Decálogo: Nolas, silas, yalas

Un decálogo para la montaña rusa de emociones que vive Colombia esta semana.

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Nicolás Cárdenas Ángel

@vanalidades

07.10.2016

Pensé que sí.
Quise que sí.
Creí que sí.
Supuse que sí.
Pero no.
Muy cerca.
Unas cifras:
52 años de conflicto o más.
Miles de muertos, millones de víctimas, resentimientos y heridas.
Más de 4 años de negociación llevan a un acuerdo.
La decisión la toma el pueblo.
62% no votaron.
53.894 votos de diferencia entre el no y el sí.
Ganó el No, y no es no, por ahora.

"Una gran mayoría no dice nada, no vota, ¿en qué anda? ¿Por qué no vota? ¿Qué hacer? ¿Voto obligatorio?"

1.

Colombia es un país de temores profundos hacía espejos ajenos y propios. Temor al cambio, así se sea crítico, pero por ser crítico no se acepta el movimiento. Temor a violar la constitución, al “castrochavismo”, a los derechos de las minorías, a los homosexuales, a los LGBTI, a la diferencia, a ideologías que en ocasiones solo existen en su cabeza.

2.

Parecemos preferir las formas que el fondo. Que Timochenko no pidió sino que ofreció disculpas, que al acuerdo no se le podía cambiar una coma, que las leyes y sus artículos, que debe ser cárcel, que el bloque de constitucionalidad, que la amnistía y el indulto. El fondo, era y es, sencillamente, permitir el tránsito de una organización armada a una organización política. Y de paso, conocer lo qué sucedió, involucrando a los actores del conflicto armado , los ilegales y los legales que actuaron por fuera de la legalidad. Y de paso generar cambios.

3.

Que aún tenemos dificultades para diferenciar, comprender y tolerar las diferencias entre negociación y rendición, entre la justicia ordinaria y transicional, entre las penas punitivas y restaurativas, entre lo qué es un acuerdo y la solución a todos nuestros males.

4.

Que queremos resolver todo y ya. Los del sí y los del no. Los del sí, hastiados y angustiados de poder ver que se va la posibilidad de un cambio, un paso en el largo camino. Angustiados por los tiempos y por las oportunidades que se van. Los del no, porque quieren resolverlo todo: el ELN, las BACRIM, el narcotráfico, la economía y hasta imponer un modelo de familia, que forma parte de su agenda política. ¿Deberemos aprender que las cosas se construyen paso a paso? ¿Qué ha espacios para ciertas discusiones y acuerdos mínimos para la convivencia entre mayorías y minorías?

5.

Que estamos divididos, sí. Mitad dice sí, mitad no, mitad llora, mitad ríe. Una gran mayoría no dice nada, no vota, ¿en qué anda? ¿Por qué no vota? ¿Qué hacer? ¿Voto obligatorio?

6.

Que somos tan macondianos como la lluvia en la Alta Guajira y el huracán Mathew en el corazón de la maquinaria durante el plebiscito.

7.

Que en últimas, la democracia es difícil de leer.

8.

Que los liderazgos, como en todo ámbito de la vida, marcan la diferencia. Más aún en una elección pasional sin maquinaria política aceitada. El sí tiene un líder poco carismático, desgastado en el poder, rodeado de partidos políticos que carecen de la misma voracidad para acumular para ejercer un liderazgo aglutinador que movilice, pero no seducen. Extraño a Carlos Gaviria. Una sociedad civil, más de seis millones que votaron por el sí, pero que no encontramos unidad en nuestra movilización.

9.

La movilización en Facebook crea la sensación que todos pensamos igual. Solemos ser amigos en Facebook, porque pensamos igual. ¿A la calle? En cambio, sí activan pasiones y movilizan las palabras y el discurso del expresidente Uribe, del exprocurador Ordoñez y de los pastores de iglesias. No sabe uno qué tanto realmente lo haga el expresidente Pastrana o Pachito Santos, pero ahí van colinchaditos. Ante la sin salida de liderazgos, se imponen los pastores que dirigen el rebaño y como no, otros críticos, por razones propias y respetables. ¿Qué liderazgos tenemos?, pregunta un amigo en Facebook. ¿Nairo?, pienso yo. ¿Qué individuo o colectivo nos une sin reservas? La selección, dirán algunos, o la antipatía hacía Stefan Medina (aunque probablemente Antioquia diría que no).

Yo, personalmente, ya no voy con dicha antipatía. Si juega lo apoyo y reconozco, pero no le enrostro sus errores. Ahora mismo, dejarlo tranquilo, que está lesionado.

10.

Que el cliché de esta oportunidad pérdida que genera una oportunidad mejorada, según algunos, permite por un lado conocer finalmente en qué consiste aquello de que “todos queremos la paz, pero…” y si logra ir más allá del que “sin impunidad”, “sin concesiones inadmisibles” o “que vamos por un mejor acuerdo”. Ver si el sacrificio vale la pena gracias a su iluminación.

Nuestro reto, llorar, sufrir, rabiar, bravear, respirar y resistir pacíficamente, en el sentido de lo que ello implica. Quienes se sienten ganadores con el No, celebrar con respeto, compartir sus ideas para sacarnos de esta desazón. Convencernos, mostrarnos las razones de su alegría. Unos y otros, convencernos, compartir mensajes, ideas e iniciativas, sin descalificar, tolerando en la medida de lo posible, siendo muy conscientes del lenguaje que empleamos, buscando maneras de ser una sola voz diversa, de con detalles mínimos dar ejemplo, respetando en todos los ámbitos e interacciones la dignidad humana y de aquella ficción que nos une bajo Colombia, procurando no caer en la salida de calentura que nos suele llevar al lugar fácil y común de insultar esa ficción.

Yo aún pienso que sí.
Yo aún quiero que sí.
Yo aún creo que sí.

Nicolás Cárdenas Ángel
Octubre, 2016

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