In Putin we trust

¿Todo será como lo pintan? Juan Carlos Rincón analiza el papel de Vladimir Putin para frenar la intervención estadounidense en Siria.

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Juan Carlos Rincón

14.09.2013

Vladimir Putin, uno de los hombres más denunciados por sus atropellos contra la democracia y las libertades individuales, se convirtió de la noche a la mañana –literalmente–, en el rostro de la diplomacia mundial. Su propuesta de entregar las armas químicas de Siria a la comunidad internacional, respaldada por Bashar al-Assad, hizo que Obama pospusiera el ataque de Estados Unidos, calmó la tensión mundial y lo hizo merecedor de aplausos, especialmente de sus enemigos usuales. Hasta el New York Times publicó una carta donde el presidente ruso le recordaba a Estados Unidos la importancia de respetar la ley internacional y de reivindicar las Naciones Unidas (y el Consejo de Seguridad) como garante de la estabilidad mundial. Cuando el Nobel de Paz quiso irse a la guerra, el tirano dictó cátedra de diplomacia.

Lo paradójico es que a Rusia no podría interesarle menos su propio discurso. En realidad, el interés de Putin era lanzarle un salvavidas a su viejo aliado Assad. Que en el proceso haya podido ridiculizar a Estados Unidos es sólo un bono. Putin es, en palabras de la periodista y activista rusa Masha Gessen, “el hombre sin rostro”; es el artífice de un aparato burocrático que ha perseguido y asesinado opositores, arreglado elecciones, vulnerado libertades individuales y armado voces de la opresión nacional e internacional. Gessen, en su doloroso retrato del ascenso de Putin al poder, dice que jamás había visto una “realidad tan desprovista de emociones y tan cruel, tan patente y tan despiadada, tan corrupta y con una falta tan completa de remordimientos”. Lo primero que se siente al aterrizar en Moscú es el frío. Después, la corrupción.

Lo anterior no puede interpretarse como un apoyo a Estados Unidos. El argumento de Obama a favor de la guerra justa expuesto en su discurso de aceptación del Nobel, sería interesante de analizar si en la práctica no se hubiese demostrado que a los norteamericanos se les despierta el interés humanitario únicamente cuando la crisis es en un país con recursos petroleros. A los dirigentes de la nación del norte les cuesta entender que el resto de países no están cómodos con su autoproclamación de ser la policía del mundo. Putin tiene razón en su artículo del NYT: si Estados Unidos sigue declarando guerras cuando se le antoje, la ONU pierde su propósito y todos los avances en materia de estabilidad se van al traste.

Lastimosamente, la diplomacia en este caso no es más que una herramienta retórica utilizada por conveniencia. En la mitad del interesante y ruin juego de la política internacional, hay un conflicto que ha cobrado la vida de cientos de miles de personas y generado el desplazamiento de otro millón más. Así pasa en Siria, y de manera similar pasa en otros lugares del mundo donde no está puesta la lupa. La verdad es que no hay salida fácil, que la gente va a seguir muriendo, y que el panorama es descorazonador.

Mientras tanto, el “hombre sin rostro” acaba de evitar la tercera guerra mundial. Por ahora, lo aplaudo.

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