Hablemos del escrache, amiga (segunda parte)

Reivindicamos los espacios de construcción de conocimiento entre amigas. Esta es la segunda parte de la conversación entre nosotras, entre personas que le apuestan a las denuncias públicas y colectivas, sobre el acto de escrachear: sus formas, tensiones y posibilidades. Hablemos, amigas.

No es NoЯmal

27.08.2020

Reivindicamos los espacios de construcción de conocimiento entre amigas.

 

A raíz de los distintos casos de escrache y denuncia pública que se han visibilizado recientemente, Danni, politóloga que inició las denuncias de #NoMásSilencioEnMUN y #NoMásSilencioEnLasAulas, Ama, antropóloga que lleva varios años trabajando en la colectiva feminista No es NoRmal que le apuesta a las denuncias públicas, y Vale, abogada y artista también metida en el mundo activista universitario nos sentamos a conversar. Danni y Ama hablaron, mientras Vale dibujaba.

 

Conversamos para recordar que el conocimiento no nace en los paneles de expertos o en los papers académicos, el conocimiento surge aquí, entre nosotras, hilando lo que hemos vivido, pensado y sentido. De nuevo, reinvindicamos los espacios de construcción de conocimiento entre amigas.

 

Esta es la segunda parte de nuestra conversación. 

 

Aquí puedes encontrar la primera parte.

 

Ama: Uf, me parece realmente fundamental  todo lo que dices, hay muchos elementos ahí, a la hora de  pensar las distintas etapas del escrache, y sí me gustaría decir que este es una forma de… ¿cómo lo pondríamos? Será de resistir… de hacer justicia… de nombrar…

 

Vale: Yo creo que más bien de visibilizar la justicia que no se hizo.

 

Ama: Exacto, entonces es esta forma de visibilizar la justicia que no se ha hecho, que surge en Latinoamérica. Y, de hecho, es una estrategia que el movimiento feminista empezó a usar con el Ni Una Menos, pero que tiene una historia que se traza a la Argentina post dictadura (y esto yo lo aprendí en un conversatorio que vi recientemente), con un colectivo  performático, teatral de derechos humanos, que se llamaba HIJOS, y estaba conformado ante todo por, pues, hijos, hijas e hijes de personas que fueron torturadas durante la dictadura y cuyos torturadores seguían libres, y seguían haciendo parte de la sociedad civil sin haber pasado por ningún proceso de reparación, de contar la verdad, de esclarecer. Y yo creo que, en ese sentido, es importantísimo tener en cuenta que esto surge en un contexto de violencias específicas a Latinoamérica, porque a la hora de pensar una justicia feminista yo creo que hay mucho que podemos aprender, por ejemplo en Colombia, de nuestra propia historia de conflicto armado.

 

Y bueno, entonces parte de lo que a mí me pareció tan interesante del origen del escrache es que parece que hubo un montón de tensiones al interior del colectivo HIJOS antes de actuar. No estaban segurxs de si escrachear porque había quienes pensaban que era demasiado violento. Y yo creo que la pregunta por la violencia es muy buena en este momento, es muy interesante, porque el escrache también es un acto violento, entonces aquí hay que repensarnos qué estamos entendiendo por violencia; y también es chévere pensar eso de la mano de todo lo que está pasando ahorita en Estados Unidos con las movilizaciones y el hecho de decidir romper o bajar estatuas, romper supermercados, etcétera.

 

 

 

Y bueno, ya me estoy yendo, pero lo que iba a decir (es que yo echo mucha carreta y soy muy buena pa’ echar carreta), era que surge en Latinoamérica, y lo que hizo esta gente fue ir juntos a decir no solo a mi papá lo torturaron, y este hijueputa sigue comprando pan en la vuelta de la esquina y nadie le dice un culo -porque nadie lo ubica, nadie lo reconoce como el torturador que es-; sino que, jueputa, amigo, a ti también. Y amiga, a ti también. Y a todos ustedes también y a todas ustedes también les pasó esto. Y, obviamente, el sentido de colectividad que surge en el feminismo es muy distinto al de muchas otras movilizaciones sociales, pero sí estamos hablando de lo colectivo a la hora de violentar. Estas son acciones que se enmarcan en estructuras de opresión hacia grupos sociales sistemáticamente marginalizados, excluidos, precarizados, etc., y en ese sentido, vuelvo a lo que dice Vale, la respuesta debe también ser colectiva. Y el escrache va desde algo tan simple como lo que hizo Danni, que fue poner todas las denuncias en un mismo formato y decir okay, testimonio número 1, testimonio número 25, testimonio número 87, testimonio número 110, jueputa, 110, ciento veintipico, o sea ya vamos demasiados. Algo tan simple como ponerlos todos en un mismo formato es una forma de decir que esto nos está pasando a todas, de formas distintas, pero a todas. Hasta lo que abrimos a veces con el Destapa la Olla, que son formas de colectivizar la violencia y de colectivizar la respuesta. Ahora, la reparación, que sería el siguiente paso, pues yo todavía no tengo ni idea de cómo se podría colectivizar esa reparación. Y creo que tiene que ser una reparación en términos de lo que la víctima o la denunciante misma necesite y quiera, porque eso también pasa con estos procesos disciplinarios y con la justicia ordinaria, y es que, al universalizar estos procesos, pues homogenizan las experiencias y asumen que hay una única manera de reparar. Y eso está muy mal.

 

Danni: Sí, total. Digamos, ahora que hablabas de los formatos y de lo colectivo, me parece súper importante, volviendo sobre la  historia del escrache, saber que no lo hacían como ay, vamos a poner el nombre de este man en una plaza, no, sino que iban hasta la casa de esta persona y la pintaban, y entonces todas las personas que vivían alrededor suyo sabían que él había torturado a un montón de personas y que todos estos hijos, hijas e hijes estaban respondiendo. Y en ese sentido creo que el escrache público que hemos hecho ha sido muy distinto. Tú lo has hecho en un espacio mucho más físico, y yo pasé a un espacio virtual en donde todo se propaga mucho más rápido, en donde hay un acceso inmediato que también es peligroso. O sea, lo he repensado mucho en estos momentos porque siento que se ha tratado de mecanizar un poco el escrache en la virtualidad. Entonces, digamos, cuando tú posteas un testimonio, hay toda una responsabilidad detrás porque no estás viendo a la persona que te está contando, tú la estás leyendo por un chat y no sabes cómo está, si está llorando, feliz, triste o angustiada.

 

 

Cuando tú empiezas a publicar, o cuando yo empecé a hacerlo, la gente empezó a verme como un robot, como pero entonces por qué no has publicado mi testimonio, publícalo, publícalo, publícalo. Y era como, por favor dame dos segundos porque también necesito respirar, o sea esto es mucha información para procesar. Son muchas violencias, son muchos abusos, son muchas cosas que estaban calladas, son mis abusos también saliendo a la luz, y entonces en ese sentido se empezó a mecanizar un montón. Y no sé si tú sabes que nosotras hace poco fundamos una colectiva feminista con unas amigas, se llama las Perras Histéricas, y nuestra colectiva no surgió para nada para hacer escrache o algo así, surgió de otras iniciativas que teníamos de visibilizar un poco las violencias de género, desromantizarlas, en fin, en otros formatos. Pero cuando empezó a surgir lo de Naciones Unidas también empezó a surgir este movimiento de #nomassilencioenlasaulas y nosotras dijimos como, bueno pues tenemos esta plataforma, usémosla para recibir estos testimonios. Y de primerazo una se equivoca mucho, nosotras nos equivocamos mucho en esta idea inicial de que fuera súper mecánico, de cogemos una plantilla, copiar, pegar y se fue. Después nos dimos cuenta como, no, dos segundos, nosotras no somos robots y las personas que están detrás de la pantalla contando sus testimonios tampoco son robots.

 

Y, en ese sentido, cuando una publica un testimonio en internet, pues corre muchos riesgos. A pesar de que yo era muy insistente en decir estos testimonios solo están autorizados para estar acá, así como lo hacen en el Destapa la Olla cuando dicen, no se puede tomar fotos, no se puede grabar absolutamente nada, la virtualidad es demasiado compleja. En la virtualidad la gente solo descarga una imagen y la publica donde quiera. Y en esta justicia patriarcal no hay nada que podamos hacer al respecto. Entonces, pues también es como, está este testimonio abierto al público, en donde algunos comentarios eran de mucho apoyo (y fue muy bonito ver tanto apoyo) pero también había otros que eran como eso no es cierto, eso es un chisme. Imagínate a la víctima que estaba viendo, que te escribe desesperada como no sé qué hacer porque me están tratando como un chisme. O sea, eso es revictimizante. Y tú pierdes el control, o sea yo le decía como si quieres lo borro, y me decían como no, yo quiero que siga ahí y yo listo, perfecto, si quieres acompáñame y podemos buscar algún psicólogo, si quieres denunciarlo, buscamos a la Red Jurídica Feminista. Pero pues el escrache y la virtualidad es una cosa muy compleja y yo me lo he repensado un montón, porque también, vuelvo a lo que estaba mencionando antes, se volvió algo mecánico. Se volvió algo en donde todo el peso recae en las personas que hacen el escrache y en las víctimas, mientras los machos hijueputas que han violado, que han abusado, salen impunes; y nosotras tenemos toda la carga, no solo jurídica, porque esa carga es un poco más fácil, pero emocional, mental y física, porque esto del escrache también atraviesa el cuerpo, también amenaza tu corporalidad. 

 

Sin quitarle su poder como herramienta de visibilización y de reparación, debemos preguntarnos, especialmente en la virtualidad: ¿cuál es límite?

 

Y es horrible, es gente diciendo usted tiene que cuidarse, pero en tono amenazante, no es en tono de por favor cuídate, no, no, no, en tono de cuídese, ¿no? Porque la estamos viendo, y viniendo de personas anónimas. Y obviamente eso también pasa en lo físico, pero cuando tú recibes eso te sientas a pensar como bueno, ¿de verdad esto está siendo productivo? Obviamente, se está visibilizando un montón esta violencia para que la gente la note, pero, más allá de eso, ¿qué va a pasar? O sea, ¿este va a ser el final de estos procesos? ¿Por qué nosotras tenemos que cargar con esta responsabilidad si la responsabilidad no es nuestra? La responsabilidad es del Estado, es de las universidades donde pasó esto. Por eso creo que es fundamental repensarse el escrache virtual: sus formatos, las responsabilidades, lo que hay detrás y si está sirviendo de algo. Sin quitarle su poder como herramienta de visibilización y de reparación, debemos preguntarnos, especialmente en la virtualidad: ¿cuál es límite?

 

Ama: Sí, yo ese susto lo entiendo mucho. Yo creo que he sentido algo parecido pero en una dimensión distinta, porque tú estás asumiendo la responsabilidad de muchos testimonios. Me acuerdo de que hace ya casi dos años yo publiqué un artículo escrachando a un man que estaba siendo muy violento en clase y que me estaba violentando a mí en el proceso. Estaba con un discurso de odio terrible y después de sacar este testimonio también recibí varios mensajes de odio y amenazas legales. Me dijeron que me iban a demandar porque estaba afectando el buen nombre de esta persona. Eventualmente lo manejamos mejor, pero en su momento me dio mucho miedo. Yo honestamente tenía miedo de salir a la calle y que me dieran en la jeta para callarme, porque era una posibilidad. Y sabemos que esa es una posibilidad.

 

Por eso también es importante preguntarnos: ¿desde dónde abrimos la puerta para hacer el escrache? ¿Desde la colectividad o desde la individualidad? Yo sin duda creo que lo que tu has hecho con MUN es paradigmático en muchos sentidos, pero, precisamente por eso, es muy importante que recuerdes que no estas sola y que aquí hay muchas dispuestas a escucharte a acompañarte en esas denuncias, en las cargas que implican estas tareas, en lo que se necesite. 

 

Ahora, el Destapa la Olla fue inicialmente una apuesta. Aunque llevábamos ya cinco años trabajando conjuntamente entre No es Normal y PACA para visibilizar y acompañar casos de violencia de género, abuso y discriminación, tuvimos que aprender a manejar la apertura de espacios físicos de denuncia. El caso de Adolfo Amézquita (que da para otra conversación), nos enseñó que era importante que nadie estuviera grabando, ni audio, ni video, ni tomando fotos, excepto nosotras mismas; no solo para blindarnos, sino también por la confidencialidad del evento. Estábamos diciendo queremos destapar una cantidad de testimonios y de historias horribles que nos han sucedido colectivamente y queremos hacerlo en el ML, frente a la cara linda de la universidad porque es esta la que avala estos comportamientos y los engendra, pero también estamos pensándonos y asumiendo la responsabilidad que implica abrir esto.

 

 

Decidimos que, en contraste a los espacios que normalmente habitamos, las únicas personas que podrían leer o tomar el micrófono serían mujeres o disidencias de género. Además, al principio planteamos una serie de reglas básicas de cuidado, y no estoy diciendo que sean infalibles ni únicas, pero son a las que hemos llegado. Así, en la medida en la que abrimos un espacio de denuncia también buscamos consolidar un sentido de colectividad que se cree, se apoya y se cuida.  

 

¡Y todavía nos falta un montón! La verdad es que una sale devastada del Destapa la Olla, y tenemos que pensarnos muchísimo mejor cómo profundizar esos espacios de cuidado… pero la sola apertura de un espacio físico en donde de entrada se le cree a la víctima y denunciante, en donde de entrada ella pueda escribir las cosas en sus términos, cambia por completo no solo la forma en la que se están llevando normalmente los procesos disciplinarios y los procesos penales, sino también abre la posibilidad del cuidado y acompañamiento que son fundamentales a la hora de escrachear. 

 

Danni: Sí, total.

 

El poder de los testimonios es inmenso en cualquier proceso, (..) y entonces cobra una gran relevancia pensarnos la manera en la que vamos a contarlo: (...) siento que estamos en medio de un proceso muy importante, que para mi es de representación.

 

Vale: Gracias por eso. Me parece súper chévere. Mientras tú estabas hablando, yo pintaba y sentía que nosotras siempre estamos discutiendo este tema de las lógicas patriarcales, de los discursos, de cómo hablar, de cuál es el lenguaje que vamos a utilizar, ¿saben? Y yo creo que esto es realmente importante a la hora de pensarse el escrache, porque este mecanismo, fin o cosa que todavía no hemos definido, en últimas es una manera de replantearse cómo vamos a contar nuestras historias en nuestros propios términos. 

 

El poder de los testimonios es inmenso en cualquier proceso, incluso de justicia transicional, y entonces cobra una gran relevancia pensarnos la manera en la que vamos a contarlo: cómo vamos a narrar las historias de las violencias que hemos sufrido y cómo vamos a tramitarlas a través de esto… siento que estamos en medio de un proceso muy importante, que para mi es de representación. Justo estaba pensando esto con una amiga recientemente, porque comenzamos nuestras tesis al mismo tiempo y terminaron siendo muy parecidas, pero todo va encaminado al testimonio, a esta lucha por los cuerpos, esta lucha por hablar de lo que nos ha pasado, y pues mi amiga terminó haciendo florecitas y editando y yo terminé dibujando y haciendo unos vídeos y unas rotoscopias, y pensándome el autoretrato y otras cosas. Pero en últimas a lo que voy con esto es que estos espacios como el Destapa la Olla, espacios como este, como tener un blog en Cerosetenta, o lo que sea, son muy importantes a la hora de decidir cuál va a ser mi mecanismo para hablar de estos temas. El mío es el arte, y yo creo que la reparación de muchas cosas que he tenido que vivir la he hecho a partir del dibujo. 

 

Entonces siento que tenemos que abrir la posibilidad de que haya lenguajes no verbales que nos sirvan para reparar, y no tiene que ser dibujar, puede ser tejer, esculpir, tocar guitarra, no sé, hay muchas maneras. Pero yo creo que tenemos que ir más allá de lo verbal para hablar de la verdad y la reparación, y eso implica romper nuestra burbuja universitaria académica, que en nuestro caso es la Universidad de los Andes. 

 

 

Ama: Sí, hacer memoria. 

 

Danni: En ese sentido, me gustaría decir varias cosas. Yo siento que a veces la gente intenta volvernos las mártires en el proceso del escrache y es como no, no somos nosotras hablando. En realidad nosotras solo prestamos una plataforma y un espacio para que miles de denunciantes puedan contar sus testimonios, y tengan esa fuerza colectiva para hacerlo, pero no somos mártires ni nada de eso. Pana, antes muy valientes todas las mujeres que han querido contar sus historias y se han parado para hacerlo, y aquí estamos algunas rodeándolas y escuchándolas, pero nosotras también tenemos que cuidarnos. 

 

Ama: Es que el mártir es un macho.

 

Danni: Exactamente. En ese sentido como que también, no sé, tenemos que hablar tanto de las formas de denuncia como de las formas de circulación. Por ejemplo, ¿qué pasó cuando salió la denuncia de Volcánicas sobre Ciro Guerra? La circulación fue absurda y la gente salió a revictimizar a las víctimas, y todo esto se volvió una discusión sobre qué vamos a hacer con Ciro, y no sobre qué pasa y cuáles son las formas de reparación para las víctimas. Y entonces empezaron a pasar estas historias de boca en boca como si fueran un chisme y pues ahí no hay reparación. 

 

Por cierto, este fue un artículo periodístico e investigativo con recopilaciones, que no es ni más ni menos válido que el escrache. 

 

Entonces creo que ahí hay algo que tenemos que pensarnos en cuanto al escrache y en general con respecto a las formas en las que se cuentan testimonios de violencias de género: ¿cuál es la reparación? O sea, sí, ya, contamos la historia, ¿pero qué viene después? ¿Qué va a pasar? ¿Cómo va a ser la reparación? Entonces es pensarse esas formas de circulación que me parecen problemáticas y sobre todo que dan pie a que los testimonios y a que las personas que han decidido contar sus violencias se vuelvan un chisme. O sea, es que se vuelve otra vez una forma de circulación bastante patriarcal, porque se trata de juzgar a una víctima o a una denunciante y no de decir como esto es responsabilidad de un estado y de un macho abusador que fue el que cometió esto. Entonces sí, en ese sentido creo que es súper importante pensarnos la reparación en las formas que decía Vale ahorita: formas escritas, visuales, no verbales, no físicas. Es abrir la puerta a pensarnos que el escrache no apunta a que todo el mundo esté hablando de un macho abusador en el sentido de ay pobrecito, se le daño el buen nombre, sino en un sentido de responsabilícese de sus actos, resocialícese si es necesario -que generalmente lo es-, en vez de  poner a una denunciante en boca de todo el mundo como si fuera un chisme. Entonces, sí, creo que hay muchas cosas para pensarnos ahí.

 

Ama: Ay, sí, pues yo la verdad también quería decirles que qué chévere hablar de esto entre nosotras. Creo que aquí se crea un muy buen punto de partida para efectivamente llegar a espacios de justicia feminista, pero también de acompañamiento, siempre reflexivos, siempre críticos frente a nuestro propio actuar: pensándonos qué estamos generando y cómo podemos enmarcarnos en nuevos mundos posibles que trasciendan las lógicas del mundo en el que estamos. Yo sé que suena híper idealista, pero pues es bonito pensarlo así, y conversarlo entre nosotras, aunque tal vez no nos dé respuestas, pero sí nos permita ahondar en las formas a las que hemos llegado y crear desde ahí, y qué chimba hacerlo juntas. Entonces quería agradecerles por sentarnos a construir y conversar entre todas.

 

Danni: Sí, es bonito hablarlo, sobre todo en un espacio seguro: no es como hacerlo en otros que, aunque también se debe dar, pues es bonito empezarlo con amigas, en una reflexión feminista en donde no medie el miedo. También quiero darles las gracias por eso, creo que es un espacio de reparación para nosotras que lo hacemos, lo vivimos, y que también atraviesa nuestros cuerpos.

 

Vale: Sí, ha sido muy lindo, gracias.

 

Este es apenas el principio de una conversación entre nosotras, pero lo bonito de conversar entre amigas es que los temas van y vuelven, aparecen y desaparecen en la medida en que los encuentros, las experiencias y los sentires lo permiten. Hoy nos reunimos porque la pregunta por la denuncia colectiva, la justicia patriarcal y las formas de acción se volvió inminente e impostergable, así que las invitamos a hablar del escrache entre ustedes, y a reivindicar los conocimientos que se construyen en los espacios de conversa entre amigas.

 

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