El mástil y las sirenas

Juan Camilo Cárdenas, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, echa mano de uno de los cantos de la Odisea para explicar uno de los grandes malentendidos de la economía del comportamiento.

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cerosetenta

03.11.2016

“Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los
hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin
saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá
rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque
ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan estas con su sonoro
canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón
de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca.”

– La Odisea, Canto XII

Circe advierte y Odiseo hace caso. Le ordena a la tripulación que se tape los oídos con cera, se hace amarrar al mástil. Esa imagen, la de Odiseo forcejeando contra las cuerdas que le impiden ir tras el canto de las sirenas, es para Juan Camilo Cárdenas el ejemplo clásico de la manera en que el cerebro humano toma decisiones. No es tan racional y calculador como en ocasiones se piensa:

Menos épico pero igual de ilustrativo es el experimento de los masmelos. Si el niño se aguanta las ganas de comerse el que tiene en frente, más tarde le dan dos. El reto es dejar pasar la gratificación instantánea para cosechar una mayor en el futuro. Ese masmelo literal del experimento es metafórico en muchas otras desiciones. Es resistir el antojo en beneficio de la dieta, pararse de la cama en lugar de posponer la alarma, invertir en lugar de derrochar.

El malentendido se resume en la metáfora del cerebro como un computador que calcula probabilidades, sopesa rendimientos, decide con absoluta eficiencia. Resulta que ningún computador tiene un sistema límbico. Ese grupo de estructuras cerebrales se formó antes que  el homo sapiens y contiene toda nuestra vida emocional, regula las respuestas automáticas de huida o ataque ante amenazas. Por eso las decisiones de los humanos son tan complejas: requieren de una interacción entre pensamiento sistemático y emoción. Incluso los estudios apuntan a que el pensamiento sistemático alimenta la capacidad emocional. Así que las decisiones humanas son más que cómputo: requieren de cálculo y emoción, mástil y sirenas.

 

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