Horario de atención

La economista entre dos mundos

Horario de atención continúa. En esta entrada recibimos a Juanita Villaveces, profesora de cátedra de Historia económica en los Andes y profesora asociada en la Nacional. A mitad de camino entre la economía y la historia y entre la universidad pública y la privada, ella tiene una mirada privilegiada de las dos mejores universidades del país.

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Santiago Parga Linares

04.04.2018

Juanita Villaveces y yo nos encontramos en el quinto piso del edificio ML, justo después de su clase de Historia Económica. Está sentada en una de las mesas con sus dos asistentes en medio del ruido ensordecedor de los estudiantes saliendo de clase o comprando café y galletas en los varios cafés y tiendas que distribuyen cafeína y azúcar a las ocho de la mañana. Juanita y su equipo, todos mejor vestidos que yo, parecen la junta directiva de una compañía que se tuvo que reunir en el lugar más ruidoso de un edificio de oficinas lujosas.

"Para mí el reto ha sido tener los mejores estudiantes de Colombia en la universidad pública y la privada. Esto me ha permitido comprender convergencias y divergencias."

Juanita, economista, lleva solo dos semestres como profesora de cátedra en los Andes, pero trabajó como profesora asociada en la Universidad del Rosario durante 16 años. Hace tres años regresó a su alma mater, la Universidad Nacional, donde también es profesora asociada. Pero como en la Nacional no tiene un contrato que le exige exclusividad académica, Juanita puede, por primera vez en su carrera, tener un pie en cada uno de los dos mundos, el privado y el público. Esa posición privilegiada, con acceso a estudiantes con capacidades similares pero en espacios completamente diferentes, le ha permitido conocerlos.  “Para mí el reto ha sido tener los mejores estudiantes de Colombia en la universidad pública y la privada”, dice Juanita.  “Esto me ha permitido comprender convergencias y divergencias. La experiencia de dictar la clase y conocer la U desde adentro me ha permitido entender los imaginarios de los mejores estudiantes”.

Para Juanita, las diferencias entre las universidades tienen menos que ver con las instalaciones del campus y más que ver con la actitud de los estudiantes, aunque a veces el ML sí parece una demostración de opulencia uniandina. “En la Nacional,” dice Juanita, ” los estudiantes tienen un reto más grande, tienen más que perder o más que luchar para ganar en la medida que no tienen las redes armadas que les garantice moverse con más facilidad en el mercado laboral. Eso hace que se sienten en clase y expriman tanto como puedan a un profesor. No es tanto competir entre ellos para mostrar quién es el mejor sino es mucho más buscar cómo crecen”. En los Andes, sin embargo, la actitud es un poco diferente. Aquí, Juanita nota la misma capacidad individual, pero menos enfocada a la colectividad.  Aquí, los estudiantes son igual de juiciosos, se leen todo y hacen parciales perfectos, pero están menos interesados en establecer conexiones académicas, profesionales e, incluso personales entre ellos. Para Juanita, puede que tenga que ver con las conexiones familiares y sociales con las que los uniandinos cuentan  desde antes de llegar a la universidad. “Mi lectura es que no tienen nada que construir colectivamente. De pronto el reto es ser muy buenos, pero como tienen las mayores certezas frente a su futuro, eso los hace ser más individualistas.”

 Para Juanita, esa posición entre dos mundos, no es nada nuevo. Su carrera en la academia ha estado dividida entre la economía, la historia y la política. Comenzó  en la economía, con un pregrado de la Nacional. Pero encontró que la economía pura no explica del todo los fenómenos que le interesan, sobre todo los problemas del acceso a la tierra en Colombia. “Comencé a acercarme mucho más a la historia y a la ciencia política para tratar de encontrar en la historia un poco más de alma a la economía y en la ciencia política un poquito más de explicación de esa fuerte relación entre lo político y lo económico”. Ahora, con una maestría y un doctorado más centrados en la política y la historia, Juanita está acostumbrada a establecer conexiones entre tres áreas que están separadas en la academia, pero no necesariamente en la vida real.

 Y ya que tiene la posibilidad de ser profesora de cátedra en la mejor universidad privada del país y, simultáneamente, profesora de planta en la mejor universidad pública, Juanita quisiera seguir estableciendo conexiones entre dos mundos separados que, quizás, no deberían estar separados. Los estudiantes de cada universidad parecen vivir en pequeñas burbujas, aisladas, por una u otra razón, la una de la otra. Lo que Juanita ha notado es que esas divisiones son, en muchas medidas, superficiales e innecesarias. “Lo que también me gustaría, aunque es difícil administrativamente, es unirlos al final del semestre,” dice. “Quisiera hacer un seminario donde se conozcan y vean que hay otro mundo, pero que es exactamente lo mismo, con preocupaciones muy semejantes. Eso los ayudaría a construir la cercanía y eliminar no ese mito que deben tener los estudiantes entre una universidad y la otra.”

 Pero no es tan fácil. Por un lado, no se puede sencillamente invitar a los alumnos de la Nacional a los Andes: después de todo hay guardias y torniquetes de seguridad y demás barreras que separan a la universidad del resto del centro. Pero por el otro lado, aunque no hay barreras físicas para entrar a la Nacional, sí puede haber algunas mentales. Los estudiantes de los Andes sencillamente preferirían no ir hasta la Nacional. “Yo creo que no es una resistencia ideológica, sino es una resistencia un poco asociada a la inseguridad de Bogotá y al consentimiento de los estudiantes uniandinos, de la sobreprotección propia de las familias y de la institucionalidad; todo eso ha hecho que queden como en una burbuja,” agrega. La pregunta de cómo romper esas burbujas no tiene una respuesta obvia, pero eso no significa que tengamos que dejar de intentar. Cuando estaba haciendo su pregrado,  Juanita recuerda algo que se decía sobre los uniandinos: “De frente a Monserrate, de espaldas a Colombia”. Ella no quiere que eso sea así: por eso está aquí y allá, con un pie en ambos mundos.

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