La mente detrás de Eurocine

¡La veinteava versión del Festival Eurocine está a punto de comenzar! Entrevistamos a Theresa Hoppe la mujer que, año tras año, llena las salas con las mejor películas del viejo continente.

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Juan Camilo Chaves

21.04.2014

Theresa Hoppe, antropóloga y gestora cultural alemana, es la mente y cabeza visible de una de las muestras de cine internacional más importantes de Colombia: el Festival Eurocine. Cerosetenta habló con ella sobre su historia, los 20 años del festival y los proyectos futuros.

***

¿Cómo llegó a Colombia?

Por el amor (risas). Salí de Alemania mientras estaba en la universidad porque me sentí aburrida estudiando antropología, en ese momento era muy confuso y poco práctico para mi gusto. Decidí que necesitaba una inspiración práctica y tuve dos opciones: ir a México a trabajar con una exposición o ir a Cuba para ser asistente de una investigación sociológica. Decidí ir a México para apoyar una exposición organizada por estudiantes alemanas junto a organizaciones mexicanas que trabajaban con el movimiento de mujeres. La idea era hacer una exposición sobre ¿qué pasaba con las mujeres en Ciudad de México?. Esto incluía todo: prostitutas, mujeres artistas, mujeres que ayudaron a reconstruir la ciudad después del terremoto, etc. Al terminar esta exposición volví a Alemania pero ya quedé picada por “el bicho de Latinoamérica” y llegué a buscar cómo devolverme. Finalmente conseguí regresar a México para hacer parte de mi tesis de grado en un pueblo llamado Tepoztlan. El tema era mujeres en comunidades no católicas de México, lo que quería ver era qué dificultades y por qué lo hacían, estando en un contexto que gira en torno a la religión católica.

Después de terminar este trabajo regreso a Alemania, termino mi maestría, hago mis exámenes y me gano una beca para regresar por segunda vez a México para trabajar en una emisora. Pero ahí entré en crisis, no sabía si seguir en eso porque había estudiado era antropología. Pensé en devolverme, pero ahí ya tenía un novio y la balanza se inclinaba por quedarme en México, pero tenía que salir del ámbito de investigación cultural. Así que tomé una decisión radical y —como yo toco violín— decidí inscribirme en la escuela nacional de música de México. Me aceptaron, comencé a estudiar, me radiqué definitivamente en Tepoztlán y trabajé en un trío haciendo conciertos aquí y allá.

En ese momento de la vida conocí a Jorge —mi esposo— que es un psicólogo colombiano. Comenzamos a vivir juntos y esto hizo que cada vez viera mi regreso a Alemania mucho más lejano, él no iba a vivir allá. Nos casamos, quedé embarazada de mi primera hija Sofía y recuerdo que un día en la madrugada Jorge se levantó y me dijo “ya es hora de volver a Colombia”. Así que organizamos todo y nos vinimos.

 

¿En qué año llegó?

1998. Llegué embarazada de mi segundo hijo Mateo, con mi hija mayor de año y medio. Fue difícil. Veníamos de un pueblo hippie en México, y ahora nos enfrentábamos a esta gran ciudad. Me dediqué a ser mamá y a dar clases privadas de alemán esporádicamente, porque yo no soy profesora, no me gusta y menos de alemán que es muy fregado de enseñar.

Sin embargo, envié mi hoja de vida al Instituto Goethe de Bogotá y pasaron meses sin respuesta. Me acuerdo que dije “estos alemanes si que son groseros y no responden”, pero llamé y me dijeron que estaban en un cambio de director y mi hoja de vida era la primera en su escritorio.

Llegó el día de la entrevista y el director me dijo que yo no servía para ser profesora que si mejor me interesaba trabajar en la parte de programación cultural. Yo la verdad no sabía muy bien qué era eso, pero acepté y duré diez años trabajando allí. Esta fue mi formación como gestora cultural, que es lo que yo entiendo ahora que es mi profesión.

 

Y ¿Cómo pasa del Goethe a Eurocine?

Trabajando en el Goethe conocí el festival. Durante todos los años participamos con películas alemanas y por dos años nos tocó la presidencia de Alemania en el festival,  ya que cada año una de las 13 embajadas de Europa presentes en Colombia se hacía cargo de organizar el festival. Pero todo este tiempo fue muy inestable para Eurocine, hubo años muy buenos y otros en los que declinó por muchas razones: los cambios de presidencia, la logística, el hecho que no hubiera un norte ni una curaduría, etc.

Salí del Goethe en 2008 porque ya sentía que profesionalmente no estaba avanzando. Entonces ahí surgió la idea de crear una fundación cultural. Mi idea es trabajar cultura con impacto social y estuve trabajando independientemente por un tiempo, ayudando a diversas instituciones a organizar eventos como el Congreso de educación para la Paz con el instituto Pensar.

 

¿Pero entonces cuál fue el momento exacto del cambio a Eurocine?

En una comida de cumpleaños estábamos con mi esposo y Daira Gálviz —que era la coordinadora del festival en ese momento— y él nos dijo “¿ustedes por qué no toman las riendas del festival y lo resanan, lo organizan y lo dirigen independientemente de las embajadas?”. Esta idea nos gustó y decidí comenzar el proceso de hablar con cada una de las embajadas proponiendo una dirección externa del festival, lo cual fue complicado porque cada una tenía su propio punto de vista. Finalmente se decidió que por dos años yo iba a manejar la representación legal de la fundación del festival. Esto le dio un nuevo aire a Eurocine, fue una experiencia muy buena y le ha hecho bien, por independizarlo de las embajadas, sobre todo en la parte organizacional. El festival ya era un evento cultural con agenda en el país y era necesario que tuviera su espacio y lugar propio.

El gran reto comenzó cuando se buscaron patrocinios externos a las embajadas; buscamos convenios y se comenzó realmente a hacer curaduría de las películas. Esto ha hecho que creemos secciones y que planeemos bien cómo va a ser el festival cada año.

 

Bueno y ¿cómo es la curaduría ahora?

El proceso es al revés. Antes las embajadas proponían qué películas iban a ir, esto era indiscriminadamente al tema, género o fecha de publicación y además solo se proponían películas que ya estaban subtituladas al español. Hoy la coordinadora del festival es quien envía propuestas a las embajadas, para conseguir ciertas películas, aunque no estén traducidas. Ahora tenemos un rubro específico para subtitulación, y así poder traer películas más interesantes y de mejor calidad.

De todas formas aún las embajadas nos ayudan recomendándonos listas de películas, es un diálogo entre amabas partes, y de ahí siempre salen películas relacionadas con la curaduría del festival de cada año.

 

¿Cuáles fueron los grandes cambios de Eurocine?

Creo que la curaduría y la creación de las secciones, este año tenemos seis:  Sección Oficial, En Foco… ¡Eurocine 20 Años!, Arte & Cine, Clásicos, Europa en Cortos y Eurocine Comunitario. Esto permite que la gente encuentre sus intereses mucho más fácil. Por otro lado, creo que los convenios del festival ha sido otro gran logro. Trabajar de la mano con instituciones privadas y con la alcaldía es muy importante. También ha sido clave que se está comenzando a crear un intercambio académico, que eso antes no existía.

En realidad el festival no es festival sino una muestra, porque no damos premios. Y es que la razón de ser de Eurocine es el público no la industria, y uno de los cambios más grandes al respecto es el tema comunitario: la formación de nuevos públicos. Esto lo hemos fortalecido en los cuatro años que llevo a la cabeza del festival, la idea es no excluir a la gran mayoría de los colombianos del acceso a esta clase de eventos porque viven lejos o no entienden las películas. Por esto cada año hay diez películas elegidas cuidadosamente, en todas las secciones, que están dirigidas a un público familiar, que crean puentes, que son universales…¡es que a un tipo en Finlandia le pasa lo mismo que a uno en Colombia!. Estas películas forman un paquete que se llama Comunitario, y son exhibidas en las bibliotecas públicas y los centros comunitarios de la ciudad. Solo en 2013 esta sección se proyectó en 13 municipios del país y la idea es que ojalá esto invada toda Colombia.

 

¿Cómo establecer puentes entre culturas como la Europea y la Colombiana?

Desde un comienzo Eurocine se pensó porque acá básicamente no había cine europeo. A pesar que se ha abierto más el mercado a este cine, solo se proyectan las que ganan grandes premios y las que llegan a Estados Unidos. Muchas películas que son importantes, e incluso comerciales en Europa, acá nunca llegan, el mercado sigue siendo muy hermético. Yo creo que los puentes se van creando solos a través de las historias de las películas, es que por más distintas que sean las culturas se comparten muchos elementos básicos. De hecho el festival tiene entre 50 y 60 mil espectadores por año ¡eso es un montón y sigue creciendo!

 

¿Qué viene para Eurocine 2014?

¡Cumplimos 20 años! Es un año de celebración, habrá eventos de lanzamiento, una fiesta de cierre y por primera vez un premio que otorgará el público. Esto se realizará a través de la aplicación oficial del festival para dispositivos móviles (descárguela acá).

Este año no habrá un país invitado, sino que será un año dedicado a Europa total, traeremos incluso varias de las películas de las clásicas del festival y películas de países que no tienen representación oficial en Colombia, especialmente de países del este de Europa.

Y regresando a usted: ¿Qué extraña de Alemania?

Ya he pasado por tantas cosas que no extraño al país en sí mismo sino sensaciones y cosas. Extraño mucho las estaciones, eso tiene que ver mucho con recuerdos de la infancia: caminar en la nieve, correr en un bosque de otoño, los primeros rayos de sol después del invierno. También extraño a mis amigos, olores, comidas y libros, ¡Uy un libro, un libro en alemán!

Pero bueno mi alma ya tiene un pedazo de colombiana por mi familia. De hecho no sé qué va a pasar si Colombia y Alemania se tienen que enfrentar en el mundial…

 

 ¿Qué planes tiene para el futuro?

Seguir trabajando con KulturVisión que es mi fundación, es cultura en alemán y visión en español. Yo quiero hacer proyectos con el apoyo de diversas fuentes. Lo importante es que sean proyectos culturales que tengan impacto en la sociedad. La cultura es un motor muy fuerte para señalar cosas en al sociedad, para sanar cosas, para darle acceso a personas que no tienen acceso a este tipo de eventos. Con esta fundación estamos trabajando en diversos proyectos como Eurocine o un proyecto de libros táctiles para niños invidentes del ICBF. Estos libros irán a todas las bibliotecas públicas del país y permitirá que niños invidentes puedan acceder a bibliotecas como los demás niños. Nos interesa sobretodo trabajar en los municipios que son zonas con muy poca oferta cultural. No queremos simplemente llevar una exposición y ya, sino hacer cosas que tengan un impacto en las problemáticas del municipio. No es fácil, no tengo mucho tiempo, pero ahí vamos.

 

 

 

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