que es el problema de cuando suben, en sus palabras, esos gobiernos que se fundamentan en la fuerza bruta, en el abuso de esa fuerza y donde sigue siendo la ignorancia el mecanismo principal de la democracia y de los procesos de elección.

De hecho, cuenta la fuente que trabaja en terreno que recientemente circuló en Arauquita un panfleto de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia a pesar de que no hay grupos de las AGC identificados en la zona. Este contenía amenazas a líderes sociales y defensores de derechos humanos. Inmediatamente cayó un panfleto del ELN amenazando a la gente del Centro Democrático. “Detrás de eso hay intenciones para las rondas electorales este año. Las autoridades, sin embargo, han descartado que los dos panfletos sean reales”.

Para Tony Villamizar, el hijo de Mayo, es necesario hacer un llamado al Fiscal General de la Nación porque cree que no se cumplió el procedimiento adecuado: “Nadie quería recoger el cuerpo, ni el ejército siquiera. No le hicieron el preciso proceso de levantamiento. Fue seis horas más tarde. Recogieron el cadáver en una bandeja, como a un animal muerto, y lo hizo el señor de la funeraria. Es muy preocupante que el Estado nos inhiba derechos y se le olviden sus deberes”, comenta.

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    Manu, gracias por escribir este artículo tan serio sobre el caso del primer muerto político del cine colombiano.

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