“La fumigación no tiene nada que ver con la masacre de Samaniego”

Hablamos con Kyle Johnson, co-fundador e investigador de la fundación Conflict Responses (CORE), para entender las hipótesis que rodean la masacre de ocho jóvenes en Samaniego, y las razones que pueden explicar por qué, en una semana, hubo al menos tres masacres en el departamento.

Natalia Arenas

23.08.2020

“No es que volvieron las masacres, es que no se han ido”, dijo ayer, desde Samaniego, Nariño, el presidente Iván Duque. Ya había mostrado más temprano en Twitter una gráfica ampliamente criticada porque comparaba las masacres cometidas durante 8 años con las de los 2 años de su gobierno, períodos que no son comparables. Si se corrige la comparación (de 2015 a 2017 contra 2018 -2020), las masacres no sólo han aumentado en número de casos sino en número de víctimas, como mostró en este trino Juan Carlos Garzón, director de dinámicas del conflicto de la Fundación Ideas para la Paz, FIP. 

Aún así, Duque dijo desde Samaniego: “No es que estemos eludiendo los problemas, sino que queremos llamar las cosas por su nombre”. Y agregó: “Estos hechos de violencia derivados del narcotráfico no son gratuitos, son producto de la expansión de los cultivos ilícitos y del narcotráfico”. Es la misma versión que dio desde el día después de la masacre el Ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, que volvió a insistir en que la única solución era fumigar los cultivos ilícitos.  

Hablamos con Kyle Johnson, co-fundador e investigador de la fundación Conflict Responses (CORE), una organización que le hace seguimiento a las dinámicas del conflicto armado en varias regiones del país, para entender qué tanto sentido tiene ésta y varias hipótesis que se han barajado para explicar la masacre de ocho jóvenes universitarios en Samaniego. Conversamos también para entender qué está pasando en Nariño (que esta semana sumó tres masacres, además de varios homicidios en los últimos meses), y el papel que está jugando el Ejército en la región.

El Gobierno ha dicho que la causa de la masacre en Samaniego es el narcotráfico. Muchos analistas han dicho que esa es una visión reduccionista, ¿por qué?

Es una visión reduccionista no porque el narcotráfico no tenga peso sino porque hay que ponerle límites a ese peso. Es decir, para usar la famosa frase de Turbay, hay que entender el narcotráfico en sus justas proporciones. Primero, porque en Samaniego hay numerosos grupos pequeños que hacen parte de ciertos eslabones del narcotráfico, y también hay grupos armados grandes como el ELN.  Entonces, cuando dicen “narcotráfico” es como si el narcotráfico fuera una cosa monolítica, grande, unificada: hay coca en la zona, o hay rutas, entonces los grupos se pelean. Eso es desconocer que el narcotráfico es mucho más complejo que eso. 

Lo segundo es que esta afirmación hace perder de vista lo complejo que es no solo el narcotráfico mismo sino el conflicto y la violencia en este territorio. El conflicto entró en Samaniego antes que el narcotráfico. El narcotráfico lo complejiza, lo vuelve más violento entre más actores armados entran en disputa.  Entonces, aunque acaben con el narcotráfico, puedo garantizar que el ELN sigue en la zona sin problema. 

Finalmente, aunque el narcotráfico puede influir en los niveles de violencia, es un síntoma o el efecto de problemas históricos en la zona. Si uno mira la tasa de homicidios este año en Samaniego es muy alta, pero últimamente esa tasa ha venido bajando, mientras el narcotráfico siempre ha estado ahí. Es un factor entre varios, pero también es el resultado de la estructura social, política, económica e histórica e institucional de esa región del país. El narcotráfico no entra a Samaniego por razones aleatorias: no solo tiene condiciones geográficas y topográficas favorables sino también una estructura del Estado mínima y una economía en su momento bastante pequeña de subsistencia. Esos factores fueron identificados por los actores armados para estar ahí. 

Hay que tener en cuenta esa cara de la moneda para entender cuál es el papel del narcotráfico en lo que pasa y cuál es el papel del narcotráfico en la solución.

¿A quién le sirve la versión de que el narcotráfico es el culpable de la masacre en Samaniego?

Al gobierno. Carlos Holmes Trujillo lo dijo de la forma más clara posible: es el narcotráfico y hay que usar todas las herramientas contra el narcotráfico, es decir, entrar a fumigar. Como si fumigar fuera también una herramienta para evitar violencia. Lo que ellos están asumiendo es que la mejor manera de luchar contra el narcotráfico es con la fumigación y eso no tiene nada que ver con la masacre. Es cierto que hay que luchar contra el narcotráfico pero la pregunta es cómo. Ellos están presumiendo que el cómo está decidido, que es clarísimo: fumigación. Y ahí es donde cabe el debate. Porque lo que pasa en Samaniego tiene que ver con muchas políticas más allá de la política antidrogas. Pero cuando entramos en terreno de política antidrogas, la presunción del Gobierno es que hay que fumigar y ya. 

¿Cuáles son los intereses de los grupos armados para estar ahí? 

Los intereses van cambiando a través del tiempo y depende del grupo armado. Las Farc entraron en Samaniego en la segunda mitad de los años ochenta, a través del Frente 29. Para las Farc, Nariño era un sitio de retaguardia y Samaniego era un municipio físicamente y económicamente aislado, incluso de Pasto, sin presencia ni interés del Estado.  

El ELN también ve a Nariño como un lugar de retaguardia, pero su interés es crear procesos de poder popular. El ELN está convencido, aunque están equivocados, que han construido una base social fuerte en la zona, y por eso hoy no quieren irse. Si uno mira, el ELN en Nariño tiene presencia en muy pocos lugares pero son lugares donde han estado por mucho tiempo. Ellos sienten que son ‘sus lugares’. 

Muchas de esas condiciones que atrajeron a los grupos armados a esa región siguen existiendo: la zona rural de Samaniego sigue estando bien aislada, abandonada. Ni siquiera es un municipio PDET (los municipios priorizados en el Acuerdo de paz para construir planes de desarrollo con enfoque territorial). Eso es cierto para toda la cordillera donde Los Comuneros del Sur del ELN tienen presencia. 

¿Es cierto que en este momento hay disputas entre grupos armados ilegales para sacar al ELN de una región donde ha tenido hegemonía por años? 

Si y no. En 2018 sí hubo intentos de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y un frente de la disidencia de las Farc llamado Stiven González para entrar en Samaniego y a los dos les fue bastante mal, en parte por el ELN. Hay también información sin confirmar de que otros grupos del Cauca quieren entrar al territorio, pero yo lo dudo mucho. Siendo honesto, yo no creo que una disputa así tenga que ver con la masacre. 

¿Qué otras hipótesis sobre la masacre han descartado?

Hay una hipótesis, que realmente es del ELN, y es que la masacre en Samaniego fue realizada por el grupo de los Contadores, y hasta El Espectador hizo un artículo de Los Contadores por eso. Eso no es verdad. Los Contadores no están en Samaniego y así quisieran, no pueden. Ese grupo está dividido y está en una guerra por su vida ahorita. Además, Contador está en la cárcel y Mario Lata, su reemplazo, está muerto.  

También hay otra versión que asegura que la masacre está relacionada con carteles mexicanos. También me parece ridícula. Lo que es claro en Nariño es que el control territorial y armado lo hacen los grupos colombianos mientras los mexicanos ponen plata y supervisan operaciones. En Nariño ya hay suficientes grupos armados como para que los mexicanos traten de mostrar control. No lo van a lograr y ese es el acuerdo que han tenido. 

¿Qué opina de la versión de que la masacre tiene que ver con medidas impuestas por actores armados para contener el Covid-19?

En los primeros días yo pensé que era la hipótesis que tenía más fuerza y la única que podría incluir al ELN, pero ya no. Es cierto que el ELN y otros grupos impusieron normas para contener el Covid-19 a través de panfletos que distribuyeron en marzo y en abril pero parece que esas medidas han venido relajándose y también la actitud de la comunidad frente a ellas. Entonces dudo que tenga que ver. No la hemos descartado totalmente pero no hemos podido confirmar la información que tenemos alrededor de esa hipótesis. Tampoco hemos podido comprobar que sea cierto que algunos de los muchachos que estaban en la fiesta hayan recibido mensajes de texto diciendo que ese tipo de reuniones no estaban permitidas y que la tenían que apagar. 

Usted ha dicho que las medidas impuestas por los grupos armados para contener el Covid-19 son una estrategia para lograr legitimidad entre la población. Pero, ¿asesinar a las personas no elimina esa posibilidad?

Eso es lo difícil de tratar de explicar esto. Es una medida que busca legitimidad pero el castigo, entre comillas, por violar normas influye en si efectivamente logran construir esa legitimidad o no. Entre más duro el castigo, menos probabilidad hay de que logren ganar legitimidad. Pero cuando se trata de una masacre, y sobre todo, de una masacre de jóvenes que solamente estaban compartiendo y disfrutando de la vida, es un hecho muy contraproducente para construir legitimidad. Sin embargo, una parte del argumento es también entender por qué un grupo pone un castigo así de duro sabiendo que hay un costo tan alto. Pasó en Buenos Aires, Cauca, donde había gente tomando en una tienda y un grupo armado fue y lanzó una granada que mató a tres o cuatro personas. Entonces no es descabellado pero uno de los matices es que depende del castigo que aplican. 

aunque acaben con el narcotráfico, puedo garantizar que el ELN sigue en la zona sin problema.

La última hipótesis que se ha difundido sobre la masacre de Samaniego dice que los hombres armados iban buscando a algunos de los jóvenes que estaban en la fiesta. ¿qué opina de esa versión?

Esa es la hipótesis que están manejando las autoridades. No sé qué tan cierto sea aunque hay evidencia para pensar que esta masacre sí puede ser producto de una pugna interna en uno de los grupos pequeños de narcotráfico que operan en la zona, uno que participa en un eslabón muy específico del narcotráfico. Hay evidencia que apunta hacia ahí pero nos falta más información. Hemos rechazado las otras hipótesis entonces casi que nos quedamos con ésta por proceso de eliminación, pero también pensando un poco la estructura del narcotráfico en la zona, y por algunos hechos que para nosotros son muy difíciles de explicar cómo los tiros de gracia a los tres primeros muchachos y luego unos disparos indiscriminados. En este momento estamos inclinados hacia esa hipótesis pero no me sorprendería que en una semana podamos cambiar de opinión. Ha sido muy complejo.

Las familias han dicho que los están estigmatizando y varias personas de Samaniego  han dicho que ellos conocían a los jóvenes y que no tenían nada que ver con grupos armados… 

Ese es el tema. Parece haber una concordancia entre varias fuentes, más allá de las comunidades y del personero y el alcalde, que han afirmado que no han podido encontrar evidencia de que estas personas estuvieran vinculadas con grupos armados o actividades ilegales. Ahora, si hay 50 personas en una fiesta y dos o tres están vinculadas, entiendo que identificarlos es una tarea bastante difícil. Esa es justo una de nuestras dudas: la estigmatización de las víctimas, porque seguro que así esta hipótesis tenga razón es muy difícil que estos jóvenes tengan algo que ver. No es imposible que estos tres sí, pero de ahí a generalizar es un error tremendo. Esa es la gran barrera en este momento. Solo hay una fuente diciendo que había gente que tenía que ver con grupos ilegales en esa reunión. Todas las demás dicen que no. Uno, como investigador, queda perdido y con la tarea de seguir investigando y confirmando. Es bastante difícil y en momentos de Covid-19 aún más. 

Van más de tres masacres y varios homicidios en las últimas semanas en Nariño. ¿Qué es lo que está cambiando para que los índices de violencia estén tan altos?

Es difícil pensar en grandes rasgos porque el caso Samaniego es bastante particular, es el caso que no hace parte de la tendencia. Hay una tendencia clara y otra que es muy confusa: unos son asesinatos que tienen que ver con disputas entre grupos armados ilegales y otra cosa son las masacres. 

El caso de los dos chicos asesinados en Leiva parece estar vinculado con una disputa ya vieja entre disidencias de las AGC. La versión que más se destaca en este momento sugiere que las AGC matan a esos niños por miedo a que sean disidentes o estén trabajando para disidentes. 

Hay otra masacre de 5 jóvenes (4 menores de edad y un joven de 21 años) en Llorente (también en Nariño, en el municipio de Tumaco) hace como 15 o 20 días. Fueron desaparecidos, torturados y asesinados por Los Contadores porque los acusaban de hacer parte de otro grupo, el Frente Oliver Sinisterra (FOS). Ese caso parece estar también vinculado a disputas entre grupos. El miércoles de la semana pasada mataron a otras personas en Llorente y al parecer también tiene que ver con disputas entre Los Contadores y el FOS. Y luego está el video que se reveló a principios de julio en zona rural de Magüí Payán donde aparecen unas personas armadas que dicen ser disidentes, cerca a cadáveres de al menos 10 miembros de AGC que al parecer murieron en combate, pero no se sabe muy bien porque ya están muertos. La semana pasada salió otro video, también Magüí Payán, en la que las AGC interrogan a dos miembros de ese grupo disidente del primer video presuntamente antes de matarlos mientras van picando un cuerpo al lado. Son matanzas por disputas entre grupos o que acusan a civiles de hacer parte de esos grupos.  

Yo no sé a quién combate el Ejército en este momento en Nariño. No tienen una estrategia de control territorial.

Luego están las masacres de Samaniego y la de los tres indígenas Awá en Ricaurte que todavía no sabemos por qué ocurrieron. En el caso de Ricaurte sabemos que esa zona ha estado bajo control muy fuerte del ELN por décadas y este año no hemos registrado disputas en la zona, pero todavía seguimos revisando. 

¿Y por qué están ocurriendo todos estos casos ahora?

Hay muchos cambios y hay muchos grupos sin mando. Antes, cuando estaban las Farc, había un grupo con mando más allá de Nariño y un control fuerte de un solo actor que mantenía cierto orden, por así decirlo, a pesar de que también era bastante violento. Ahora hay un “free for all”: un montón de grupos cuya línea de mando empieza y termina en Nariño y por lo tanto, su accionar es mucho más autónomo y responden a los incentivos locales donde se encuentran sin un contrapeso jerárquico más allá de la zona. Y cuando hay cambios en las dinámicas territoriales, incluso, cambios no tan drásticos, se pueden crear espacios o incentivos para que los demás grupos reaccionen y respondan y terminan enfrentados. La situación actual de Nariño me recuerda a lo que estaba pasando hace 10 o 15 años, después de la desmovilización paramilitar. En esa época el departamento estaba igual. 

En Nariño hay mucha Fuerza Pública. Cifras del 2018 mostraban que la Fuerza de Tarea Hércules sumaba más de 8.300 miembros entre Ejército y Armada, con un costo de medio billón de dólares. Además, había otros 1.300 miembros de la Policía. ¿A quién está combatiendo la Fuerza Pública? 

Yo no sé a quién combate el Ejército en este momento. Ellos entran a la zona, se mueven y se van, y no sé si tienen claro exactamente contra quién están peleando. Además, si uno mira la muerte de David (el líder de las Guerrillas Unidas del Pacífico, una disidencia de las Farc en Tumaco), fue una operación de la Policía planeada desde Bogotá. La operación contra Guacho también fue una operación desde Bogotá. Uno puede ir por horas por esos ríos, como el río Patía, y no para de haber retenes de grupos armados y uno se pregunta qué está haciendo el Ejército. Hubo rumores de que iban a retomar el control del río Patía pero no ha pasado nada. Sé que muchas veces están en su base, llevan a cabo operaciones y vuelven a la base. 

No parecen ser un factor importante a la hora de definir las dinámicas de violencia aparte de unas capturas por ahí, como la de alias Contador. Y si, con esas capturas Los Contadores pueden dividirse internamente y pelear y hay un aumento de violencia, pero el espacio en el narcotráfico y el espacio que controlan Los Contadores sigue siendo de ellos, siguen siendo de un actor ilegal. La meta del Ejército, del Estado, es capturar a Contador y ya. Nadie se preguntó por el territorio. No tienen una estrategia de control territorial. 

Hasta que la Fuerza Pública no tenga idea de cuál es su papel en términos de controlar el territorio y como pueden ser los primeros en activar una cadena de acciones institucionales para controlar el territorio, no van a ser un factor. Y es frustrante porque antes del Acuerdo se les decía, después del Acuerdo se les decía, y todavía nada. Esto no solo está ocurriendo en el gobierno de Iván Duque, con Santos fue igual. 

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    Excelente esfuerzo por hacer una radiografia del acontecer en esa zona llena de conflictos y contradicciones. Preocupa es que en las zonas del pais donde hay mayor concentracion de fuerzas armadas de ejercito y policia es donde se producen mas asesinatos o masacres contra la poblacion civil. Como se dice en el articulo el hecho de que haya cantidad enorme de ejercito y policia en una zona, no es sinonimo de que haya control territorial. Por lo general estas bases del ejercito son solo una presencia aislada y desconectada de los problemas sociales verdaderos de la region. Estan alli pero solo presencialmente, en ocadiones produciendo aun mas zozobra y temor entre la poblacion. Bases del ejercito operacionales hermeticas, encerradas como en una burbuja que solo sirven para aterrorizar mas a los campesinos inermes e involucrados en conflictos de narcotrafico por el solo hecho de tener sus fincas y viviendas alli. Esta presencia del ejercito por si sola, sin ningun plan estrategico de ayuda humanitaria y de verdadero control es solo un factor mas de violencia.

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