El #MeToo de SoHo

¡Ya estamos agotadas! No podemos seguir aceptando que existan violencias que se han naturalizado al punto en que no hay límites sobre el uso que otros pueden darle a nuestros cuerpos.

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María Fernanda Fitzgerald

22.03.2018

Una vez más, una lucha femenina ha sido tergiversada por la visión del machito que busca explicar, desde su propia comodidad, lo que implica una nueva concientización sobre el uso que se le ha dado a la mujer. Y ya estamos agotadas las mujeres que hemos luchado contra esto. Y ya se están agotando los hombres que nos han acompañado. Y estamos agotados todos porque comprendemos que, por muchos avances que se hayan logrado, el retroceso es evidente con patadas como las que lanza SoHo. No se trata de una histeria colectiva, no se trata de que estemos pidiendo demasiado, no se trata, tampoco, de que hayamos decidido confabularnos contra unos pocos hombres que están perdiendo sus derechos. Se trata de que desde hace mucho hemos pedido equidad y, así muchos se incomoden, no la hemos alcanzado.

“La Revista SoHo es al movimiento #MeToo lo que el cáncer es a la prevención del cáncer”, dice @Gospodin_Camilo en Twitter respecto a la portada de la revista en la que una presentadora de farándula y una modelo salen desnudas con el #MeToo escrito en las espalda y, en las nalgas, el mensaje: “SoHo contra el acoso”. ¿En serio, SoHo? ¿Les parece que mostrar mujeres desnudas es estar contra el acoso? ¿Les parece que vender mujeres desnudas en una revista “sólo para hombres” es algún tipo de activismo? En una sociedad que ve el cuerpo de la mujer como un objeto, no se puede hablar de activismo cuando se presenta a la mujer como un objeto.  

"Ya ven: qué afortunadas somos de ser expuestas para vender revistas impresas"

Muchas de las mujeres que han posado para SoHo aseguran haberlo hecho como un ejercicio de empoderamiento y afirman que es un privilegio aparecer allí. De hecho, actrices colombianas como Natalia Durán han llegado a decir cosas como: “SoHo siempre me ha encantado y es increíble hacer parte de su historia. Es una revista vanguardista, tanto en las cosas que ha hecho con las mujeres, que son muy lindas, como en el contenido, que es increíble. Posar siempre fue un privilegio; SoHo es una revista que ha llegado muy lejos y es un honor estar ahí. Creo que SoHo marcó un antes y un después en el mundo de las revistas”. Ya ven: el poder de revistas como SoHo llega hasta el nivel de normalizar formas de violencia contra nosotras y, además, convencernos de que es un privilegio. Ya ven: qué afortunadas somos de ser expuestas para vender revistas impresas.

Pero ahora además se ponen la camiseta del activismo. Y no, no está bien. No, no es aceptable. Sí, podemos llenarnos de rabia. Sí, es indignante. Sí, es agotador. No podemos pensar que, en alguna forma, la portada de la revista SoHo está aportando a la liberación del cuerpo femenino. Esto se llama heteropatriarcado, esto se llama paternalismo, y seguramente por decirlo me van a llamar Feminazi, pero no importa. Tengo que decir que lo que hizo esta revista fue una burla al #MeToo. Fue una burla porque lo que se configuró alrededor de esta portada fue una manipulación de la intención real que tiene el movimiento.

"Ya ven: qué afortunadas somos de ser expuestas para vender revistas impresas"

Es urgente que los que sentimos rabia al ver portadas como esta empecemos a entender que cuando pedimos respeto no estamos pidiendo demasiado. Es más, estamos pidiendo muy poco. Lo único que estamos pidiendo es que las cosas sean entendidas en su real proporción para que idealmente, algún día, no quieran decirnos que es normal desnudar mujeres y lucrarse con ello. Que idealmente, algún día, todos entiendan que revistas como SoHo son estructuras que promueven la violencia. Sin embargo, como al parecer todavía falta mucho para lograr algo así, por lo pronto sólo pedimos que no se burlen de nuestras luchas.

Si por algún motivo no se ha comprendido lo que realmente significa #MeToo, existe una manera muy sencilla de resumirlo: es el hecho de que las mujeres estamos agotadas de que la única manera en que podemos ser relevantes para las estructuras sociales (en el ámbito laboral, estudiantil y en el hogar) tenga que ser a través del uso que se le pueda dar a nuestro cuerpo que, a lo largo de la historia, se ha anclado en dos labores: dar placer o procrear. Lo que denuncia el movimiento es que existen violencias que se han naturalizado al punto en que no hay límites  sobre el uso que otros pueden darle a nuestros cuerpos y que, como lo dijo Viola Davis en su discurso, todavía hay muchas mujeres que deben esperar en silencio: “The women who are faceless. The women who don’t have the money and don’t have the constitution and who don’t have the confidence and who don’t have the images in our media that gives them a sense of self-worth enough to break their silence that is rooted in the shame of assault and rooted in the stigma of assault”.

Digamos las cosas de frente. Dejemos de buscar suavizar todo para no herir susceptibilidades. SoHo, que es “sólo para hombres”, no tiene cabida alguna en una lucha que busca, justamente, la inclusión de todos en la desnormalización de la violencia contra la mujer. Las personas de SoHo únicamente saben maltratar porque, para su entender, las mujeres somos objetos, y eso es lo que debería quedar claro en todo esto.

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    La mujer desnuda está bien desde que haya pasado por un proceso editorial. Tan pronto la mujer comienza a usar su cuerpo como arma, la estructura social la rechaza y la estigmatiza, ya sea como puta, loca o anarquista. Si bien algunas miembros de femmen o la artista conceptual Milo Moiré son portadoras de portentosos cuerpos, el hecho de evidenciar el empoderamiento de los mismos, destruye la mercantilización, pese a la presencia física sin barreras. Pero el hecho de no ser un producto transforma la dinámica de producto, en una agresión.

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