El peligroso experimento de las nuevas derechas

Las propuestas milagrosas y agresivas de las nuevas derechas ya fracasan en la región. Ceder ante el desencanto y elegir un perfil autoritario como presidente de Colombia abre la puerta a riesgos irreversibles.

por

Ximena Canal Laiton

Investigadora sobre migración mixta en las Américas


16.06.2026

Portada: Isabella Londoño

En Colombia estamos ad portas de vivir la segunda vuelta presidencial. Por dos elecciones consecutivas, el país llevó a ese escenario a un candidato antidemocrático de formas agresivas que se muestra como externo a la política y promete medidas drásticas y milagrosas que solucionarán todos los problemas que nos aquejan.

Más que hablar específicamente de la personalidad o el programa de Abelardo de la Espriella, este texto busca reflexionar sobre cómo y en qué contextos este tipo de personajes han conseguido el respaldo popular, así como plantear algunas alertas sobre los riesgos que implicaría tener un presidente de este talante. Estas líneas buscan incentivar decisiones electorales que protejan la democracia y permitan un ejercicio participativo para reparar sus problemas.

La fórmula

La literatura reciente ha identificado los rasgos que constituyen a las “nuevas derechas”, los cuales incluyen una nostalgia restauradora que inventa pasados míticos y promete regresar a ellos; la construcción de una otredad enemiga para justificar exclusiones sociales; la apertura de una batalla cultural que busca imponer valores ultraconservadores a través de un lenguaje violento, campañas de desinformación y teorías conspirativas; la movilización de emociones negativas como miedo, ira, resentimiento; y la paradoja de unir un liberalismo económico extremo con un conservadurismo social severo (ver algunos desarrollos teóricos aquí y aquí). El fenómeno en nuestra región opera bajo la influencia o la imitación de países que sus exponentes consideran como superiores —en este caso, al amparo de referentes como Donald Trump.

En la práctica, estos proyectos gobiernan mediante estados de excepción para imponer medidas severas; ignoran los límites judiciales y legislativos; persiguen a sus críticos —vía penal o a través de la violencia física—; y debilitan instituciones clave, limitando al mínimo el acceso a derechos sociales como la educación y la salud.

El laboratorio

De acuerdo con la misma literatura, el auge global de este modelo responde a un escenario en el que se cruzan transformaciones económicas, agotamiento institucional y crisis identitarias.

Por una parte, la transición hacia la economía digital y financiera ha precarizado aún más el empleo y debilitado el bienestar social, en paralelo con la crisis de representación nacida de la permanente corrupción, la falta de soluciones de los partidos tradicionales y la ineficacia de los organismos internacionales. Esto ha causado el desprestigio del sistema democrático, un hastío social ante problemas estructurales no resueltos y una sensación de desamparo e incertidumbre frente al futuro. Por otra parte, el desplazamiento del varón blanco ante las conquistas de derechos de amplios sectores sociales ha desatado un furor conservador por restaurar las jerarquías tradicionales; y finalmente, la cultura digital ha impuesto una lógica de inmediatez que choca con los tiempos pausados de la institucionalidad.

Bajo estas condiciones, las nuevas derechas han leído con precisión el malestar y ofrecido lo que la ciudadanía quiere oír: información sencilla y soluciones mágicas para problemas complejos fácilmente controvertibles. Pero en medio del hastío, el valor de la verdad, la razón y la ética ha perdido relevancia. El apoyo popular hacia estos proyectos radica en la búsqueda de la ruptura y de respuestas inmediatas.

El riesgo crítico

No necesitamos más cárceles

Abelardo De La Espriella ofrece como solución para la crisis carcelaria colombiana adoptar un remedio fatal para la salud democrática.

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Las “nuevas derechas” carecen de viabilidad y esconden peligros sistémicos irreversibles. La evidencia internacional de sus referentes emblemáticos demuestra que las fórmulas milagrosas no funcionan en la realidad: las terapias de choque económico de Milei han profundizado la crisis en Argentina, donde la inflación vuelve a crecer, el desempleo va al alza, se ha perdido la calidad laboral y se han cerrado más de 22.000 empresas. Asimismo, los estados de excepción de Noboa en Ecuador no han contenido la violencia estructural que continúa en ascenso y cuya tasa de homicidios no ha dejado de aumentar.

El mayor riesgo radica en que, bajo la bandera de “restaurar el orden”, estas corrientes erosionan el Estado de derecho, justificando medidas extremas que terminan revirtiéndose contra toda la ciudadanía —incluso sus votantes— mediante la pérdida general de derechos fundamentales como la libertad de expresión, la educación y la salud. Al final, la retórica que promete salvar a las instituciones de su propia ineficacia sólo acelera su destrucción. Romper las reglas del juego deja a la sociedad desprotegida: sin un marco normativo común no hay garantías para nadie, abriendo la puerta a derivas autoritarias y persecuciones judiciales y violentas de las que es técnicamente imposible retornar. El ejemplo de Bukele en El Salvador es definitivo: más de 90.000 personas permanecen privadas de la libertad sin pruebas, incluyendo a quienes han protestado ante medidas gubernamentales de cualquier índole.

Aunque la ansiedad por ver un cambio profundo es comprensible, optar por estos proyectos implica un costo social e institucional impagable. Estas líneas son una invitación a considerar que las reglas del juego democrático —con todas sus imperfecciones— son las únicas que nos protegen del abuso de poder; destruirlas es dejarnos sin ningún escudo ante la arbitrariedad. Debemos ser conscientes de que cuando el desencanto le abre la puerta a regímenes autoritarios, salir de ellos es un proceso largo y doloroso. Que el 21 de junio no retrocedamos en todos los derechos que hemos conquistado.

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Ximena Canal Laiton

Investigadora sobre migración mixta en las Américas


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