Doña Juana cuida a José Celestino

Un relleno sanitario, ladrilleras y minas rodean al Colegio José Celestino Mutis. Malos olores, enfermedades virales y problemas respiratorios afectan a sus estudiantes, pero al mismo tiempo son el escudo protector de otros problemas.

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Leandra Isabel Barón Salgado

16.06.2017

Los vecinos del Colegio Distrital José Celestino Mutis –en la zona rural de la localidad de Ciudad Bolívar, sur de Bogotá– no se ven, se sienten. Después de 20 minutos los ojos arden, el ruido de un taladro comienza a ser recurrente y ya no huele a bosque, huele a basura. El olor es tenue pero constante. Los vecinos del colegio son el relleno sanitario de Doña Juana, las ladrilleras y las minas de material para la construcción. Desde el patio solamente se ven montañas de verdes distintos y, a lo lejos, la ciudad.

El colegio atiende a 1.990 estudiantes de estratos 1, 2 y población que, por sus condiciones de pobreza, no se puede estratificar. Sus cursos van desde grado cero –primera infancia– hasta grado once. El 50 % de los estudiantes vive en la zona rural próxima, es decir, en los alrededores del colegio.

La profesora Angela Yazmín Rodríguez Robayo, licenciada en Sociales, trabaja en el José Celestino Mutis desde hace dos años y cuenta que “es muy común llamar a padres de familia por problemas virales, dolores estomacales o dolores de cabeza. Los estudiantes terminan por acostumbrarse al ambiente contaminado”. Rodríguez menciona que varios docentes han pedido traslado a otras instituciones por problemas respiratorios y dermatitis por hongos.

"La Juana y las ladrilleras hacen las veces de barrera, no hay mucha gente que quiera estar expuesta a estas condiciones ambientales"

Luz Rojas habitante de la zona y madre de dos estudiantes del colegio cuenta su experiencia: “Nuestro diario vivir es el relleno. Se propagan moscas, los olores son tremendos y todo hay que tenerlo tapado y desinfectado con Clorox. Es una problemática muy grande. Las ladrilleras generan hollín y ese hollín daña la ropa”. De los quince años que lleva viviendo en la zona, Luz no ha percibido muestras de responsabilidad social de las empresas que generan la contaminación y estima que el 80 % de la gente que vive en el sector trabaja en las ladrilleras o en Doña Juana. La hija mayor de Rojas tiene rinitis crónica como consecuencia de la exposición a este ambiente.

La ubicación del colegio aparentemente es su principal problema, pero también es un beneficio. Dificultades que son comunes en otros centros educativos como embarazo adolescente, pandillismo y consumo de drogas, según Ángela Rodríguez, son muy bajos allí. Aclara: “En este 2017 hay cinco niñas embarazadas. En el sector existían tres bandas de ladrones que fueron acabadas por la policía y en el 2016 tuvimos la expulsión de un alumno por expendio de sustancias”. El colegio está blindando ante estas problemáticas porque el relleno sanitario ‘La Juana’ y las ladrilleras hacen las veces de barrera, no hay mucha gente que quiera estar expuesta a estas condiciones ambientales. Es por eso que no llegan las barras bravas, los expendedores de drogas y todos los males comunes en otras instituciones públicas. El Ausentismo se da por incapacidades médicas y la deserción escolar es baja debido a que los estudiantes cuentan con una ruta que llega hasta las zonas urbanas.

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El colegio no se estanca en sus problemas ambientales y avanza con iniciativas internas para mejorar la calidad de vida de los estudiantes. La profesora Adriana Marcela Castro, desde 2011, lidera en articulación con el SENA el programa de Técnico en Manejo Ambiental que se lleva a cabo con los estudiantes de décimo y once. Castro asegura que aproximadamente el 50 % de los egresados continúa su formación tecnológica y profesional, lo que facilita su vinculación en empresas del sector ambiental.

El colegio no tiene alternativas externas para que su entorno mejore ya que el relleno cuenta con todo el apoyo gubernamental, en el año 2014 la CAR –Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca– amplió la licencia de su funcionamiento hasta el 2021 y la legislación ambiental no los ampara de ninguna forma.

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