Detrás de la viñeta

Joan Cornellà: humor negrito con briznas de absurdo

El dibujante catalán Joan Cornellá es una sensación viral en Internet. Hablamos con él sobre su proceso creativo, las ventajas de autopublicarse, el humor negro y las verdaderas razones por las cuales solo dibuja penes.

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Gloria Susana Esquivel

14.09.2015

Tal vez usted haya visto una historieta de Joan Cornellà sin saber que era una historieta de Joan Cornellà. Tal vez se haya reído con sus cómics y, al darse cuenta de sus carcajadas, se haya avergonzado bastante, pues lo que hace este catalán bordea ese frontera en la que el humor absurdo se convierte en humor negro. Negrísimo. Porque las historietas de Cornellà señalan, frente a un espejo de cinismo, el exceso de higiene del lenguaje de la corrección política. Y se han convertido en un fenómeno viral en internet, lo que le ha permitido darse a conocer ante un público masivo que admira la manera agria y mordaz con la que habla del mundo. Su más reciente libro, Zonzo (2015), es una autopublicación en donde Cornellà echa mano de su talento como dibujante para crear un universo de personajes incorrectos y de historias absurdas.

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Joan Cornellà está en Colombia en el marco de Entreviñetas, el festival de cómic más grande de Latinoamérica. Bogotá, Manizales, Medellín, Bucaramanga, Barranquilla y Cartagena serán sede de charlas y talleres sobre contar historias en viñetas.

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¿Cuál fue su primer acercamiento con el dibujo?

No voy a responder a eso. Mentira, empecé de niño y la gente me aplaudía. Por eso seguí dibujando.

¿Qué técnica prefiere para hacer sus historietas?

Acuarela. Últimamente estoy siendo un traidor de la historieta y me estoy pasando a la pintura en lienzo y estoy usando acrílicos también.

¿Cómo ve el estado de salud de cómic de Europa?

Hace relativamente poco que me dedico al cómic pues estaba dedicado a mi carrera, pero lo que he vivido lo he visto bien. Veo cierta gente que se queja que el estado es malísimo, pero es la gente que hace mejor cómic. Puede que sea malo porque no puedes vivir de ellos, pero la calidad está muy bien.

El cómic tiene una gran tradición de autopublicación, es un paso necesario para darse a conocer, a diferencia de otros mercados editoriales. Pero usted lo ha llevado a otro nivel y no sólo autopublica pequeños fanzines. Zonzo, su último libro, es enteramente autopublicado. ¿Por qué tomó esa decisión?

Yo creo que autopublicar es la mejor forma de publicar tu material y se lo digo a todo el mundo. Yo he publicado dos veces en editoriales pero creo que la mejor forma sigue siendo hacerlo por tu propia cuenta. Si vas a festivales y eventos y vendes tu propio material, vas a sacar una rentabilidad mucho más grande de tu propia obra porque en cuanto trabajas con una editorial hay muchos intermediarios como librerías y distribuidoras y tus beneficios económicos se reducen mucho.

Y no solo eso. Sus cómics son virales en Internet. ¿Cómo se le ocurrió distribuirlos por este medio?

Cuando yo empecé a sacar mi material se juntó con la crisis en España. No se podía publicar mucho en papel y me pareció lo más sensato abrirme espacio en Internet . Era la manera más fácil de tener una audiencia notable.

Se volvió fundamental para hacerse conocer…

Total. Si no hubiese publicado en Facebook todas mis historietas semanalmente no tendría ni el 1% de público que tengo ahora.

¿Por qué cree que sus cómics se han adaptado tan fácilmente al lenguaje de internet?

Yo hago cómic mudo y esa decisión fue premeditada para poder llegar a más público. También trabajo contando historias solo en seis viñetas. Intenté buscar un lenguaje visual para que el consumo de estas historietas fuera muy fácil y espontáneo, como es el consumo de material en internet. Puedes hacer una segunda lectura de mis cómics, pero lo que he intentando es buscar una forma rápida para llegar a más gente.

Que el consumo de sus historietas sea fácil y rápido no significa necesariamente que hacerlas sea fácil y rápido también…

No. Me toma mucho tiempo poder sintetizar al máximo en cada viñeta lo que quiero decir. El esquema de mis historietas siempre es de seis viñetas y gira en torno a una idea que he pensado y repensado. Juego con ella y le doy otras opciones. Al final, mucha gente ve mis cómics y no entienden muy bien lo que quiero decir. Les hace gracia, pero sienten también que no han entendido del todo lo que está dibujado.

¿Tiene algún método para organizar su proceso creativo?

No te podía decir. Soy muy anárquico con eso. No tengo un método.

También es muy anárquico en sus historietas…

Claro. En el humor siempre hay un punto de subversión. Sé que en mis historietas hay un punto de cinismo y de ironía que siempre están destruyendo y arrasando con todo.

A pesar de esto, ¿Hay algún tema tabú que no se atreve a tratar?

Siempre he pensado que no, pero creo que todos tenemos una autocensura aunque la desconozcamos. Hay ciertos temas con los que no me sentiría cómodo porque no quiero que me maten en plena calle. Dibujar a Mahoma ni me lo planteo.

¿Cómo describiría su sentido del humor?

Es un humor negrito con briznas de absurdo.

¿Cuáles son sus mayores influencias?

Los cómics norteamericanos del underground de los noventa con los cuales descubrí otra generación de autores de los años sesenta. También me gusta mucho ver sketches de humor de series televisivas británicas. Eso me ayuda a tener ideas.

¿Saca los temas que trata en sus cómics de las noticias de actualidad? Muchos insisten en que haces un comentario ácido a la situación del mundo…

Eso no lo planteo de una forma premeditada, solo me sale así. Hay quienes hacen una lectura político social crítica en lo que hago pero no es lo que busco. Creo que por el formato que manejo muchas cosas pueden ser añadidas. Al final me parece bien. Al principio de mi carrera me molestaba que tuvieran que tener una interpretación política, pero entiendo que ese tipo de lecturas se hagan.

Por último, ¿por qué dibujar tantos penes?

No lo sé. Debo tener una especie de homosexualidad latente y censurada que expreso a través del dibujo. La verdad es que me sale así.

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