Cultura y medios

Día #31

“Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos
la llevo perdida…”

Varios

24.04.2020

Una película para el viernes: Harold and Maude (1971), Hal Ashby

Véala aquí > https://zoowoman.website/wp/movies/harold-y-maude/

y aquí > https://ok.ru/video/1439754685044

31A.

Pequeñas migajas van quedando del día que es todos los días

Anoche soñé que estaba caminando en una playa. Todo el camino tomaba veintidós pasos. Fue un día caluroso. Recuerdo que las sombras debajo de las palmeras eran casi moradas. Morado en el gris. Hermosas. A quién le importarían las pequeñas cosas como el color de la sombra.

Estoy perdida en la secuencia de los días. No me había dado cuenta de que el tiempo es monolítico. Si eliminamos todo en la rutina —“Ya no veo la hora” pero cuento los minutos—que nos distrae cada día, lo único que está sujeto a cambio visible es el clima. Es un día soleado tras la ventana. Hay viento. Hace frío.

Tal vez cada fin del mundo es el fin del ser de otro mundo, el fin propio de un mundo heredado. ¿Que nos queda? Inventar uno que falta. Si recuerdan con atención lo que nunca ocurrió será aún mejor (todo proviene de donde no existe cosa alguna).

Desde que empezó esta danza invisible que aparece en elevaciones y curvas, volví a un poema/relato de León de Greiff que leo una y otra vez. Quizá quien llegue a considerar  así la vida, no se engaña en cuanto a sus merecimientos.

Relato de Sergio Stepansky

¡Juego mi vida!
¡Bien poco valía!
¡La llevo perdida
sin remedio!
Erik Fjordsson.

Juego mi vida, cambio mi vida,
de todos modos
la llevo perdida…

Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo…

La juego contra uno o contra todos,
la juego contra el cero o contra el infinito,
la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito,
en una encrucijada, en una barricada, en un motín;
la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin,
a todo lo ancho y a todo lo hondo
—en la periferia, en el medio,
y en el sub-fondo…—

Juego mi vida, cambio mi vida,
la llevo perdida
sin remedio.
Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo…:
o la trueco por una sonrisa y cuatro besos:
todo, todo me da lo mismo:
lo eximio y lo rüin, lo trivial, lo perfecto, lo malo…

Todo, todo me da lo mismo:
todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo
donde se anudan serpentinos mis sesos.

Cambio mi vida por lámparas viejas
o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil:
—por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil:
por los colgajos que se guinda en las orejas
la simiesca mulata,
la terracota rubia;
la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia:
cambio mi vida por una anilla de hojalata
o por la espada de Sigmundo,
o por el mundo
que tenía en los dedos Carlomagno: —para echar a rodar la bola…

Cambio mi vida por la cándida aureola
del idiota o del santo;
la cambio por el collar
que le pintaron al gordo Capeto;
o por la ducha rígida que llovió en la nuca
a Carlos de Inglaterra;
la cambio por un romance, la cambio por un soneto;
por once gatos de Angora,
por una copla, por una saeta,
por un cantar;
por una baraja incompleta;
por una faca, por una pipa, por una sambuca…

o por esa muñeca que llora
como cualquier poeta.

Cambio mi vida —al fiado— por una fábrica de crepúsculos
(con arreboles);
por un gorila de Borneo;
por dos panteras de Sumatra;
por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra—
o por su naricilla que está en algún Museo;
cambio mi vida por lámparas viejas,
o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas…

¡o por dos huequecillos minúsculos
—en las sienes— por donde se me fugue, en grises podres,
la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno en mis odres…!

Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos
la llevo perdida…

―Leon de Greiff

―Paula Leuro

 

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